20 ene. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (II)

En 1788 y 1789 empiezan a llegar noticia oficiales y oficiosas del conflicto francés, que se manifiesta en la euforia del Tercer Estado, en las doctrinas republicanas, en la carestía de los granos, motines en las calles de París, etc.  En mayo de 1789 los Estados generales franceses se reunían en Versalles y un grupo mayoritario de sus miembros decide constituirse en Asamblea Nacional y redactar una Constitución, tras vencer la resistencia de los diputados de la nobleza y del clero.  Mientras tanto, el pueblo de París y los campesinos se entregan a la violencia.
Floridablanca, el ilustrado, el representante de una corriente ideológica que ahora desembocaba en una revolución, teme, se indigna, le aterroriza todo esto, cala en las repercusiones que estos acontecimientos pueden tener para el pueblo y la política española.  Él no es la persona idónea para adoptar una postura reaccionaria, pero su desconcierto le obliga a tomar una postura inconsecuente.  Decididamente, no quiere tanta luz y prohíbe que los periódicos y "todos" hablen de los acontecimientos franceses, pues hay que tener ayuno al país de lo que ocurre en Francia.  Lo cierto es que podríamos decir que Floridablanca es el caso históricamente repetido del intelectual súbitamente sorprendido por los últimos resultados efectivos de sus propias teorías.  Godoy define el caso con justicia en sus "Memorias":

"Encendido ya el fuego, concentrado en la Francia y amenazando a todos lados, ¿qué contará la Historia acerca de la España en tal conflicto?  Contará que el ministro español conde de Floridablanca, que aún tenía las riendas del gobierno, se quedó estupefacto, como el químico mal diestro a quien se vuelan los hornillos y sus mixtos; que el terror y la torpeza se apoderaron de su espíritu, que ni su diplomacia topó con algún medio de cohibir en tiempo hábil las llamas del incendio, ni acertó a negociar, ni se atrevió a mover las armas y promover en tal peligro un armamento conveniente; que el peligro aumentaba por días y por instantes, y la inercia y el pasmo reinaba en los consejos del atribulado ministro, sin querer la paz ni osar la guerra..."

Sin embargo, la situación era peligrosa en extremo, y Floridablanca sigue al frente del gobierno, porque su prestigio era incontestable.
Mientras en Francia surgen los levantamientos revolucionarios y se teme que la nación caiga en manos de la Asamblea, en Madrid también se reunían las Cortes.  Con anterioridad se habían celebrado las fiestas de la coronación de Carlos IV y el pueblo madrileño y las 75.000 personas que vinieron de las provincias se habían comportado con enorme fervor monárquico.  Los extranjeros que presenciaron estas celebraciones hablarán del orden y del decoro de este pueblo bueno, noble y apacible.  
Las Cortes juran por sucesor al futuro Fernando VII y derogan la ley de Sucesión decretada por Felipe V, restableciéndose la legislación de las Partidas, por la cual heredan las hembras de mejor línea y grado, sin postergación a los varones más remotos.  Con ello se abría la posibilidad de unión de España y Portugal, pensamiento que ya había tenido Carlos III, pero que lo impedía la ley sálica; por otra parte, Carlos IV, con esta disposición, se aseguraba el trono, pues el auto de Felipe V disponía que los herederos habían de ser nacidos y educados en España y él era nacido y educado en Nápoles.











16 ene. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (I)

Carlos III murió el 14 de diciembre de 1788.  Le sucede su hijo Carlos IV, candoroso e inexperto, casado con una inquieta y bullidora María Luisa de Parma.  Ambos eran ya cuarentones, pues habían sido príncipes de Asturias durante más de veintitrés años, tiempo en el que Carlos III les mantuvo totalmente alejados del poder.
De momento, Carlos IV, obedeciendo las recomendaciones que le hiciera su padre poco antes de morir, mantuvo al conde de Floridablanca al frente del gobierno.  Siguiendo la línea de Esquilache, Grimaldi y Campomanes, Floridablanca era un golilla ensoberbecido que humillaba a la nobleza, al clero y a la magistratura.  Moñino había anulado el Consejo de Estado y los ministros se doblegaban en torno a su figura autoritaria.  Floridablanca había llevado la batuta de la monarquía durante la mayor parte del reinado de Carlos III.
La otra gran figura del momento es el conde de Aranda, amigo de Voltaire y jefe de la masonería en España.  Frente a Floridablanca, paradójicamente, aglutinaba a las fuerzas desplazadas por Moñino y adheridas al tradicionalismo nobiliario.  Por ello, Aranda se vio medio desterrado en su embajada de París, donde era adulado por los filósofos y alcanzaba prestigio de "campeón de las luces" en el país del "oscurantismo".  Claro está que Aranda seguía siendo la cabeza del partido aragonés, brujuleando e intrigando en la Corte.
El 19 de marzo de 1781, mucho antes de morir Carlos III, el conde de Aranda recibía una carta del futuro Carlos IV, encerrando un proyecto de subversión contra Carlos III, y que arroja mucha luz sobre los acontecimientos posteriores.  Dice así la primera carta de toda una serie de correspondencia clandestina entre ambos personajes:

"Aranda mío: Conociendo yo el cariño que me tienes, tu honradez y lo buen patriota que eres, te pido en esta ocasión un consejo, que ha de quedar reservado entre los dos, y es que, conociendo tú muy bien lo desbaratada que está la máquina de la monarquía y lo poco que hay que contar con los ministros que ahora hay, quisiera que me hicieras un plan de lo que se debiera hacer en el caso de que, Dios no lo quiera, mi padre viniese a faltar, y de los sujetos que te parecen más aptos para ministros y algunos otros empleos; pues bien ves  que en aquel caso, si no se tiene previsto, no se está para nada y todo es confusión; y en esto no te dejo arbitrio para que dejes de hacerlo, pues te lo mando absolutamente, y mi mujer, que está aquí presente, te encarga lo mismo.  Bien puedes estar seguro que esto en ningún momento lo sabrá nadie, y que yo te viviré eternamente agradecido, y que soy y seré siempre tu verdadero amigo.  Carlos."

