22 jul. 2017

LA TRANSICIÓN HACIA EL LIBERALISMO

El gobierno se preocupó de desarticular las fuerzas de los partidarios de don Carlos; los voluntarios realistas ascendían a 120.000 hombres, con el mando autónomo y con recursos económicos independientes.  El cuerpo de voluntarios quedó abierto a todos los ciudadanos, dejando por tanto de existir al tiempo que se les cerraban los fondos.  Los mandos militares que no inspiraban confianza fueron destituidos.  Siguiendo con el cambio de orientación dentro de la estructura de la monarquía tradicional, la reina, en su deseo de incorporar partidarios a la causa, suscribía un decreto de amnistía:

"Concedo la amnistía general y completa de cuantas hasta el presente han dispensado los reyes..., exceptuando de este rasgo benéfico, bien a pesar mío, los que tuvieron la desgracia de votar la destitución del rey en Sevilla (1823) y los que han acaudillado fuerza armada contra sus gobernantes".

La consecuencia fue que 10.000 liberales pudieron regresar a España, provocando un lógico impacto social.  Otra obra del ala liberal del gobierno de Cea Bermúdez fue la recreación del Ministerio de fomento.  Surgido en tiempos de José Bonaparte, lo habían cuidado los afrancesados y liberales y había sido objeto de estudio por los moderados en 1830.  Era, en realidad, un campo de posibilidades para los elementos liberales, cuya simpatía tan abiertamente se fomentaba desde el gobierno.
Dentro de estas importantes modificaciones en el sistema, las universidades -buen termómetro político siempre- fueron abiertas después de haber estado dos años cerradas.  También se renovaban los ayuntamientos, favoreciendo a los propietarios y dejando la puerta abierta a los burgueses que desearan participar de la vida política.  El 31 de diciembre de 1832, Fernando VII alababa lo hecho por María Cristina, condenaba la intervención carlista en los sucesos de La Granja y, como rey y como padre, volvía a publicar la Pragmática Sanción.
El Deseado moría en septiembre de 1833, dejando salvado y bien apuntalado el trono para su hija.  Durante su vida, Fernando había dicho varias veces: "cuando yo muera, saltará el tapón. Y...".
Mientras, Cea Bermúdez intenta una tercera solución a las crisis españolas, solución que desagradará a los unos y a los otros; los unos, partidarios de don Carlos, comienzan a manifestarse y a lanzar proclamas.  Antes de que las Cortes juraran heredera a la princesa Isabel, don Carlos salía desterrado a Portugal.
La proclamación de Isabel no fue el resultado de un cabildo cortesano.   La burguesía festejó en todas partes el acontecimiento con singular aplauso.  La expansión burguesa y el liberalismo moderado aún no estaban lo suficientemente potenciados para impedir la guerra civil.  Sin embargo, como veremos pronto, la sociedad española había cambiado y el carlismo era del todo inviable, económica, social e ideológicamente.

21 jul. 2017

MARÍA CRISTINA DE BORBÓN, LA LEY SÁLICA Y LA PRAGMÁTICA SANCIÓN

El resultado de todas estas intentonas revolucionarias fue el de varios centenares de fusilamientos.  En 1829, Fernando VII quedaba viudo, y en este mismo año se aprestaba a contraer matrimonio (cuartas nupcias) con su joven y atractiva sobrina María Cristina de Nápoles.  El rey no había tenido descendencia de sus tres matrimonios anteriores; por tanto, hasta ese momento, el sucesor era Carlos María Isidro de Borbón, en torno al cual se agrupaban los realistas puros, quejosos ellos del aperturismo del gobierno de Fernando VII.  María Cristina no dejará al rey un heredero, sino dos hijas: Isabel y Luisa Fernanda.
El problema dinástico se planteó una vez que la reina quedó embarazada.  Las leyes de las Partidas que regían la sucesión daban preferencia a las mujeres en ausencia de herederos varones en igual grado de parentesco por consanguinidad.  Por otra parte, estaba la ley sálica, introducida por Felipe V en 1713, que excluía a las mujeres siempre que en rama directa o colateral hubiera descendencia masculina.  En 1789, Carlos IV reinstauró las leyes originales de las Partidas en la Pragmática Sanción, aprobada por las Cortes, pero no publicada en la Novísima Recopilación (el Boletín Oficial del Estado de la época).  En 1830, Fernando publica la Pragmática Sanción derogatoria de la ley sálica.  Esta decisión constituye la base jurídica de la primera guerra carlista; pero, en cualquier caso, el problema jurídico no es sino el pretexto que sirve para desencadenar el conflicto que existía entre dos tendencias políticas y, aun más, entre dos grupos sociales que no aceptaban convivir.  De hecho, la primera guerra carlista es, fundamentalmente, un tardío combate en defensa de las estructuras socio-económicas del antiguo régimen, que en España había pervivido gracias al absolutismo fernandino.
El punto más débil (jurídicamente hablando) de la causa isabelina eran que don Carlos había nacido un año antes de que las Cortes aprobaran la Pragmática Sanción en 1789; por tanto, su derecho era anterior y no podía ser anulado por la Pragmática.  Dicha Pragmática, aunque publicada durante la Guerra de la Independencia, no constaba en la Novísima Recopilación, y, por tanto, los españoles, hasta 1830, creían que el infante don Carlos contaba con derechos válidos.
Los puntos débiles de la causa carlista son éstos: la Pragmática Sancion de 1789 tenía el consentimiento de la nación en las Cortes, mientras que el Auto Acordado (ley sálica) de 1713 era un simple decreto real.  Para un partido tradicional era un mal argumento preferir el derecho de la familia Borbón a las partidas medievales.
El 13 de septiembre de 1832, en La Granja, Fernando VII sufría un grave ataque de gota, temiendo el médico Aso que el rey se le quedase en los brazos.  Ante esta situación tan delicada se reúnen los ministros para tratar de los graves problemas que se plantearían en España en el momento en que el rey dejara de existir.  En la corte se rumoreaba que Carlos protestaría la validez de la Pragmática; por ello, el ministro de la Guerra, Zambrano, marchó a Madrid para estar pendiente de todo lo que pudiera perturbar la paz y la tranquilidad en la capital y en la monarquía.
Los partidarios políticos de la reina estaban en Madrid; Cristina se vio sola y obligada a derogar la Pragmática Sanción ante la presión y amenazas de Carlos de una guerra civil si mantenía el derecho de su hija a la muerte del rey.  La noticia de la denegación de la Pragmática Sanción se extendió con rapidez, causando una gran expectación.  La actuación de los elementos favorables a la defensa de los derechos de la infanta Isabel, la llegada de Luisa Carlota, hermana de María Cristina, y la recuperación del rey, señalan el proceso de vuelta sobre su anterior decisión y de reconocer los derechos de su hija, cosa muy natural.  Esta revisión conducía también a una total modificación de los ministros.  El 1 de octubre, el gobierno en pleno fue destituido por otro encabezado por Cea Bermúdez.  Esta crisis representa un cambio de tendencia, por cuanto los partidarios de María Cristina neutralizan la fuerza de don Carlos abriendo las puertas a los enemigos del Carlismo.  Este gabinete resolverá también el problema sucesorio apoyando firmemente a la hija de María Cristina, la futura Isabel II.  De estos contratos, basados en la fórmula "ayudadme, que os ayudaré", surge el Partido Cristino.

VISITA MI WEB PERSONAL

15 jul. 2017

EL FUSILAMIENTO DE TORRIJOS Y EL AHORCAMIENTO DE MARIANA PINEDA

Los liberales emigrados, como en la década anterior, siguen conspirando para restaurar la libertad.  Sus intentonas revolucionarias incurrirán en muchos errores de cálculo, y un exaltado romanticismo les dará la nota de falta de premeditación, a la que seguirán el desastre y las víctimas.  En 1824, el coronel Vidal, partiendo de Gibraltar, ocupó Tarifa con 200 hombres.  Carentes de apoyo, fracasaron y fueron fusilados. La misma suerte corrieron, en 1826, los hermanos Bazán, quienes, tras un desembarco en Guardamar del Segura, se internaron, para luego ser capturados y fusilados en Orihuela y Alicante.
Los emigrados constituyeron en París un "Directorio para el levantamiento de España contra la tiranía", cuya figura principal era Mendizábal.  Pronto se trasladó a Bayona.  El gran contingente emigrado vivía en Inglaterra, contando con figuras destacadas, como Mina, Torrijos, Palarea, Flores, Calderón, etc...  Es curioso que la misma Inglaterra que acogió el exilio de los monárquicos franceses durante la Revolución y reinado de Napoleón estuviese ahora acogiendo a los antiabsolutistas españoles.
Las jornadas de julio de 1830 en París abrieron nuevas posibilidades a los emigrados.  La burguesía derriba a Carlos V y entroniza a Luis Felipe.  Al no ser reconocido por el rey español, presiona apoyando a los emigrados.  Pero la causa de la libertad, que para los emigrados es dogma de fe, tan sólo sirve al gobierno francés para satisfacer sus intereses particulares, esto es, el reconocimiento de Luis Felipe por Fernando VII.
En esta coyuntura, Mina inicia la desastrosa expedición de Vera.  Los grandes planes de la empresa y de este ejército invasor de 350 hombres quedaban reducidos a unas increíbles peripecias para poder regresar a  Francia.  Similares fueron los resultados de otra tentativas a cargo de San Miguel, Gurrea, Plasencia, Brunet y un hijo del general Miláns del Bosch.
El cambio de postura de Luis Felipe respecto a los emigrados liberales devolvió a Gibraltar la plataforma para lanzarse al derrocamiento del régimen absoluto.
El desembarco de Manzanares en Getares y su penetración en el territorio tampoco encontraron eco ni respaldo entre la población civil.  Manzanares fue muerto y sus hombres fusilados.  Otro levantamiento en Cádiz y San Fernando tampoco encontró respuesta positiva.
Las invasiones liberales debilitaron las fuerzas de los moderados.  El rey se volvió hacia los absolutistas restaurando las comisiones militares.  Renace la depuración política y el rey se convierte en un tirano por miedo.  En esta política de terror, fomentada por Calomarde (el todopoderoso ministro), es ahorcada la granadina Mariana Pineda por bordar una bandera destinada, según los espías, al ejército liberal.  También Torrijos, partiendo de Gibraltar, desembarcará dos veces en la Península.  En su segundo intento cayó en la trampa del general González Moreno, quien le hizo creer en las disposiciones favorables a su pronunciamiento por parte de la guarnición de Málaga.  Gisbert dedicará un cuadro y un soneto a estos cincuenta y dos románticos conspiradores liberales, quienes recibieron serenamente las descargas, para las que el propio Torrijos dio la voz de mando.  A González Moreno todo hombre de honor le volvió la espalda y la opinión pública le castigó con el apelativo de "el verdugo de Málaga".

