Mostrando entradas con la etiqueta SEGUNDA REPÚBLICA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SEGUNDA REPÚBLICA. Mostrar todas las entradas

26 feb 2013

HISTORIA DE LAS ESPAÑAS ¡YA EN PAPEL!

Título: HISTORIA ANTIGUA DE LAS ESPAÑAS
Páginas: 194
PVP: 7,55€
SINOPSIS: De modo somero y entretenido abordamos en este primer volumen el período que va desde los primeros asentamientos humanos en la Península hasta la caída de Roma como poder preponderante sobre Hispania.  Conoceremos Tartessos, las colonias fenicias y griegas, repasaremos la Segunda Guerra Púnica y, cómo no, nos adentraremos en la Hispania de los césares.  Los movimientos bagaudas y las invasiones bárbaras despejarán el camino que nos llevará a entender cómo y de qué manera comenzó el medievo en la Península Ibérica.

ENLACE: AQUÍ



Título: HISTORIA MEDIEVAL DE LAS ESPAÑAS (I)
Páginas: 308
PVP: 7,56€
SINOPSIS: Estudiaremos en este segundo volumen el período que va desde el asentamiento de los invasores germanos hasta la decadencia del Imperio almorávide.  Conoceremos las intenciones de los musulmanes que llegaron a la Península Ibérica, el papel que jugó la Iglesia en la cohesión de los distintos reinos cristianos, las diferencias entre Cataluña y el resto de reinos peninsulares; nos acercaremos a figuras tan relevantes como Almanzor o el Cid y, sobre todo,  trataremos de clarificar, entre tantos Sanchos, Garcías, Ramiros y Alfonsos, qué papel jugó cada cual y en qué momento y cómo dio comienzo la llamada Reconquista.

Enlace: AQUÍ



Título: HISTORIA MEDIEVAL DE LAS ESPAÑAS (II)
Páginas: 280
PVP: 7,55€
Sinopsis:  Desde el desmoronamiento de Al-Ándalus el autor nos explicará  los motivos por los cuales el reino de Granada perduró más de dos siglos a la debacle del califato.  Apreciaremos la grandeza de Jaime I el Conquistador y la inteligencia con la que administró los territorios reconquistados en la Península y las Islas Baleares.  Estudiaremos cómo la repoblación de los territorios reconquistados influyó definitivamente en la idiosincrasia y particularidades territoriales que todavía hoy conocemos en nuestra geografía.  Pero aún hay más: conoceremos que Alfonso X el Sabio no era un rey muy apreciado entre sus súbditos; asistiremos a la internacionalización de España y nos acercaremos a las peculiaridades de la sociedad altomedieval.

Enlace: AQUÍ

Título: HISTORIA MODERNA DE LAS ESPAÑAS (I)
Páginas: 168
PVP: 7,51€
Sinopsis:  Un repaso exhaustivo del reinado de los Reyes Católicos en el que se aborda su llegada al poder, la culminación de la Reconquista, la lucha de poderes, la influencia de la Iglesia en su reinado, los albores de la política de los grandes navegantes castellanos y los conquistadores de las Américas, las relaciones con judíos y mozárabes y la toma de Granada.  Además sentaremos las bases didácticas para que el lector pueda abordar el estudio de la España Moderna, encarnada en la dinastía de los Austrias y así mejor entender la evolución patria durante los años que transcurren entre el final del siglo XV y los inicios del XVI.

Enlace: AQUÍ


Título: HISTORIA MODERNA DE LAS ESPAÑAS (II)
Páginas: 254
PVP: 7,51€
Sinopsis:  La España que encontró Carlos V cuando desembarcó en las costas cantábricas así como el monarca que hallaron sus súbditos en él.  Es la época del final de la regencia del cardenal Cisneros, de los levantamientos Comuneros y de las Germanías en Valencia, así como de las interminables guerras con Francia, el Saco de Roma y la coronación del rey como emperador de Bolonia.  Es el momento de la castellanización del Imperio, los enfrentamientos con el Turco, las vicisitudes en los Países Bajos, la cuestión del Protestantismo y, sobre todo, las primeras experiencias colonizadoras en el Nuevo Mundo.

Enlace: AQUÍ



Título: HISTORIA MODERNA DE LAS ESPAÑAS (III)
Páginas: 260
PVP: 7,51€
Sinopsis:  Abordamos el magnífico Siglo de Oro y a todos los Austrias posteriores a Carlos V.  Conoceremos a Felipe II, el Prudente; a Felipe III, el Bueno, el rey más piadoso y mojigato que ha conocido España; a Felipe IV, el Abúlico, que sin embargo resultó ser el más libertino de todos los Austrias; y, por último, asistiremos al declive de la dinastía en la persona de Carlos II, el Hechizado, culminación humana de una larga tradición de relaciones consanguíneas.  Pero también hablaremos del Conde-duque de Olivares y del resto de los validos que comandaron los destinos de una España en la que "no se ponía el sol".  Asistiremos a la batalla de Lepanto y la derrota de la Invencible Armada.

Enlace: AQUÍ

Título: HISTORIA MODERNA DE LAS ESPAÑAS (IV)
Páginas: 264
PVP: 7,51€
Sinopsis:  La Guerra de Sucesión que tiene lugar a la muerte sin descendencia de Carlos II provoca una convulsión en las Españas.  A  los Austrias les sucederán los Borbones y con ellos, tras la Paz de Utrecht que deja a nuestro país sin Gibraltar y Menorca, penetran en España las Luces, la Ilustración y todo un caudal de ideas que vendrán a perturbar el asumido ordenamiento del Antiguo Régimen.  Nos sumergimos así meticulosamente en el siglo XVIII, cuya importancia radica en ser el punto de inflexión que prepara a España para su entrada en la Modernidad.

Enlace: AQUÍ



Título: HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LAS ESPAÑAS (I)
Páginas: 176
PVP: 7,51
Sinopsis: A la negligente monarquía de Carlos IV y su delfín, Godoy, se le suma una crisis desproporcionada en la que la burguesía pide reformas democráticas y la entrada de España en el liberalismo. La masonería, unida a la influencia de los ilustrados y a la Guerra de Independencia dejarán un país desolado que malgestionará Fernando VII el Deseado, quien no podrá evitar una serie de calamidades que desembocarán en la pérdida de la relevancia española como potencia europea y en la emancipación de las colonias americanas.  Tal será el legado que acabará recibiendo su hija, Isabel II.

Enlace: AQUÍ



Título: HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LAS ESPAÑAS (II)
Páginas:  250
PVP: 7,51
Sinopsis:  La "década ominosa" y el reinado de Isabel II traerán a España tanta prosperidad como desatinos.  España entrará de lleno en la Revolución Industrial -con cierto retraso-, pero, a la vez, serán décadas de inestabilidad, de guerras carlistas y de descontento social que desembocarán en el exilio de la reina y su sustitución por la monarquía artificial de Amadeo de Saboya, un fiasco que precipitará el advenimiento de la Primera República.  El movimiento cantonal, los primeros pronunciamientos obreros y la Restauración Borbónica en la persona de Alfonso XII vendrán a cerrar este ciclo tumultuoso y apasionante de nuestra historia.

Enlace: AQUÍ


Título: HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LAS ESPAÑAS (III)
Páginas: 492
PVP: 14,81€
Sinopsis:  Abordamos en este último título toda la etapa histórica que comienza con el desastre de 1898 y culmina con el final de la Guerra Civil Española.  Conoceremos en profundidad las diferentes corrientes (o generaciones) culturales y sus más destacados artistas; profundizaremos en la incidencia del movimiento obrero en España y abordaremos el reinado de Alfonso XIII, así como el desastroso período de la Dictadura de Primo de Rivera, el derrocamiento del monarca y el nacimiento de la Segunda República, llena de esperanzas que se irán al traste y desembocarán en el Alzamiento Nacional, la última algarada decimonónica del ejército que, encabezada por Francisco Franco y el general Mola, culminará con el advenimiento de una dictadura de cuatro décadas que detendrá por completo la Historia de las Españas.