A ésta le suceden otras misivas aún mucho más imprudentes.  Los príncipes terminan por verse envueltos en su propia intriga y hubieron de actuar Floridablanca y el confesor real, Eleta, para liberarles.  Los príncipes buscarán la solución en un "tercer partido", ajeno a Foridablanca y a Aranda; la respuesta la constituirá la entrada en escena de Manuel Godoy.  En esto no hay que ser simplista y adjudicar a las veleidades amorosas de María Luisa el que Godoy anule a Floridablanca y a Aranda.  Hay un determinante externo de vital importancia que se llama Revolución Francesa, la cual va marcando indirectamente los episodios y los pasos de la política interior española. Podíamos también concluir que la quiebra del Antiguo Régimen y el desmembramiento de España no proceden del cambio de monarca, sino de otros factores, entre los cuales destaca principalmente la Revolución en el país vecino.

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14 ene. 2017

FUNCIONARIOS Y PROFESIONES LIBERALES EN EL SIGLO DE LAS LUCES (II)

En el siglo XVIII, los médicos mantienen su rutina y su grandilocuente ignorancia. La medicina, practicada en la Edad Media por los judíos, ahora se ve envilecida por charlatanes y curanderos de toda índoe. Sin embargo, se va imponiendo el experimento metódico y la observación. Al lado del gran innovador turolense Andrés Piquer surgen médicos jóvenes que empiezan a emplear métodos nuevos.
El padre Feijoo tuvo que salvar a un canónigo de Oviedo dándole torreznos para comer, a quien el obstinado médico se empeñaba en recetar fuertes dietas. Son facultativos teóricos que creen en el agua o en las piedras de jaspe como remedio universal, por lo que la gente, con buena razón, acaba confiando más en los remedios caseros, muchos de los cuales llegaron hasta nuestra sociedad en el siglo XX.
La de medicina era una carrera fácil. Todos los que la comenzaban la concluían. En la universidad, los futuros doctores no estudiaban matemáticas, ni física, ni historia natural, ni anatomía... sino que se pasaban el tiempo discutiendo acerca del lenguaje de los ángeles, o de si el cielo estaba hecho o no de metal fundido de campanas, dando 20 razones de por qué Cristo fue engendrado en el mes de marzo o discutiendo si el número de estrellas era par o impar. Por otra parte, la cantidad de médicos no llegaba a 4.000, y lo mismo cirujanos que farmacéuticos tenían la consideación real de artesanos de la ciencia.
En lo que respecta a los funcionarios, tenemos recaudadores y administradores de rentas. Su número era de unos 30.000. Los juristas dependientes de los tribunales -escribanos, abogados, relatores, procuradores- eran casi 20.000. Constituyen un elemento rutinario e inmutable. No forman, por otra parte, un cuerpo muy definido. Contribuye a la divergencia de este núcleo el que muchos cargos se vendan "al mejor postor", sobre todo en situaciones de apuro económico de la Corona.
Cabarrús, Jovellanos, Antonio Ponz, Meléndez Valdez y otros miembros del gobierno o simples espíritus críticos aludirán a la vetustez burocrática, a su ignorancia, malicia y estrechez mental. Sin embargo, abogados, elementos activos de la justicia y funcionaris de hacienda se alinearán, sistemáticamente, del lado de los reformadores.
En lo que respecta a los militares, otra pieza en la composición de las clases medias, ocuparán cargos como alcaldes, regidores, diputados del común, síndicos, personeros, etc.
Cadalso, que gue militar, dice en "Militar a la violeta" que varios de sus colegas debían su vocación militar a la aversión a los estudios. Él mismo mantiene que procuró dejarse sus libros en Madrid para no ser tildado de "estudioso" por sus superiores, quienes le habían ordenado ser exclusivamente militar.