VISITA MI WEB PERSONAL

10 jul. 2017

CRISIS ECONÓMICA CON FERNANDO VII

En la corte se caminaba hacia fórmulas moderadas, sancionadas con el cuarto matrimonio del rey con María Cristina de Nápoles en 1829.  El gobierno de Fernando VII estaba haciendo frente a la doble oposición -apostólicos y liberales- con su política de "palo a la burra blanca y palo a la burra negra", según la expresión castiza acuñada contra el propio monarca.  Esta política seguirá imperando hasta su muerte, pese a que el tránsito hacia el liberalismo era ya un hecho.
La coyuntura económica y la gestión financiera durante este período presenta los signos de depresión y anacronismo. La década ominosa presenta el derrumbamiento total de los precios; el fracaso político y financiero de los gobiernos absolutistas es evidente.  La crisis de 1827 demuestra la imposibilidad de gobernar con los aristócratas y grandes propietarios en contra de los intereses del campesinado y la burguesía.
En el aperturismo del régimen intervienen un equipo de asentistas, banqueros, emigrados y hombres de negocios.  Ahí están los nombres de Aguado, Gaspar de Remisa o Javier de Burgos, empeñados en proyectos de minas, canales y altos hornos.  El equipo del ministro de Hacienda, López Ballesteros, promulga la ley de minas de 1825, el arancel de 1826, el Código de Comercio de 1829, la Bolsa de Madrid, en 1831, etc.
Al mismo tiempo, la expansión agrícola tendrá una importancia decisiva en la reactivación de la economía española.  El área triguera y la cabaña ganadera experimentan aumentos considerables, presagio de un futuro más favorable.
La bancarrota de la Hacienda será el primer condicionante de toda la política de Fernando VII.  Hubo que hacer grandes esfuerzos para afrontar los gastos domésticos y los sueldos del personal de palacio.  El absolutismo puro carece de soluciones al problema financiero y debe ceder ante la sugerencia de ministros algo más moderados.  Recomiendan un sistema fiscal moderno, pero, como en otros puntos, resulta contradictorio, puesto que cualquier medida a adoptar chocaría con los intereses de los privilegiados y de las provincias forales.
La difícil situación financiera obligará a recurrir a empréstitos contratados en el extranjero, determinados por la pobreza del país y por el corte de metales preciosos americanos que resulta de la emancipación.  La deuda con el exterior sube de 2.600 millones de reales en 1824, a 4.460 en 1834.  Los empréstitos son negociados en unas condiciones muy poco ventajosas para España, puesto que el valor "nominal" de la deuda reconocida es muy superior a la cantidad efectiva de metal precioso que entra en España.  La Hacienda nacional pasa, con respecto a Europa, a una posición de deudora, agravada por una balanza comercial negativa, una inestabilidad política y unas guerras civiles.  El endeudamiento exterior va a convertirse en algo crónico.
Quien lleva el timón de la Hacienda durante la década ominosa es el gallego López Ballesteros, simpatizante con la mentalidad moderna de los liberales moderados y afrancesados arrepentidos.  Canalizará en lo posible la capacidad de estos hombres, prescindiendo de su pasado liberal. El balance de la gestión de López Ballesteros parece ser  que sirvió para enjugar en buena parte la carga de la deuda pública del Estado.  No obstante, su política contó con serias limitaciones.  Tendió a fijar un orden regular en la administración y contabilidad, restableció en parte el crédito público, ensayó el equilibrio de los gastos con las rentas, decretó la determinación anual de los presupuestos, procuró reprimir el contrabando y dio tal cual estabilidad a los empleados públicos.  Pero todas estas disposiciones valían muy poco en comparación con los males que llevaba en sí mismo aquel sistema de gobierno, el tributario restablecido en 1824 y los que causaban inmediatamente la reamortización de los bienes eclesiásticos y vinculados, la renovación de los privilegios y exenciones, el aumento de las ruinosas contribuciones sobre el consumo, las prohibiciones y trabas en el comercio y en la industria, la rigurosa exacción del diezmo y las franquicias y socaliñas de un clero numerosísimo, triunfante e insaciable.

9 jul. 2017

ORIGEN DEL PARTIDO CARLISTA (II)

Las templanzas políticas y administrativas de Fernando VII estaban disgustando a los apostólicos, quienes se mostraban descontentos también por la neutralidad que el rey de España guardó ante las reformas de sentido liberal impuestas a la nueva reina de Portugal, María de la Gloria, por su padre, don Pedro.
El partido realista, exaltado, estará capitaneado por don Carlos.  Consideran a Fernando VII excesivamente transigente.   Está claro que don Carlos carece de cualquier norma política y su fórmula es la "teocracia".   Los "realistas puros" lanzarán un manifiesto en noviembre de 1826; tras criticar durísimamente la gestión política de Fernando, le comparan con don Carlos:

"... la debilidad, la estupidez, la ingratitud y la mala fe de ese príncipe indigno (Fernando), de ese parricida, de ese mal esposo, de ese pérfido amigo, de ese mal hermano y de ese monstruo compuesto de lo más refinado de la perversidad..." 

"...porque las virtudes de ese príncipe (Carlos), adhesión al clero y a la Iglesia, son otras tantas garantías que ofrecen a la España bajo el suave yugo de su paternal dominación, un reinado de piedad, de prosperidad y de ventura."

De estos momentos data la "insurrección de los agraviados".  El movimiento  de estas partidas de realistas puros tuvo su epicentro en Catalunña.  En el mes de agosto de 1827 cayeron en sus manos Berga, Vich, Cervera, Solsona, Olot, y otras ciudades, llegando a ocupar la zona montañosa.  Estos grupos armados -30.000 hombres aproximadamente- llegan al  límite de sus posibilidades militares, ya que carecen de fuerzas para adueñarse de las ciudades guarnecidas, como Tarragona, Girona y Hostalrich.  Hubo intentos, en este movimiento organizado, por parte de varias provincias españolas, pero no cuajaron en levantamientos armados.
En esta rebelión (llamada también "de lo malcontents") hay que tener en cuenta, en primer lugar, la evolución de la coyuntura económica: el descenso de los precios agrícolas llega a Barcelona, en 1827, a su punto más bajo; no es de extrañar, pues, que el descontento del campesinado catalán fuera utilizado con fines políticos.  Los oficiales del ejército de la Fe estaban resentidos por no haber obtenido una compensación: en Cataluña, muchos ex liberales ocupaban empleos y protección, cosa mal vista por los radicales absolutistas, quienes se pasarán al bando de don Carlos.  El clero reaccionario catalán llega a calificar de liberal a un gobierno que no quiere restablecer la Inquisición.  Esta línea era típica de la Iglesia oficial; el obispo de Badajoz llegará a decir:

"Es imposible lograr seguridad y paz mientras no se limpie el reino de esa raza de víboras (los liberales)".

Los obispos y los eclesiásticos serán firmes inductores en favor del levantamiento.  La "revuelta de los agraviados" se puede considerar como el brote precursor de la primera Guerra Carlista (aunque don Carlos se negara a sancionarlo), y el programa que los rebeldes quieren imponer al rey es el preliminar del carlismo: ejército liberal sustituido por uno realista, exilio de todo simpatizante del liberalismo, abolición de cualquier novedad, destitución en pleno del gobierno, inmediata restauración de la Inquisición, etc.
En todas las proclamas se declaraba que el rey estaba rodeado de traidores y en manos de francmasones.  Todo esto se disipó cuando Fernando VII llegó a Barcelona.  Las clases medias le aclamaron y le concedieron un préstamo; a cambio, el rey les recompensó con tarifas proteccionistas; pese a lo cual la alianza no sería total ni mucho menos.
En Barcelona, Fernando VII encargó al conde de España para que hiciera frente a liberales y apostólicos.  A partir de 1830 echará mano de los voluntarios realistas y de otros procedimientos (surge el paralelo con la gestión de Martínez Anido en Barcelona un siglo después) para mantener a Cataluña apartada del contagio liberal.  La actuación del conde de España en Barcelona provocará un descontento general y enterrará para siempre la monarquía absoluta.

VISITA MI WEB PERSONAL

6 jul. 2017

ORIGEN DEL PARTIDO CARLISTA

El futuro partido carlista empieza en estos años a tomar cuerpo, buscando como caudillo y símbolo a Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey, auxiliado por otros miembros de la corte.
Dada la trascendencia de Don Carlos, nos parece oportuno citar dos párrafos significativos del propio infante; en ellos se puede apreciar la postura doctrinal del futuro pretendiente.  Corresponden a esta época de los primeros carlistas, esto es, casi diez años antes de que comiencen las guerras carlistas.  Define en primer lugar la cuestión de la toma del poder por los liberales del Trienio:

"El delito fue el mayor que pudo ser, intentando y forzando a V.M. (Fernando VII) misma a mudar la forma de gobierno, despojando de hecho a V.M. de él.  Los delitos de consecuencia los reduzco a tres: delito de lesa majestad divina en su dogma y en sus ministros, delito de lesa majestad humana y delito contra los particulares en su honra, vidas y haciendas.  El primero no lo puede perdonar V.M., antes por el contrario, le debe devorar el celo del Señor, y procurar su mayor honra y gloria por todos los medios posibles; el segundo no lo puede V.M. dejar sin castigo ejemplar, porque V.M. reina por Dios y por Él tiene su dignidad, dignidad que le manda a V.M. el Señor que la conserve ilesa y sin dejar menoscabarla en lo más mínimo; el tercero no puede V.M. perdonar, sin dejar a salvo y en libertad de poder reclamar en justicia al que se crea agraviado."