Enlace: AQUÍ

30 sept 2012

EL EXILIO ESPAÑOL DE LA POSGUERRA

La caída del frente de Cataluña provocó el éxodo masivo de republicanos hacia Francia, éxodo que por otra parte se había iniciado anteriormente desde la primavera de 1938.  La avalancha de emigrados, de proporciones desconocidas en época posterior (se estimaron unos 500.000 los españoles que atravesaron las fronteras huyendo de las tropas nacionales), creó al gobierno francés enormes problemas, que se reflejaron en el trato recibido allí por los españoles.  Se pretendió resolver la problemática mediante el establecimiento de una zona franca entre los dos países, en la que los refugiados estuvieran protegidos por fuerzas internacionales; pero el gobierno de Burgos se negó terminantemente al proyecto.  Entonces Francia anuló la orden por la que se prohibía la entrada de adultos sanos.  El 28 de enero de 1939 comenzaron a llegar a Francia millares de personas de todas clases y edades, trayendo consigo lo que podían de sus pertenencias.
Muchas fueron las penalidades que debieron soportar al ser recluidos en campos, expuestos a la intemperie, sin alimentación adecuada, careciendo de los más elementales medios de higiene, y los más hasta sin techo ni paredes.  Los nombres de algunos de estos campos, como Argelès, Saint-Cyprien y Le Boulon, se hicieron tristemente famosos ante tal situación.  Se calcula que en marzo de 1938 prefirieron el retorno a la patria 50.000 refugiados, mientra se quedaban en Francia 170.000 mujeres y niños, 40.000 varones paisanos, 10.000 enfermos y heridos en los hospitales y 220.000 soldados y milicianos.
La ocupación alemana y el gobierno de Vichy supusieron un nuevo motivo de sufrimiento para toda esta población exiliada, ya que parte de ella fue encerrada en campos de concentración al servicio de los nazis y de los colaboracionistas franceses o enviada a los diversos países controlados por Alemania, con el fin de que contribuyeran a la creación de la "Gran Alemania".
Muchos de los que consiguieron escapar al cautiverio alemán entraron a formar parte de la resistencia francesa (4.000 aproximadamente) o formaron la "Novena Compañía" de la "Columna Leclerc", que contribuyó a liberar París el 24 de agosto de 1944.
Mientras tanto, el gobierno republicano en el exilio organizaba en París el Servicio de Emigración para Republicanos Españoles (S.E.R.E.), con representación de todos los partidos y organismos obreros que constituían el Frente Popular, logrando canalizar parte de la emigración hacia México, donde con los fondos disponibles se montaron empresas que ayudaron a rehacer la vida de estos hombres, controlados por la Junta de auxilio (J.A.R.E.) bajo la presidencia de don Luis Nicoláu d'Olwer, gobernador del Banco de España, siendo su vicepresidente Indalecio Prieto.

VISITA MI WEB PERSONAL

16 ago 2012

FIN DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (II)

El encargado por la Junta de Defensa de negociar la paz fue Julián Besteiro (delegado del coronel Casado), hombre moderado e íntegro, al que ya le habían encomendado otras delicadas misiones diplomáticas. Apartado prácticamente de la vida pública tras el congreso de la UGT, volvió a ella en 1936, formando parte de la Junta para el Saneamiento y la Reconstrucción, cuya principal misión era organizar el aprovisionamiento de víveres y proporcionar refugio a las víctimas de los bombardeos.  Aprovechando su situación de profesor universitario, ayudó a los perseguidos políticos, pues para él "las personas no se distinguían por sus ideas, sino por su dignidad humana".  Ofreciéndosele en 1938 el cargo de embajador en Argentina, lo rechazó, pues no deseaba alejarse de Madrid, ciudad a la que amaba y de la que había sido edil ininterrumpidamente desde las elecciones de 1918.  Este hombre, idealista e intelectual, pensaba que la República había nacido en España en un momento inapropiado, cuando aún el pueblo no estaba educado para comprender cómo había que vivir la democracia sin que las asociaciones de matiz proletario, como la UGT o la CNT la hundieran.
Integraban la junta el general Miaja, que era su presidente; el coronel Casado, ministro de la Gobernación, y el mismo Besteiro, ministro de Estado.  La junta acusó a Negrín de querer proseguir la guerra cuando estaba ya perdida y la nación agotada en hombres y reservas; procuró asimismo convencer a los sectores más radicales del pueblo de que debían aceptar la derrota lo más honrosamente posible.  A pesar de que apoyaban la junta militares tan prestigiosos como los generales Matallana y Méndez y Cipriano Mera, los comunistas de Ciudad Real, tomando partido por la postura de Negrín, se levantaron contra ella.  Pero las tropas del general Escobar y de Cipriano Mera sofocaron este conato de lucha interna el día 15 de marzo.
El mismo día que la junta se hizo cargo del poder, Negrín, al ver fracasada su tentativa de continuar la lucha, regresó a Francia y se puso a salvo.  El 14, los nacionales instituyeron el tribunal encargado de juzgar las responsabilidades políticas, el cual, ante las súplicas de Besteiro, preocupado por las represalias que dicho tribunal pudiese tomar, contestó que el haber servido en el ejército republicano o en cualquier partido político no sería motivo de enjuiciamiento.  Del 23 al 26 Casado negoció con la Junta de Burgos la rendición, la cual comenzó a ser efectiva el día 28, en que empezaron a rendirse las guarniciones de la zona centro-sur.  El 31 la Legión Extranjera se hizo cargo del mando militar en Madrid, en donde la entrada de las tropas nacionales se produjo sin incidentes.  Al día siguiente, 1º de abril, Franco comunicaba a la nación desde Burgos el fin de la guerra y su completa victoria con el siguiente parte:

"En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. LA GUERRA HA TERMINADO.

Burgos, 1º de Abril de 1939
Año de la Victoria
EL GENERALÍSIMO"

VISITA MI WEB PERSONAL

FIN DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (I)

En los momentos finales de la guerra al gobierno de Negrín le preocupaban las represalias que los nacionales pudiesen llevar a cabo contra la población.  Francia concedió asilo político a quienes lo solicitaron, no sólo por haber ayudado a la República en la guerra, sino también por su afinidad política con el Frente Popular y por comunión ideológica con quienes habían luchado por las ideas democráticas y de libertad -herencia de la Revolución Francesa-.  Los españoles que se habían exiliado en Francia no querían volver a España, temiendo el decreto dado por Franco el 13 de febrero de 1939 sobre las "responsabilidades políticas", según el cual todo el que a partir de octubre de 1934 hubiese tomado parte activa contra el Movimiento Nacional o hubiese permanecido decididamente pasivo ante el hecho político que suponía la Cruzada de Liberación, derivándose de ello perjuicios para la cusa, sería juzgado.
El gobierno republicano -que se había exiliado de España, estableciendo su sede en Toulouse (Francia)- pretendía seguir luchando; mas para Franco era evidente que la guerra estaba ganada, y no era ya oportuno negociar.  En realidad, ni Álvarez del Vayo, ministro de Asumtos Exteriores de Negrín, ni éste, ni Azaña, presidente de la república, ni Uribe, ni ningún otro personaje estaba ya en posición de negociar nada.  La suerte estaba echada, y de nada sirvió la reunión que el 26 de febrero tuvieron en Los Llanos (Valencia) los dirigentes exiliados con lo poco que quedaba de su ejército.  ¿Acaso fue éste un intento desesperado y romántico de continuar una lucha que prácticamente había llegado a su fin?
Al día siguiente, Francia e Inglaterra reconocieron al gobierno de Franco y Azaña dimitió; pero Negrín siguió hablando a los militares de una nueva ofensiva con material potente y moderno que permitiese romper el aislamiento en que se encontraba el centro de la nación.  En un último esfuerzo, Negrín dio cargos militares a conocidos comunistas como Líster y Galán.  Sin embargo, estas disposiciones no tenían ya razón de ser.  Negrín cayó y se formó en Madrid un Consejo Nacional de Defensa, con el propósito de negociar la rendición.
Mientras tanto, los nacionales, que habían iniciado en el mes de diciembre de 1938 la ofensiva contra Cataluña, recibieron material de Alemania, lo cual les permitió reanudarla y poner fin a la guerra.  El 15 de enero se apoderaron de Tarragona; el 26, Yagüe conquistó Barcelona sin disparar un solo tiro, restableciendo el orden en la ciudad en pocos días.  Pronto cayeron Gerona (4 de febrero) y Figueras (9 del mismo mes), ocupándose a continuación los puestos fronterizos con Francia, por donde el día 4 había cruzado el gobierno hacia el exilio.  Huyeron a Francia por Portbou 170.000 civiles y 300.000 soldados.

VISITA MI WEB PERSONAL

CONVERSACIONES ENTRE NEGRÍN Y EL DUQUE DE ALBA. ACUERDO DE MUNICH.

En un intento de negociación, Negrín se entrevistó en Suiza con el duque de Alba con motivo de un congreso médico, al que asistió en calidad de congresista; mas de estas conversaciones no se derivó ningún resultado positivo, en parte debido a que Franco, quien, como hemos visto, estaba decidido a ganar la guerra, no quería suscribir ningún compromiso.
En estos momentos la situación europea se encontraba en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial.  Las naciones que habían de ser beligerantes en el conflicto comenzaban a armarse y a asegurar sus reservas, y la ayuda que unas y otras habían venido prestando a las dos Españas fue suprimida.
Franco, que se había declarado neutral en el caso de que ocurriese una conflagración europea, fue criticado por Alemania, uno de sus principales aliados. Si se hubiese producido la crisis amistosa, hubiese redundado en beneficio de los republicanos.  Sin embargo, en el Acuerto de Munich el 29 de septiembre de 1938, en el que Inglaterra, Francia, Italia y Alemania se plegaron a las exigencias de Hitler con referencia a Checoslovaquia, se determinó que las potencias que habían ayudado al gobierno de Madrid siguiesen con su política de apaciguamiento. El triunfo diplomático de Alemania hizo posible la continuación de los envíos de ayuda.
Mientras tanto Negrín, en un gesto desesperado que le permitiese atraerse las simpatías de toda las fuerzas políticas de la nación, a fin de salvar a la República del desastre final, había intentado ganarse la voluntad de los católicos decretando el restablecimiento del culto, aunque ello no condujo a ningún resultado positivo.  El final de la República y de la guerra se acercaba.  Las potencias extranjeras comenzaron a retirar sus contingentes de tropas; se fueron los italianos, que embarcaron en Cádiz el 15 de octubre.  Las Brigadas Internacionales -o lo que quedaba de ellas- se marcharon el 15 de noviembre, tras desfilar entusiásticamente por las calles de Barcelona y recibir la despedida afectuosa y apasionada de Dolores Ibárruri, la Pasionaria.