13 ene. 2017

LA CRISIS DE LAS INSTITUCIONES DE FINALES DEL XVIII

La monarquía había ido recogiendo cantidad de aditamentos y toda una serie de morralla para mejorar su sistema gubernamental y robustecer su autoridad.  Todas estas instituciones no habían creado una construcción lógica y coherente por la sencilla razón de que "la monarquía había creado siempre sin destruir nunca".
Cada vez era más ostensible la separación de la sociedad y el Estado político, el espíritu público y las instituciones.  Por otra parte, la máquina administrativa del Antiguo Régimen estaba bastante gastada a finales del siglo XVIII; desorden, confusión, incoherencia y contradicciones eran los síntomas de una impotencia real; pero, eso sí, con los símbolos de la monarquía todopoderosa.
En teoría, el monarca absoluto gozaba de todos los poderes, y los mismos eran ilimitados, ya que el rey era fuente de toda justicia, de toda legislación, de toda autoridad, y fuente de guerra y de paz.  La realidad, sin embargo, no respondía a estas pretensiones y las Cortes de Cádiz se encargarán de reclamar sus derechos históricos, a la vez que un incipiente liberalismo se preocupaba en negar valor a la "teoría de las vinculaciones aplicada impropia e impertinentemente a la monarquía".
De cualquier forma, los monarcas Carlos IV y su hijo FernandoVII, tras los sucesos de Bayona, renunciarán injustificadamente a las prerrogativas de su condición real.  Los monarcas, al despojarse de sus atributos, abandonaron la soberanía, que es recogida por la nueva legalidad: la "popular".
La máquina gubernamental, formada por las secretarías de despacho y los consejos -entre los que destacaba el Consejo de Castilla, pieza fundamental del gobierno de la monarquía-, constituía una fuerte estructura, que, ocultando muchas imperfecciones, lejos de fortalecer la monarquía, frenaba con frecuencia su acción.
Pues bien, ni la Junta de Gobierno tolerando a Murat como su presidente; el Consejo de Castilla, cursando las órdenes que de aquella recibiera; las audiencias aceptándolas, y los capitanes generales intentando mantener una legalidad periclitada se comportaron como las circunstancias exigían, determinando con ello la desaparición de una estructura política multisecular que se extingue de manera definitiva en mayo de 1808.
La popular será la nueva legalidad, nacida del hecho de la rebelión que hay en la base del levantamiento.  La voluntad popular se impondrá a todos estos órganos representativos de la legitimidad monárquica absolutista, proceso que culmina con la quiebra del Antiguo Régimen.
Las circunscripciones administrativas tampoco estaban de acuerdo con las necesidades del siglo; son constantes las reclamaciones contra los agentes del absolutismo; las jurisdicciones reales chocaban contra las señoriales, bien respaldadas económicamente; los impuestos, desigualmente repartidos, formaban una complejidad que arrojaba la estrechez financiera de que hemos hablado.
Inercia burocrática, pereza del personal gubernamental, caótica complejidad de la administración; todo ello no permitió a la monarquía resistir eficazmente cuando el orden social del Antiguo Régimen se conmovió y le faltó el apoyo de sus defensores tradicionales.

11 ene. 2017

LA CRISIS FINANCIERA DE FINALES DEL SIGLO XVIII (III)

Los nuevos problemas bélicos de la guerra contra Inglaterra dejaban atrás las reformas económicas y obligarían a ir más lejos de las puras reformas.  La guerra fue un desastre para España y su comercio, tanto para los navíos americanos cargados de pesos que fueron capturados como por el bloqueo de los puertos metropolitanos.  Si sólo el comercio de Cádiz, en la guerra contra Francia, había experimentado unas pérdidas por valor de 500 millones de reales, ahora en la guerra contra Inglaterra, entre 1796 y 1798, perdía unos 1.000 millones de reales.  El comercio y la industria de Barcelona no sufrieron menos.  A los puertos del Cantábrico no les fue mucho mejor.  Fueron bastantes millones de pesos los capturados por la armada inglesa a los navíos americanos que venían a la metrópoli.  La situación en América era catastrófica, y en 1798 Carlos IV se vería obligado a legalizar el contrabando para que los barcos neutrales pudieran llevar toda clase de mercancías a los puertos americanos y a su vez cargasen cualquier producto colonial.  Los Estados Unidos sacaron el mejor partido de este decreto.
Mientras el déficit seguía aumentando, las nuevas emisiones continuaban y el gobierno no tomaba medidas para hacer rente a sus gastos crecientes y se ahogaba ante el debilitamiento constante del crédito de los vales reales.  La situación se agravaba con el alza de los precios del 200% en 1797 y 1798.
Se entraba en una segunda fase desamortizadora cuyo proceso dramático comienza por prohibir crear nuevos mayorazgos; los bienes eclesiásticos de nueva adquisición quedarían sujetos a contribución; se aumentan las cargas al estado eclesiástico.  Nada basta a cubrir el déficit.  Por ello, se piensa en la venta de todos los bienes destinados a fundaciones piadosas, cuyos objetos hubiesen cesado, con inclusión de las encomiendas de las órdenes militares.  Un real decreto de 1798 mandaba vender todas las fincas propias de obras pías, aniversarios, capellanías, patronatos de legos, hospitales, hospicios y casas de misericordia, lo que produjo 1.000 millones de reales, quedando la Hacienda obligada al pago de una renta equivalente al 3% del capital enajenado.  Carlos IV demoraba la entrega delos beneficios vacantes a la Iglesia.
En 1806 Roma autoriza la enajenación de la séptima parte de los bienes eclesiásticos.  Todas estas medidas resultaron insuficientes y el aumento de los gastos condujo al camino de la bancarrota y a la quiebra definitiva del sistema.
Hay un informe muy revelador de las Cortes de Cádiz sobre estos hechos:

"... el gobierno antiguo, al tiempo de disolverse, en marzo de 1808, nos dejó esta funesta herencia y con ella una deuda pública de 7.500 millones de reales; un déficit anual de 600 millones; 100.000 enemigos extranjeros que mantener y enriquecer, cuyo número triplicó después; un ejército nacional desprovisto de todo lo necesario; un estado de relaciones diplomáticas propias solamente para suscitarnos nuevos enemigos, en vez de conciliarnos aliados; un germen de revoluciones espantosas en las provincias de ultramar; una plaga de empleados públicos y pensionados y, sobre todo, la imposibilidad de hacer uso del crédito público y de la circulación de papel moneda."

Los hechos estaban dando una gran propaganda al "Informe de la Ley Agraria" de Jovellanos y las clases pudientes y privilegiadas estaban enconadas y eran hostiles a la política de la Corona.  El Estado sigue afirmándose en el carácter sagrado de la deuda, y aunque insolvente en el presente y en el futuro, sostiene un deseo de hacer efectivo el nominal de lo vales emitidos.  Esto hace que los acreedores no pierdan de vista su presa: las tierras amortizadas de la Iglesia y de los comunes de los pueblos.
La Iglesia sacará a relucir la propiedad que ostenta sobre ellas y el hecho de administrar unas tierras que a la postre son de Dios.  Pero esto no les vale y la crisis se vuelve quiebra total.  En este aspecto, Iglesia y municipios terminarán facilitando la materia para la mayor y más descabellada subasta que conoce la historia española.  En su momento volveremos a remitirnos a la desamortización de Mendizábal y posteriores.

