19 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA:OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (V)

El tercero de los frentes en la lucha francesa por la Península es el occidental.  En Portugal, la resistencia será un éxito de las fuerzas anglo-portuguesas, mandadas por Arthur Wellesley, duque de Wellington.  El fracaso de los intentos de Soult y Massena debemos explicarlo por la reducción de efectivos que sufrirán los franceses, ya que simultáneamente se lleva a cabo la conquista de Andalucía, obligando a fijar hombres y material que hubieran sido decisivos para Massena; las guerrillas batírán sistemáticamente la comunicación gala con Portugal, consumiendo fuerzas para atacar a los ingleses, quienes llevarán a cabo una política de tierra quemada para hacer imposible el mantenimiento francés de su territorio.
Como consecuencia de la persecución de Moore, se habían concentrado en Galicia fuertes contingentes franceses con los que Ney intentará ocupar Galicia y cubrir la retaguardia de Soult, cuyo objetivo seguía siendo Portugal.  Pero Ney no logró someter la región; la penetración de Soult conquistó Chaves, Braga y Oporto, pero a costa  de dejar grandes guarniciones, perder las comunicaciones y encontrarse aislado, sin posibilidad de avanzar adecuadamente.  Tuvo que volver a Orense, abandonando sus conquistas.  Ney ocupó Gijón y Oviedo, pero perdió varias bases de Galicia y la propia Santander.  Por el mismo motivo, debió abandonar sus conquistas asturianas.  Para completar el rotundo fracaso de esta campaña, el levantamiento de partidas en Galicia no sólo cortaba cualquier tipo de comunicación a Ney y Soult con el resto de la Península, sino entre sus mismos ejércitos.  El espacio geográfico, por otra parte, se había revelado superior a sus medios.
Napoleón había vuelto a triunfar sobre Austria, lo que ofrecía al emperador, con toda Europa en paz, la posibilidad de liquidar la guerra española que él mismo había declarado.  Nuevos contingentes franceses fueron esparcidos por España.  En el plan napoleónico, vencidos los españoles en Ocaña y prevista la conquista de Andalucía, sólo quedaba someter Portugal.  Pero el carácter erosivo de la guerra española se iba a revelar de manera espectacular en la campaña de Portugal, iniciada por Massena con una patente falta de espíritu combativo.  Massena comienza la operación de Portugal con 65.000 hombres, divididos en dos partes iguales, destinadas una a combatir y otra a mantener abiertas las comunicaciones; esta proporción era absolutamente inusitada en la historia militar, que aún se desnivela más si se tiene en cuenta que la misión de cobertura  que ocupaba la mitad de los hombres de Massena no permitía enlazar con la frontera francesa sino gracias a la presencia de otros 30.000 soldados acantonados en Burgos, País Vasco y Navarra.
Los franceses comienzan cercando Astorga y Ciudad Rodrigo, acción que les ocupa mucho tiempo, hombres y material.  Wellington, siempre a la defensiva, irritó a los españoles, quienes dejaron de prestarle información, por no acudir en apoyo de Ciudad Rodrigo.  La operación siguiente fue ocupar la plaza de Almeida.
Wellington practica la política de tierra quemada, precedente de lo que será dos años después la campaña napoleónica de Rusia, y se retira a la última defensa de Torres Vedras, anillo de Lisboa.
La máquina de guerra francesa, cortadas las comunicaciones por los guerrilleros, hostigada, avanzando con lentitud, encontrando todo arrasado y consumiendo todos sus alimentos, se había convertido en una masa ciega de combatientes.
Conoce Wellington la dirección del ejército francés hacia Coimbra, y le presenta batalla en Busaco.  Como siempre, el inglés escoge posiciones y obliga a los imperiales a aceptar el planteamiento táctico del enemigo, teniendo que renunciar Massena a su superior capacidad de maniobra.  Éste había perdido 4.500 hombres, y no se decidió a enfrentar un nuevo ataque.  Pero Wellington se retira a Torres Vedras, entregando todo el territorio e imponiendo enormes sacrificios a la población portuguesa de la zona entre Mondego y el Tajo.  De Coimbra salieron 40.000 habitantes, donde entraron los franceses poco después.
Los imperiales avanzan hacia Torres Vedras, momento aprovechado por los portugueses para recuperar Coimbra.
El comandante inglés sólo ve en la guerra peninsular una especie de diversión estratégica de las fuerzas napoleónicas.  Por ello, lo único que le interesa es conservar su capacidad combativa, siendo muy tímidos sus contactos ofensivos.  Torres Vedras, sólido reducto levantado por el inglés Fletcher, ofrecía la última posibilidad de resistencia, a la vez que protegía una eventual retirada.  Lo componían una serie de reductos a lo largo de 40 kilómetros entre el Tajo y el mar.  Aprovecharon las posibilidades de la región, unida por zonas pantanosas artificiales.  En cada bastión había una defensa; una escuadra anclada en el Tajo y una fuerte retaguardia para acudir a los puntos que se mostrasen vulnerables completaban la defensa.  El dispositivo francés ni siquiera intentó asaltar las  posiciones inglesas.  Massena se encontraba en inferioridad numérica, y no le quedaba sino esperar refuerzos, que nunca llegarían, porque la resistencia española impedía desguarnecer Castilla.  Tampoco se podía abandonar Andalucía; y la acción de Mina obligaba a fijar en Navarra 38.000 efectivos: factores decisivos en la falta de ayuda a Massena.
Napoleón ordena a todos los comandantes que mantengan abiertas sus comunicaciones con Portugal y acudan en su apoyo.  Éste fue muy débil, y pronto comienza la retirada de los galos hacia Almeida y Ciudad Rodrigo.  La segunda campaña de Portugal había fracasado; los franceses habían perdido 20.000 hombres.
La iniciativa volvía a las manos de Wellington, quien presentaba combates en Sabugal y Fuentes de Oñoro.  Terminaron en tablas, pese a las más que eficaces maniobras de los ingleses.  Massena se retira a Ciudad Rodrigo y es destituido del mando.  Concluía la campaña de Portugal en mayo de 1811.

18 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (IV)

La situación aparente era halagüeña para los franceses.  Sólo faltaba la conquista de Portugal, que ya estaba preparando Massena.  
Pero la realidad era muy distinta.  La conquista de Andalucía suponía que los franceses tenían que fijar 90.000 hombres, absorbiendo la mayoría de los combatientes. Además, la continua resistencia española hace que su dominio se centre sólo en las ciudades del valle del Guadalquivir y del reino de Granada.  No les quedan hombres para atender con eficacia las operaciones qeu se produzcan en sus flancos: Portugal y Murcia.  Además se ven obligados los mariscales napoleónicos a mantener abiertas las comunicaciones y sitiar la plaza de Cádiz.  De esta forma, sus fuerzas operativas nunca serán mayores de 15.000 hombres, e incluso esto a costa de comprometer gravemente la situación de las guarniciones y comunicaciones.
Por el contrario, la situación española, en apariencia, es asfixiante, mas la realidad ofrecerá oportunidades estratégicas y de iniciativa.  En Cádiz habrá 26.000 soldados defensores, cifra que excede la defensa y que será empleada para atacar núcleos costeros andaluces, apoyados por la siempre superior escuadra inglesa.  En el interior surgen numerosos núcleos de resistencia; la zona de Ayamonte no ha sido ocupada; las fuerzas murcianas constituyen un bloque de 12.000 hombres.  Todo ello permitirá operaciones conjuntas y se traducirá en éxitos radicados, sin duda, más que en su propia fuerza, en la distensión extrema a que había llegado el dispositivo francés.
Los franceses, en estas circunstancias, sufren un constante desgaste y pierden la iniciativa estratégica.  Un ejemplo lo da la conquista de Murcia por los franceses.  Ante la noticia del levantamiento de las Alpujarras y el peligro de Málaga, las fuerzas de ocupación de Murcia tuvieron que replegarse.  Habían estado en Murcia 48 horas, el tiempo justo para saquearla por completo.  Estos ejemplos se multiplican en toda Andalucía y Extremadura.
Las dificultades que encontró Massena en su expedición a Portugal, obligan a Soult a una labor de apoyo en Extremadura.  Conquistan Olivenza y Badajoz, donde hacen millares de prisioneros.  Pero Massena fracasará en Torres Vedras e iniciará la retirada, renunciando a la conquista de Portugal.
Estos acontecimientos impondrán un cambio de la situación estratégica, ya que Wellington, que venía manteniendo una rígida postura defensiva, recupera la iniciativa y reanuda la guerra de movimientos.
Badajoz se va a convertir en el punto clave de operaciones de la zona sur.  En esta zona se concentrarán los dos ejércitos: aliados y franceses.  Ambos saldrán del encuentro de Albuera duramente castigados: 7.000 bajas por cada lado.  Pese a la retirada francesa, Badajoz aguantó el sitio a que la sometió Wellington.