LA BATALLA DEL EBRO

Negrín necesitaba un triunfo para revivificar el prestigio y las esperanzas de la República agonizante.  Al mismo tiempo, el Estado Mayor de Burgos pensaba que los catalanes iniciarían una ofensiva en el frente aragonés para retardar, durante el otoño e invierno, la llegada delas tropas nacionales a las puertas de Cataluña.  Preocupados los mandos frente-populistas por su inferioridad militar, escogieron un lugar en que los efectivos nacionales fueran escasos: el Ebro, entre Fayón y Benifallet.
Para lograr un resultado positivo había que iniciar un golpe como el de Brunete, Belchite y Teruel, pero en proporciones mucho mayores. Se organizó, a las órdenes de Modesto, un nuevo ejército del Ebro, copuesto por el quinto Cuerpo de Ejército, al mando de Líster, y el decimoquinto, a las órdenes de Tagueña, quedando en reserva el decimoctavo  Tenían entre 70 y 80 baterías y 27 cañones antiaéreos.  Los comandantes eran comunistas, y el consejero táctico, el general ruso Maximov.  La artillería tuvo un papel destacado, comandando la del bando nacional el general Martínez Campos.
En previsión del posible ataque, Franco había colocado, en una línea de frente que se extendía desde la sierra de Javalambre y El Espadón hasta la costa a la altura de Nules, un ejército compuesto por los cuerpos de Castilla, Turia, C.T.V., Maestrazgo y Galicia.  El 24 de julio, por la noche, los republicanos se lanzaron al ataque en un frente de unos 80-100 kilómetros, comprendido entre la confluencia de los ríos Ebro y Segre y Amposta.  El Cuerpo de Ejército del Ebro, compuesto por 170.000 hombres, comenzó a cruzar el río aquella noche, lográndolo en pocos días gracias al factor sorpresa.  Con esta maniobra pretendían penetrar a fondo en las líneas defensivas de los nacionales y atacarlos centro de comunicación de la retaguardia. Sin embargo, los nacionales abrieron los embalses pirenaicos de los ríos tributarios del Ebro y, al bajar las aguas en gran masa, deshicieron las posiciones situadas en las márgenes del río.
En este avance preliminar, el ejército gubernamental dividió el frente en tres sectores: de Mequinenza a Fayón, de Fayón a Cherta y de Cherta a Amposta.  En los tres procuró aprovechar la maniobra inicial de sorpresa, lanzándose en avalancha y desbordamiento.
En un principio, las fuerzas nacionales, mucho más escasas en efectivos, fueron incapaces de controlar la avalancha; pero a los cuatro días, el avance estaba contenido.  El plan requería un ejército más coherente que el formado por las milicias republicanas, y el intento de ofensiva fracasó, a pesar de que entre 30.000 y 40.000 hombres habían cruzado el Ebro y roto el frente.
Ante la dificultad de cavar refugios, a causa de la dureza del suelo, todas las operaciones había que hacerlas por la noche.  Este primer éxito inicial había elevado el prestigio de Negrín; mas la detención que se produjo en agosto hizo que se sembraran, aumentadas, las críticas, lo cual se tradujo en una nueva crisis de su gabinete.  En ella planteó Azaña su plan de una marcha atrás en el hecho bélico y una paz negociada, como había sido siempre su pensamiento.  Pero Negrín le recordó su condición de presidente de la nación, no de jefe del gobierno, y constitucionalmente, a lo sumo, sólo podía aconsejar, no imponer, con lo cual Negrín reiteró su decisión de seguir adelante.  Como consecuencia de esta decisión, varios ministros de su gabinete cesaron en sus cargos.
Para contrarrestar la ofensiva gubernamental, los cuerpos del ejército de Navarra, Aragón, Castilla, Turia, Maestrazgo y Galicia, el marroquí y el legionario, al mando del general Dávila, llegaron al frente.  El coronel Coco cortó el ataque por Amposta, y en los últimos días de julio el empuje estaba contenido.  En el Ebro, como había ocurrido en las últimas confrontaciones bélicas, el frente se había fijado y estabilizado.  Unos y otros seguían combatiéndose, gastando vidas en ataques y contraataques, fijos en sus posiciones, aunque el ejército del general Franco había conseguido avanzar unos ocho kilómetros. La aviación comenzó a castigar las líneas republicanas, y se hizo necesario enviar tropas de reserva.  La lucha se transformó en una guerra de trincheras,en la que el objetivo de los nacionales era el desgaste. Los aviones aislaban y ametrallaban las fuerzas que atravesaban el río y destrozaban las obras de fortificación de primera línea. La guerra de desgaste estaba dando resultado; las reservas gubernamentales comenzaron a agotarse, y hubo que reclutar muchachos muy jóvenes y hombres ya maduros, los cuales llegaban al frente casi desprovistos de instrucción  militar.
A pesar de las grandes bajas del frente del Ebro (se estima en casi 50.000 el número de muertos), que superaban con mucho las producidas en el Jarama y Teruel, los nacionales consiguieron desalojar a los republicanos de las posiciones que ocupaban desde la estabilización del frente.  Sin embargo, la propaganda republicana afirmaba que si Franco había conseguido destrozar al ejército rojo, también había deshecho el suyo.
Este argumento quedaba invalidado por la ofensiva nacional, que tomó cuatro direcciones (dos partían de la sierra de Caballs y las otras dos de Pandols) y se puso en movimiento el día 11.  Ante la rapidez y la sorpresa del ataque, los republicanos iniciaron la retirada.
El 16 se conquistaba el pueblo de Flix, que fue la última operación de la guerra.  El día 22 de noviembre, la línea del frente quedaba restablecida.
El balance de las pérdidas se estimó en 70.000 hombres por el bando republicano; entre ellos, unos 20.000 prisioneros y 30.000 muertos.  Las Brigadas Internacionales fueron diezmadas en el 75%.  Se perdieron 2.000 aviones, abandonándose gran cantidad de material de todo tipo, incluidas 1.800 ametralladoras y 20.000 fusiles.  Puede afirmarse que el ejército republicano del norte dejó de existir.  Las pérdidas de los nacionales se estiman en unos 33.000.

VISITA MI WEB PERSONAL

REORGANIZACIÓN DEL GOBIERNO DE NEGRÍN

Mientras tanto, en la zona republicana se llevaban a cabo algunas reformas.  En justicia fue suavizado el trato a los reclusos, y se determinó nombrar a los funcionarios de prisiones atendiendo no a sus ideas políticas, sino a su antigüedad en el escalafón.  Se restableció el culto católico, aunque solamente con carácter privado.  Todas estas medidas estaban encaminadas a suavizar la postura radical de los primeros tiempos de la guerra.
El objetivo de Negrín coincidía con el de Largo Caballero: robustecer y reafirmar la autoridad constitucional del gobierno, la cual estaba siendo rebasada por los técnicos y militares rusos, apoyados por el poderoso Partido Comunista.  Sin embargo, debió transigir en sus propósitos, dado que la crítica situación militar requería más que nunca la ayuda de la Unión Soviética.   La injerencia de los rusos en los problemas de política interna española se puso de manifiesto en el proceso y asesinato de Andrés Nin, uno de los personajes más influyentes del Partido Obrero de Unificación Marxista (pequeño partido comunista antiestalinista, importante en Lérida), interrogado y torturado por el coronel Orlov, de la N.K.V.D. (iniciales de la policía secreta soviética, también llamada G.P.U.), acusado de colaboracionismo con los nacionales.  Esto desprestigió al gobierno de Negrín y le obligó a crear el Servicio de Inteligencia Militar como medio de controlar las actividades de los agentes militares rusos y recortar sus prerrogativas, lo cual disgustó a los soviéticos, y sobre todo a Stalin, quien automáticamente redujo la ayuda a España.
Para poder controlar la fuerza revolucionaria de los partidos, Negrín disolvió el Consejo de Aragón, dominado por los anarquistas: prohibió los mítines políticos en Barcelona y destituyó a Largo Caballero de la jefatura de la UGT, nombrando a González Peña en su lugar.  Los desastres militares de Brunete, Belchite y Teruel, así como la ofensiva hacia Aragón y el Mediterráneo de los ejércitos de Franco, hicieron tambalear al gobierno de Negrín, induciéndole a exigir a Prieto la dimisión como ministro de la Guerra, acusándole de derrotista (éste, al igual que Azaña, pensaba que la guerra estaba ya perdida y que lo único que se podía hacer era retardar lo más posible el desastre final). Esta medida agravó la desunión como partido, menoscabado ya por la caída de Largo Caballero.
Prieto era un hombre capaz de organizar y de aprovisionar un ejército, pero reacio a refrendar medidas extremas -como penas de muerte-. Su realismo fue tachado de derrotismo cuando los ejércitos eran rechazados y aplastados por los nacionales.  Cuando Rojo e Hidalgo de Cisneros pensaron en rendirse a Franco, viendo que la guerra estaba perdida, él se unió a esta resolución en el caso de que la propuesta siguiese adelante.
La situación resultaba ahora opuesta a lo ocurrido en los comienzos de la guerra, cuando la moral del ejército republicano era muy alta y sus efectivos se engrosaban día tras día.  La desesperanza, la falta de fe en la victoria final, las derrotas consecutivas y la desorganización existente habían levantado, por el contrario, la moral del ejército nacional, al que afluían multitud de jóvenes universitarios deseosos de alistarse.  Negrín, ante el resultado desfavorable que ya se divisaba en lontananza, ordenó a todo el mundo permanecer en sus puestos y no abandonar el trabajo, fuera cual fuese el final.  En estos momentos su prestigio y poder alcanzaron la magnitud de los de sus predecesores, y animado por este apoyo popular reorganizó su gobierno, elaborando un programa político que popularmente fue llamado "los trece puntos de Negrín", y que se puede resumir en lo siguiente:

-Independencia de la economía española con independencia del intrusismo extranjero.
-Libertad religiosa.
-Autonomía regional.
-Amnistía política y retirada de las tropas extranjeras.
-Reforma agraria.