9 ene. 2017

LA CRISIS FINANCIERA DE FINALES DEL SIGLO XVIII (II)

La deuda pública servía para movilizar los recursos del país, pero al abusar de ella se entra en una crisis de imposible solución, ya que los estamentos y provincias se oponen al establecimiento de la contribución territorial, con lo que el Estado no podrá hacer frente a sus gastos.  Su incapacidad para proporcionarse los fondos que necesita para desempeñar sus funciones aboca a la Revolución, que hará de forma violenta lo que las monarquías absolutas no se habían atrevido a llevar a cabo desde la legalidad.  En esta situación los acreedores del Estado querían hacer efectivos sus créditos por cualquier procedimiento, produciéndose así las tendencias desamortizadoras, lo que conducirá a la enajenación de los bienes de la Iglesia, de los propios y de los comunes de los pueblos, con objeto de satisfacer los créditos que contra el Estado tienen una parte de sus súbditos.
La situación económica,a partir de 1793, se encuentra cada vez con mayores dificultades, debido  la guerra que se mantiene contra Francia.  El gobierno pudo pagar la campaña de 1793 merced a la lluvia de donativos particulares, entusiasmados por el cariz patriótico de la guerra.  Pero la economía empezó a resentirse.  Muchos empresarios, comerciantes y trabajadores fueron expulsados o se marcharon; la guerra absorbía una mano de obra abundante, por lo que la agricultura e industria se veían afectadas; el comercio exterior sufrió un duro golpe; el territorio invadido padeció destrucciones de fábricas, almacenes, cosechas, etc.  Pese a los donativos pecuniarios, en el año 1793 el gobierno experimentaba un déficit de 106 millones de reales.  El gobierno se vio obligado a emitir vales y a gravar a los grupos influyentes y conservadores, obligando a la Iglesia y a los terratenientes a proveer los medios para garantizar los vales reales y pagar la renta.  En estas circunstancias, la primera fase del programa desamortizador se demostraba insuficiente.  Consistía en aumentar la producción nacional mediante una distribución más racional de la tierra y en colocar al cultivador como propietario o como protegido enfiteuta del Estado.  Acompaña a la desamortización un plan de reforma agraria esbozado por Campomanes, Floridablanca, Castro, Sempere, Jovellanos y otros, que consistía en dividir la propiedad en parcelas adecuadas a los medios individuales y a las necesidades familiares, crear sistemas de crédito e incluso un Banco agrícola; divulgar técnicas y otras medidas para producir más y en mejores condiciones.
Pero la bancarrota del reinado de Carlos IV obligará a buscar medios más acuciantes para conservar el crédito público, el último recurso que le queda a todo Estado ante la crisis.

8 ene. 2017

LA CRISIS FINANCIERA DE FINALES DEL SIGLO XVIII

La crisis financiera es fundamental para explicarse la quiebra de la sociedad estamental.  En Francia, las repercusiones fueron tan hondas que desembocaron en la Revolución.  En España, los intentos de resolver estas crisis fiscales crearon una fuerte oposición a los ministros y gobierno de Carlos IV, tanto por parte de los círculos conservadores como por otros grupos sociales, cuyo sufrimiento e inseguridad presagiaban las futuras tensiones revolucionarias.
La gestación de estos problema hay que buscarla en la multiplicación de funciones que experimenta el Estado nacional.  Tanto España como otros países europeos han aumentado enormemente sus gastos al tener el Estado que acudir a mantener los altos presupuestos del ejército, marina, industria paraestatal, cuantiosas inversiones en la construcción de caminos, canales, puertos, etc...  Son, por tanto, enormes y complejos los gastos que tiene que aguantar este Estado moderno.  En contrapartida, el sistema de rentas del Antiguo Régimen proporciona unos ingresos muy limitados, por lo que se imponía simultanear los gastos modificando o creando un nuevo sistema de ingresos.  Esta desproporción contribuye poderosamente a la quiebra del despotismo ilustrado, y en Francia prologa la Revolución.
Hacia mediados del siglo XVIII el marqués de la Ensenada había gastado 40 millones de reales en hacer una reforma tributaria total, pero el plan se vino abajo porque a los privilegiados no les convenía esta innovación, que, a la postre, iría en contra de sus intereses.
La solución, de momento, es recurrir a la creación de nuevos impuestos y acudir al crédito público, por medio de empréstitos, para cubrir el déficit que existe entre esa política de inversiones de ámbito nacional y el sistema estamental de percepción de rentas, que, además de complejo y limitado en sus ingresos, encuentra oposición en los privilegiados y hunde cada vez más en la miseria a los grupos económicamente débiles.
Este déficit crónico de la Hacienda tratarán de salvarlo dos monarcas Borbones a base de préstamos y de la creación de vales reales (deuda pública).
Crlos III conseguía préstamos de sus subsidios, en 1780, por valor de 18 millones de reales, y la Iglesia prestaba, sin interés, otros 13 millones de reales.  Carlos IV pidió préstamos a sus súbditos en 1795, 1797, 1798 y 1805 por valor de 240, 100, 400 y 100 millones, respectivamente, a los que hay que sumar otros casi 1.000 millones que pidió prestados a países extranjeros.
Más importancia tuvo la emisión de vales reales, por la capacidad estatal de reembolsar a sus acreedores, lo que trajo serias consecuencias económicas y políticas.
Carlos III sentó el precedente emitiendo docenas de miles de vales por un importe de 548.905.500 reales, que, debido a varias reducciones hecha durante su reinado, equivalían a su muerte a 503.487.000 reales.  El vale -renta pública- rentaba un 4%.  Ya hemos visto en otro momento que la fundación el Banco de San Carlos no fue ajena a todo esto.
Si durante el reinado de Carlos III la cotización de estos vales refleja la solidez y confianza del país en la gestión gubernamental, no ocurre lo mismo durante el de Carlos IV, en que los vales sufren pérdidas enormes, creando grades problemas económicos.
Además, con Carlos IV se llega a emitir papel moneda por importe de 1.759.639.500 reales, y a partir de 1798 no se pagan ya intereses, y estos vales, para colmo, se usaban para pagar deudas del Estado y sueldos de empleados.  Se intenta paliar esto, pero lo que resulta es un aumento de la desvalorización del papel al emitir cédulas sin la correspondiente contrapartida en metálico.  No obstante, la creación de la Caja de Amortización y otras Cajas de extinción y descuento amortizaron casi 400 millones de reales.