17 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (II)

La unión de las fuerzas de Aragón y Cataluña, prevista para el invierno de 1808, o se realizó hasta dos años después, y a costa de enormes efectivos.  Hasta la primavera de 1810, Suchet no logró imponerse en Aragón, y esto tras vencer muchas resistencias y deshacer y dispersar los efectivos españoles mandados por Blake, en María y Belchite.  Como siempre, la superioridad táctica francesa se imponía en campo abierto, a consecuencia de la ventaja de la columna francesa frente a la línea española, incapaz de mantener sus posiciones ante la aproximación de aquélla.
Por primera vez los franceses contaban con la libertad de acción estratégica, con la iniciativa y con el objetivo sobre el que concentrar su esfuerzo.  Sin embargo, para lograr la unión de Aragón y Cataluña, la experiencia demostrará que los franceses no pueden avanzar en profundidad sin contar de antemano con el dominio eficaz de las posiciones de retaguardia.  Por tanto, durante los años de 1810 y 1811 el objetivo será ocupar las plazas españolas del valle bajo del Ebro y abrir una comunicación regular con Cataluña.  Bajo esta línea estratégica de lenta progresión, Lérida fue la primera plaza que cayó, recurriendo el general francés a poner delante de sus soldados a la población civil española para evitar que los defensores disparasen sobre ellos.  Estaba comprobado que en la guerra se recurría a cualquier medio, como el estrangulamiento de Álvarez de Castro por el general Augerau en Figueras.  Los españoles persistían en la fórmula de conservar las plazas fuertes, dando con ello superioridad estratégica a los franceses, quienes, con la táctica de sus medios poliorcéticos, harán gran número de prisioneros, privando así a los españoles de efectivos en la resistencia.  Dicha fórmula, salvo en el caso de Gerona, dio peores resultados a los defensores que a los asaltantes.  Ésta fue la consecuencia de los sitios de Tortosa y Tarragona, plaza en la que se perdieron unos 1.500 hombres. La razón de lo antiestratégico de esta fórmula hay que buscarla en que estas ciudades no podían recibir ayuda suficiente del exterior, por el duro castigo a que habían sido sometidos los ejércitos regulares españoles en meses anteriores.
Al comenzar el verano de 1811, todas las plazas de Cataluña estaban en manos francesas.  Había que volver a las fórmulas revolucionarias de 1808, cosa que hará Lacy, al mando del principado, con pequeños contingentes de gran movilidad para recuperar guarniciones perdidas, cortas las comunicaciones y asaltar convoyes.
Suchet se abalanzaba sobre Valencia; la resistencia de Sagunto apenas le detiene, y entra en Valencoa a los pocos días, tras hacer 16.000 soldados prisioneros.
Valencia supondrá el límite de la expansión francesa, frenada en Alicante y Murcia, en parte por la retirada de tropas con destino a la campaña napoleónica en Rusia.

16 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (III)

Cuando Napoleón marcha a Francia, deja a su hermano José en Madrid.  Le confía 28.000 infantes y 8.000 jinetes y la colaboración del mariscal Jourdan en la zona central.  Estas fuerzas se extienden en una línea de protección en profundidad a lo largo de Guadalajara, Aranjuez, Tarancón, Ocaña, Madridejos, Toledo, Talavera y Almaraz.
Ante estas tropas sufren descalabros en el año 1809 los ejércitos del duque del Infantado y del general Cuesta en Uclés y Medellín.
Sin embargo, la zona entre el Tajo y el Guadiana está arrasada, y los franceses no pueden vivir sobre el país.  Unido esto al fracaso de la ofensiva de Soult en Portugal, obligan a la estrategia francesa a replegarse lo más cerca posible de la corte.
Éste será el momento escogido por Wellington, quien se pone al frente de sus fuerzas.  El rey José, viendo su capital amenazada por las tropas de Venegas, Cuesta y Wellington, se pone al frente de sus ffuerzas.  Entra por el valle del Alberche, en la cuenca del Tajo, en busca de Wellington, cuyo ejército se halla en Talavera de la Reina.  Los despliegues son masivos, y los ejércitos anglo-españoles lucharán afortunadamente durante varios días, para luego Wellinton retirarse de nuevo hacia Portugal.  Por tanto, de la gran batalla de Talavera no tuvo el provecho soñado ninguno de los ejércitos.  Liberados los franceses del temor a la renovación del ataque por el valle del Tajo, montan su dispositivo sobre Andalucía.
Estaba comprobado que Wellington se basaba en unos planes en los que no entraban las tesis revolucionarias de la guerra permanentemente defendida por los españoles, y se negará a avanzar sobre Madrid y prestar colaboración para movimientos ofensivos.
La Junta Central, por el contrario, elabora sucesivamente planes nacionales de ofensiva, y está dispuesta a utilizar todos los recursos del país en pro de una guerra permanente en todos los frentes y en todos los momentos.  Su objetivo es expulsar a los franceses de sus posiciones al precio que sea, a fin de conquistar la capital.
Los franceses tienen muy bien distribuidos sus cuerpos de ejércitos en esta zona central, dispuestos a atacar y a defenderse conjuntamente.  Tal será el caso de la batalla de Ocaña, donde se reunirán 50.000 españoles y serán destruidos por Soult, ocasionándoles 4.000 heridos y muertos, 14.000 prisioneros y muchos millares dispersons.  Éste fue un duro golpe para la Junta Central.  Con los efectivos restantes del desastre de Ocaña, que eran menos de 20.000 hombres, se intentará cubrir la defensa de los únicos pasos de Andalucía.
Al comenzar el año 1810 la situación estratégica se presentaba esperanzadora para el rey José.  En el momento de iniciar las operaciones de Andalucía, las fuerzas francesas sumaban 325.000 efectivos, reforzados en los nueve meses siguientes por la llegada de otros 138.000 soldados.  Con estos hombres había que atender tres misiones fundamentales: 80.000 hombres trataban de abrir, como hemos visto, la comunicación entre Aragón y Cataluña.  125.000 soldados cubren el camino de Madrid y deben atender la movilidad de las guerrillas en las dos Castillas.  Y más de 100.000 hombres estaban concentrados entre Madrid y Ciudad Real para operar en la invasión de Andalucía.  La retirada de Wellington deja totalmente solos a los españoles, por cuanto no obliga a fijar una masa de franceses pendientes de sus operaciones.
Éstos deciden lanzar todos sus contingentes en un ataque directo a lo largo del camino de Sevilla. Las tropas que cubren la defensa de Sierra Morena son arrolladas sin gran esfuerzo.  Los franceses, en 10 días, e han presentado en Andújar, desde donde un cuerpo se dirige a ocupar Granada, mientras el grueso avanza tomando Écija, Carmona y Savilla.
En estos momentos, la rapidez de movimientos del ejército español de Extremadura busca refugio en Cádiz, donde jugará una baza militar y política en la defensa inicial de la capital gaditana con sus 12.000 hombres.  La situación geográfica de Cádiz era inconquistable para un enemigo que no dominase el mar.  El río de Santi Petri, destruido el puente de Zuazo, era un foso insalvable.  Todos los barcos de la zona o habían sido destruidos o trasladados a Cádiz.  La superioridad naval en la bahía y en el Mediterráneo era de españoles e ingleses.
Mientras tanto, y en poco más de un mes, toda Andalucía había sucumbido.  Pero, insistimos, sus éxitos militares tuvieron un límite: Cádiz.

13 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (I)

El rey José I ha sido restablecido en Madrid, y las fuerzas regulares españolas e inglesas fueron dispersadas. Sin embargo, Napoleón debe marchar a Francia.  Sus ejércitos quedan en España, con la necesidad de ocupar la parte del país que se mantiene en pie de guerra.
La extensión del dominio francés por más de medio millón de kilómetros cuadrados de la Península lleva consigo una guerra de desgaste, acompañada de éxitos franceses, pero a costa de numerosos efectivos humanos.
El dominio militar de las fuerzas francesas es más compacto en el norte, especialmente en el Ebro y los Pirineos.  En Galicia y Portugal, los intentos de arrojar a los ingleses al mar se verán frustrados, y Portugal se convertirá en una excelente base de operaciones desde donde lord Wellington llevará a cabo su cometido estratégico: atacar las posiciones fronterizas a uno y otro lado del Tajo, para luego empujar, llanura castellana adelante, hacia el norte.  La Junta Central, expulsada de Madrid por Napoleón, irá a Andalucía tierra de resistencia por excelencia, y en Cádiz se reunirán las famosas Cortes.  Los franceses llegarán a cercar Cádiz y a guarnecer otras ciudades andaluzas, obligándolas a fijar importantes efectivos humanos.  En el centro, José I se esfuerza en mantener un gobierno nacional, enmarcado en la Constitución de Bayona.  La posición será difícil al tener que hacer frente a su crítica situación financiera, a los guerrilleros, pesadilla constante, que imposibilitan sus comunicaciones, y a los propios mariscales franceses, que no le hacen caso y se comportan cual reyezuelos en sus demarcaciones, obedeciendo sólo las instrucciones del emperador.  Por encima de toda demarcación está la confusión omnipresente que crea la guerrilla, la guerra llevada a cabo por cada junta, por cada jefe de partida, a escala regional, a escala local y a escala individual.
La zona orienta, en lugar de retirarse, como en el centro, volverá a la resistencia urbana. Zaragoza y Gerona obligarán a los ejércitos franceses a emplearse a fondo, y se verá retrasada la unión de los efectivos de Aragón y Cataluña.  Esto fue a costa de numerosas pérdidas humanas de los españoles, que alcanzaron en su resistencia límites insospechados.
El sitio de Zaragoza duró 62 días, en los que los 35.000 franceses, tras dominar el monte Torrero, coparon las cabezas de puente del río Huerva, para luego ocupar los conventos de Santa Engracia, San Francisco y el Arrabal.  Los defensores, pese al hambre y a la peste, defendían barricada tras barricada y casa  por casa.
Una junta, designada por Palafox, firmaba la capitulación, y los supervivientes prisioneros eran llevados a Francia.
Simultáneamente a estos sucesos, se producía la campaña de Cataluña.  El mando lo llevaba Saint-Cyr, con numerosos efectivos.  Su superioridad numérica, táctica y de maniobra le dieron sendas victorias en Cardaden, Molins del Rey e incluso en Valls.  Mas la situación estratégica seguía igual.  Los franceses se enfrentaban a los crónicos problemas de conseguir recursos alimenticios y de abrir las comunicaciones con Francia.  Tal era la situación, que a los ocho días de llegar Saint-Cyr a Tarragona, ya había perdido el contacto con Barcelona.
Pero la principal comunicación entre la ciudad Condal y Francia era Girona.  Recibe órdenes y refuerzos para copar esta plaza.  El 24 de mayo de 1809 comenzaban las operaciones de cerco y aislamiento.
Contaba para su defensa con 7.000 soldados.  Los sucesivos asaltos de Verdier fueron rechazados por Álvarez de Castro y los gerundenses.  También aquí llegó el heroísmo.  La Junta Central, por real decreto, concedía a sus defensores los mismos honores que a los de Zaragoza. El 11 de diciembre capitulaba, tras 200 días de brillante resistencia.