Como puede observarse, este programa era un poco más conservador que el de sus predecesores, esforzándose por reducir su radicalismo.  De esta forma procuraba conciliarse con los espíritus más conservadores, de forma que la República pareciese ante los ojos de los gobiernos occidentales como un sistema democrático al estilo europeo.  Esta política le atrajo las antipatías del Frente Popular y, al revés de lo que prometía en su programa político, el sistema se endureció como consecuencia de su gran dependencia con respecto a los comunistas, los cuales pretendían detener las derrotas militares con detenciones y ejecuciones.

15 ago 2012

NEGRÍN SUBE AL PODER

El 17 de mayo forma su primer gobierno el doctor Negrín.  Socialista moderado, había sido ministro de Hacienda y había estudiado la carrera de Medicina en Alemania.  En 1929, siendo presidente del Comité d Construcción de la Ciudad Universitaria, se afilió al Partido Socialista.
Según algunos comentaristas políticos era un hombre íntegro y horado, y cuando subió al poder escogió colaboradores democráticos para su gobierno.  Durante los dos primeros meses de su mandato el ejército nacional estaba llevando a cabo la campaña del norte, y los consejeros rusos pensaron que era necesario organizar un ataque en el frente central, de forma que restase fuerza a la ofensiva del norte, aliviando la presión al tener los nacionales que dispersarse ante la amenaza del centro.  El Estado Mayor de Madrid escogió como sector apropiado el situado al oeste de la capital, por la carretera de La Coruña, abandonando la vieja idea de Largo Caballero de iniciar la ofensiva por Extremadura.  Se pensaba que avanzando hacia el sur, hacia la villa de Brunete, se cogería al enemigo por la retaguardia, no teniendo éste más remedio que abandonar Madrid.
Con este fin, de un ejército de 600.000 hombres destacaron 50.000 alrededor de Brunete.  Se planeó un doble ataque por los flancos; a la izquierda del dispositivo rojo, varias brigadas de choque, bien apoyadas por carros, atacarían las líneas nacionales situadas entre Aranjuez y Toledo y tratarían de llegar a las carreteras que enlazaban el frente de Madrid con las bases del Tajo; a la derecha, la masa principal rompería el frente, se lanzaría sobre el frente de comunicaciones de Navalcarnero, envolvería todas las posiciones nacionales de la carretera de La Coruña, Casa de Campo y Ciudad Universitaria y cortaría la retirada a las tres divisiones que guarnecían el frente por el oeste, el sur y el sudeste de Madrid.  Para completar estas acciones en los flancos, otra masa, menor, pero bien dotada, atacaría en el centro, o sea, hacia el barrio madrileño de Usera o hacia los pueblos de Carabanchely empujaría sobre la retaguardia cortada a las tropas que trataran de defenderse cerca de Madrid. Como podrá advertirse, elplan responde a los principios más básicos del "arte de la guerra".
El ataque se inició por sorpresa el 6 de julio, logrando penetrar unos ocho kilómetros en las posiciones nacionales.  El encuentro de ambos ejércitos fue uno de los más sangrientos de toda la Guerra Civil, junto con las batallas del Jarama y del Ebro.  Uno y otro ejército cañonearon por error sus propias posiciones.  El día 18, las pérdidas habían sido terribles; pero aun así el ejército republicano conservaba una gran superioridad en efectivos sobre el nacional.  El 19 llegaron los refuerzos para éstos, iniciándose la contraofensiva.
La incoherencia de los jefes militares republicanos y el plan táctico hábilmente preparado por los generales del ejército de Franco obligaron al repliegue republicano; la aviación alemana había ametrallado eficazmente sus posiciones.  Los servicios de sanidad tenían que trabajar en las más duras y precarias condiciones.  El día 29 el ejército republicano huía en desbandada.  Brunete ni retardó la caída de Santander ni levantó el cerco de Madrid; muy al contrario, a finales de octubre quedaba terminada la campaña en el norte; las ciudades comenzaron a ser reconstruidas, los puertos iniciaron la exportación de minerales y los caminos y carreteras fueron reparados.
En el frente aragonés, que desde las operaciones de 1936 se encontraba estabilizado y en situación muy precaria, el gobierno republicano inició otra ofensiva, conforme a los planes del teniente coronel Vicente Rojo.  El gobierno del frente populista pensó obtener allí mejores resultados que en Brunete, y concibió un ataque de dispersión de las posiciones nacionales.  Confiaba con esta acción que el cerco de Santander y la marcha sobre Asturias se detendría.  Con tal propósito, y cuatro días antes de la caída de Santander, concentró en la zona de Belchite un grueso de 80.000 hombres, apoyados por 205 aviones, 40 baterías y unos 100 carros de combate al mando del general Pozas, que instaló su cuartel general en el pueblo de Bujaraloz. Estos efectivos significaban una gran concentración frente a la de los nacionales, quienes contaban con unos 7.000 hombres exclusivamente españoles, diseminados por un frente discontinuo y caracterizado por núcleos de resistencia que se enlazaban por algunas cortinas de tiradores.  Los nacionales ofrecían así una ocasión propicia ara ser rebasados ampliamente.
El 24 de agosto se inició la ofensiva en los pueblos de Belchite y Quinto; con esta maniobra se pretendía tomar Zaragoza, cortarle las comunicaciones y privar al ejército nacional de uno de sus centros estratégicos más importantes.  Los ataques planeados era los siguientes: Una fuerte masa de choque debía operar, por sorpresa, en el sector de Zuera, al norte de Zaragoza, con la misión de tomar este pueblo, cortar la carretera de Zaragoza, cruzar el río Gállego, aislar absolutamente la ciudad de Huesca por el sur y amenazar el flanco septentrional zaragozano.  Como operación auxiliar y complementaria de la anterior, otra columna, una vez que la carretera Zaragoza-Zuera estuviese cortada, desembocaría desde la sierra de Alcubierre y bajaría hacia el pueblo de Villamayor, donde entraría fácilmente en contacto con los suburbios de la capital aragonesa.  La masa principal de la maniobra se situaría a la derecha del Ebro, en el sector del pueblo de Quinto, y desde allí, dividida en dos concentraciones diferentes, enlazadas por medio de carros de combate, atacaría en la dirección Fuentes del Ebro-Belchite.  Coronada esta fase, se asaltaría el monte Sillero, clave táctica de la región Fuentes del Ebro, y basculando hacia la izquierda, se invadiría la zona de Jaulín y Valmadrid, continuando inmediatamente la marcha hacia las carreteras de Zaragoza a Teruel y Zaragoza a Madrid.  Fuerzas de infiltración se lanzarían hacia el cementerio de Zaragoza y hacia el barrio de Torrero para entrar triunfantes por donde penetraron algunas tropas de Napoleón en el año 1808.
Una gran masa de milicianos atacaron las escasas fuerzas nacionales destinadas en Belchite, que se defendieron como buenamente pudieron.  Los pueblos comprendidos en la zona del frente tuvieron que ser tomados calle por calle y casa por casa.  Pero Zaragoza no cayó, y el frente no sufrió alteraciones; esta ofensiva, como la de Brunete, y más tarde la de Teruel, serán un error y un fracaso tanto político como militar para el gobierno.
Desde que el Ejército del Sur inició la ofensiva, y hasta su llegada a las puertas de Madrid, su línea de acción fue un avance triunfal jalonado por el éxito (Mérida, Badajoz, Talavera, Toledo), que se detuvo en el frente madrileño.  A partir de entonces, al producirse la estabilización de los frentes, los planes militares cambiaron. La estrategia de Franco era ganar la guerra gradualmente mediante el desgaste del enemigo.  Para ello eran necesarios una serie de ataques localizados en puntos neurálgicos que sangrasen los efectivos del contrario (Jarama, Guadalajara).
En contraposición, el ejército republicano pretendió contrarrestar la acción nacionalista con ofensivas por sorpresa como las de Brunete y Belchite, y más tarde la de Teruel.  Todas ellas estuvieron bien preparadas y tuvieron a su favor el factor sorpresa y el gran número de efectivos puestos a su servicio; sin embargo, los resultados fueron desastrosos. La falta de preparación del ejército hacía imposible mantener la victoria del ataque inicial, y todo se perdía en las retiradas y en los contraataques.
A la vista de estos resultados, los nacionales confiaban siempre en el triunfo final, y aunque las campañas del Jarama y Guadalajara fueron un estancamiento en su avance, los republicanos no hicieron otra cosa que defenderse, retardando la derrota final el tiempo que les fue posible.