Y en una segunda carta dirigida a su hermano el rey, afirma:

"Deseo que seas feliz, pero, en verdadera felicidad, que consiste únicamente en buscar el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás nos lo envía su Misericordia por añadidura, y así, lo primero, la gloria de Dios, el fomento y esplendor de su santa religión, que haya santo temor de Dios, y con esto hay buenas costumbres, virtudes, paz, tranquilidad, alegría y todo.  Conseguido esto, que no debes dudarlo un instante de la infinita bondad y misericordia divina, haciendo por tu parte cuando puedas, verás qué vida tan dulce, tan tranquila y tan larga te concede el Divino Maestro; todo esto se lo pido todos los días y te lo deseo de todo corazón."

Los textos no tienen desperdicio y los apostólicos no se contentarán con estos "excesos verbales", sino que se rebelerán contra la autoridad absoluta de Fernando VII.  Tales son los casos de Canapé y de Bessières, movido secretamente por don Carlos y su camarilla, quien se sublevó bajo pretexto de que el rey estaba dominado por los liberales disfrazados de moderados.
Sin embargo, la suavización será un hecho desde 1826.  Fernando VII prefiere gobernar dictatorialmente, deseoso de no depender de ninguno de los dos grupos extremos, apoyándose en los moderados, quienes desde sus puestos de gobierno y administración abogan por una etapa de transición.  Constituyen una burocracia más o menos oportunista e ilustrada, pero con posibilidades de maniobra y relación con banqueros, industriales y comerciantes.  El sistema de Fernando VII era el del despotismo ministerial, y los ministros eran portavoces de la voluntad real.  Como en otras circunstancias históricas, tal poder omnímodo, que conduce a la autocracia, es condenado por las potencias extranjeras.  Esto obligará a crear una serie de organismos para que jueguen un papel activo en la tarea de gobernar.  También se hacen consultas políticas a hombres más o menos progresistas o moderados ilustrados.  Por supuesto, cualquier pretensión reformista chocaría con los estamentos privilegiados.  La contradicción está en que por una parte existen intentos de reforma, pero la realidad es la existencia de unos temas intocables, tales como la cuestión agraria, el régimen señorial, vínculos y mayorazgos, deuda pública, diezmos, reforma eclesiástica, etcétera.


VISITA MI WEB PERSONAL

1 jul. 2017

EL TERROR BLANCO Y LAS JUNTAS DE FE

La dualidad absolutista será la características política de esta década ominosa.  La voluntad real no será aceptada unánimemente por los absolutistas.  Mientras unos buscan un gobierno ilustrado y conciliador, los otros se niegan a toda transacción con las ideas del silgo. y desean la eliminación física de los liberales, siguiendo con sus normas resueltamente terroristas.
El "Edicto de proscripción general", los decretos de depuraciones, las "Juntas de Fe", las "Comisiones militares ejecutivas y permanentes" siguen haciendo estragos (en veinte días se ahorcaron 112 personas) entre los constitucionales, toleradas y excitadas por el rey y sus cortesanos.
La presión de las potencias extranjeras destituirá el ministerio universal del canónigo Sáez, siendo sustituido por miembros más moderados y transigentes: Casa Irujo, Ofalia, Cruz, Salazar, López Ballesteros.  Este ministerio y un ultimátum del gobierno francés obligan al monarca español a firmar, de mala gana, el decreto de amnistía del 1º de mayo de 1824.   Debemos matizar que tal decreto sólo en apariencia llevaba un perdón general a los liberales.  Fernando VII, obligado a ceder so pena de quedarse sin el apoyo del ejército francés, interpretará con dureza este decreto de amnistía.  He aquí algunos de sus comentarios ordenancistas:

"Ya es tiempo de coger a Ballesteros y despachar al otro mundo a Chaleco y el Empeciado."  "...quiero y mando que inmediatamente se ejecuten las prisiones sin pretexto ni excusa alguna, aunque se arda todo el mundo y aunque rabien los ministros, que bien lo merecen."

La amnistía, además, es neutralizada con la salida del gobierno de algunos ministros moderados y la publicación de otros decretos que daban al poder un cariz netamente reaccionario:

"...serían condenados a muerte los que... gritasen muera el rey, viva Riego, viva la Constitucíón, mueran los serviles, mueran los tiranos, viva la libertad."

Simultáneamente, las autoridades locales llevaban a cabo la campaña del Terror Blanco, y la Iglesia, con sus Juntas de Fe, remedo del Santo Oficio, procesaba o condenaba a muerte, sin pararse a consideraciones, como en el caso del maestro Antonio Ripoll.
Estas medidas aún parecen insuficientes a la facción apostólica del absolutismo.  Presentan en todo momento la postura política de mayor radicalismo e intransigencia.  Son apoyados estos apostólicos por la Iglesia en su intento de cerrar filas y de defender a la "cristiandad hispánica" de todo contagio exterior.  Su postura intenta amasar la verdad, el poder de Dios y los privilegios económicos como punta de una "reacción clerical desenfrenada".

VISITA MI WEB PERSONAL

25 jun. 2017

EL INICIO DE LA "DÉCADA OMINOSA"

Fernando VII recuperó su poder absoluto y declaraba en 1823:

"...sentado ya otra vez en el trono de San Fernando por la mano sabia y justa Omnipotente..."

Esta declaración está en consonancia con aquella otra del Consejo Internacional de Verona:

"... de que los principales religiosos son los que todavía pueden contribuir más poderosamente a conservar las naciones en el estado de obediencia pasiva que deben a sus príncipes..."

Por debajo de todo esto se ve a una Iglesia integrista defensora de la vieja sociedad estamental e identificándose con un orden al que sólo sostiene la represión.  La apostasía de las masas y los brotes anticlericales del liberalismo español son la lógica consecuencia de la reacción intransigente de la Iglesia.
Debemos también subrayar el hecho de que en 1823 el absolutismo no puede apoyarse, como en 1814, en el entusiasmo popular movilizado por la Iglesia, sino que debe recurrir a la intervención extranjera.  A excepción de algunas partidas absolutistas, es importante apuntar que la Iglesia apoya el nuevo absolutismo, pero se muestra incapaz de levantar al pueblo.
Pese a todo, el absolutismo tiene sus días contados.  Entre 1826 y 1827, el absolutismo esta agrietado por la crisis económica y tratará de salvarse buscando apoyo en la burguesía catalana y en el liberalismo moderado.  El integrismo religioso, la reacción absolutista y los apostólicos consideran esta debilidad de Fernando VII como una herejía (la de buscar apoyo en la burguesía y en los moderados).  Traicionados por estas concesiones hacia el liberalismo, buscan en Don Carlos, hermano de Fernando VII, la conquista del poder; desean el restablecimiento de la Inquisición y el exterminio de los liberales, quienes serán llamados al exilio por la reina María Cristina, última mujer de Fernando VII.  La burguesía liberal no tardará en hacerse de nuevo con en poder, conquista precipitada por la muerte de Fernando VII y la crisis dinástica que le sigue a la misma.

20 jun. 2017

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

El empeño de los liberales por acostumbrar a una sociedad hecha al absolutismo a que gozara de la libertad, los esfuerzos encaminados a poner orden en la Hacienda pública, sus acertadas reformas en el sistema monetario y en otros campos (que los hubo), fueron suprimidos de un plumazo por Fernando VII.  Llegó a hablarse de toda la obra del Trienio en tono de abominación, y de los llamados "tres años", como algo que no existió.  Era el mismo error cometido diez años antes, al olvidar la obra de las Cortes de Cádiz.
El mismo día 1 de octubre, Fernando VII declaraba por decreto lo siguiente:

"Nulos y de ningún valor todos lo actos del gobierno llamado constitucional que ha dominado a mis pueblos desde el 7 de marzo hasta hoy, día 1 de octubre de 1823, declarando, como declaro, que en toda esta época he carecido de libertad, obligado a sancionar las leyes y a expedir las órdenes, decretos y reglamentos, que contra mi voluntad se meditaban y expedían por el mismo gobierno."

Las "depuraciones" y la represión dieron comienzo.  Recuérdese que el rey había ofrecido un "olvido general, completo y absoluto de todo lo pasado sin excepción alguna".  Poco después empezaría a despuntar diciendo: "He prometido un olvido general en cuanto a opiniones, no en cuanto a hechos".
Existen suficientes documentos para hablar de una reacción absolutista violenta, cruel y con seis años de duración.  Toda una represalia.  Cien días antes de la capitulación de Cádiz ya era público y notorio un edicto por el que se condenaba a muerte a todo los diputados liberales.  Se crearon comisiones militares y Juntas llamadas "de Fe" para perseguir a los reos de delitos políticos, a liberales y a... masones. 
El embajador ruso y el gabinete francés tuvieron que intervenir enérgicamente para aplacar el ansia de venganza.  Angulema llegará a conminar a Fernando VII para que cambie de actitud, pues hasta el momento se había limitado a practicar detenciones, a promulgar decretos arbitrarios y a sembrar inquietud, temor y descontento.
El propio Luis XVIII le refresca la memoria al "Deseado" sobre las promesas de morigeración;

"Un despotismo ciego, lejos de aumentar el poder de los reyes lo debilita; porque si su poderío no tiene reglas, si no reconoce ley alguna, pronto sucumbe bajo el peso de sus propios caprichos; la administración se destruye, la confianza se retira, el crédito se pierde y los pueblos, inquietos y atormentados, se precipitan en las revoluciones."