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7 ene. 2017

CRISIS ECONÓMICA

Al hablar de la situación económica nos referimos a las contradicciones del sistema y a la insuperable crisis económica que se experimentaba en España a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
España seguía mandando el privilegio y en la riqueza territorial.  Padecía una economía tradicional basada esencialmente en el elemento artesano y rural.  Las reivindicaciones del capital, la libertad económica y el trabajo eran resistidas por aquellas personas y estamentos vinculados al orden económico tradicional.
El aumento demográfico experimentado durante la segunda mitad del siglo XVIII, que fue aproximadamente de un 50%, no se veía compensado por un crecimiento paralelo de la producción nacional  Esto era imposible, dadas las relaciones de producción o el esquema de trabas que arrojaban los estamentos nobiliario y eclesiástico.  Y es que estos miembros no se preocupaban en absoluto de la producción, sino de la renta que obtienen de la tierra, con la que reducen su productividad y crean un trágico desnivel entre el valor y la renta de la tierra, que tiene como consecuencia inmediata el alejamiento del labrador de la propiedad, fenómeno denunciado en todos los tonos durante la centuria.
Mientras las estructuras del Antiguo Régimen se mantenían en la sociedad y en el Estado, una verdadera revolución coyuntural en toda Europa multiplicaba las tensiones sociales.  Las causas de estas fluctuaciones económicas hay que buscarlas en el crecimiento demográfico y en el alza de precios, como consecuencia del aumento de la demanda de productos agrícolas.  Por otra parte, el estado de las comunicaciones hace que cada región viva con cierta autarquía, siendo la recolección la que regula el coste de la vida.  La industria, esencialmente artesana, depende de las fluctuaciones agrícolas, dada su escasa producción y el quedar subordinada a un comercio interior al que ni siquiera abastece; hay una secular insuficiencia de nuestra producción artesanal para cubrir las necesidades del mercado, y esto hay que entroncarlo con las ordenanzas gremiales, que suponen un freno a la expansión industrial.
Se imponía un sistema productivo que aumentase la renta nacional con base en una industria más poderosa y en una producción agrícola multiplicada.

5 ene. 2017

CRISIS DE LA IGLESIA

La Iglesia poseía importantes privilegios políticos, judiciales y fiscales.  Su poder económico se basaba en sus enormes propiedades territoriales y en las múltiples percepciones que recibía, como, por ejemplo, el diezmo.  Estas propiedades estaban mal administradas, controladas desde lejos y rindiendo poco; son las famosas "manos muertas", duramente fustigadas por Campomanes en el "Tratado de regalía y amortización", y por Jovellanos en el "Informe de la Ley Agraria".
Ya señalamos anteriormente las rentas y cosechas que recibía el clero y cómo las revendía, aprovechándose de la subida de precios y del alza de los arrendamientos.  Por otra parte, el clero participaba en funciones de repercusión civil, como bautismos, matrimonios, sepulturas, y mangoneaba en asistencias y en la enseñanza.  Concluiremos que la sociedad laica dependía aún estrechamente del poder eclesiástico.
Y si al noble se le tachaba de "inútil", al clero se le va a tachar de "ignorante".  La utilidad de la nobleza era algo insalvable, ya que sus funciones medievales eran imposibles de resucitar.  Sin embargo, la ignorancia del clero podía ser algo pasajero y debido a una circunstancia histórica.  Por ello se habla en la época de la "reforma del clero".  No obstante, la iglesia tiene varios aspectos comunes con la nobleza, como es el monopolio de cargos, y comulga también con el parasitismo, obstinación, despreocupación e inutilidad de la nobleza.  Pues bien, estos fueros privilegiados y sus señoríos jurisdiccionales y territoriales sufrirían la misma suerte que la nobleza.  Pero la Iglesia tenía sus notas características propias, que le permitían mantenerse y renovarse, ya que se les suele considerar, al menos teóricamente, como una sociedad perfecta, y su constitución es previa a su transformación en estamento.
Lo que, por tanto, hace crisis en la Iglesia es la decadencia moral y el desorden profundo del clero; hay órdenes religiosas envilecidas, llevando una conducta crapulosa y desordenada.  Lo que hace crisis en la Iglesia  es su forma histórica: la insuficiente formación de los eclesiásticos, lo dudoso de su vocación, la existencia de patrones laicos, las ordenaciones a título de beneficio, el incumplimiento de las reglas monásticas en cuanto a la vida común y a la pobreza de los regulares, la insuficiente dotación de los párrocos, que dará origen a las reclamaciones contra los derechos de estola, que algunos de ellos se veían obligados a imponer a sus feligreses como consecuencia de la mala distribución de los diezmos.  Es, en suma, la relajación de toda una disciplina lo que dará pie no sólo a que se les reforme su conducta externa, sino a meterles mano a sus señoríos y  sus propiedades, hasta liquidarlas definitivamente.