12 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: NAPOLEÓN EN ESPAÑA

La campaña napoleónica arrastrará hacia España la mayor parte de las fuerzas de su "Grande Armée".  Era una masa de 250.000 hombres en siete cuerpos del ejército: Víctor, Bessières, Moncey, Lefebure, Mortier, Ney y Saint-Cyr.  Napoleón en persona toma el mando.  Su plan es dejar que desguarnezcan la zona del Ebro y se adentren por los flancos del Cantábrico y los Pirineos, para luego romper el frente central del Ebro y envolverles desplegando las alas de su ejército.
El desarrollo de las operaciones seguirá este esquema con la iniciativa novedosa de unos ataques al ejército de la izquierda española en Zaragoza y Espinosa de los Monteros.  Estas operaciones negativas para Blake adelantan los dos elementos decisivos para el futuro de las operaciones: la insuficiencia de los servicios logísticos, causa de que el ejército español no pueda subsistir en un país esquilmado, y la dispersión de las fuerzas para impedir bajas masivas.  Surgen, por tanto, guerrillas y grupos pequeños que no encuentran dificultades para mantenerse sobre el terreno.
Napoleón se dirige hacia Burgos con fuertes contingentes. Dueño de la ciudad y deshecho el centro de la línea española, asegura toda la región circundante e inicia una operación de flanqueo para atacar a los ejércitos españoles de Blake, Palafox y Castaños por su retaguardia.
Napoleón persigue la batalla de aniquilamiento.  Sus despliegues rapidísimos le conceden muchas pequeñas victorias y la dispersión de las fuerzas de los ejércitos españoles.  Esto provoca el que la guerra aumente su carácter nacional y revolucionario.
Mientras los ejércitos españoles son vencidos y dispersados, Napoleón marcha hacia Madrid.  La capacidad de resistencia española está casi intacta.  Mientras Napoleón buscaba, sin conseguirlo, la batalla de aniquilamiento, se producirá un cambio táctico trascendental: el ejército regular español del campo abierto se verá desplazado por la guerrilla.
Tras las débiles defensas de Somosierra, el emperador llegaba a las puertas de Madrid el 2 de diciembre de 1808.  Obliga la rendición y la junta capitula.  Madrid era ocupada por las tropas imperiales.  El objetivo político estaba cumplido.  Lanza manifiestos a la nación prometiendo una monarquía templada y constitucional y decreta reducciones de conventos y la abolición de la Inquisición, derechos feudales, aduanas interiores, justicia señorial y un largo etcétera.
Pero Napoleón se encuentra con una Junta Central que se niega a tratar las condiciones de paz, reafirmando su voluntad de proseguir con la guerra.  Poseer una capital de una nación y verse en la necesidad de hacer frente a una guerra nacional era algo inédito para el Emperador de los franceses.  Viena, Berlín, Milán no se habían comportado así.  Los ciudadanos españoles no admiraban su fuerza militar, y no le dieron ocasión de un nuevo Austerlitz.
Lo mismo que con los españoles, ocurre con los soldados ingleses en la campaña de Moore. Éste intenta pasar a la ofensiva en Toro y Sahagún, mas cede terreno y huye ante la persecución de los imperiales.  Perseguidos y perseguidores pierden muchos efectivos en la rápida carrera hacia La Coruña.  Se da una batalla sin repercusiones en esta ciudad, y el ejército inglés embarca en su escuadra.  Los españoles han evitado el aniquilamiento retirándose en profundidad, mientras que los ingleses lo consiguen merced a la ayuda del océano.

10 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: CAMPAÑAS DE VERANO DE 1808 (III)

Moncey había concebido la empresa de tomar Valencia con suma rapidez.  Conquista Cuenca, pasa el puerto de las Cabrillas, pero en Valencia es detenido en su ataque directo por la artillería española.  Como su situación estratégica era crítica, no le cabe otro remedio que volver por San Clemente a sus posiciones de partida.
El 24 de mayo, Dupont, al frente de una columna de 14.000 hombres, inicia la ocupación de Andalucía.  Franquea Despeñaperros y ocupa Andújar.  Vence en Alcolea y ocupa Córdoba, a la que saquea durante nueve días.  Este pillaje provoca el levantamiento de Sierra Morena y valle del Alto Guadalquivir.  Su principal objetivo fue cortar las comunicaciones francesas y aniquilar los pequeños destacamentos que cuidaban de ellas.
Sevilla se había levantado el 26 de mayo, y su junta procedía a organizar un ejército capaz de rechazar a los franceses al mando de Castaños.  Reding formaba otro ejército con tropas levantadas en Málaga y Granada.  contaba con 33.000 hombres, entre ellos 2.600 jinetes.  Dupont recibe fuerzas, contando con más de 20.000 hombres.
Los movimientos españoles tienden a cortas las unidades de Dupont y Vedel y, después de rechazar a éste hacia el norte, atacan a Dupont en Andújar.  La concepción estratégica francesa es defensiva, y se basa en el mantenimiento de la orilla derecha del Guadalquivir en unos 25 kilómetros, obligando a tener destacamentos en puentes y vados.  Todo ello suponía entregar la iniciativa a los españoles, quienes podrán elegir el lugar y la hora del ataque.
Los españoles comienzan la aproximación, los franceses se repliegan a la orilla derecha del río y Castaños hace una demostración de fuerza ante Andújar.
Reding y Compigny cruzan el río, atacan y derrotan a los franceses y se sitúan en Bailén, abandonado por Vedel, a quien preocupaba ver cortadas sus comunicaciones.  Dupont abandona Andújar; mas es interceptado por Reding y Compigny, aferrados al terreno y utilizando la artillería para romper las unidades atacantes.  Dupont es obligado a combatir en estas circunstancias, y temeroso de que llegue el general Castaños y le coja entre dos fuegos, solicita la suspensión del combate.  Aparece Vedel, pero ya es tarde.  Los españoles le amenazan, si ataca, con pasar a cuchillo las fuerzas de Dupont.  El ejército francés dejó 2.000 muertos en Bailén y 17.635 hombres hábiles depusieron sus armas.  Desastre militar con enormes repercusiones políticas, que irritó a Napoleón y sirvió de ejemplo a los restantes pueblos europeos.
La consecuencia inmediata de Bailén fue un movimiento generalizado de todos los ejércitos franceses.  Junot, aislado en Portugal, se vio obligado a concentrar todas sus fuerzas en torno a Lisboa y a dejar algunas guarniciones que cubrieran su retirada.  El levantamiento español y el desembarco de varios miles de ingleses mandados por Anthur Wellesley dejaron a Junot en una situación estratégica desventajosa.  Wellesley le obligó a luchar en Vimeiro en condiciones de inferioridad, aguantando la "superioridad de posiciones" y la "táctica de desgaste del enemigo", maniobras típicamente inglesas.  Laconsecuencia fue el Convenio de Cintra, por el que los franceses evacuaban Portugal en barcos ingleses, para ser desembarcados en Francia.
El vacío creado por estos sucesos obliga a José Bonaparte a abandonar Madrid, retirándose a Vitoria.  Los franceses, pese a las órdenes del emperador, retroceden huyendo para concentrarse en torno a la línea Bilbao-Pamplona.  Rodeando esta línea están Blake, Castaños y Palafox, con sus 110.000 soldados, sin coordinación, con iniciativas desordenadas y sin poder realizar una acción conjunta.

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9 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: CAMPAÑAS DE VERANO DE 1808 (II)

Las ideas político-militares de Bonaparte eran simplistas al considerar el conflicto español como una nueva "guerra dinástica", en que la escasa superioridad francesa bastaría para liquidar unos levantamientos sin importancia.
Los cinco ejércitos franceses se desparraman por todo el territorio español, tratando de ganar la guerra en las ciudades. Este despliegue trae como consecuencia el aislamiento delas unidades en el territorio, sin guarniciones que aseguren su retaguardia y dejando en poder de los españoles las comunicaciones, lo que tendrá decisivas consecuencias.
El despliegue francés da comienzo el 24 de mayo de 1808.  Mientras, las juntas provinciales, ya soberanas, reclutan y arman a numerosos voluntarios con elevado espíritu, pero sin preparación militar y casi sin armamento.
Las fuerzas de Bessières tienen el objetivo de buscar la regularidad del camino de Madrid (la actual carretera nacional 1, Madrid-Irún), manteniendo expedita esta comunicación, y de abrir el paso de Madrid a José Bonaparte, quien entrará en la capital el 20 de julio, a través de unas calles totalmente desiertas.
Para ello Bessières se paseará por Palencia, Santander, Valladolid y otros lugares con sus tropas, a fin de atraer a los ejércitos de Galicia (Blake) y Castilla (Cuesta), que hostigaban y eran preocupación constante para el mantenimiento de la ruta de Madrid.  A consecuencia de la batalla de Medina de Rioseco, Blake y Cuesta se repliegan hacia Astorga y León respectivamente.
El este del camino de Madrid estaba también en peligro por el levantamiento de Zaragoza, extendido a Logroño, Burgo de Osma y otros lugares.  El despliegue de Bessières da buenos resultados al eliminar los obstáculos salidos al paso en Pamplona, Logroño, Tudela, Mallén... Pero en Zaragoza la guerra de maniobra perdía su eficacia.  Napoleón jamás pensó seriamente en la resistencia de una ciudad abierta.  Los ataques franceses fueron repelidos en varias ocasiones, y el cañoneo sistemático de las defensas zaragozanas no dio resultado.  Los franceses habían perdido más de 2.000 hombres y abandonaron más de 50 piezas de artillería.  Entretanto llegó la noticia de la capitulación de Bailén, y los franceses recibieron orden de levantar el sitio el 12 de agosto.  Había sido una brillante manifestación den la voluntad de la resistencia defendiendo durante dos meses una ciudad abierta mediante barricadas improvisadas, trincheras y defensas de tierra y probando su capacidad de resistir incluso a un formidable tren de artillería de sitio.  Palafox, Agustina de Aragón, el convento de Santa Engracia, la Puerta del Carmen, el Portillo... merecieron frases heroicas que han trascendido las generaciones.
Mientras esto ocurría en Aragón, los catalanes, ocupadas Barcelona y Figueras por tropas francesas, organizan la resistencia en Lleida.  Los somatenes destrozan a las fuerzas francesas en dos ocasiones en las montañas del Bruch, y sus generales Duhesme, Schwartz y Moncey tienen que retirarse a la ciudad Condal. A su regreso descubren que sus comunicaciones con Francia habían sido cortadas, de resultas del levantamiento de Gerona y Figueras.  Duhesme ataca por tres veces a una Gerona preparada para el asedio.  Perdió 700 hombres y regresó a Barcelona.  Con más tropas francesas intenta de nuevo tomar Girona; pero otra vez es rechazado y, en su vuelta a Barcelona, acosado por el guerrillero Milans del Bosch y por la escuadra inglesa de Cochrane.  La primera campaña de Cataluña fue un desastre para los franceses, quienes, habiendo perdido el dominio del espacio, habían fracasado también en sus intentos de abrirse camino hacia Lérida y hacia Francia por Girona.