Mientras Fernando VII era aclamado por los sectores más reaccionarios del país, y los cabildos de Toledo, Sevilla, Granada, Jaén y Cuenca le hacían un grandioso donativo de 11 millones de reales; sin duda era el precio a pagar por la supervivencia de sus privilegios y propiedades.  Con este dinero, por otra parte, había que pagar los dos millones de francos mensuales, precio que costaba sostener el ejército francés en España. La estancia de este ejército en el país durará largo tiempo, prueba del miedo, real o exagerado, del monarca español.
Las depuraciones seguían su curso.  Riego era ahorcado en la plaza de la Cebada de Madrid (suerte corrida por otros muchos liberales).  Gran número de éstos dieron con sus huesos en la cárcel o en el patíbulo, merced a una sociedad secreta de signo represivo, llamada "ángel exterminador".
La plana mayor del liberalismo español emigra.  Muchos diputados y comerciantes se refugian en... Gibraltar, lugar apto para mantener continuos contactos (¿qué habría sido de España sin la colonia británica de Gibraltar?).  En 1824, Inglaterra albergaba más de 1.000 familias de emigrados españoles, entre ellos el marino y matemático Císcar, militares como Torrijos, el botánico La Gasca, el mejor economista español de la época, Flórez Estrada; comerciantes y hombres de negocios como Istúriz o Mendizábal, guerrilleros y gran cantidad de eclesiásticos.  A Francia llegan muchos prisioneros de guerra, distribuidos en depósitos u obligados a repartirse.  En París reside la élite de los Toreno, Martínez de la Rosa, etc.  Tras la revolución de 1830 y la implantación de Luis Felipe, los refugiados de Inglaterra se desplazaron casi en su totalidad al país galo.

18 jun. 2017

LOS CIEN MIL HIJOS DE SAN LUIS (Y EL RESTABLECIMIENTO DE LOS ULTRAS) (II)

El inglés Cunning ridiculizó la política de Luis XVIII y de Chateaubriand, pero no pudo frenar el camino de la guerra.  El 7 de abril de 1823 los Cien Mil Hijos de San Luis (132.000 hombres y 108 piezas de artillería) cruzaron la frontera.  Estaban dirigidos por le duque de Angulema y otros oficiales nobles y, como además pagaban escrupulosamente los suministros, temiendo se produjese una reacción nacional como la de 1808, no hallaron apenas resistencia en su penetración.  Al ejército francés se le sumaron unos 35.000 absolutistas, en su mayoría guerrilleros, lanzándose al campo, al socaire de la invasión.
Ante esta amenaza, el liberalismo se refugió en una serie de mitos, aprovechados por el gobierno para encubrir las dificultades políticas, financieras y diplomáticas de los preparativos guerreros.  Surge el mito de la superioridad del hombre sobre un ejército esclavo adiestrado, derivado del entusiasmo de Rousseau por las "virtudes" de la República Independiente.  Es lo mismo en 1823 que en 1936: produciría un daño incalculable.
El ejército francés atraviesa la Península, desde los Pirineos hasta Cádiz, en paseo militar, con la casi única resistencia que opuso Mina.  Morillo, Ballesteros, Villacampa, La Bisbal y Riego caen o capitulan sin grandes dificultades.
Angulema entraba en Madrid el 23 de mayo y el 1 de octubre de 1823, tras la batalla del Trocadero, Fernando VII salía de Cádiz rumbo al campamento francés.  Los últimos días de Fernando como rey constitucional en la bloqueada Cádiz, se los había pasado lanzando "avioncitos" de papel (entonces se les llamaba "flechas") desde la azotea a la vista del ejército francés.
Fernando VII quedaba restablecido en la plenitud de sus derechos absolutos, y aunque prometió perdón general y un gobierno templado, cabía presumir que no iba a ser demasiado sincero en sus intenciones, como los hechos no tardaron en demostrar.
Desde el punto de vista internacional, debe verse en esta acción francesa no sólo una intervención de la Santa Alianza con miras a extinguir el foco de irradiación liberal que constituye la España de 1820, sino también la realización de un deseo de Francia, donde a la sazón gobernaban los "ultras" (es decir, los absolutistas) , consistente en neutralizar la derrota y la humillación de 1814 y 1815.  La invasión de España, el asalto del Trocadero, la ocupación de Cádiz, pretenden ser, pues, una neutralización del fracaso experimentado en la Península diez años antes.

VISITA MI WEB PERSONAL

15 jun. 2017

LOS CIEN MIL HIJOS DE SAN LUIS (Y EL RESTABLECIMIENTO DE LOS "ULTRAS") (I)

A pesar de su victoria en la Guerra de la Independencia, España quedará reducida, en el concierto internacional, a la condición de potencia secundaria.  Esta subordinación a los cinco grandes de Europa -Austria, Prusia, Rusia, Inglaterra, Francia- obligará a España a prestar su adhesión a la pentarquía de la Santa Alianza.  Éste era un sistema legitimista creado por los monarcas europeos para defenderse de las tendencias revolucionarias contra el altar y el trono (recomiendo leer las Memorias de Chateaubriand para mejor comprender el fundamento de estas ideas dentro del contexto histórico).
El pronunciamiento de Riego cobra una validez en cuanto supone un ataque victorioso contra el legitimismo continental.  Toda Europa, lo mismo que en 1936, estará pendiente de la existencia en España de un gobierno liberal y constitucional.
La Constitución española de 1812, cuando parece que el liberalismo es una causa perdida, se implanta en Portugal, Nápoles, Roma, Luca, Elba, Piamonte, y hasta se convierte en el estandarte e los "decembristas rusos".  Con no poca razón se ha afirmado que el constitucionalismo liberal del siglo XIX comienza en Cádiz y busca su programa no en la revolución y textos franceses, sino en la Constitución Española.
Todo esto suponía un peligro para la paz.  Austria interviene y derrota a la revolución en Italia.  España queda como "el último bastión de la libertad".
En marzo de 1821, mientras Fernando VII "el Doble" renovaba su promesa de "marchar francamente por la senda constitucional", iniciaba sus gestiones diplomáticas cara a una intervención militar.  En breve tiempo escribe tres cartas a Luis XVIII pidiéndole apoyo y prometiéndole compensaciones.  Casa Irujo, Labrador, Eguía y Fernán Núñez llevan a cabo similares maniobras en Europa.  Rusia y Francia accedían a una intervención siempre y cuando Fernando VII mantuviera un régimen de libertad con concesiones, "pues lo exige la necesidad del siglo en que vivimos", y no tornará jamás al estado de cosas de 1814.
Fernando VII accede de palabra a todo, en su deseo de precipitar la intervención, aunque no caben dudas de su falta de sinceridad.
La intervención será acordada en el Congreso de Verona del verano de 1822.
Inglaterra declaró que no intervendría ni colaboraría en tal empresa, por considerar que no existían motivos suficientes.  Pese a ello, las otras cuatro potencias, en consonancia con el estímulo del monarca español, deciden liquidar militarmente el régimen constitucional español.
Estas cuatro potencias envían notas insultantes al gobierno de Madrid.  Las Cortes españolas se indignan, provocando la fusión de todos los liberales y dando lugar al acto más violento de la revolución: el destronamiento del rey.  ¿Justificaba más la legitimidad del sistema el golpe de EStado de Elío en Valencia o el pronunciamiento de Riego?

VISITA MI WEB PERSONAL

11 jun. 2017

LA REVOLUCIÓN FRUSTRADA (y III)

En resumen, la obra revolucionaria de las Cortes no lograba resultados eficaces para los campesinos.  Todo lo contrario, la condición del campesinado se agravó sensiblemente al aplicarse el principio de libertad de contratación.  Los cultivadores directos de las tierras podían ser expulsados si no aceptaban las condiciones -arbitrarias en muchos casos- de los señores propietarios.
Está claro el ideario burgués de los diputados y hombres del gobierno revolucionario.  Sólo algunos diputados irán al fondo del problema poniendo de relieve cómo los señores se habían erigido en propietarios de las tierras de la Corona, lo que sucedía en muchos casos. Por ejemplo, Císcar dirá que las tierras de los moriscos expulsados en el siglo XVII habían pasado por ley a la Corona, pese a lo cual los señores se habían hecho con su propiedad.  Los hombres de 1820 defenderán a estos señores no obligándoles a presentar los títulos originales de adquisición y recortándoles sólo las prestaciones y los derechos feudales de vasallaje.  Ir más lejos, esto es, al fondo de la cuestión, no sería abolición sino explotación.
Pese a la lluvia de protestas de pueblos y colonos, las Cortes soslayaron el problema.  Los nobles y burgueses siguen haciendo maniobras financieras con el objeto de aumentar sus patrimonios y no proporcionando ninguna ventaja a los cultivadores, ya que la venta de tierras en pública subasta no les permitía el acceso a la propiedad.  Al contrario, los pueblos esperaban que de las grandes propiedades divididas en numerosas suertes surgieran numerosos propietarios al adquirir estas parcelas por compra; pero la realidad fue que no pudieron comprar nada y se vieron explotados por los nuevos propietarios poseedores de mayores derechos económicos que los antiguos titulares de los bienes.
Los pueblos y los colonos siguen pidiendo que se les adjudiquen unas suertes de las que pagarían al contado la tercera parte del valor y el resto constituyéndose en censo.  Los parlamentarios, fieles a las interpretaciones del pensamiento liberal, que hubieran sido muy bien escuchadas por muchos ilustrados del siglo XVIII, no les complacieron.
La batalla entre propietario y usufructuario estaba perdida para éstos, pese a afirmar que los grandes propietarios seguirían renovando el absentismo y aumentando las rentas.
Frente a la preocupación socializante del pensamiento ilustrado, que busca unir el dominio directo al útil, convirtiendo al cultivador, sin distinción de condiciones jurídicas, en pleno propietario, la política de la burguesía liberal se limitará voluntariamente dentro de un rígido planteamiento doctrinal, cuya proposición clave -máxima rentabilidad de la libertad económica- servía plenamente a sus intereses particulares.
La opción realizada por las Cortes en favor de los propietarios particulares presentes o futuros, y la paralela desatención de los intereses de los campesinos acentúan el carácter burgués del movimiento revolucionario, a costa de crear la hostilidad de los medios rurales contra el nuevo régimen, factor decisivo en la falta de apoyo en el momento de la crisis de 1823.