4 ene. 2017

LA CRISIS DE LA NOBLEZA

La nobleza constituía la clase privilegiada de la sociedad del Antiguo Régimen.  Subsistía como estamento, pese a que había perdido, desde hacía tiempo, los atributos del poder público, como los había tenido en la Edad Media.  Estos atributos o funciones específicas de los nobles eran, fundamentalmente, administrar justicia de acuerdo con un derecho primitivo y consuetudinario y defender con las armas al resto de la comunidad.  En el momento que estudiamos, la nobleza no desempeñaba ninguna de estas funciones.  En el siglo XVIII la nobleza no pasaba de ser una reliquia institucional que se mantenía de forma precaria y que, sobre todo, no encontraba en sí misma justificación alguna desde el momento en que había sido despojada de sus funciones. La inutilidad de la nobleza venía de que el Estado la había privado de sus funciones ancestrales, pero de un modo amable, esto es, sin quitarle los privilegios.  Es por ello que su "no hacer nada" fuese motivo de ensañamiento de los ilustrados.
Su eliminación de la administración arranca de muy atrás, desde que los juristas montan un Estado Absoluto, con lo que el sistema feudal quedaba eliminado.  Después de esto los nobles seguirán ignorando un derecho difícil y complicado, con lo que estos señores se quedan reducidos a meros caciques de aldea, aunque esta situación la explotan bien en su provecho.
En el campo del ejército, la maquinaria y la técnica bélica se complica con la artillería, las armas de fuego, las nuevas tácticas...  Y como "la preparación técnica no se hereda", sino que cuesta trabajo aprenderla, los nobles se van quedando sin esta otra función.  Dicho de otro modo: no se ponían a la altura de los acontecimientos.
Vemos al noble manteniendo casi todos sus privilegios, y sin embargo sin cumplir ninguno de sus deberes.  Esta nobleza camina a su extinción.  Los ilustrados claman por el ciudadano, el hombre honesto y que trabaja, el burgués; el noble, en sus diversas acepciones, es ridiculizado.  La inercia hizo que los nobles vieran cómo se les despojaba de unos privilegios cuyo mantenimiento ni ellos mismos podían justificar, desde el momento en que habían perdido toda conciencia de su función social.
Ya nos hemos referido anteriormente a la cantidad de estos nobles, las distinciones que existían entre ellos, su ubicación, los privilegios honoríficos, económicos y fiscales que disfrutaban y las enormes tierras y riquezas que poseían.  Estos nobles, unidos por los privilegios, no constituían una clase social homogénea verdaderamente consciente de sus intereses colectivos.  La nobleza como institución estaba quebrada y pronta a desaparecer, ya que esta aristocracia se aislaba de la nación por su inutilidad, por sus pretensiones y por su obstinada despreocupación frente al bienestar general.


3 ene. 2017

LA QUIEBRA DEL ANTIGUO RÉGIMEN

La estructura social española de finales del siglo XVIII estaba fundada en el sistema feudal y se remontaba a la Edad Media.  Se despreciaban las actividades manuales y las ocupaciones productoras; los diversos estamentos sociales seguían atados al esquema medieval, en el que unos rezaban, otros combatían y unos terceros trabajaban para que vivieran los demás.  Estos estamentos eran el clero, la nobleza y el resto, no constituyendo clases sociales, sino grupos con privilegios y deberes antagónicos.  Por supuesto, los privilegios y funciones no estaban en armonía con la realidad, y es por ello por lo que la sociedad estamental que había organizado la vida colectiva y solucionado los problemas de la sociedad moderna ahora se demuestra incapaz de resolver las situaciones que el momento actual de finales del XVIII plantea.  La estructura legal de la sociedad no coincidía con las realidades económica y sociales o, como dice Marx, las relaciones de producción estaban estancadas, mientras las fuerzas productivas seguían avanzando y progresando.  Ante este desfase, la nobleza y el clero seguirán obstinados en mantener sus privilegios, la base de su poder y del poder mismo.
Estamos ante la crisis del antiguo régimen, crisis que viene provocada por doble carril.  Los ilustrados hacen una honda crítica de la incapacidad del antiguo sistema social y, por otra parte, este sistema social arcaico padecía una crisis interna que amenazaba con su autodestrucción.  Se estaba operando aquello de que para que las cosas cambien no es suficiente con que los de abajo quieran, sino que es necesario también que los de arriba no puedan evitarlo.  En orden similar, analizaremos cómo las interrelaciones entre política exterior y facciones domésticas reflejan la debilidad del Estado, presagiando la quiebra del Antiguo Régimen.