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8 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: CAMPAÑAS DE VERANO DE 1808 (I)

No es fácil hacer una síntesis de un conflicto que duró desde el 2 de mayo de 1808 hasta el 4 de junio de 1814. el número de sucesos es enorme.  Computamos hasta 470 batallas y varios miles de choques armados. España, en estos seis años, perdió varios centenares de miles de hombres, y los daños materiales fueron inmensos.  En este sentido, las pérdidas fueron muy similares a las de nuestra terrible Guerra Civil.  Como haremos en otra ocasión, también ahora creemos preciso conocer los caracteres generales que presenta esta contienda.  Destacaremos por encima de todo, y para comenzar, que ésta fue la única guerra napoleónica que declaró el Emperador de los Franceses, siendo el resto de sus contiendas puramente defensivas -esto, para eliminar tópicos de antemano.
Sin duda ninguna, tenderemos a matizar y dividiremos el desarrollo de la guerra en cinco fases: la campaña de verano de 1808, la campaña napoleónica, la ocupación francesa, la guerra de guerrillas, la guerra de desgaste y, por último, la ofensiva hispano-inglesa.
En lo referente a las campañas del verano de 1808, un apartado de la sociología de la guerra debe referirse al ejército profesional con sus efectivos.
Al comienzo del conflicto, las fuerzas francesas, bajo mando de Murat y divididos en cinco cuerpos del ejército.  Junot ocupaba Lisboa; Dupont, el sur; Duhesme, Barcelona; Bessieères, Vitoria, y Moncey estaba cerca de Madrid.  Aproximadamente un tercio de estos hombres eran veteranos del ejército regular.  Otro tercio lo componían las legiones de reserva, más eficaces que el último tercio, compuesto por los regimientos provisionales y de marcha.  La caballería sumaba 12.000 jinetes. El 15 de agosto de 1808 entraron otros 50.000 hombres, con lo que la cifra total de efectivos franceses se eleva por encima de los 160.000 hombres en el inicio de la contienda.
El ejército español contaba con 100.000 soldados de tropas regulares, agrupados en unidades que recibían la denominación de "Guardia Real", "regimientos de línea", "regimientos ligeros"... Este ejército activo se nutría a base de levas.  La milicia (sorteo de uno de cada cinco , entre los mozos que han de ser soldados)  la constituían unos 30.000 hombres encuadrados en las milicias urbanas, armados por el Estado, vestidos por el vecindario y con la finalidad defensiva de ciertas plazas.  Una importancia secundaria tienen los 16.800 jinetes, con sólo 9.000 caballos, y los 6.550 artilleros, con sólo 400 animales de tiro para transportar 216 piezas y sus correspondientes municiones.
Galdós describe en sus Episodios Nacionales así al ejército español de Andalucía:

"Cuerpos reglamentados españoles, con algunos suizos y valones; regimientos de línea, que eran la flor de la tropa española; regimientos provisionales que ignoraban la guerra, pero que se disponían a aprenderla; honrados paisanos, en su mayor parte muy duchos en el arte de la caza, y que por lo general tiraban admirablemente, y por último, contrabandistas, granujas..., holgazanes convertidos en guerreros al calor de aquel fuego patriótico que inflamaba el país."

El análisis colorista de Galdós podía ser valido para la totalidad del potencial humano encuadrado en el ejército nacional de la Guerra de la Independencia.
La superioridad numérica de los ejércitos franceses sobre los españoles era de 1,5 a 1.  Queda manifiesta condición en divisiones autónomas, la movilidad y rapidez de unos ejércitos que "viven sobre el país", librados de la intendencia.  Puestos a revelas la superioridad del ejército galo sobre cualquier otro europeo, sus soldados andaban 120 pasos por minuto, frente a los 70 tradicionales en las restantes tropas continentales. La rapidez de concentración fue otro rasgo propiamente napoleónico, al convertir la inferioridad numérica en superioridad en el campo de batalla.  La acción ofensiva y de columna en el terreno táctico serán otras tantas ventajas de los invencibles ejércitos del Emperador de los Franceses.

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7 mar. 2017

LA REVOLUCIÓN LIBERAL BURGUESA (III)

Para lograr el fin del predominio nobiliario, es preciso implantar unas reformas, y para todo ello el sistema doctrinal se basará en tres puntos fundamentales:

-Aparece la teoría de la soberanía nacional, ejercida a través de una serie de representantes, quienes intervienen utilizando el sistema político.
-División de poderes.  Desde Locke aparece en la tradición política.  Se caracteriza por la existencia de un poder legislativo, formado por representantes de la nación, al cual, aunque legalmente, se le sitúa en igualdad de condiciones con el ejecutivo y el judicial, en la realidad, y por medio de tecnicismos, artificios formalistas, etc..., se tratará de conferirle la potestad soberana.  Esto es la cúspide de la pirámide constitucional.  Se estructura de modo que su acceso se vea restringido en favor de representantes de la clase burguesa.
-Cobra enorme auge la doctrina de los derechos naturales del hombre y del ciudadano, que incluye en la más típica de las versiones (la francesa) los derechos a la libertad, seguridad, igualdad (ante la ley, no socio-económica) y el derecho burgués por antonomasia: el de la propiedad, ejercido total y absolutamente.

Todos estos rasgos aparecen en los movimientos revolucionarios de carácter liberal-burgués, correspondientes al período que abarca desde finales del siglo XVIII hasta la primera mitad del XIX.

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6 mar. 2017

LA REVOLUCIÓN LIBERAL BURGUESA (II)

Para mejor entender las revoluciones liberales burguesas, debemos añadir otro elemento: es necesaria la existencia de una ideología que sustente el programa de crisis y que persiga la transformación radical de la sociedad.  Caso de no existir tal ideología, a lo sumo se seguirán -como consecuencia del movimiento- rebeliones al estilo de las de campesinos angustiados por la miseria, como las registradas durante toda la Edad Moderna que llevaron consigo el tránsito de un sistema feudal de predominio nobiliario a uno capitalista, con predominio de la  burguesía tanto social como políticamente.
La extensión de tal sistema capitalista da paso a un nuevo tipo de contradicciones y situaciones revolucionarias, que conducirán a la aparición de intentos, triunfantes unos, frustrados otros, de revoluciones socialistas, desde los tiempos de la Comuna hasta el tercer cuarto del siglo XX.
Refiriéndonos a la revolución liberal burguesa americana, deberíamos incluir una mención especial a las revoluciones anticoloniales; son luchas no ya de clases, sino contra la metrópoli, en orden a obtener la independencia económico-político-social.
La práctica, sin embargo, nos confirmará que estos tipos no se dan con absoluta precisión, al surgir en las revoluciones connotaciones de unos y otros tipos.
Entremos en el análisis de las transformaciones liberales burguesas.  El caso inglés se caracteriza por su precocidad (de hecho ningún fenómeno revolucionario similar se dio en Europa hasta un siglo después).  Pero además de la precocidad, resulta curioso el hecho de que en el seno de la sociedad inglesa no exista fuerza capaz de llevar a cabo una transformación revolucionaria.  El papel de protagonista corresponderá no a la burguesía, sino a un sector de la nobleza, el de los grandes propietarios, que habían comenzado a capitalizar las rentas agrarias efectuando inversiones en los sectores comercial e industrial.  En tal sentido, la acción revolucionaria permitirá un importante desarrollo capitalista (caso que no corresponde a Francia).  Precisamente por ser de carácter noble el estamento motor de la revolución, no llegará a planteamientos liberales tan claros como se dieron en Francia.
La revolución inglesa se produce en el siglo XVII, se gesta entre 1640 y 1688 y tiene su culminación en el "Acta de Reforma" de 1832, en virtud de la cual se entrega todo el poder a la burguesía.
El caso francés ejemplifica mejor lo que hemos definido como "movimiento revolucionario"; tiene todo su tipismo: motines, levantamientos, lucha armada, guillotina...  El triunfo burgués se obtiene merced al apoyo del tercer estado, la mayoría del pueblo, la pequeña burguesía, el pequeño propietario campesino y los desheredados.  Por ello, cuando la alianza permite el triunfo burgués, motiva también la menor estabilidad del mismo, al verse empujada por presiones de un mayor extremismo de parte de los pequeños burgueses; claro es el ejemplo de los jacobinos.