9 jun. 2017

LA REVOLUCIÓN FRUSTRADA (II)

Cuando el régimen constitucional sea derribado por la intervención extranjera, el pueblo español estará desengañado y, lo mismo que en 1820, se mostrará indiferente y practicará la inhibición frente a los Cien Mil Hijos de San Luis.  La situación financiera, en vez de crear una base económica al sistema constitucional, produjo una irritación y una hostilidad que jugó decisivamente en su caída.
En conexión con las cuestiones económicas y financieras, situamos la obra reformista de las Cortes frente a la Iglesia: reforma de las rentas eclesiásticas, en especial el diezmo; se reduce ampliamente el número de monacales y regulares con la obligada supresión de conventos y exclaustración de religiosos.  La desamortización, con la consiguiente venta de bienes  eclesiiásticos y la secularización  (en marzo de 1821 ya se habían suprimido 280 monasterios, colegios y hospitales), provoca el duro enfrentamiento de Iglesia y Estado.  Frente a esta clara postura revolucionaria burguesa, el clero reaccionará pasándose a la oposición, subvencionando levantamientos o poniéndose al frente de ellos.
Otras realizaciones económicas y sociales del "Trienio" argumentarán también en pro de lo que hemos llamado "revolución frustrada".
Con la restauración liberal de 1820 muchos pueblos se negaron a pagar las rentas señoriales.  Las quejas de los pueblos y la protesta de los señores revelan un estado social conflictivo.  Los burgueses del Trienio constituirán las bases del régimen agrario liberal, caracterizado por renovar la explotación del campesino no propietario.  Distinguen con claridad la jurisdicción del dominio de la tierra; la jurisdicción, privilegios exclusivos, privativos, prohibitivos, pertenecen a la soberanía de la nación y, por tanto, quienes los poseen están en una situación injusta, ya que se benefician arrebatando a las demás personas legítimos derechos de iniciativa, selección y libre comercio.  Sin embargo, los derechos territoriales pueden ser objeto de propiedad particular y susceptibles de adquisición por los medios originarios y ordinarios de propiedad,
Por una parte: desatada la crítica antiseñorial.
Por otra: intangibilidad de la propiedad privada.
O sea, los cultivadores, o abandonan las tierras cultivadas durante docenas o cientos de años o aceptan las rentas que al propietario se le encapriche fijar.
Lo sintetiza Martínez de la Rosa:

"Arrancar hasta la última raíz del feudalismo, sin herir en lo más mínimo el tronco de la propiedad."

La propiedad es la base de toda buena legislación, por lo que Argüelles, Amadori y cientos más, influenciados por Jovellanos, dirán:

"Una ley que aboliera los señoríos territoriales y solariegos despojando a sus poseedores de la propiedad de ellos, sería eminentemente injusta porque atacaría al inviolable y sagrado principio de igualdad y absoluta seguridad (...).  La justicia, la libertad y la igualdad exigen rigurosamente la conservación de los derechos inherentes al señorío territorial en análoga forma a como rechazan el señorío jurisdiccional."

8 jun. 2017

LA REVOLUCIÓN FRUSTRADA (I)

La historia económica de España en vísperas de la revolución de 1820 ofrecía una imagen miserable, una amenaza que presagiaba una explosión revolucionaria.  Buena prueba de ello era el tránsito operado en las masas campesinas, que del entusiasmo por la restauración absolutista de 1814 pasaron a la total inhibición en 1820.
Canga Argüelles resumía así la debilidad de un erario incapaz de hacer frente a las necesidades públicas durante el período de 1814 a 1820:

"Pobreza, desolación y miseria fueron los resultados de los azarosos afanes del ministerio en la época a que me refiero, y quejas y disgustos en los súbditos e inquietudes alarmantes en los que debieran estar más sometidos, ha sido el cuadro lastimoso que presentó la nación a principios del mes de marzo del corriente año (1820).  En tan aflictiva situación, y cuando la fuerza irresistible de las circunstancias amenazaban con trastornar el Estado, sumergiéndolo en un abismo insondable de desdichas, jura el rey la constitución política de la monarquía."

Sólo "medicamentos heroicos" podían sanar la oposición brutal a toda reforma de las clases privilegiadas y la carencia de decisión de un gobierno que la única solución que prestaba era el cambiar de ministros.
Si los hombres de 1820 no resolvían la crisis económica, saneaban la Hacienda y liberaban al pueblo de la opresión, tendrían que vérselas con lo inevitable.  Adelantamos que los revolucionarios de 1820 no son los Marat y Robespierre dispuestos a llevar a cabo una transformación revolucionaria radical.  Romeo Alpuente, al que podemos considerar como un émulo de los franceses, será utilizado como demagogo, sobre todo por el contraste con el tono general de unos hombres que ansían sobre todo evitar el estallido de una revolución social.
El gobierno constitucional recibía un país en una delicadísima situación.  A los pueblos no se les podía gravar más.  Recurrir a un empréstito por una vez, está bien: repetirlo cada año sería ruinoso siempre que no fuera acompañado de otras medidas más concretas.
Pero los condes, marqueses, grandes latifundistas y burgueses adinerados, bien representados en el gobierno, carecerán de energía revolucionaria y adoptarán una postura dudosamente inesperada que no es otra que cargar con más tributos a los campesinos, lo cual producirá descontento y, unido a la sequía y a las malas cosechas de 1822, provocarían un fuerte levantamiento rural que determinará el levantamiento de las partidas absolutistas.
A continuación citaremos una intervención de Romero Alpuente, y dejaremos que el mismo lector, teniendo en cuenta las circunstancias apuntadas, a juzgue de pura insensatez o, por el contrario, de una lógica aplastante para una modesta revolución burguesa que no sólo tenía que hacer frente a sus enemigos interiores y a una coyuntura económica desfavorable, sino que iba a verse asaltada por los ejércitos coaligados de la reacción europea.  Para enfrentarse a ellos se necesitaba la hoguera revolucionaria por la que clamaban, solos y desasistidos, los hombres de la cuerda de Romero Alpuente; el tibio braserillo de los Toreno y los Martínez de la Rosa se anegaría fácilmente al producirse la inundación constestataria.
Dice así el texto de Romero Alpuente:

"La contribución directa me parece más cruel que el empréstito.  En mil empréstitos entraría yo antes que en ella; de manera que, aunque resultase de la recaudación de las demás rentas un déficit asombroso, aumentaría el préstamo  en vez de cargar un maravedí sobre los pobres labradores.  ¿Y por qué?  Porque las en las directas contribuciones, y aun en las indirectas, no sólo se llevan los productos, sino los capitales, y hasta los tuétanos de esos infelices.  Ésta es la razón por la que no debemos exigir nada.  El que no tiene, ¿cómo ha de dar? ¿Y por qué no tienen estos miserables?  Porque lo tienen otros.  Esos señorones, esos grandes, esas corporaciones con tales y tantos privilegios, son los que lo tienen todo, y hasta que esos usurpadores del Estado lo restituyan, de ningún modo debemos echar al pueblo contribución alguna.  El pueblo español está ya como un miserable animal cargado de tal manera que no puede levantarse del suelo. ¿Y qué podremos sacar de este infeliz?  Lo que se sacaría es hacer más patentes sus miserias.  Digo, pues, que estoy contra la contribución directa, siendo mi dictamen que las Cortes buscasen un medio para que los pueblos, ni directa ni indirectamente, pagasen nada en dos o tres años.  Entretanto respirarán lo afligidos, se establecerá un sistema bueno de administración, se venderán fincas, se repartirán riquezas, se abrirán nuevos canales y caminos y producirán ventajas considerables. Mas, entretanto, préstamos  y más préstamos, si hemos salir de necesidades (...).  Entretanto se quitarán los derechos señoriales, se venderán las fincas monacales y saldremos al paso gloriosamente.  Nuestros pueblos estarán contentos, los empleados estarán bien pagados y la máquina correrá bien. No hay que temer a los enemigos.  Se pagarán los presupuestos a la milicia, que estará reducida al estado de paz, y no pensemos en que nadie nos declare la guerra, porque nadie puede con nosotros.  Esta moribunda España podrá con todo el universo.  Los ejércitos del invencible fueron arrollados cuando aún no teníamos unión ni dinero.  ¿Qué no sucederia ahora, teniendo recursos y espíritu libre?  Acbaríamos con todos los mortales."

5 jun. 2017

EL TRIENIO LIBERAL (y V)