LA CAÍDA DE LARGO CABALLERO

El desastre de Guadalajara dio al gobierno de Largo Caballero moral y fortaleza, pero el problema entre éste y los comunistas volvió a plantearse. Los republicanos se acercaron a los comunistas porque veían en ellos a los defensores de la pequeña burguesía. Los socialistas de izquierda y los anarquistas que controlaban los servicios públicos comenzaron a provocar desórdenes para mantenerlos en sus manos.  Largo Caballero, que pretendía una centralización del poder y acabar con el monopolio de los partidos, reprimió los desmanes, por lo que fue acusado de estar evolucionando hacia las derechas y perdió el apoyo popular.
En cuanto a los que se refiere al poderoso Partido Comunista, Largo Caballero se propuso terminar con el predominio de los comisarios políticos, denunciándolo por favoritismos y presiones y promulgando un decreto el 17 de abril, por el cual los nombramientos quedarían a su cargo.
La situación comprometida en que se encontraba Madrid hacía imprescindible la unió de todos los partidos políticos, pero para ello era necesaria la dimisión del jefe del gobierno, que aparecía estorbando los planes de socialistas, republicanos y comunistas.
Cuando Largo Caballero intentó llevar a cabo su plan de ofensiva en Extremadura para reconquistar las plazas de Mérida y Badajoz, los comunistas y sus consejeros rusos se opusieron, fundándose en que, aunque se aislase al gobierno de Burgos de sus bases en Andalucía, siempre podría utilizar la frontera y el territorio portugués para comunicarse con ellas; además, el desguarnecer las defensas de Madrid enviando importantes efectivos militares al oeste, constituía una locura.
El 13 de mayo se produjo la crisis entre las izquierdas españolas.  Largo Caballero, incoherente y vacilante ante las grandes presiones que tuvo que soportar por parte de un partido que había llegado al cenit de su poder, tuvo que dimitir.  Sus colaboradores íntimos le abandonaron.  Había sido el primer jefe del gobierno procedente de la clase trabajadora y había querido aunar los esfuerzos de todos los elementos políticos de la nación para mantener la República y salvarla de los ejércitos nacionales.  Los comunistas, que en un principio le habían ensalzado, llamándole "el Lenin español", le desprestigiaron después, culpándole de la pérdida de Málaga, y la propaganda con que al principio le apoyaron fue retirada, siendo sustituida su imagen pública por la de Stalin y Lenin, cuyos retratos se exhibían en las calles de Madrid. El 17 de mayo Negrín formaba un nuevo gabinete.

11 ago 2012

DE FEBRERO A JULIO DE 1936 (VI)

El gobierno, aunque informado, aparecía tranquilo.  Contaba con generales adictos en puestos claves: Masquelet, Pozas, Miaja, Molero, Batet y Núñez de Prado.  Por otra parte, la U.M.R.A. (Unión Militar Republicana Antifacista), formada por oficiales republicanos, contrarrestaba la acción de la U.M.E. Tanto la U.M.R.A. como el director general de Seguridad, Alonso Mallol, como el alcalde de Estella y el mismo Prieto, a quien no sin razón se le tenía por el hombre mejor informado del país, tenían al gobierno al tanto de los pasos que daban los generales comprometidos en el alzamiento.  Pero mientras los socialistas de izquierda postulaban armar al pueblo para proteger al gobierno contra un golpe militar, Casares Quiroga y Azaña tranquilizaban a políticos y a periodistas.  Azaña, no creyendo posible el triunfo de una rebelión militar, concurría a conciertos y exposiciones, recubierto de una dignidad imperturbable.  Largo Caballero no creía en una sublevación; esto, según sus cálculos, sólo la clase obrera estaba en situación de hacerlo.  Sostenía que si no había ocurrido nada en febrero, ahora cualquier posibilidad de pronunciamiento debía descartarse.
Pero un episodio vino a precipitar los acontecimientos: el 12 de julio, el teniente de la Guardia de Asalto, José Castillo, fue tiroteado y muerto por un pelotón de falangistas.  Sus camaradas planearon una rápida y espectacular venganza asesinando a un jefe derechista importante, sin medir la responsabilidad ni la trascendencia que tal acto traería, no sólo por tratarse de un crimen, sino por ser la ejecutora del mismo una institución armada del Estado.
Buscaron a Antonio Goicoechea y, al no hallarle, se dieron a la búsqueda de Gil Robles; ausente también éste, eligieron como víctima a Calvo Sotelo.  Con falsa documentación y falso pretexto sacaron de su casa al jefe del Bloque Nacional y le ejecutaron.  De poco sirvió que el gobierno condenara el brutal asesinato y se arrestara a quince oficiales de la Guardia de Asalto, prometiendo que serían juzgados por tribunales civiles.  Su responsabilidad quedó comprometida.  La opinión pública estaba horrorizada.
Los hombres de la violencia quedaron dueños del terreno; de ahora en adelante el futuro era imprevisible.  El 17 de julio estallaba en Melilla la sublevación militar.  El ejército tomaría la cabeza y los demás le seguirían.  La cuestión del régimen, como en casos similares durante el siglo XIX, quedaría para después.
El gobierno estaba completamente desprevenido.  Acababa de estallar la Guerra Civil.

DE FEBRERO A JULIO DE 1936 (V)

El clima de violencia se acentuaba.  A los choques diarios entre los trabajadores de la UGT y la CNT, entre falangistas e izquierdistas, entre la Guardia Civil y los campesinos, se unía la creciente atmósfera de odio de clases, especialmente en la España central y meridional.  Era evidente que ambos bandos consideraban ya la violencia como única vía para conquistar el poder.
Entre las posturas más hostiles al Frente Popular destaca Calvo Sotelo, jefe del Bloque Nacional y principal dirigente civil; enérgico y sólido, se permitía atacar abierta o encubiertamente a la República.  Regresó  de Francia en 1934, y quizá influenciado por Maurras, había desarrollado una tendencia monárquica autoritaria.  No ocultaba su desdén hacia el gobierno parlamentario y hacia el propio Gil Robles, a quien acusaba de haber debilitado la derecha.  Consideraba al ejército "la columna vertebral de la nación" y se le atribuía el sondear a ciertos diputados sobre la posibilidad de organizar un golpe militar.  Sobre su figura se centró la animosidad de la mayoría parlamentaria, que veía en sus palabras una invitación dirigida al estamento militar para lanzarlo al golpe de estado.  Casares Quiroga le acusaría en las Cortes de incitar a la rebelión con aquella célebre frase: "Si algo ocurriese (no ocurrirá), haría a Su Señoría responsable de todo".
Calvo Sotelo replicó diciendo que él era un hombre de anchas espaldas.  Un mes mas tarde, Calvo Sotelo caía asesinado.
Gil Robles se lamentaba de que muchos miembros de su partido, de la CEDA, a los que él había tratado de incluir para que aceptasen la legalidad republicana, desertaban ahora para enrolarse en organizaciones de carácter más extremista o violento.  En consecuencia, acusaba al gobierno de consentir una atmósfera de violencia y de ser incapaz de controlar el orden público.  Para demostrarlo, aducía estadísticas de los desmanes cometidos entre el 16 de febrero y el 16 de junio: se habían incendiado 176 iglesias; se había intentado quemar otras 251; en los choques callejeros se habían producido 269 muertos y 1.287 heridos; las huelgas generales habían sido 133 y las parciales, 218.
Estas denuncias exacerbaban al Frente Popular, que las tachaba de exageradas.  Era evidente que las izquierdas creían cada vez menos en las repetidas profesiones de fe de Gil Robles en el gobierno parlamentario.
Dentro del sector derechista, el grupo tradicionalista, preferentemente localizado en Navarra, consideraba ya inoperante la política legalista de Gil Robles y propugnaba la lucha armada como medio de restaurar la nueva España. En 1934, los requetés armados en Navarra podían estimarse en unos 6.000. Estos tradicionalistas, con sus diferentes matizaciones (el conde de Rodezno, mentor del pacifismo y la alianza con los alfonsinistas; Fal Conde, partidario de la violencia y antialfonsino...), se unirían, llegado el momento, a las fuerzas que habían de formar el movimiento nacionalista en la rebelión de julio.
Al mismo tiempo comenzaban a actuar las J.O.N.S. y la Falange, que también entrenaban a sus militares para una contienda civil, considerada ya inminente.
Gran parte de los militares no recibieron de buen grado el triunfo del Frente Popular.
La U.M.E. (Unión Militar Española) había sido fundada en 1933, y la mayoría de sus miembros no habían comulgado con las reformas militares de Azaña.  Sus dirigentes eran, en gran parte, simpatizantes de la monarquía.  Citaremos a las figuras más destacadas: Sanjurjo vivía entonces en Portugal; su prestigio y autoridad le convertían en uno de los jefes más destacados.  Emilio Mola había sido el último director general de Seguridad de la monarquía; hombre inteligente y liberal, no era sospechoso; Mola estaba en Marruecos, y fue destinado con gran oportunidad a Panplona, sede del carlismo y uno de los sitios donde una conspiración militar contaría con gran apoyo popular.  Franco era ya entonces un general con notable prestigio; si políticamente no se había definido, fuera se conocía su deseo hacia un régimen de orden, fuera o no republicano; su prudencia ante las solicitudes de levantarse contra la República había molestado a los activistas; sin embargo, pensaba que los socialistas constituían una amenaza al orden.  El gobierno -ya lo hemos visto- decidió trasladarlo a Canarias.  Goded, otra figura clave y con mando, también fue destinado a Baleares.  Antes del traslado, Franco, Varela y Mola se reunieron en Madrid.  De esta entrevista surgía Mola como elemento activo de la conspiración.  Hombre capaz y discreto, dirigiría desde Pamplona la estrategia de la sublevación.  Mola enlazaba con los monárquicos y con Sanjurjo merced a Valentín Galarza; por medio del teniente coronel Yagüe se comunicaba con los oficiales afines a la ideología falangista y potencialmente con el general Franco; a través de muchos oficiales jóvenes de la U.M.E., podía contra con el apoyo de muchas guarniciones locales.  El jefe de policía de Madrid, Santiago Martín Báguenas, le tenía al tanto de las actividades del gobierno y de los oficiales del Estado Mayor.  Raimundo García y Agustín Lizarza eran sus emisarios civiles entre los carlistas; éstos exigían organización por separado y que ondeara la bandera monárquica, a lo que Mola tenía que acceder en aras de la unión de todas las fuerzas implicadas. José Antonio, preso en Alicante, y los miembros de la U.M.E. ponían condiciones, pero participarían.  También Calvo Sotelo prestaba su apoyo, aportando dinero y procurando, en última instancia, conseguir la colaboración de Gil Robles.
A través de Villegas, Fanjul y un hermano de Mola llegaban noticias optimistas.  Como en el siglo anterior, el levantamiento de las provincias debía imponerse a las grandes capitales.  Ahora bien, si en Madrid y Barcelona fracasaba el movimiento, entonces Mola sería reemplazado por Franco, quien, con su bien adiestrado ejército de África, pasaría a convertirse en cabeza de la revuelta.
El 9 de julio los conspiradores alquilaron un avión británico que debía trasladar a Franco desde Canarias a Marruecos, donde se daría el grito y se iniciaría la revuelta.