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5 mar. 2017

LA REVOLUCIÓN LIBERAL BURGUESA

El paso de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea se produce a causa de unos movimientos revolucionarios que van a derrocar el viejo orden.  La palabra "revolución" conforma la Edad Contemporánea, y acabará con unos presupuestos que durante siglos se habían considerado como sagrados.  Derribar un régimen dejó de ser un sacrilegio, y la fuerza moral de la autoridad quedó rota.
Los acontecimientos americanos y franceses de finales del siglo XVIII, revistiendo la forma de revolución liberal burguesa, repercutirían hondamente en la historia de las Españas del siglo XIX.
Aclaramos las palabras que estamos usando: el término "revolución" es equívoco, pues ha englobado siempre cosas tan dispares que obtener una unidad que las abarque y reúna a todas es algo difícil, por no decir imposible.
Atendiendo a las polémicas habidas por la diferente matización del término, distinguimos con fines aclaratorios dos acepciones del mismo: revolución como movimiento revolucionario y como transformación revolucionaria.
Entendemos por movimiento revolucionario aquel tipo de revolución visible y de corta duración, en el cual se produce la toma del poder por un grupo -clase social- que, sin solución de continuidad a tal accesión al poder, llega a una transformación de las instituciones económicas, sociales y políticas.
La transformación revolucionaria sería, entonces, aquella serie de procesos más amplios, en los que se produce un salto cualitativo, un cambio radical de la estructura social, que no incluye necesariamente la toma del poder.
Un movimiento revolucionario exige una transformación, en primer término, del sistema político, fruto de la referida conquista del poder llevada a cabo por un grupo o una clase social determinada.  En segundo término, el movimiento requiere la transformación de todas las estructuras de la sociedad.
Todo ellos nos replantea la cuestión de cuándo se produce y cuáles son las circunstancias exigidas que provocan un movimiento revolucionario.
¿Cuáles son los signos distintivos de una situación revolucionaria?  Podríamos definir tres:

- Imposibilidad para las clases dominantes de mantener su dominación inmutable.  Por una crisis de las alturas, de la política de la clase dominante, se produce la grieta a través de la cual irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas.  No obstante se precisan dos negaciones: que los de abajo no quieran y que no puedan los de arriba seguir viviendo como hasta ahora.
-Agravación superior a la habitual de la miseria y sufrimientos de las clases oprimidas.
-Intensificación considerable, por dichas causas, de la actividad de las masas, que si bien en tiempos de paz se dejan expoliar, en épocas turbulentas, a diferencia de las pacíficas, son empujadas tanto por la situación de la crisis como por los mismos opresores a una acción histórica independiente.
Se precisa por tanto la aparición de una crisis económica, social y política, acompañada de levantamientos populares y la existencia, por otra parte, de un grupo, una clase social o un partido, capaz de canalizar la fuerza de los sectores dominados hacia la toma del poder.

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4 mar. 2017

LOS FUSILAMIENTOS DEL 3 DE MAYO Y LA CARGA DE LOS MAMELUCOS (CAMINO DE BAYONA)

Media España estaba ocupada por los ejércitos napoleónicos.  La facción fernandina sólo desea que Napoleón sancione la revolución de Aranjuez, y comienza su abanico de bajezas.  Carlos IV está realizando el papel más triste de sus veinte años de reinado.  María Luisa pierde los nervios y sólo desea que Murat rescate al prisionero Godoy.  La falta de dignidad de los reyes padres llega al punto de escribir a Murat cartas que todavía hoy causan rubor viniendo de unos monarcas.  Veamos una muestra:

"Mi hijo es de muy mal corazón, su carácter es sanguinario, jamás ha tenido cariño a su padre ni a mí, sus consejeros son sanguinarios también; no se complacen sino en hacer infelices, y no hay amor de padre ni de madre que les haga fuerza.  Quieren hacernos todo el mal posible; pero el Rey y yo tenemos más interés en salvar la vida y el honor de nuestro inocente amigo que los nuestros propios.  Mi hijo es enemigo de los franceses, por más que él diga lo contrario.  Yo temo que él haga algún atentado contra ellos.  El pueblo está ganando a fuerza de dinero, y ellos le inflaman contra el pobre Príncipe de la Paz, el Rey, mi marido, y yo, porque somos aliados de los franceses y porque los hemos hecho venir.  Ellos tienen a mi hijo a su frente, aunque él procura ganar al Emperador, al gran duque de Berg y a los franceses para darles con más seguridad el golpe.  Ayer por la noche hemos dicho al general que manda las tropas del gran duque que somos aliados de los franceses y que nuestras tropas irán siempre aliadas con las suyas; se entiende, las que tenemos aquí, porque de las otras no podemos disponer y aun de estas últimas ignoramos las órdenes que mi hijo les habrá dado; pero nos pondríamos a su frente para que nos obedeciesen, esto es, para que estuvieran de parte de los franceses."

Murat, en su ambición de que su cuñado Napoleón le conceda el trono de España, trabaja en Madrid para dejar vacante el trono español.
Murat y Savary invitan a Fernando VII para que salga a Burgos a recibir a Napoleón.  Napoleón no espera ni en Burgos ni en Vitoria; aquí ya no quería continuar el viaje, al que se oponían también algunos cortesanos y el pueblo, que pretendió cortar los tirantes del coche.  Pero Fernando, estimulado por una carta del Emperador de los franceses, decidió seguir a Bayona.  Pocos días después llegaban también a la ciudad francesa Carlos IV, María Luisa y el ya liberado Godoy.
Una vez que Napoleón se encuentre en Santa Elena dirá: "Cuando los tuve a todos reunidos en Bayona... tuve el nudo gordiano ante mí, y no lo corté".
En Bayona, padre e hijo ofrecen unas escenas bochornosas y preñadas de debilidad.  Bonaparte jugaba con ellos como el gato con el ratón.  Consiguió que Fernando VII abdicase en su padre, sin saber que éste ya había renunciado a todos sus derechos en favor de Napoleón.  Carlos IV firmaba una cláusula cuyo artículo primero decía: "El rey Carlos... ha resuelto ceder como cede por el presente, a S.M. el emperador Napoleón todos sus derechos al trono de España e Indias"... Fernando VII y sus hermanos renunciaban también a la Corona y a sus derechos como príncipes de Asturias, a la vez que absolvían a los españoles de sus obligaciones.
Es evidente que tanto los monarcas como los infantes había renunciado de manera injustificable, cualquiera que sea la teoría política a cuya luz se consideren estos acontecimientos, las prerrogativas de su condición real.  En la crisis más trascendental de nuestra historia moderna, los monarcas, al despojarse de sus atributos, han abandonado la soberanía.
La legalidad la recoge el pueblo.
Mientras al norte de los Pirineos España perdía la independencia nacional en la otra parte sonaba la hora de la verdad.  Los españoles, en masa, se levantaban en una guerra popular, que, al decir del propio Napoleón, fue la que le perdió.
El 2 de mayo de 1808 estalla la Guerra de la Independencia, que había de durar seis años, hasta el 4 de junio de 1814, fecha en que las guarniciones francesas en España abandonan sus últimos baluartes.  Los primeros incidentes tuvieron lugar en Madrid, frente al Palacio Real, cuando Rucher, ayudante de Murat, y el general Lagrange, trataron de reprimir al pueblo que gritaba: "Vecinos, armarse, ¡viva Fernando VII!"; y "Traición, nos han llevado al rey y se nos quieren llevar a las personas reales".  Los choques entre las tropas francesas y el paisanaje se multiplicaron por los distintos barrios de la ciudad: el barrio de la Paloma, el Rastro, la plaza de la Cebada... El pincel de Goya nos ha dejado un estremecedor testimonio de lo que fue la carga de los mamelucos en la Puerta del Sol, cuando los patriotas madrileños atacaron con navajas y cuchillos a los soldados egipcios del Emperador.  Frente a la consigna de mantener las tropas "quietas y encerradas en sus cuarteles", dada por el capitán general de Madrid, don Francisco Javier Negrete, se rebelaron el capitán Pedro Velarde y los tenientes Ruiz y Daoíz, que organizaron la defensa del Parque de Artillería de Monteleón, hasta que fueron aplastados por la superioridad de las tropas galas.
Aquella misma noche, los patriotas apresados por los franceses fueron fusilados en la Montaña del Príncipe Pío, escena que reviviría igualmente para la posteridad gracias al genio de Francisco de Goya.
Al mismo tiempo, las noticias de lo que había ocurrido en Madrid el 2 de mayo se difundieron por todo el país, levantando una oleada de indignación que desembocó en un levantamiento masivo contra los invasores.
No obstante el pésimo estado en que se encontraban las defensas nacionales, a pesar de que la escuadra española no se había repuesto del desastre de Trafalgar, el movimiento antifrancés logró tomar cuerpo y organizar una resistencia que terminaría con la derrota de unas tropas que, como las francesas, se tenían por invencibles.  Símbolo y expresión del levantamiento serías las palabras atribuidas al alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón:

"La patria está en peligro.  Madrid perece víctima de la perfidia francesa.  ¡Españoles! Venid a salvarla.  Mayo, 2, de 1808".