El gobierno pasará a manos de quienes habían "hecho" la revolución.  Oficiales y masones formaron el nuevo gabinete, encabezado por el coronel Evaristo San Miguel, jefe de la milicia y del "batallón sagrado" durante las jornadas de julio.
¿Intentaba Fernando VII, dando el poder a la facción exaltada del liberalismo, crear una situación interna que diera lugar a una injerencia o intervención extranjera, para entonces ya apalabrada?   Quizás...
La existencia armada de una contrarrevolución, apoyada por las armas extranjeras, radicalizará las posturas liberales en su intento de destruir por entero la sociedad estamental.
Cada vez era más sonora la invasión militar extranjera, lo que justificaba una reacción patriótica defensiva, al estilo de los jacobinos franceses.  Romero Alpuente imitaba el lenguaje jacobino de la Gran Revolución y, como líder de los "sans-coulotte" patrios, recordaba las 14.000 personas ejecutadas en una sola noche en el septiembre revolucionario francés.
Pero en España no se pasó de ejecutar a un par de miembros de la Guardia y al famoso general Elio.  El nuevo gobierno quería hacer frente a la ignorancia,pobreza, influjo del clero e intrigas extranjeras.  Las realizaciones produjeron choques que dieron con la expatriación de cierto número  de obispos y la ruptura de relaciones con el Vaticano.  Por vez primera hubo gritos ante palacio de "Muerte al rey", "muera el tirano".  La situación de Fernando VII fue similar en algún momento a la de Luis XVI.  La invasión francesa era inminente, y el rey fue obligado a abandonar Madrid y emprender camino hacia Andalucía (por si las moscas).
Las partidas absolutistas constituían un peligro, aunque no una amenaza política.  El manteniminento de estas partidas en el campo no constituía un fenómeno puramente político de oposición a la cautividad del monarca, ya que la gestión financiera y la orientación dada por las Cortes al problema agrario, lo mismo que la acción propagandística de los eclesiásticos, fueron factores a tenerse en cuenta a la hora de explicarse la aparición y el mantenimiento de las partidas realistas.  También estarán en conexión con las dificultades económicas de esto tres inauditos años.
Los exiliados absolutistas presionaron desde la frontera pirenaica, bien solicitando la ayuda gala, bien lanzando manifiestos legitimistas, revelando una evidente nostalgia del antiguo régimen y reflejando el trasnochamiento medieval, digno de repudio de los textos doctrinales de Donoso Cortés.
En Navarra y Catalunya, los absolutistas siguen practicando la guerra de guerrillas sin resultados decisivos y empeorando la situación material de la población, hecho que a su vez sirve para alimentar la misma guera que la produce.
Romagosa, el Trapense, Abadals y Miralles conquistaron la Seo de Urgel, donde crearon una "junta superior provincial de Cataluña".  Posteriormente dispondrán de una franja de terreno entre Balaguer, Cervera, Manresa, Vich, Figueras y los Pirineos, y contarán los realistas con unas fuerzas estimadas entre los 12.000 y los 16.000 hombres.
Con la aparición de la Regencia de Urgel, el absolutismo fijaba sus objetivos políticos y colocaba al gobierno constitucional en una difícil coyuntura, hasta que Mina la persiguió, desprestigió y obligó a refugiare en Francia.  La Regencia de Metaflorida entrará en crisis por su actitud legitimista, que la enajenó de las simpatías francesas, por carencia de fondos y por la propia desautorización de Fernando VII.
Los absolutistas demostraron que su radio de acción era limitado y que carecían de fuerzas para conquistar el poder, pese a esos ciento veintidós alzamientos populares que los secundaron.
Sin embargo, la invasión francesa se anunciaba ya como inminente.

4 jun. 2017

EL TRIENIO LIBERAL (IV)

En mayo de 1822 el gobierno había dominado a los exaltados de las Cortes, pese a componer éstos más de las dos terceras partes del cuerpo entero.  Los radicales, poco unidos, se obstinaban en responsabilizar al gobierno de una acción poco eficaz frente a la amenaza contrarrevolucionaria.  El gabinete no se dejó llevar por este empuje democrático para que radicalizara sus posturas, y estaba tratando de una revisión constitucional fundamentada en el orden.  Pero estas esperanzas -tenían razón los radicales- se vieron frustradas por las intrigas del rey.
Los absolutistas presionan en las provincias fronterizas de Francia y surgen partidas realistas, sostenidas con dinero del rey y amparadas por las autoridades francesas.  La agitación y os nuevos movimientos se sucedían en cadena; el 30 de junio, en la clausura de las Cortes, se produjo un incidente entre la multitud constitucional y la Guardia Real absolutista.  Las riñas culminaron con el "martirio" del oficial liberal Landaburu, en su intento por contener a sus hombres para que no dispararan contra el pueblo.  Fue desobedecido, perseguido y rematado por los granaderos de su mando.  La Guardia, reducto contrarrevolucionario, no acata la disciplina, se niega a marchar al son del himno de Riego y cuatro batallones desertan, yéndose a El Pardo, mientras otros dos quedaban en el Palacio Real. El 7 de junio los batallones de El Pardo marcharon sobre Madrid.
El programa de la Guardia era confuso y faltó valor para dar un golpe de Estado; el dirigente de la conspiración era Luis Fernández de Córdoba, partidario, según él, de una constitución conservadora-liberal.
Hay argumentos suficientes para probar la complicidad del rey en el proyecto.  Los conspiradores atribuían a la guarnición la escasez de fuerzas y a la milicia nacional muy débil valor militar.  Estaban tan seguros del triunfo, que tenían dispuestos los caballos en que Fernando VII y su comitiva habían de recorrer la capital para que fuera aclamado rey absoluto por la tropa y el pueblo.
Los constitucionales se habían preparado a tiempo; Riego se había ofrecido a dirigirlos y San Miguel formó el "batallón sagrado".
La Guardia logró llegar hasta la Plaza Mayor, de donde fue rechazada por los milicianos.  Luego se retiró, vencida, a palacio, perseguida por los amenazadores milicianos.  El prestigio de Fernando VII y de los cortesanos quedó seriamente quebrantado.  Los radicales pensaron en eliminarles, pero el Deseado se sometió a lo inevitable.
Martínez de la Rosa, al margen de sus opiniones personales, y aunque había sido fiel al sistema constitucional, se hizo inviable como jefe de gobierno y Fernando VII tuvo que destituirlo, ante la presión de los exaltados.  Los liberales moderados quedaron eclipsados tras los acontecimientos cruciales para la revolución que habían supuesto las jornadas de julio.

3 jun. 2017

EL TRIENIO LIBERAL (III)

La situación del nuevo ministerio, llamado de Barbaxí (marzo de 1821), era difícil, ya que le faltaba la confianza del rey, que conspiraba contra el régimen, carecía del apoyo de las Cortes y del de toda la opinión pública.
El radicalismo se extendió por las provincias, atizado por la miseria y el desempleo.  Los gaditanos, desobedeciendo al gobierno y a las Cortes, se negaron a acatar las órdenes de los jefes nombrados por el gabinete actual; intentaban volar el puente de Zuazo y convertirse en una república comercial.  La Coruña también desobedeció al gobierno y arrastró al general Espoz y Mina hacia una postura radicalista.  En Madrid hubo una manifestación en favor de Riego, siendo disuelta fácilmente por la milicia nacional.  El pueblo, alentado por los radicales, había asaltado la cárcel y matado al descabellado absolutista arcediano Vinuesa.
En Alcoy se produjeron manifestaciones obreras; en esta ciudad trabajaban 40.000 personas de la región, las cuales se vieron condenadas al desempleo y a la miseria por la introducción de modernas máquinas de hilar y cardar.  1.200 personas arrasaron 17 máquinas y otros enseres por valor de dos millones de reales.  Está claro que la burguesía gubernamental vio en este asunto un atentado contra la propiedad particular y la riqueza nacional.  La reacción burguesa, típica ya durante el resto del siglo, sería la dura represión de los responsables.
Las Cortes, en mayoría, adoptaron medidas represivas para cortar estas oleadas radicales.  Los moderados culparán a los exaltados de los desórdenes promovidos por las sociedades secretas y patrióticas, fomentando de esta forma la oposición de los absolutistas.
Generalizar esta postura sería despreciar u olvidar la base de los radicales.  La tesis de los exaltados parte de la insinceridad política del monarca y de la oposición irreductible de los estamentos privilegiados, especialmente la Iglesia, a cualquier régimen constitucional y desamortizador.  La revolución no triunfará mientras no se les reduzca a la impotencia privándoles de sus medios de acción, en tanto no se lleve a cabo realmente el programa de reformas.  Los exaltados son plenamente conscientes de la fragilidad de una situación en la que el poder político está divorciado de los medios sociales y económicos de dominio, y buscan acelerar la revolución para consolidar sus conquistas.  La postura moderada no hace sino comprometer el triunfo de la revolución por su tolerancia con los elementos disidentes.
El diputado Moreno de Guerra atacará a los moderados, a quienes los radicales han dado el gobierno, los cargos, la mayoría de los escaños de las Cortes, y, después, en vez de resolver los problemas del país, sólo se dedicaban a combatir a los "auténticos liberales".  Por ello, el propio Moreno de Guerra afirma la necesidad de hacer la revolución de un solo golpe, con objeto de convertir lo que hasta entonces era simple partido político en un grupo social cuyos intereses estuviesen vinculados al triunfo de un nuevo régimen, e impedir simultáneamente la consolidación de un partido contrarrevolucionario:

"El moderantismo forma hoy la vanguardia del servilismo."

La caída del ministerio no constituyó una victoria política para los exaltados.  El rey quiso encargar la formación del tercer ministerio constitucional al conde de Toreno; éste no acepta, pero recomienda a Martínez de la Rosa para encabezar el nuevo gobierno.  Martínez de la Rosa era un doceañista, preocupado más por el orden que por la libertad; autor dramático conocido, era bien visto en los círculos serviles; quería dominar la prensa radical y las sociedades patrióticas; era partidario de una cámara aristocrática, del voto censitario y de un ejecutivo fuerte.  En la realidad se prestará a componendas que le valdrán el oportuno apodo de "Rosita la Pastelera".

28 may. 2017

EL TRIENIO LIBERAL (II)

Las Cortes se abrieron el 4 de julio de 1820.  En su composición, las tendencias "moderada" o "doceañista" y "exaltada" estaban homogéneamente repartidas.  Los Toreno, Muñoz Torrero, Espiga, Martínez de la Rosa, Villanueva estaban entre los primeros, y entre los segundos, los Romero Alpuente, Moreno Guerra, Calatrava, Quiroga, Istúriz y Flórez Estrada.  El grupo de diputados absolutistas era muy escaso.
El intento del liberalismo moderado consistirá en lograr una Constitución equilibrada a base de orden y libertad; eran revisionistas de la Constitución de 1812 y aspiraban a dejar al monarca un mayor margen de libertad de acción.  
Pronto saltará a la vista que ni el rey quería saber nada de constituciones ni los demócratas exaltados eran partidarios de revisionismos.  No obstante, todos los liberales estarán de acuerdo en las medidas decisivas de la legislación de 1820, tales como la supresión de mayorazgos, la reducción de diezmos y el arreglo de las órdenes regulares, por cuanto suponían la continuación del movimiento revolucionario iniciado en Cádiz.
El sistema era reconciliación liberal para dar pruebas de fuerza frente al monarca, a la vez que se utilizaban las masas populares frente al rey.  Pero la realidad demostrará la inviabilidad del sistema, por cuanto los moderados eran ministros de una revolución que no habían hecho y su "girondinismo" terminará por ser condenado por los demócratas exaltados, quienes se sienten celadores de una revolución "hecha" por ellos. Lo radicales no estarán dispuestos a ser los "parientes pobres" de los "doceañistas", causa por la cual extremaran su "jacobinismo", generando una multitud de radicales descontentos.
Por otra parte, Fernando VII comenzará a dar muestras de su constante doblez y a dejar entrever su postura anticonstitucionalista, al paso que la oposición absolutista cobrará mayor vigor.  Cada día aumentaba el número de partidos, mientras las jerarquías de la Iglesia española defendían a la desesperada sus privilegios y propiedades.  El rey, en secreto, mantenía contacto con las potencias extranjeras para que le devolvieran su libertad absoluta.
El embajador británico llegó a aconsejar a Fernando VII y a escribir:

"Si el rey hubiera obrado a las claras con sus ministros, sin alentar todas las conjuras contra el nuevo sistema, mucho se hubiera podido adelantar en materia de reformas."