VISITA MI WEB PERSONAL

DE FEBRERO A JULIO DE 1936 (IV)

Las palabras de Prieto contrastaban con las de Dolores Ibárruri ("La Pasionaria"), el miembro más influyente del Partido Comunista Español:

"La República debe satisfacer las necesidades del pueblo.  Si no lo hace, el pueblo la derribará e impondrá su propia voluntad."

Los jóvenes partidarios de Largo Caballero se sentían dueños del futuro.  Pensaban dominar a los comunistas y educar a los anarquistas.
Largo Caballero, entre confundido y halagado, no era totalmente partidario de la fusión de la UGT, CNT y PCE, pero tampoco podía evitar que los jóvenes activistas Julio Álvarez Vayo, Santiago Carrillo, Carlos Baráibar, Rafael Vidiella... favoreciesen la fusión.  El J.S.U. (Juventud Socialista Unificada) y el P.S.U.C. (Partido Socialista Unificado de Cataluña) pedían un gobierno proletario, socialización de la industria, colectivización de la agricultura y un ejército rojo.
Largo Caballero contenía aún el ímpetu de sus seguidores e insistía en su lealtad al Frente Popular, por lo que en su programa todavía tenían cabida la garantía de la libertad de prensa y el sufragio secreto.  No cabía duda de que el socialismo se hallaba dividido por la pugna Prieto-Largo Caballero, y el mundo obrero mostraba cierta incoherencia.  La brecha de las disensiones entre la U.G.T. y la C.N.T. no acababa de cerrarse.  Se dudaba de que Largo Caballero llevara a la UGT hacia posturas revolucionarias.  Los anarquistas tenían serias razones para pensar que los socialistas no eran revolucionarios dignos de confianza y que Largo Caballero, con su historial sindical, seguía siendo el socialista pasivo de otros tiempos.  Por otra parte, el ideario comunista se adentraba en las juventudes socialistas, infiltración que iría creciendo a lo largo de la Guerra Civil.
Prieto, pese a que era apoyado por intelectuales socialistas como Jiménez de Asúa, Juan Negrín, Julián Zugaazagoitia (director de "El Socialista") y por la ejecutiva del PSOE, se vio desautorizado por una gran parte de los socialistas, negándose, en aras de la unión del Frente Popular, a convertirse en jefe de gobierno.
Los socialistas, bloqueando así a la izquierda republicana, cumplían al pie de la letra el pacto del Frente Popular, pero la realidad era que dejaban desguarnecido a Azaña y abierto el camino a sus deseos.  Con este sentido debe interpretarse el gobierno de Casares Quiroga, hombre enfermo, fiel amigo y aliado político de Azaña.
Los republicanos burgueses demócratas siguieron con su obra de modernización de España en el campo educativo, regional, de la reforma agraria...  A pesar de las protestas de las derechas, la redistribución de la tierra y los asentamientos de campesinos tomaron un ritmo acelerado en 1936.
Las izquierdas estaban convencidas de que eran el alma del gobierno, de que la Historia obraba de su parte y de que el proletariado no tardaría en hacerse con el poder.  Además, tenían a Azaña, el único dirigente burgués con capacidad, encerrado en su jaula de la presidencia de la República.
Marañón, Miguel Maura, Prieto, Besteiro, Sánchez Román, Jiménez de Asúa... presagiaban una guerra civil si no se disipaba el ambiente revolucionario que imperaba en general.  Aunque tanto socialistas como anarquistas creían que sólo una insurrección armada daría a los trabajadores la victoria decisiva, no fue el objetivo revolucionario, sino la resistencia a la contrarrevolución lo que habría de desatar una verdadera revolución social en la España republicana.  No hay duda de que los creyentes en el golpe de mano proletario pensaban que una contrarrevolución podía aclarar la atmósfera.  La revuelta de los generales aceleró esta revolución que muchos deseaban, pero que nadie esperaba tan pronto.

VISITA MI WEB PERSONAL

DE FEBRERO A JULIO DE 1936 (III)

Prieto y Largo Caballero no habían resuelto aún sus problemas cuando estalló la Guerra Civil. Prieto era acusado de colaboracionista, de traidor y de usar prácticas "jesuíticas" para conservar su fuerza en el ejecutivo del Partido Socialista; al "Lenin español" se le acusaba de revolucionario infantil, de ambición personal y de dejarse adorar por las masas de la UGT.
Mientras tanto, los ejercicios paramilitares de los dos últimos años habían degenerado en constantes violencias callejeras.  Éstas no obedecían a ninguna lógica: se desataban ante el menor incidente.  Con una casi total libertad de prensa, la competencia resultante entre los periódicos causaba choques diarios.  Los vendedores de "Claridad" y "Mundo Obrero" sostenían auténticas batallas campales con los que pregonaban el "ABC" y "La Nación".  Los entierros de los muertos en aquellos choques daban lugar a enormes manifestaciones políticas de los distintos partidos, y a veces la lucha se reanudaba en el propio cementerio.
Veamos algunas cifras sobre la violencia política en España entre el 17 de febrero y el 17 de julio de 1936:

17-29 de febrero: 13 heridos y 58 muertos
Marzo: 53 heridos y 210 muertos
Abril: 52 heridos y 109 muertos
Mayo: 43 heridos y 124 muertos
Junio: 29 heridos y 11 muertos
1-17 de julio: 25 heridos y 25 muertos