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3 mar. 2017

LA REVOLUCIÓN DE ARANJUEZ

En estos momentos, la interrelación entre la política exterior y las crisis interiores tocaba su punto más bajo.  España no había podido sustraerse a la presión francesa, pero había dejado disgustado a Napoleón al no proporcionarle ni la plata americana, ni un éxito naval, ni las garantías de un serio aliado político.  Bonaparte, a quien no gustaba dedicar mucho tiempo a los problemas españoles, decide convertir la nominal alianza en un Estado dependiente de Francia, para así controlar la política y los recursos españoles.
Mientras Napoleón vacila entre desmembrar a España o sustituir a los Borbones por un hermano suyo, sobreviene la revolución de Aranjuez, dirigida, en primer lugar, contra el Príncipe de la Paz.
Godoy, resumiendo algo ya  apuntado, no era un "tirano reaccionario", como se ha dicho, sino un progresista tibio, amigo de la Ilustración y con gran fe en la cultura como base de la regeneración socio-política de la nación.  Es brillante un proyecto de convertir a América en una especie de "comunidad de naciones".  Tampoco carecía de un sistema político, ya que era partidario de una fuerte monarquía con la injerencia de dosis iguales por parte de la democracia (estado llano) y de la aristocracia (nobleza).  Tenía fe ciega en el Consejo de Castilla, robustecedor de las instituciones tradicionales y celador de su inmutabilidad.  Si hubiéramos de meterle en los sectores ideológicos (reaccionario, moderado, exaltado) que se dibujan en España como consecuencia de la Revolución Francesa y abren las guerras civiles del siglo XIX, Godoy participaría de los dos primeros, aunque su actuación sea incatalogable, dado su comportamiento "de monarca".  Se ha dicho que su pecado no era la perversidad, sino la vulgaridad, ostentación y la inexperiencia política de un "parvenu".  Godoy era un apuesto oficial de la guardia, de veinticinco años, cuando le fue otorgado el poder absoluto, superior al que había de poseer cualquier gobernante de España posterior a él hasta llegar al general Franco.
Este primer dictador de nuestro tiempo comete el error de confundir la patria con sus intereses y sacrifica la política exterior en pro de su ambición, de asegurarse el poder y de "prevalecer frente a sus enemigos internos".
En 1808 la impopularidad de Godoy llega al último rincón del país.  e imponía, ante la quiebra del Antiguo Régimen, una constitución que limitara a una monarquía autodeshonrada y a un poder político que arrastraba a España a la inflación, la carestía, la crisis comercial y a la pérdida de la independencia en sus relaciones exteriores tanto en Europa como en América.
Si desparecía Godoy, ¿apoyaría Napoleón al príncipe de Asturias? Craso error el que cometieron los Escoiquiz, Infantado, Cevallos, Caballero, Bardajé, Onís, Ayerbe, San Carlos y demás miembros del partido fernandino.  Error que no paró hasta dejar cautivo en Bayona al rey Fernando.
El cerco se iba estrechando y las tropas del "héroe y bestia" de Murat, como le llamaba su cuñado Napoleón, se iban acercando a Madrid, ante el espanto de Godoy, Carlos IV y también, ya, ante el recelo de los propios españoles.
Ante tan crítica coyuntura, Godoy quiere trasladar la corte a Andalucía, para, en caso de peligro, embarcar a América.  Esto es considerado como una traición por el pueblo y el partido fernandino, al ver en ello el sacrificio de la Corona para salvar la vida y la fortuna de don Manuel Godoy.
Así se pone en marcha la revolución de Aranjuez, maquinada por un grupo de nobles descontentos (las dictaduras crean siempre una oposición de excluidos) y por el partido fernandino, empleando a los militares y a la multitud.  Lo confirma el propio Godoy cuando dice que la revolución de Aranjuez se produjo abajo, pero se indujo arriba.  Al día siguiente el pueblo de Madrid saqueaba las casas de Godoy y sus partidarios. La acogida de estos sucesos dejó sorprendido al comisionado francés Tournon:

"La exaltación provocada en los españoles por la revolución que acaba de estallar en Madrid ha llegado al colmo y da cabal idea del odio que inspiraba el Príncipe de la Paz; asimismo, la alegría, el delirio de todos por el advenimiento al trono de Fernando VII prueban el afecto, el cariño inmenso del pueblo español por su idolatrado príncipe de Asturias.  No puedo dar una idea más clara de los arrebatos que estallan aquí por todas partes, sino comparándolos con los de los franceses a la llegada del emperador a Fréjus.  Las noticias que recibo de diversas partes de España me confirman por doquier el mismo entusiasmo, y, a juzgar por el frío castellano, presumo que el delirio llegará a la locura en las regiones meridionales."

Fernando VII, en 1814, habría de emplear la mezcla de fidelidad plebeya y apoyo militar que ya se dio en Aranjuez para derribar la constitución liberal.  Pero no comprendió que se podía emplear contra la monarquía la misma combinación de fuerzas.  De ahí las revoluciones que tendrían lugar en 1820 y 1831.
Carlos IV destituyó a Godoy el 17 de marzo de 1808, al que se encontró, asustado y escondio, en una alfombra enrollada.  El 19 de marzo otra multitud obligaba a Carlos IV a abdicar en su hijo, ahora ya por fin Fernando VII.
Napoleón se consideró dueño absoluto de la situación, y para él el trono de España quedaba vacante, ya que Francia no reconocía la abdicación de Carlos IV.

28 feb. 2017

LA CONJURA DEL ESCORIAL

Godoy había sido pieza clave en la política napoleónica con respecto a España entre 1804 y 1806.  Pero a finales de 1807 el emperador de los franceses cambiará de sistema.  Intenta ganarse, por medio de su embajador Beauharnais, a la oposición, esto es, al partido fernandino, que está dispuesto a ser francófilo en cuanto Bonaparte se coloque frente a Godoy.  Esta trama refleja una mayor supeditación de la política interior española a Napoleón, árbitro sin escrúpulos de toda la situación.
El emperador decide inmiscuirse en los asuntos internos para así gozar de una influencia irresistible en el presente y en el futuro del gobierno español.  "La facción fernandina, -llegó a decir Napoleón-, no se detendrá hasta que arroja al abismo a Godoy, y el día que yo quiera esta facción pasará a mi lado".  El príncipe de Asturias, de la mano de Escoiquiz, se relacionaba con Napoleón, conspirando contra su padre y patrocinando una campaña de libelos y láminas soeces que manchaban el honor de su madre y, por supuesto, el de Godoy.
La conducta del futuro Fernando VII, como reflejan los documentos que le fueron incautados, representaba una traición al Estado, y el propio Napoleón calificará la conducta de Fernando así:

"Cualquier paso de un príncipe heredero cerca de un soberano extranjero es criminal."

La conjura fue descubierta.  Escoiquiz, el duque del Infantado, el duque de San Carlos, Ayerbe, Bornos, Orjas, etc... fueron encerrados y desterrados.
Fernando, quien en la conjura tenía que entregar a su padre una memoria explicativa, dictada por Escoiquiz, y en la que debía describir a su padre las debilidades de su propia madre, fue obligado a pedir perdón a Carlos IV, quien se lo concedió por influencia de María Luisa.
Pero todos estos sucesos del proceso de El Escorial fueron achacados por el partido fernandista a Godoy.  Nadie en España creía en esta pretendida conspiración del príncipe de Asturias.  Injustamente se culpó al Príncipe de la Paz de ser el autor de la conjura y se decía que Godoy había amañado todos estos sucesos para hundir al legítimo heredero y deseado futuro rey.
A los pies del favorito de María Luisa se abría un abismo y todo se volvía contra él.  Enviados franceses, las propias memorias de Godoy, la opinión general confirman este clima hostil hacia el aborrecido ministro: los nobles, porque habían sido humillados con la fulgurante carrera de este advenedizo extremeño; la Iglesia, porque había sido atacada en sus privilegios económicos, porque había intentado reformas radicales en algunos sectores del clero y había osado enfrentarse al Santo Oficio; los ricos, porque, sin respetar privilegios ni apellidos, había hecho recaer sobre ellos el peso de las exigencias fiscales, para desahogar a los humildes a lo largo de una crisis constante; el pueblo, porque se lo presentaban como un desenfrenado hereje, que tras someter a su voluntad a un viejo y débil monarca y manchar el trono con su impudicia, aún pretendía arrebatárselo al "pobre" Fernando.
Hacia Napoleón, participante en la Conjura del Escorial, tendían las esperanzas de los españoles.  El propio emperador de los franceses mentía al negar su participación en estos sucesos, y para colmo descaraba sus engaños con fuerza:

"...desde hoy tomo al príncipe de Asturias bajo mi protección; que si se le toca en la menor cosa, o se insulta a mi embajador, o si el ejército reunido no marcha inmediatamente a Portugal, según lo convenido, declararé al instante la guerra a España, me pondré al frente de las tropas para entrar en ella..."

Y de paso mandaba que entraran más batallones en España.

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27 feb. 2017

EL TRATADO DE FONTAINEBLEAU

Los acontecimientos eran dichosos para Godoy.  El reino de Nápoles había caído en manos de Francia, había muerto la princesa de Asturias y el partido fernandino se hallaba desmoralizado.  Napoleón seguía destrozando las fuerzas europeas en Austerlitz.  Godoy pensaba  en apartar del trono al futuro Fernando VII y éste ya le miraba como a un enemigo personal, al paso que las sospechas del hijo contra su madre, María Luisa, iban a desembocar en un odio salvaje.  Esta trama se ve influida por el canónigo Escoiquiz, hombre intrigante y ambicioso, además de hipócrita.  Escoiquiz puso en el corazón del adolescente príncipe Fernando la semilla de la sospecha contra su propia madre; y ese turbio recelo del niño hubo de pasar al alma del adulto cuando creció hasta convertirle en el hombre desconfiado, egoísta y falaz que luego sería.  El carácter pérfido del rey no se explicaría sin esta temprana duda vertida en su espíritu por Escoiquiz; torcedor que no había de permitirle descansar jamás en la seguridad de un afecto sincero, o entregarse generosamente a un ideal que se saliera de los límites de su propio interés personal.
Ya había comenzado la segunda intriga ambiciosa de Godoy sobre Portugal.  Por medio de su hombre de confianza, Izquierdo, propone a Napoleón el proyecto portugués, por el que Godoy garantizaría su existencia futura quedándose con el reino de Portugal.  Napoleón acepta y exige que rompa sus alianzas con otros países europeos, así como que altere las aduanas para favorecer la entrada de manufacturas francesas.  La respuesta de Godoy es de la más ambiciosa nitidez que se haya podido dar en un hombre de gobierno:

"España está dispuesta a hacer, aún a expensas de sus intereses, cuanto sea agradable a Su Majestad Imperial."

Dicho y hecho.  Godoy, atormentado por su oscuro porvenir y confundiendo la salvación de su propia persona con la de la propia España, sigue matizando su acción antiportuguesa, ya que España sólo puede colaborar con Francia conquistando Portugal para así librar a Napoleón del molesto amigo de Inglaterra.  Una parte de Portugal sería para Godoy, como él se lo hace decir al Emperador:

"...para aquel que lo agradecerá eternamente a las bondades de Vuestra Magestad Imperial."