Esto ocurría ya en 1820, a pocos meses de haber jurado caminar francamente por la vía constitucional.  Para devolver al rey el sentido de la realidad, el gobierno se alió con los exaltados.  Hubo manifestaciones callejeras por delante del palacio cantando la conocida y popularísima canción del "Trágala, perro", cuyo estribillo decía:

Trágala o muere
tú, servilón;
tú, que no quieres
Constitución.

Con esta canción invitaban al rey y a los reaccionarios, no a que aceptasen la Constitución, sino a que se la "tragasen" como "perros serviles".  El monarca expresó su malestar manifestando que se le había reducido a la condición de un miserable esclavo y destituyó al prestigioso ministerio de los "presidiarios".

VISITA MI WEB PERSONAL

26 may. 2017

EL TRIENIO LIBERAL (I)

Insurrección militar, sublevación en provincias y cambio de política en Madrid.  Éste es el mecanismo revolucionario que se siguió en 1820, 1854 y 1868 (el que serviría de referente para determinados acontecimientos del siglo XX que todos tenemos en mente).
En estos tres años la confusión será indescriptible y cada una de las fuerzas políticas pretenderá dirigir los acontecimientos a su gusto.  De todo ello se puede concluir que los liberales, más que gobernar, lo que hicieron fue "intentar gobernar".
Una vez que el rey hubo jurado la Constitución, una "Junta Provisional Consultiva" se hizo cargo de dirigir y controlar la actuación política en tanto no se reuniesen las Cortes, que era uno de sus objetivos.  Otro de sus cuidados era velar porque Fernando VII se mantuviera fiel a la Constitución y fuera del alcance de los absolutistas.  Entre sus finalidades también entraba el control de la anarquía de la provincias y de los más radicales que, lógicamente, reivindicaban el mérito de haber hecho la revolución.
Se perfilan tres fuerzas: un gobierno liberal en medio de una reacción absolutista y un sector de tono radicalmente liberal.  El gobierno liberal intentará mantener el orden por encima de la libertad, dando lugar a las dos divisiones del liberalismo: moderados y exaltados.  Liberales y hombres con fortuna y posición social los primeros, demócratas y radicales urbanos los segundos.  Esta escisión de la "familia liberal" les restará fuerzas para enfrentarse a la facción absolutista.
Antes de que se abran las Cortes y, por tanto, antes de que se concluya el régimen provisional comienzan las actividades de las "Sociedades patrióticas", llamadas a tener gran importancia.  Estaban constituidas conforme al modelo de los "clubs políticos" de Francia.  Son una especie de tertulias políticas de café, radicalmente liberales, que presionan e intentan llevar las iniciativas políticas a los ministerios y a las Cortes.
La primera de estas sociedades se reunía en el Café Lorenzini, situado en la Puerta del Sol; de los discursos encendidos se pasaba a los hechos y hubo de ser disuelta por la autoridad.  Otras muy señaladas eran las de los cafés de San Sebastián y de la Cruz de Malta, y principalmente la más conocida, "La Fontana de Oro".
La masonería, que tanta parte había tenido en la revolución, cobró capital importancia y gran número de adeptos.  Su objeto era más político que filantrópico y un estupendo medio para optar a un puesto en la administración o en las actas de diputados.  Este "Gran Oriente" se escindió, y de él surgieron ramas como la sociedad secreta de los "comuneros", encabezada por Riego, y la "Sociedad de Amigos de la Constitución", con la finalidad de combatir las partidas y defender el gobierno.  Martínez de la Rosa, Toreno, Calatrava y el duque de Frías eran sus cabezas más sobresalientes.
También la Junta Consultiva se encargó de formar el primer ministerio constitucional integrado por acreditados liberales, quienes pasaron a ser ministros desde los presidios donde cumplían sus injustas condenas: Argüelles, García Herreros, Miguel Moreno, Canga Argüelles, Amarillas, Pérez de Castro, Jabat y Porcel.  El rey trataba desconsideradamente a estos ministros, a los que llamaba "los presidiarios", a excepción de Amarillas, a quien rápidamente obligaron a dimitir.

25 may. 2017

EL PRONUNCIAMIENTO DE RIEGO (II)

Los pronunciados se mantenían en torno a Cádiz sin un programa concreto a seguir.  Esta situación movió a Riego a iniciar una campaña por Andalucía y Extremadura  para ganar adeptos y auxilios para la revolución.  Con 1.500 soldados, cantando el himno de Riego y proclamando la Constitución en cada pueblo, salieron de San Fernando y entraron en Chiclana, Conil, vejer, Los Barrios, Algeciras, San Roque, Estepona, Marbella, Fuengirola... y otras muchas poblaciones hasta que casi tocaron la frontera con Portugal.
Resultado de esta expedición salieron 1.500 hombres y apenas la terminaron 50, cuando Fernando VII había jurado ya la Constitución; en los pueblos que recorrieron no encontraron apoyo ni entusiasmo, pero tampoco hostilidad, demostrando con ello la debilidad del gobierno y su pérdida de adhesión popular.
Mientras tanto, las fuerzas realistas no se atreven a atacar.  Están desmoralizadas, faltas de dinero y en una situación poco esperanzadora, según dejan ver las cartas que el servil Escoiquiz escribe a Fernando VII desde Ronda.
Esta carencia de una acción represiva por parte del gobierno legítimo y la noticia del pronunciamiento de Cabezas de San Juan animan a los liberales de toda España a liquidar la monarquía absoluta.  El 21 de febrero de 1820 se proclamó la Constitución de 1812 en La Coruña, extendiéndose a Vigo, Tuy, El Ferrol, Pontevedra y Lugo.  La resistencia de Santiago y Orense fue vencida.
Oviedo, Murcia, Cartagena, Zaragoza, Tarragona, Segovia, Barcelona, Pamplona y Cádiz siguen la misma pauta.  El movimiento revolucionario se extendía como un reguero de pólvora por estas ciudades, demostrando que el triunfo era inevitable.  Fernando VII había aceptado la vuelta al régimen constitucional.
Incluso el indeciso O'Donnell, con todas sus fuerzas, se había decidido a proclamar la Constitución el 4 de marzo, en Ocaña, en tanto el enterado Espoz y mina cruzaba la frontera francesa el 23 de febrero, marchando hacia Pamplona.
El 7 de marzo la monarquía había capitulado jurando la Constitución de 1812, liberando a los presos políticos y aboliendo la Inquisición.  El famoso manifiesto fernandino terminaba así: "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional".
Estos sucesos madrileños determinan el triunfo pacífico de la causa liberal.  Sólo en la zona gaditana, donde parte del ejército expedicionario se había opuesto radicalmente al liberalismo, se dieron situaciones tensas y algunos muertos.  El 2 de abril entraba Riego en Cádiz en medio de un recibimiento delirante.
El Estado se había desmoronado, incapaz de resolver sus graves problemas.  Esto, unido a la pasividad del país y a la extensión del movimiento revolucionario, había sido el factor determinante del retorno al régimen constitucional y pesaba mucho más que la insurrección de Riego y sus compañeros de armas, quienes, en realidad, fracasaron.
Hay muchos matices que explicarían y nos ayudarían a interpretar la quiebra y desmoronamiento de la monarquía absoluta en los comienzos de 1820. 
Las cosas habían llegado a tal punto que el rey de España se tuvo que ver obligado a gravar con una contribución forzosa a la ciudad de Cádiz, al día siguiente de haber terminado la fiebre amarilla: acto único en la historia.  Se había hecho salir del puerto a los buques mercantes para hacerles pagar derechos de aduanas en otros puertos del reino.  Todo gobierno que ha llegado a estos extremos no puede contar con ocho días de existencia.
La tiranía, la superstición y la pobreza, amén del descrédito y todas las consecuencias de estos principios fecundos de males habían convertido a España en un pedazo de África.  Las mismas causas volvieron a producir los mismos efectos.  La máquina del Estado, que tantas veces se había ya estremecido antes, se desencuadernó por todas partes.
Está claro que la estructura económica, el fracaso del sistema de Hacienda y el estado del Tesoro hubieran bastado por sí mismos para producir la catástrofe.  ¿Cómo explicar, si no, la inhibición de las clases campesinas?