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2 ene. 2017

OPOSICIÓN A LAS LUCES

Además de la oposición conservadora cabe incluir algunos actos del propio gobierno que se oponían a la penetración de las Luces en las Españas.  Se prohibía la libre circulación de las ideas.  Sin permiso gubernamental no se podía editar o reeditar una obra, so pena de seis años de destierro y 2.000 ducados de multa.  Además debían llevar el nombre del autor, del editor, lugar y fecha de impresión y otros detalles; de lo contrario incurrirían en graves penas.  Editar un título anticatólico podía acarrear la pena de muerte y la confiscación total de los bienes del editor.  Tampoco se podían importar libros sin permiso.  Había un equipo de censura con intervención de los tribunales episcopales.  Todo libro o periódico era depurado previamente y no salía a la calle sin el asenso gubernamental.  En resumen, el gobierno no admitía la libertad de prensa, pero no era enemigo de la difusión de las nuevas luces ilustradas, aunque tenía mucho cuidado en expurgar aquellos escritos que consideraba peligrosos al catolicismo o a la monarquía.
La oposición conservadora era fuerte y no se contentaría con prohibiciones, cortes y prevenciones.  Tenía que pasar a la ofensiva de algún modo.  En nombre de la moral, la religión y del orgullo español ofendido se revelaron contra todo lo que viniese de fuera.  Tradujeron las críticas que aparecían en Francia contra Rousseau, Voltaire, Helvetius, Montesquieu y demás.  Las completaban diciendo que eran los enemigos de la sociedad, del alma y de Dios.
Los enemigos de las luces recurren a los textos franceses para defenderse e inundar España de ideas antiilustradas.  algunos españoles también sacaron sus armas personales para combatir a los filósofos, buscando argumentos en la Biblia y autores clásicos.
Pero este "tira y afloja" se romperá pocos años después de la muerte de Carlos III con el temblor revolucionario que sacudió Europa.
De todo ello hablaremos próximamente.

29 dic. 2016

ÓRGANOS DE DIFUSIÓN DE LAS LUCES (III)

La prensa es un medio de gestión y poder del Estado que juega un gran papel como órgano difusor de la Ilustración.  Está demostrando la importancia que alcanzará en los dos siglos siguientes.
"El Pensador" era dirigido por Clavijo y Fajardo.  Seguía la línea de lanzar fuertes ataques a la ignorancia y la ociosidad de los nobles y el clero.  "El Censor", editado por el famoso Luis Cañuelo, prometió criticar, de acuerdo con la razón, todo lo que viera "siempre que no se lo prohibiese la decencia, la religión o la política".  Cañuelo cumplió con sus promesas y con el título del periódico.  Ataca al noble y defiende la igualdad de derechos; ataca el oscurantismo del clero y defiende a los filósofos ilustrados.  Persiste en sus ataques a la riqueza de la Iglesia; es claro partidario del clero janseanista, de la Ilustración y de que el gobierno reforme la Iglesia.  Ridiculiza a las órdenes religiosas. pese a algunas reprimendas del gobierno, "El Censor" seguía indómito.
La línea del "Apologista Universal" es poner en ridículo la literatura religiosa de la época.  Su editor es el piadoso agustino Pedro Centeno, a quien se le tachaba de ateo, luterano y janseanista.  Al tener que abjurar de sus creencias, se dice que enloqueció.
"El Corresponsal del Censor" atacaba las múltiples prácticas religiosas de la Iglesia y a la aristocracia ociosa.  "El Duende de Madrid" adoptaba posiciones mercantilistas en un campo y janseanistas en otro.  Denunciaba la ineficacia de la educación y la ignorancia de las órdenes religiosas.
El "Conversaciones de Pedro y Marica" resaltaba la necesidad de ilustrarse, atacaba la censura inquisitorial por lo que ello suponía de intentar apagar las luces.  "El Correo de Madrid" demostraba un eclecticismo en sus defensas y ataques a la ciencia y a las luces.  Abordaba otros temas ligeros y presentaba unas buenas biografías de los filósofos modernos.  "El Correo Unitario de Europa" tenía como objetivo difundir los conocimientos prácticos y el progreso de la ciencia en el extranjero.  "Semanario Erudito", dirigido por Antonio Valladares, buscaba sus temas en el pasado de España y en las causas de su decadencia.  Otro periódico divulgador de las luces modernas era el "Diario de Madrid".
Lo cierto es que existían otras muchas publicaciones de temas más o menos festivos.  Todo ello significaba un esfuerzo intelectual y cultural en lo últimos años del reinado de Carlos III.  También aparecieron otros diarios y revistas en provincias, divulgadores también de temas científicos, agrícolas, así como de noticias regionales.  
Fueron asimismo numerosas las publicaciones de libritos y folletos sobre temas filosóficos, médicos y de otras índoles, aunque la mayoría lo eran de asuntos religiosos.  Madrid era el centro periodístico y el eje distribuidor de sus múltiples periódicos a las provincias.  En un recuento aproximado, el 50% de los suscriptores de la prensa eran de provincia, sobresaliendo los envíos a las ciudades-puerto.
Pero ¿quiénes compraban los periódicos?  En un muestro aproximado se puede afirmar que los nobles titulados y eclesiásticos no compraban muchas de estas publicaciones.  El porcentaje oscilaba entre el 15 y el 20% del total.  La mayoría aplastante no eran miembros de estas clases, sino plebeyos o hidalgos sin título, miembros del gobierno u oficiales del ejército, así como médicos, abogados, negociantes y fabricantes o bien hombres de carrera.
Es por ello que resulta natural que estos periódicos predicasen el amor al trabajo, la frugalidad, la curiosidad intelectual, la innovación económica y otras virtudes modernas de la época.  Son los hombres de carrera, negociantes y burocracia real los que sostienen y difunden la Ilustración.  Si esta clase media el gobierno y sus proyectos se habrían venido abajo.  De todas formas eran pocos.  El periódico en esta época era un artículo de lujo, y cabe pensar, en algunos casos probados, que un periódico tenía múltiples lectores.  Las estadísticas nos vienen a demostrar que sólo el 1% de la población total tenía acceso directo a las ideas de la Ilustración.