Este es el croquis del Tratado de Fonainebleau del 27 de Octubre de 1807, cuyas cláusulas principales era: el reino de Portugal se dividiría en tres partes: la norte se asigna a María Luisa de Etruria.  La del sur se regala a Godoy.  La parte central, entre el Duero y el Tajo, quedaba en reserva, con el fin (aunque no constaba en el tratado) de cambiar ese territorio por las provincias españolas entre el Ebro y los Pirineos.  Esta idea imperial "a lo Carlomagno" estaba avalada por una convención secreta: 28.000 soldados franceses entrarían en España para dirigirse a Lisboa, adonde les seguiría un cuerpo español del mismo número de hombres.  El mando correspondería al general francés.  En Bayona estaría preparado un segundo ejército de 40.000 hombres.
Fuerzas españolas penetran en España.  La ocupación de Portugal es realizada con suma facilidad; la familia real portuguesa huyó a Brasil.
Pero los contingentes franceses no sólo se dedican a la ocupación de Portugal, sino que se establecen en muchas ciudades españolas.  Los temores del gobierno español no eran infundados, pues pronto el emperador reclama una serie de plazas fronterizas y el citado trueque del centro de Portugal por la zona comprendida entre el Ebro y los Pirineos.  Había comenzado la fase de desmembración; pero como no cabe oponerse, la única solución viable que propone Godoy es huir a América, como acaban de hacer los Braganza portugueses.

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26 feb. 2017

HACIA LA QUIEBRA TOTAL

El sucesivo debilitamiento en que se encuentra el gobierno español hace a Napoleón modificar sus proyectos respecto a España.
En un primer momento sólo piensa en España, manejar su gobierno de Godoy y valerse de su escuadra y de sus recursos. En una segunda fase se da cuenta de que puede poner los dientes largos a Godoy prometiéndole un pedazo de Portugal (el Algarve) y quedarse él una porción del terreno español con la que aumentar su imperio (concretamente la Península Ibérica). Su último plan es aprovecharse de la escisión entre Carlos IV y su hijo Fernando VII, y al compás de esta disputa dinástica, sustiutuirles por so propio hermano, José Bonaparte, mal llamado "Pepe Botella".

25 feb. 2017

TRAFALGAR

Todas las potencias del continente se aprestan a defenderse del imperialismo francés, menos España, que aparece como aliada.  La neutralidad deseada por España era insostenible.  Hasta cierto punto se comprende esta postura, ya que España contaba con intereses ultramarinos y se sentía obligada a defenderlos frente a la agresividad inglesa, que, injustificadamente, capturaba fragatas españolas cargadas de plata cuando venían de América, y atacaba, en plena paz, a las colonias americanas.  Además, la dinámica interna empujaba a Godoy a echarse en brazos de Napoleón, ya que en la corte existía un partido anglófilo; en torno al hijo del primogénito de Carlos IV se estaba formando un partido, llamado "fernandino", hostil al príncipe de la Paz, y, por añadidura, el matrimonio del futuro Fernando VII con la napolitana María Antonia también reflejaba odio a Godoy y anglofilia declarada.
El plan de Napoleón era sencillo.  Los barcos franceses y españoles evitarían el choque con el grueso de la flota sajona y tratarían de dividirla, amagando los españoles sobre las Antillas para atraer a los ingleses hacia América.  Luego la flota española volvería rápidamente y, junto con la francesa, atacaría a parte de la escuadra inglesa que se hubiera quedado a este lado del Atlántico.  Entonces, los 100.000 hombres que tenía preparados Napoleón en Boulogne atravesarían el canal y, una vez puesto el pie en suelo inglés, la guerra estaría ganada.
Pero las órdenes de Napoleón no pudieron cumplirse sino con vacilaciones y retrasos, ya que, según Nelson, el emperador "no tomaba en consideración el tiempo ni la brisa".  La maniobra de diversión resultó un rotundo fracaso; el almirante Nelson desbarató el plan al no alejarse de las costas europeas; los barcos españoles y franceses sólo pudieron juntarse parcialmente.  Napoleón desesperaba en Boulogne y apremiaba a su almirante, Villneuve.  Pero Villneuve, tras un roce con la escuadra inglesa en el cabo de Finisterre, entraba en Vigo, para recalar en Cádiz, donde en unión de la escuadra española quedó casi bloqueado.
Cerca de Cádiz y a cuatro leguas del cabo Trafalgar se dio la batalla decisiva el 20 de octubre de 1805.  Nelson supo coger viento y atacó de flanco en el momento propicio.  Los hispano-franceses se vieron envueltos y les fallo el material de la flota conjunta.  Se luchó con ardor y vencieron los ingleses, aunque a costa de grandes pérdidas de hombres y barcos.  Es de sobra conocido el comportamiento excepcional del duque de Gravina, Cosme Churruca, de Galiano, de Cayetano Valdés, de Ignacio de Álava, de Pareja, Alcedo, Gradoqui, Argumosa, y de tantos otros que derrocharon pericia y valor.  Es de destacar también la bravura de los franceses Magon, Cosmao, Lucas, Baudoin y Camas.  El propio Nelson murió y Villeneuve cayó prisionero y se suicidó.
La flota española dejó de existir y Napoleón ya no contaba con invadir Inglaterra.
Hasta este momento España necesitaba del ejército francés y Francia de la escuadra española, pero deshecha la flota en Trafalgar, las esperanzas se vienen abajo y la vinculación a la Francia napoleónica será total.  Godoy tratará de jugar a la habilidad, pero al impedírselo la fuerza francesa conduce a España a la catástrofe.
La situación de Godoy se vuelve agónica.  A él se le hace responsable de la destrucción de la marina, de la paralización del comercio, del bloqueo de las colonias por los ingleses y de querer eliminar al príncipe de Asturias.  Dejado llevar de su ambición y deseo de seguridad, entabla unas graves negociaciones con el emperador francés (la misión de Izquierdo).  Godoy acaricia el sueño de reinar en España o en Portugal.  Napoleón es mucho más concreto: desea dinero, hombres y la adhesión de España al bloqueo continental; por eso, una vez cobrado el subsidio de 24 millones, olvidó sus promesas.  Godoy, decepcionado, se pone en contacto con las cancillerías europeas que están formando una cuarta coalición, prepara un ejército y proclama a los españoles que ha llegado el momento de luchar contra Napoleón.
Pero Bonaparte, que por tierra era invencible, destrozó las fuerzas de la cuarta coalición en Jena.  España, más que nunca, quedaba atada de pies y manos a merced del general corso.


24 feb. 2017

LA GUERRA DE LAS NARANJAS

Estamos en el año 1800.  El general Bonaparte se había hecho con el poder afianzándose en el Consulado vitalicio.  Napoleón convence a los reyes españoles para que eleven de nuevo a Godoy.  Don Manuel entra en escena, convertido en un auténtico dictador, pero echado en los brazos de Napoleón, brazos que aprietan fuerte, como tendremos ocasión de ver.
Para comenzar, Bonaparte aconseja (ordena) a Godoy firmar tres tratados.  Por el primero se concedía al Infante de Parma, don Luis, casado con María Luisa, hija de Carlos IV, el nuevo reino de Etruria, con Florencia por capital, y siendo considerado este estado como propiedad de España.  Por los otros dos tratados, y dado que se habían renovado las hostilidades entre Francia e Inglaterra, España volvería a contribuir con su flota y declararía la guerra a Portugal, para obligarle a renunciar a la alianza inglesa.
La habilidad de Godoy refleja ese "juego en pequeño", ese juego político de mediano alcance.  El punto de vista de Napoleón es aplastar de una vez a Portugal, amigo constante de Inglaterra.  Carlos IV, porel contrario, está unido por lazos familiares a la corte lusitana; sabe que, pronto o tarde, entrará en guerra con Portugal y precisamente por eso quiere hacerla pronto y que sea rápida, simulando un gran entusiasmo antiportugués y atacando antes de que vengan los ejércitos franceses a mezclarse en el asunto peninsular.  Así ocurre; el generalísimo Godoy  ataca sin el apoyo de las tropas auxiliares francesas; Portugal pide la paz y se le concede, previa entrega de la plaza de Olivença y el cierre de los puertos portugueses a los barcos ingleses; además se hace cómplice de toda esta maniobra el embajador francés Luciano Bonaparte.  Napoleón, que contaba con planes totales, quedó burlado.  Pero el poderoso burlado aprendió la lección y el burlador tuvo que ganarse al burlado a costa de "la dignidad de España", como llegó a decir el marqués de Lema.
Francia e Inglaterra llegaron a un acuerdo provisional en la Paz de Amiens (21 de marzo de 1802).  Ambas potencias aspiraban a la hegemonía política y económica, pero ni los brillantes ejércitos napoleónicos pueden nada contra Inglaterra ni la escuadra inglesa puede nada contra la "Grande Armada" de Napoleón.  Está claro que usan armas distintas y, por ello, buscan complementarse con las ajenas.  Inglaterra busca aliados continentales y Francia compromete la flota española.
España, contra su voluntad, se ve envuelta en este juego sangriento, acuciada por la hostilidad británica y por el deseo napoleónico de sacrificar la escuadra española a su política.  Godoy se resiste y quiere formar una alianza neutral y defensiva junto a Portugal y a las potencias del Norte.  Pero la presión napoleónica asfixia y no cabe sino plegarse a las exigencias del corso.
Napoleón era proclamado emperador de los franceses en 1804, con lo que, al decir de Pabón, monarquía y revolución se sintetizan en un régimen de nuevo cuño; planeaba la invasión de Inglaterra, mientras William Pitt, ministro inglés, trataba de formar la tercera coalición antinapoleónica.

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23 feb. 2017

GUERRA CONTRA INGLATERRA EN TIEMPOS DE GODOY

Se desenvolverá dentro del mecanismo del siglo XVIII.  España necesita la escuadra española e Inglaterra obstruye el tráfico colonial y hostiliza las posesiones españolas en América.  En 1797 ya están las dos potencias continentales en guerra con los ingleses.  Como en otras ocasiones, la flota española se deja jirones ante la inglesa (batalla del cabo de San Vicente y pérdida de la isla de Trinidad).  Lo mismo que otras veces, un puñado de brazos marinos poco podían hacer en unos navíos envejecidos, con unas mediocres dotaciones y contra la desidia oficial.
Siguiendo también una vieja costumbre (recordemos la época de Patiño y épocas posteriores), Francia se entiende por separado con Inglaterra, mientras Godoy protesta indignado, quedando mal ante propios y extraños.  Ya subrayamos anteriormente la vital trascendencia de esta guerra por lo cara que costó al comercio y por sus implicaciones en la política fiscal española: constituyó un auténtico desastre.
Godoy no invadió Portugal, como deseaban los franceses, y como, por otra parte, quiso jugar a contrarrevolucionario, apoyándose en su situación favorable ante los revolucionarios, la coyuntura fue aprovechada por los diplomáticos galos y por los políticos españoles para provocar su salida del gobierno.  Esta presión exterior -como en el caso de Floridablanca- es la causa determinante de su caída, y no el que María Luisa hubiera cambiado de amante o que Godoy la hubiera puesto celosa como a menudo ha querido sugerir algún que otro historiador.
Siguen dos cortos ministerios de Saavedra y Urquijo (1798 y 1800).  Fracasada la alianza hispano-francesa, Saavedra se incrusta en la coalición general antifrancesa y el mismo Urquijo mantuvo una política favorable a los británicos; pero combatido por el Papa y Napoleón fue pronto destituido y encarcelado.  En estos momentos era Jovellanos ministro de Gracia y Justicia.