23 may. 2017

EL PRONUNCIAMIENTO DE RIEGO (I)

Habían fracasado todos los intentos revolucionarios llevados a cabo desde 1814.  Los liberales va a preparar con más cuidado una conspiración que se está gestando en Cádiz.  Desde hacía bastante tiempo estaban acantonados en los alrededores de esta ciudad unos 14.000 hombres destinados a embarcarse para las colonias americanas.  Toda esta tropa estaba descontenta, y las logias aprovecharían la oportunidad que les brindaba la repugnancia de los soldados y oficiales a ir a América para sus propios fines.
Hay otro aspecto.  Los liberales creían que la única forma de pacíficar las colonias era bajo un régimen en el que los americanos fueran libres, buen representados y no diferenciados de los españoles peninsulares.  A nadie le importaba más la recuperación de América que a los comerciantes de Cádiz o a los fabricantes de Barcelona, quienes figuraron entre los principales organizadores del movimiento revolucionario.
La burguesía mercantil gaditana ( los Istúriz, Bertrán de Lis, Montero, Díaz, etc...) arriesga sus vidas y fortunas para financiar el movimiento.  Las logias masónicas "Soberano Capítulo" y "Taller Sublime" abrigaban a los dirigentes y a los más arrojados conspiradores.  Su gran esperanza residía en la confianza que les inspiraba Enrique O'Donnell, conde de La Bisbal, general en jefe del ejército expedicionario.  O'Donnell seguía un doble juego convenciendo a los conjurados de que estaba con ellos y manifestando a la corte que si trataba con os conspiradores era para estar más al tanto de lo que tramaban.  La posición de O'Donnell comenzaba a ser crítica, y debido a la intervención de Sarsfield tuvo que decidirse, apresando a 15 oficiales conspiradores.  Este suceso es conocido como "la traición del Palmar".
Desarticulada la conjura, todo parecía perdido.  Pero no era así.  Los 15 presos seguían participando en la conjuración y a O'Donnell y a Sarsfield se les premió, al tiempo que se les alejaba del ejército expedicionario.  Alcalá Galiano, Antonio de la Vega, Mendizábal y otros seguían con sus preparativos.
El pronunciamiento se fija para los primeros días de 1820.  Riego, desde Cabezas de San Juan, partiría hacia Arcos con el doble objeto de hacer prisionero al estado mayor expedicionario; Quiroga ocuparía el puente de Zuazo para entrar en Cádiz con la ayuda de los conspiradores gaditanos; López Baños concentraría la artillería y tropas en Osuna, para luego dirigirse a Cádiz.  Un aspecto fundamental: el movimiento carecía de una orientación política; solamente pretendía derrocar a un gobierno violento y débil y asegurar los derechos de todos los ciudadanos por medio de una constitución.
El golpe fue un éxito parcial, ya que no pudieron adueñarse de Cádiz.  En torno a los muros de esta ciudad se reunieron los miles de soldados y sus jefes: Riego, Quiroga, López Baños, Arco Agüero, Evaristo San Miguel, Fernando Miranda.
El 7 de enero Quiroga enviaba a Fernando VII una carta, en nombre del ejército, diciéndole que se habían levantado para resucitar la Constitución de España y

"decidir que es la Nación legítimamente representada quien tiene sólo el derecho de darse las leyes a sí misma, he aquí lo que les inspiraba el ardor más puro y los acentos del entusiasmo más sublime.  Las Luces de la Europa no permiten ya, Señor, que las naciones sean gobernadas como posesiones absolutas de los reyes.  Los pueblos exigen instituciones diferentes y el gobierno representativo es el que parece más análogo a las vastas sociedades cuyos individuos no pueden materialmente congregare todos para promulgar leyes.  Es el gobierno que las naciones sabias adoptaron, el gobierno que todos apetecen, el gobierno cuya posesión ha costado tanta sangre y del que no hay pueblo más digno que el de España".

VISITA MI WEB PERSONAL

INFLUENCIA DE LAS SOCIEDADES SECRETAS EN LA REVOLUCIÓN LIBERAL

Los liberales perseguidos hicieron de la masonería un medio al servicio de una política revolucionaria; la masonería influiría en la revolución de 1820, y de ahí arranca el mito de su fuerza oculta.
Entre 1815 y 1820 la masonería fue la columna vertebral del cuerpo y de las fuerzas liberales.  Más que un sistema de creencias, era una organización clandestina, bien dispuesta para la conspiración.  Ahí quedan las palabras de Alcalá Galiano, miembro y testigo de la organización francmasónica:

"Los conatos de restablecer la ley caída, en muchos no pasaban de decir a las obras.  Pero si una conjuración duradera resultaba, cuando no imposible, dificultosa, porque estaría de continuo expuesta a ser descubierta y deshecha, con grave daño de los conjurados, una sociedad con sus ritos y ceremonias, con su orden y arreglo, en que hay mucho simbólico capaz de interpretaciones, que así puede ser nada como mucho, la cual, cuando es conjuración, se disfraza un tanto para que haya quienes sean hermanos sin el terror o escrúpulo de ser considerados conspiradores, era cosa hacedera.  La hubo, pues, en España, y comenzó a tener consistencia hacia 1816."

Existían precedentes masónicos en los siglos  XVI y XVII, aunque sus raíces primeras haya que buscarlas en la filiación masónica de algunos reformadores dieciochescos: el conde de Aranda, el conde de Montijo, el conde de Almodóvar...  El desarrollo de la secta culmina con la invasión francesa. Tanto José Bonaparte como Murat y otros generales eran conocidos francmasones, y difundieron el movimiento en la Península.
La represión subsiguiente a la reinstauración del antiguo régimen y a la vuelta de Fernando VII y de los absolutistas, la situación calamitosa por la que atravesaba la economía y la sociedad del país, el descontento y la concienciación liberal de una gran parte del ejército, amén de otros factores, facilitarán las "ideas sublimes" y generosas de sus oficiales, quienes, de paso, hacían ofertas de tierras y liberación del servicio militar.  O'Donnell, conde de La Bisbal y jefe del ejército destinado a América, también estaba envuelto en la conjura.  Vemos, pues, cómo la iniciativa pasaba a manos de la masonería militar.  Aunque O'Donnell se volvió atrás y encarceló a todos los comandantes de los batallones, los conjurados se rehicieron y Quiroga, Riego y otros planearían el golpe de 1820.
La logia de Cádiz se mostró en todo momento más activa, numerosa y rica que ninguna otra; no fue sorprendida, pese a que sus trabajos eran casi públicos; fue la promotora principal de la insurrección de las tropas destinadas a América.  Estas razones explicarían por qué el levantamiento miliar de 1820 triunfó, a diferencia de los fracasos de levantamientos anteriores.
Es difícil calcular la fuerza de la masonería (digan lo que digan algunos historiadores); su mismo tipo de organización secreta, reforzada por juramentos y consignas, impide conocer su fuerza real. Sin embargo, con el triunfo del liberalismo en 1820, el número de logias y adeptos se multiplicó.  Cuando de nuevo en 1823 Fernando VII vuelva al absolutismo, la masonería será el único medio de que dispongan los núcleos proscritos para organizarse.

22 may. 2017

EL MOVIMIENTO LIBERAL (III)

Juan Díaz Porlier era otro famoso guerrillero que había alcanzado la graduación de mariscal de campo.  Figura el liberalismo español, fue relcuído y suspendido de empleo durane cuatro años.  Autirozado a tomar baños (los balnearios durante el siglo XIX fueron el "locus amenus" para los conspiradores), trama la conjuración.  En 1815 toma La Coruña, proclama la Constitución de 1812, apresa a las autoridades, pide apoyo, constituye una junta provincial y lanza un programa político eminentemente liberal, en el que se refleja todo un trasfondo económico y social, y no sólo el enfrentamiento de dos posturas políticas.
Porlier fue sorprendido en una posada, y preso por un pelotón de voluntarios gallegos, guiados por dos sargentos de los sublevados, corrompidos por dádivas.  Porlier fue ahorcado y otros 24 oficiales procesados.
Destaquemos dos hechos dejados a a interpretación del lector: la iglesia de Santiago de Compostela es el núcleo del absolutismo gallego; el cabildo compostelano paga a los voluntarios, premia a los sargentos corrompidos y logra para el gobernador de Santiago, Pesci, el grado de mariscal de campo por su fidelidad monárquica.  La represión, por otra parte, alcanza a 86 civiles, en su mayoría comerciantes.

La conspiración en triángulo es una conjuración planeada sobre la base de relaciones triangulares entre los conjurados.  El primer triángulo lo componían el comisario de guerra Richard y dos cabos granaderos.  El objetivo era asesinar a Fernando VII a 500 pasos de la Puerta de Alcalá.  Los dos granaderos delataron a Richard, quien fue ejecutado (1816).  Por supuesto, la conspiración tenía una más amplia red de colaboradores.

Lacy y Millans del Bosch eran otros generales postergados, después de haber brillado en la Guerra de la Independencia.  Lacy se comprometió en una conspiración.  Descubierto,fue preso, sentenciado a muerte y ejecutado en Mallorca, para evitar la alteración del orden público en Barcelona.
Al margen de la exposición de múltiples detalles, circunstancias, nombres , nos interesa destacar el carácter de insurrección civil, urbana y popular con una amplia participación burguesa, conectada con un pronunciamiento militar, e incluso éste con un predominio de suboficiales.  Buena parte de la población, especialmente el proletariado industrial, estaban de acuerdo con un movimiento de este sigo.  Se demostraría tres años más tarde, cuando un movimiento semejante forzaría a Castaños a aceptar la vuelta al régimen constitucional, en unos momentos en que se ignoraba aún lo que había sucedido en Madrid.
Hay otro punto a destacar: Lacy fue perseguido y prendido por militares, y no por unos campesinos que sienten horror hacia el liberalismo.  Ésta es la versión que arrojan los últimos documentos, quedando la versión de Comellas con "inexactitudes monstruosas", inventándose esa "actitud hostil del pueblo", lo que es rigurosa y enteramente  falso.

Trágico fin tuvo en Valencia la conspiración urdida en 1819 por el coronel Joaquín Vidal contra el régimen de terror implantado allí por Elío.  Vidal llega a entrevistarse con el Empecinado en Valladolid, fijando la fecha del levantamiento en Valencia para el primer día del año.  El objeto era detener a Elío en un teatro a los gritos de "libertad y constitución". para después proclamar a Carlos IV como rey constitucional.  Delatada la conjura, murió Vidal; 18 de sus compañeros fueron ahorcados.  Elío, rigorista  radical reaccionario, diría: "La divina Providencia que vela sobre nosotros, se vale de medios incomprensibles para procurarnos el poder y exterminar a los enemigos del Trono, de las leyes y de la religión".
También los conspiradores valencianos contaron con un amplio apoyo popular; comerciantes, campesinos, zapateros...