Los socialistas, según lo pactado y haciendo una concesión a Largo Caballero, no intervinieron en el gobierno, cuyo jefe, Azaña, presentaba a las Cortes, el 4 de abril de 1936, su programa legislativo.  En él hizo un llamamiento a todas las fuerzas políticas para que se le permitiera llevar a cabo una revolución constructiva y desde arriba: reforma agraria, construcción de escuelas, mayor autonomía para los ayuntamientos, un Estatuto de Autonomía para el País Vasco, readmisión de todos los trabajadores despedidos por sus actividades políticas y sindicales... En este programa no cabía la socialización de la tierra, la banca o la industria.
Mientras Calvo Sotelo preguntaba en la Cámara si las masas socialistas y anarquistas permitirían a Azaña gobernar, una nueva situación apasionaba a las gentes.  Era notorio que el presidente de la República, Alcalá Zamora, no había contentado a nadie y era criticado por todos.  Llevada la cuestión al Parlamento, en un debate rápido y manejado por las izquierdas, se acusó al presidente de haber rebasado los límites que la Constitución le confería, al disolver la segunda Cámara republicana.  Alcalá Zamora fue depuesto por 238 votos contra cinco y una numerosa abstención de la derecha.  Quien había exigido la rápida salida de España de Alfonso XIII era ahora desposeído de la presidencia de la República y expulsado de su "Olimpo".  Lo importante de ese hecho es que la izquierda perdía su único presidente del Consejo posible.  ¿No suponía el ascenso de Azaña la eliminación de un hombre que posiblemente habría intentado la canalización del torrente revolucionario?
A muchos de sus partidarios, y aun a parte de sus no partidarios, les inquietaba el pensar que el lugar de Azaña no estuviera en la presidencia del Consejo de Ministros, dada su talla de integridad.  Pero la compleja personalidad de Azaña, a quien no debía desilusionar demasiado la acción ni el ejercicio del poder, desilusionó a quienes creían en él.
Cabía también pensar que Azaña, desde su nuevo puesto, republicanizaría con sus dotes y prestigio a las masas y que su figura sería el imán en torno al cual se uniría todo el Frente Popular.
Eran muchos los que pensaban que la inestable situación entraría por cauces más optimistas con la vieja coalición de "hombres fuertes": Azaña en la presidencia y Prieto en el Gobierno.  Esta solución presuponía que Largo Caballero renunciase a su papel de Lenin y no siguiera viendo en Azaña la representación de Kerensky.  Cabe mencionar aquí el destacado discurso que pronunció Prieto en Cuenca, en el que manifestó que la violencia no conduciría a la democracia, ni al socialismo, ni al comunismo, sino al fascismo y a la dictadura militar, y en el que añadió que España necesitaba un programa económico (reforma agraria, obras hidráulicas, industrialización...) en el que el capitalismo jugaría un gran papel.
Estas manifestaciones irritaron, cómo no, a Largo Caballero y a la mayoría de los miembros de los partidos obreros, quienes diagnosticaron que Prieto debía abandonar el PSOE voluntariamente para encajarse en cualquiera de los partidos republicanos.

DE FEBRERO A JULIO DE 1936 (II)

No cabe duda de que pueden establecerse paralelismos entre la Rusia de 1917 y la España de 1936.  ¿Estaba Azaña asumiendo el papel de Kerensky, mientras Largo Caballero se reservaba el de Lenin? ¿Tenía validez lo anunciado por los comunistas en su periódico "Mundo Obrero" el 18 de febrero de 1936?:

"Debemos seguir el camino de completar la revolución democrático-burguesa hasta que nos lleve a una situación en la que el proletariado y el campesinado asuman la responsabilidad de hacer al pueblo español tan feliz y libre como el soviético por la victoriosa realización del socialismo a través de la dictadura del proletariado."

De una cosa no cabe duda: el gobierno no podía contar con el total apoyo de los socialistas.  El problema que se planteaba el movimiento socialista se basaba en si era lícita o no la participación política en un gobierno burgués. Ello significaba que seguía en pie la pugna entre Prieto y Largo Caballero.
Prieto continuaba dispuesto a colaborar con los republicanos de izquierda, ya que no sin razón él y Azaña habían sido los auténticos creadores del Frente Popular.  Seguían repitiendo argumentos como éstos:

"Si el desmán y el desorden se convirtieran en un sistema perenne, por ahí no se va al socialismo, por ahí tampoco se va a la consolidación de una república democrática, que yo creo nos interesa; ni se va al comunismo.  Se va a una anarquía completamente desesperada que ni siquiera está dentro del ideario libertario.  Se va a un desorden económico que puede acabar con el país."

Prieto temía mucho la baza que pudiera jugar la extrema derecha, y por eso consideraba que la unión con la República y con las clases medias sería un éxito para todos, y sobre todo para el partido obrero, cuyo poder sería indestructible.
Largo Caballero, asesorado por Álvarez del Vayo y Araquistáin, se oponía a lanzar al movimiento socialista por las vías reformistas de antaño.  Su desilusión ante los resultados de los primeros años republicanos le impulsaba a tomar el poder una vez que los republicanos se hubieran desmoronado.  Para Largo Caballero las alianzas electorales sólo tuvieron un carácter temporal; ahora no le interesaba la colaboración de los progresistas republicanos, sino la de los anarco-sindicalistas y comunistas.  Consecuente con ello, animaría a los trabajadores para que asumieran las funciones del Estado.  Declaraciones de este tipo se pueden leer en los periódicos "El Obrero de la Tierra" y en "Claridad", órgano fundado por Largo Caballero, al no conseguir el control del consejo de redacción de "El Socialista".

DE FEBRERO A JULIO DE 1936 (I)

La victoria de las izquierdas sembró el pánico en las derechas.  Diversos autores afirman que ya por entonces Franco recibió emisarios derechista incitándole a dar un golpe de estado y anular las elecciones, lo que el general habría rehusado, negándose a dejarse arrastrar por la emotividad inicial del pánico.
Portela se mostraba atemorizado y Alcalá Zamora, con el deseo de evitar el caos, entregó el poder inmediatamente a Manuel Azaña, quien anunció que llevaría a cabo el programa del Frente Popular con la mayor rapidez posible.
Conforme a lo pactado, se constituyó un gabinete ministerial enteramente republicano.  El 22 de febrero fueron amnistiados los presos que aún permanecían encarcelados (unos 15.000) como consecuencia de la revolución de octubre de 1934.  A continuación se aprobó la autonomía de Cataluña bajo el estatuto de 1932. También los ayuntamientos vascos, suspendidos en 1934, fueron restablecidos.  Otra orden restablecía los tribunales laborales con mayoría pro-obrera y aquellos oficiales y funcionarios destituidos por complicidad con la revolución asturiana.
Para evitar su posible implicación en conspiraciones, Azaña alejó a los generales Franco y Goded, nombrándoles comandantes militares de Canarias y Baleares, respectivamente.
Pronto se manifestó la llamada "pendiente de la violencia", aunque no adquirió carácter general, ya que ciertas regiones quedaron al margen de los disturbios.  Se multiplicaron, no obstante, los choques callejeros entre milicias de partido de las grandes ciudades, los mítines monstruos, una oleada de huelgas incontrolada y relampagueante y la aparición del campesinado revolucionario con la toma de tierras en Extremadura.
Mientras los derechistas adoptaron como consigna: "Contra la revolución", en muchos pueblos se pensó: "Los curas han perdido, luego hay que desarmar a sus amigos y asaltar las iglesias y conventos y los centros de Acción Popular".  En las aldeas, debido a la confiscación de tierras, las gentes entraban en conflicto con la Guardia Civil.
En las ciudades, los tiroteos y lanzamientos de bombas fueron cosa frecuente.  A un intento de asesinato de Jiménez de Asúa, en el que mataron al policía que lo acompañaba, el pueblo reaccionó quemando dos iglesias y asaltando "La Nación", el periódico de Calvo Sotelo.  El gobierno tubo que colocar policías para guardar las iglesias y los edificios de los diarios "El Debate" y "ABC".
Azaña comenzaba a ser desbordado por los acontecimientos.  Son reveladoras unas frases por él hacía no mucho:

"...Yo no me hago el distraído, y nosotros vemos el torrente popular que se nos viene encima, y a mí no me da miedo el torrente popular, no temo que nos arrolle; la cuestión es saber dirigirlo... Yo os declaro que mi respuesta más leal es no permitir que esta enorme fuerza se extravíe ni se malgaste en una sola gota ni se pierda..."

Sin embargo, las dificultades se multiplicaban, y Azaña, ante el estupor de sus partidarios, que decían: "Pero este hombre no nos abandonará ahora...", dejó la presidencia de consejo por la más tranquila presidencia de la República, sustituyendo así a Alcalá Zamora, hombre que se había hecho odioso a todos los partidos.

10 ago 2012

EL RESULTADO DE LAS ELECCIONES DEL 16 DE FEBRERO DE 1936

Las circunstancias en las que tuvieron lugar las elecciones fueron las siguientes: Portela Valladares, jefe del gobierno y Ministro de la Gobernación, era centrista. La gran mayoría de los gobernadores civiles eran de centro-derecha. En 52 de los 70 distritos electorales los votantes pudieron elegir entre dos listas: una de centro-derecha y otra del Frente Popular.  Las juntas escrutadoras de votos estaban constituidas por representantes de ambos partidos.
La votación se llevó a cabo el domingo 16 de febrero.  A las cuatro de la tarde las urnas ya estaban cerradas.
Las elecciones dieron el triunfo al Frente Popular.  Las izquierdas habían obtenido, y redondeamos las cifras, unos 4.700.000 votos; las derechas, 4.000.000; el centro, 450.000, y los nacionalistas vascos, 130.000.
Estas cifras no contabilizan los votos de la segunda vuelta de las elecciones, que, por supuesto, fueron escrutados por juntas nombradas bajo Portela Valladares.
Varios autores, analizando las cifras dadas por el periódico El Debate, que básicamente le restaba 200.000 votos al Frente Popular y otros 100.000 al centro y le sumaba 11.000 a los nacionalistas vascos y 350.000 a la derecha, sostienen que, sumando nacionalistas vascos, centro y derechas, se superan los votos obtenidos por el Frente Popular.  Esto, matemáticamente exacto, presupone que los miembros portelistas eran más adictos de Gil Robles y de Calvo Sotelo que de Azaña, lo cual resulta discutible.  Cosa parecida cabe decir de los vascos.
Lo cierto es que las diferencias resultaron escasas; pero, como había ocurrido en 1933, la ley electoral ocultaba la fuerza del partido derrotado.  La ley electoral estimulaba la formación de coaliciones para evitar un Parlamento fragmentado.  En cada distrito electoral, el 80% de los escaños se adjudicaban a cualquier lista que obtuviera más de la mitad de los votos.  Ahora había ocurrido lo contrario que en 1933, en que socialistas y republicanos se encontraron divididos.