21 feb. 2017

GUERRA Y ALIANZA FRANCO-ESPAÑOLA EN TIEMPOS DE GODOY

Al morir Luis XVI en la guillotina quedaba expedito el camino de la guerra.  Subrayemos el carácter patriótico y de cruzada contrarrevolucionaria de esta guerra, que responde a un mismo concepto ideológico pero contrapuesto, que el del ejército revolucionario francés.  Donativos, soldados, voluntarios y arengas religiosas llueven en todas las ciudades y nutren a esta guerra, en la que se lucha por la religión, la monarquía y los principios y estructuras tradicionales.  Las exhortaciones del obispo de Santander y los sermones y escritos de fray Diego de Cádiz causan sus efectos, llegándose a matar a los franceses residentes en España por el solo hecho de ser franceses y se abuchea a aquellas personas que visten o peinan a la francesa.
La campaña de 1793 fue favorable para los generales españoles Ricardos y Caro, que repasaron con éxito la frontera oriental y occidental de los Pirineos.  Pero en la campaña de 1794 las cosas se trocaron y fueron cayendo en manos francesas Figueras, Puigcerdá, Irún. San Sebastián, Bilbao, Vitoria, llegando a cruzar el puente de Miranda de Ebro.  Decididamente en el ejército español había más entusiasmo que organización para resistir al francés, mejor organizado y con más alta moral, según vaticinara Aranda.
Como puede presumirse, no todos los españoles comulgaban con las ideas del clero ni apoyaban la cruzada antifrancesa; por el contrario, son muchos los que desean en España los frutos que la Revolución había introducido en Francia; en este sentido hay que explicar la tibieza de los oficiales del ejército para continuar la guerra y las defecciones desconcertantes de Figueras y San Sebastián.  Se forman juntas clandestinas para convocar Cortes y constituir un Consejo de Estado independiente y eficaz; circulan octavillas desacreditando a Godoy, quien se mantiene gracias a los sermones, a los intereses personales y a una fuerte reacción que da en la cárcel con docenas de personas y con diputados del Consejo de Castilla en el destierro.  Que el pueblo había cambiado de postura nos lo dice el hecho de que Godoy se instalara en el palacio real por temor a ser objeto, en su casa, de la furia de la plebe.
Godoy se esfuerza por llegar a un armisticio, que viene con la "Paz de Basilea" (22 de junio de 1795).  España recobraba todo el territorio metropolitano y se desprendía de la isla de Santo Domingo.  Godoy era nombrado "Príncipe de la Paz", título que no sorprendió a nadie, ya que incluso en círculos adversarios a Godoy se elogiaba su sagacidad en la firma de este tratado.
Inglaterra, que en esta guerra había sido aliada de España, seguía hostil hacia la navegación y posesiones coloniales españolas.  Es harto significativo que el embajador inglés en Madrid escribiera, ya en 1795, que España caminaba hacia la paz con Francia, que a la paz seguiría la alianza y a la alianza la acción antibritánica.
Por otra parte, la situación de Francia, desde el golpe de Termidor, estaba cambiando y la convulsión revolucionaria entraba en remanso; era, pues, lógico pensar en reanudar la política antibritánica y volver a la amistad francesa.  Si a esto sumamos una razón de orden externo -preocupación dinástica por Parma ante las campañas napoleónicas- y otra de orden interno -la conspiración de Malaspina con el propósito de hacer salir del gobierno a Godoy-, nos explicaremos el tratado franco-español de San Ildefonso (18 de agosto de 1796), que era una especie de copia de los pactos de familia, aunque ahora Godoy trataba con la República Francesa y no con los Borbones franceses.
Podemos afirmar que San Ildefonso es el nudo del que parten, en un lógico desarrollo, los acontecimientos posteriores y, por otra parte, rompe con cuanto significara, en la opinión del país, la gallarda postura adoptada por Godoy en 1793.
A partir de este momento la alianza se irá transformando en una dependencia.  Godoy se preocupará de no perder el mando y tejerá una red a base de sus miedos y ambiciones hasta conducir a España a la catástrofe.

20 feb. 2017

PENSAMIENTO Y POLÍTICA EXTERIOR DE GODOY

En el momento en que Europa vive el problema de una nueva organización, Godoy jugará en pequeño, víctima de miedos y vanidades personales, náufrago y no piloto en la tormenta.  Cuando adopte la línea internacional, iniciación de la catástrofe, invertirá el orden de las relaciones que la geografía y la historia señalan.  En su descargo está la ignorancia de tales leyes; pero le acusará su ambición de reinar.  Como todo advenedizo, Godoy piensa hallar el secreto de la política exterior en la adhesión al que triunfa, sin línea internacional propia, equivocándose, además, respecto al triunfo.  Fácilmente huido en la crisis y fácilmente sometido ante la victoria imperial, dará a Napoléon la idea de que el caso de España es fácil también.  Después de Tilsit, Napoleón decide poner manos en el asunto: "El éxito no podía ser dudoso..., esta misma facilidad me extravió.  En el mundo napoleónico, donde la vida internacional estará guiada por Pitt, Metternich y Talleyrand, España da sus primeros pasos conducida por Godoy".  Tal contraste es, en efecto, ya de por sí harto elocuente: él alumbra las razones del fracaso posterior.

19 feb. 2017

LA CONSPIRACIÓN DE PICORNELL O "CONSPIRACIÓN DE SAN BLAS"

Sobran datos para certificar que un gran número de españoles llegaron a conocer los principios fundamentales de la doctrina revolucionaria.  De entre los medios ilustrados surgen los que tratan de seguir el camino revolucionario.  De los varios intentos que confirman la realidad de un estado de extraordinaria efervescencia, destacamos el más conocido de ellos: la llamada "Conspiración de Picornell".  Dado el mal cariz que presenta la guerra contra Francia, a partir de 1794 Juan Picornell y Josef Lax conciben "reducir a su capricho la soberanía".  Para ello intentan seducir y apoyarse en la acción del bajo pueblo y en la miseria que padecen artesanos y trabajadores.
Descubierta la conspiración, se les requisaron cinco pistolas, cinco sables, dos cuchillos de monte y pólvora.  Fueron procesados Juan Picornell, maestro mallorquín, traductor y lector de los filósofos franceses, sagaz y hombre de acción; José Lax, aragonés y profesor de humanidades; Sebastián Andrés, opositor a la cátedra de matemáticas; Manuel Cortés, ayudante del colegio de Pajes; el abogado Bernardino Garasa y Juan Pons.  Se pide también la condena de otros doce miembros.
Se les acusa de leer "libros perniciosos y llenos de los principios de insubordinación y rebeldía" y de preparar una revolución, cuyo plan era destronar al rey y nombrar en su lugar una Junta Suprema.

"Para este importante objeto, además de armarse, establece una Junta Suprema, a fin de que en nombre y representación del Pueblo Español, y en virtud de los derechos y facultades que le confiere, examine todos los males que padece el Estado por los vicios de la Constitución, abusos y usurpaciones del Gobierno, y proceda a su total reforma".

Exigen de todos los ciudadanos la obediencia ciega y hasta la muerte por esta empresa justa y útil.  Todos deben trabajar por su éxito y no hacerse sospechosos, pues, de lo contrario, serán tenidos por traidores a su patria e incurrirán, por tanto, en la justa indignación del pueblo.  Posteriormente admitirán la monarquía, pero la que ostentará el poder absoluto será la Junta Suprema, para llevar a debido efecto la resolución del pueblo y, una vez arreglada la Constitución, ejercer sólo el poder legislativo.
Picornell había fracasado en su intento de ganarse a los elementos populares, pese a su acción revolucionaria, que la seguirá ejerciendo en América.
Esta truncada revolución o "conspiración de San Blas", como también se la llama, exponencia claramente el origen del pensamiento liberal español y una marcada imitación de lo ocurrido en Francia.  El mismo lema de la constitución era "Libertad, Igualdad y Abundancia".  Temprano precedente, pues, del liberalismo español, que tiene la importancia histórica de abrir el camino a la revolución española.
El estado de efervescencia y oposición fermentaba también en las universidades.  Con la Revolución Francesa se agitan los conocimientos filosóficos de los universitarios y se forman partidos de jóvenes que se instruían a su costa y por medio de catedráticos que, aunque en sus cátedras seguían rutinarios, fomentaban lo estudios privados de sus discípulos.  Recordemos el ejemplo de Meléndez Valdés en Salamanca.  De aquí habían surgido los Marchena, Urquijo, Picornell, etc.  No sólo leían libros franceses, sino panfletos tan sabrosos como la "Exhortación al pueblo español para que deponiendo la cobardía se anime a cobrar sus derechos" o los "Diálogos del A.B.C." o la "Oración apologética dicha en la plaza de Madrid".  Todo este material fermentador lo escribían catedráticos y lo leían, copiaban y expandían por toda España los estudiantes.  Tal es el caso del profesor de Salamanca Ramón de Salas, quien, evuelto en el desarrollo de la oposición, huyó de Salamanca y, tras deambular por Castilla durante quince días, cayó en manos de la Inquisición, siendo obligado a abjurar y a recluirse en un monasterio para estudiar doctrinas sanas y siendo alejado de Madrid y Salamanca durante tres años.

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