Veamos la lista de diputados:

DERECHA Y CENTRO-DERECHA (ESCAÑOS).

C.E.D.A., 101
Tradicionalistas, 15
Centristas, 21
Liberales demócratas, 1
Agrarios, 11
Progresistas, 6
Radicales, 9
Independientes de derecha, 10
Renovación Española, 13
Monárquicos independientes, 2
Conservadores, 2
Lliga, 12
Nacionalistas vascos, 5
Nacionalistas españoles, 1
Católicos, 1
TOTAL DERECHA: 133
Total centro-derecha: 77
Total ambos: 210 escaños

FRENTE POPULAR (ESCAÑOS)

Izquierda Republicana, 79
Unión Republicana, 34
P.S.O.E., 88
Partido Comunista, 14
Federales, 2
P.O.U.M.,1
Partit Catalá proletari,1
Esquerra Catalana, 22
Acció Catalana, 5
Unió Socialista de Catalunya, 3
Estat Catalá, 1
Nacionalista Revolucionario Catalán, 1
Unió de Rebassaires, 2
Partido Sindicalista, 1
Galleguistas, 3
Esquerra Valençiana, 1
Independientes de Izquierdas, 4

Total izquierda burguesa: 151
Total izquierda proletaria: 112
Total Frente Popular: 263

NÚMERO TOTAL DE DIPUTADOS: 473

Cuando finalmente se constituyeron las nuevas Cortes había 271 escaños para la izquierda, 137 para la derecha y 40 para el centro, debiendo celebrarse elecciones para cubrir otros 14 escaños.
La derecha conservaba Castilla-León y Navarra (núcleos de la España nacionalista en 1936).  La izquierda predominaba en las grandes ciudades, entre los jornaleros y arrendatarios.  También en Andalucía y Galicia. En Cataluña y las provincias vascas el germen separatista perjudicó a la derecha.
Una vez más marchaban a distinto paso la España central y la periférica.

VISITA MI WEB PERSONAL

LA FORMACIÓN DEL FRENTE POPULAR (VI)

La campaña electoral, sin censura de prensa, registró escasos actos de violencia; se tocaban todos los temas nacionales y locales; los discursos y los panfletos adquirieron una intensidad y un volumen nunca conocidos en España.  Toda esta propaganda es altamente interesante para entender el pronunciamiento del electorado y por la repercusión que había de tener en la Guardia Civil.  Aunque los fragmentos de estos discursos no nos pueden permitir un acercamiento exacto a los diferentes grupos, al menos nos dan una pequeña muestra de lo que fue el desarrollo de la campaña:

"...La clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista del poder público.  Está en su programa y se halla decidida a obtener ese poder político de la manera que pueda.  Entendemos nosotros que ésa es nuestra obligación y nuestra aspiración: que la República burguesa hay que transformarla en una República socialista.  Y a eso no renunciamos." LARGO CABALLERO.

"...Quede bien aclarado aquí que nosotros no hipotecamos nuestra ideología ni nuestra libertad de acción para lo porvenir.  Vamos a la lucha en coalición con los republicanos de izquierda con un programa que no nos satisface.  Cuando se publique, lo veréis.  Pero no debéis desanimaros por eso.  Hay que defenderse.  ¿Cómo?  Como las circunstancias nos lo permitan.  Y ahora es necesario ir todos unidos, y a eso vamos.  Hay que conseguir la amnistía." LARGO CABALLERO.

"..Porque lo que ocurrió en octubre fue eso: que la clase trabajadora española libró a nuestro país de la vergüenza y el oprobio de un régimen fascista.  Gracias a nosotros España puede soñar con rutas de libertad." LARGO CABALLERO.

"Declaro paladinamente que antes de la República nuestro deber era traer la República; pero, establecido el régimen, nuestro deber es traer el socialismo.  Y cuando hablamos de socialismo no nos hemos de limitar a hablar de socialismo a secas.  Hay que hablar de socialismo marxista, de socialismo revolucionario.   No se pueden mantener ya posiciones equívocas.  Hay que ser marxista, y serlo con todas sus consecuencias."  INDALECIO PRIETO.

"La coalición de derechas, lejos de haberse debilitado, como acusan los rumores de los enemigos, se ha robustecido.  Lejos de haberse roto, se ha consolidado en un frente contrarrevolucionario en el que no importan las distintas ideas si coinciden los fines, al defender lo principios sociales y espirituales.  Nosotros, en esta coalición, no perderemos nuestro significado, y estamos dispuestos con los demás a imponer las normas que impuso España.  Para mí, el bloque antirrevolucionario sólo tiene por límite aquel en el que empiezan los revolucionarios.  Nada me importa lo que entre esos grupos o esos hombres y yo haya pasado.  Son hombres que miran a España y a Dios, y no importa lo que hayan dicho de mí.  Los que estuvimos juntos en octubre podemos estarlo ahora, porque no se pregunta a nadie de dónde viene cuando viene a la lucha.  Estamos plenamente de acuerdo para una unión electoral, no postelectoral.  Es necesario que nadie pierda sus características.  Todos unidos en defensa de unos ideales, pero diferenciados.  Hay unas cosas accidentales en cada programa, aparte de las cosas fundamentales."  GIL ROBLES.

"Coalición electoral con el proletariado para alcanzar el poder, y con un gobierno republicanos realizar un programa de gobierno previamente pactado.  No acostumbro yo, ni en el fondo ni en el exterior, a hacer cosa distinta de la que ofrezco.  Si el cuerpo electoral nos da sus votos, realizaremos lo pactado, y si no, ya sabemos lo que hay que hacer y adónde iremos, pero no consentiremos que se desnaturalice el pacto.  Victoriosos, realizaremos el programa dado a la opinión, y derrotados, seremos una esperanza.  Que no recibimos ningún mandato socialista ni un mandato comunista, sino republicano.  Con esto he querido salir al paso de aquella campaña que se hizo en las Cortes Constituyentes, que se inicia ya ahora, de que los republicanos somos prisioneros de los socialistas.  No soy, moral ni políticamente, prisionero de nadie, aunque físicamente esté al alcance de cualquier presidente del Consejo hacerme prisionero" MANUEL AZAÑA.

"...¿A qué fuerza? A la orgánica: a la fuerza militar puesta al servicio del Estado... Me dirán algunos que soy militarista.  No lo soy, pero no me importa que me lo digan.  Prefiero ser militarista a ser masón, a ser marxista, a ser separatista, e incluso a ser progresista.  Dirán otros que hablo en pretoriano.  Prefiero ser pretoriano con riesgo de milicia a serlo con sordidez leguleya de Alcubilla.  Hoy el Ejército es la base de sustentación de la patria.  Ha subido de la categoría de brazo ejecutor, sordo, ciego, mudo, a la de columna vertebral, sin la cual no es posible la vida.  Como no se concebiría la de España, si el 6 de octubre no la hubiese salvado un ejército en que la ponzoña política y masónica no había extinguido del todo los brotes sobrehumanos del patriotismo y la espiritualidad...  Hoy el Ejército es la nación en armas, y la nación el Ejército de la paz."  CALVO SOTELO.

Por otra parte, el panfleto abundó y alcanzó en muchos casos tonos virulentos:

"Luchan, de un lado, los defensores de la religión, de la propiedad y de la familia; del otro, los representantes y voceros de la impiedad, del marxismo y del amor libre.  Son las dos ciudades enemigas de que habla San Agustín" (El Noticiero, 14-2-36)

"Seguramente esos sacrificios reparadores y suplicantes inclinarían al Corazón Sacratísimo de Jesús a cumplir la promesa de su reinado en España no permitiendo el triunfo de nuestros enemigos." (El Pensamieto Navarro, 7-2-36)

"¡A las urnas, granadinos!  Por la República del 14 de abril.  Hay que votar hoy:
Contra los secuestradores de las libertades públicas.
Contra los que quieren aplastar la democracia para implantar un régimen despótico.
Contra los que desahucian a los colonos de sus tierras.
Contra los que dan jornales de seis reales.
Contra los que odian a la República porque es un régimen de libertad y de justicia.
Contra los que quieren esclavizar al proletariado.
Contra las inmoralidades administrativas.
Contra la política del estraperlo y sus cómplices.
¡Votad por la República y votaréis por España!"
(El Defensor de Granada)

"Sevillano: ¿Te acuerdas de los años que estuviste sin SEMANA SANTA?
Pues prepárate a no tenerla nunca si entran las izquierdas.
¡No ves que son laicos... y enchufistas!"
(Propaganda de ACCIÓN POPULAR)

VISITA MI PÁGINA WEB