28 dic. 2016

ÓRGANOS DE DIFUSIÓN DE LAS LUCES (II)

En pocos años son docenas de sociedades las existentes en España.  En todas partes lo mismo: unos pocos aristócratas ilustrados, otros pocos prelados y sacerdotes, burgueses ricos y modestos, especialistas en ciencias nuevas, algunos filósofos y simples ciudadanos.  
Los socios no eran un número fijo.   Los había residentes y correspondientes.  Entre ellos formaban diversas comisiones para agricultura, industria y comercio.  Los cargos no eran remunerados.  Publicaban un volumen anual a base de las realizaciones logradas.  La inspiración, orientación y optimismo eran comunes a todas las sociedades.
La agricultura solía ser el eje central de las sociedades, si bien la industria y los conocimientos se desarrollaban con amplitud.  Sería muy prolijo enumerar los logros de todas y cada una de ellas.  La beneficencia ocupaba un lugar privilegiado en sus actividades; crearon enseñanzas profesionales para que los jóvenes pudieran ganarse la vida; en Tudela fundaron un hospicio; varios montepíos surgieron en Madrid, Zaragoza y otras ciudades.  Atacaban al pobre que no quería trabajar y menospreciaban la limosna por ser humillante.
Jovellanos llegó más lejos que nadie solicitando del arzobispo de Sevilla que las monjas aprendiesen trabajos útiles (cosa que el prelado, obviamente, rechazó).  Con todo, es difícil innovar al pueblo.  Aparte se encontraban con la oposición decidida de grupos conservadores y oligarquías rurales, pues se daban cuenta de que estos innovadores, apoyados por el gobierno, podían destruir sus bases y fuentes de poder.  El clero tampoco cooperaba, por las mismas razones; y eso que en todas las sociedades se observaba escrupulosamente el catolicismo y la tradición nacional.  Es más, se solía cantar un "Salve Regina" al fin de cada sesión.  A veces, los libros y las influencias extranjeras desbordaban el puro campo económico, y de los telares y abonos se pasaba con frecuencia a las reformas y la moral, religión o gobierno.  Era inevitable.  
También se leía la "Enciclopedia", pero no sólo la parte técnica o científica, sino todo lo demás.  En ceremonias oficiales se citaba con admiración y frecuentemente se atacaba a los escolásticos.


25 dic. 2016

ÓRGANOS DE DIFUSIÓN DE LAS LUCES (I)

¿Cómo se van a llevar a la práctica los ideales de los ilustrados?  ¿Con qué armas se cuenta?  La política ilustrada del gobierno de Carlos III goza de buena prensa en todo el país.  Se habían montado las instituciones para el fomento de la luces y para el progreso material de España.  Las Sociedades Económicas de Amigos del País, la prensa, las universidades y la práctica cultural y educativa serán los medios de difusión del programa de los ilustrados.
No es suficiente el ardor de un rey entusiasmado, de unos ministros y de unos consejeros para sensibilizar a un país de 10 millones de habitantes y casi 500.000 kilómetros cuadrados.  Para reformar, instaurar y fundar doctrinas, métodos pedagógicos y una economía productiva se requieren otros medios que lleguen a la masa.  Así surgirán en ciudades y villas reuniones de hombres competentes y generosos con el objeto de transformar la economía y las mentes de sus compatriotas.  Tal es el origen de las Sociedades Económicas.  En su génesis van a influir las tertulias y academias que se remontaban al siglo anterior y el impacto de unos organismos similares que ya funcionaban en el extranjero.
En 1697 cinco médicos sevillanos se reunían en casa de uno de ellos para leer y discutir temas de su profesión; daban lugar a la "Sociedad Médica de Sevilla".  En 1733 había surgido la Academia de Medicina de Madrid.  Unos cuantos médicos se reunían en casa del farmacéutico José Ortega, donde charlaban, comentaban a Feijoo, etc.  En 1748 quedaba reglamentada una reunión en Azcoitia de caballeros y sacerdotes.  Los lunes se dedicarían a matemáticas; los martes a la física; los miércoles, a la lectura, historia y traducciones; jueves y domingos, a conciertos; viernes, a geografía; sábados, a temas actuales.  Quedaba configurada así la Sociedad Vascongada de Amigos del País.  En 1766 se reunían hombres de letras, como Irirarte, Cadalso, Moratín y otros italianos, en la fonda de San Sebastián, en Madrid.  Tocaban, entre otros, temas extranjeros, de donde recibían correspondencia.  Dos años después era realidad la Academia de las Ciencias de Barcelona, cuyos promotores habían sido unos cuantos alumnos que se reunían para discutir sobre física.
En Berna, Dublín, Londres... funcionaban con éxito unas sociedades económicas, preocupadas por la prosperidad de sus países.  Lo hacían con eficacia y camaradería; asimilaban inventos, extendían e intensificaban cultivos, intercambiaban, en fin, conocimientos.  Campomanes y Campmany conocen su funcionamiento y alientan a los compatriotas para que las adopten y adapten.  Su actividad se centraba en la agricultura y el comercio; pero en ellas se domina el espíritu de observación y experimentación de Bacon y Locke.

18 dic. 2016

LOS ESPAÑOLES SALEN EN BUSCA DE LAS LUCES

Conocer lo extranjero en España estaba muy bien, pero ir a conocerlo en su salsa estaba mucho mejor.  Hay que ir al extranjero, preocuparse menos de los narcisismos patrioteros y abandonar la famosa frase: "Noli foras ire, in interiore habitat veritas" (no salgas fuera, aquí dentro está la verdad).  Esta gente que sale fuera no suele venir transformada, pero al menos aprende una serie de hábitos y costumbres para luego transmitirlos.
En esta época, el viaje fin de carrera era el complemento de una buena educación.  Se llamaba "correr cortes" y solía durar un año y costaba 1.000 libras esterlinas.  El "gran tour" se hacía por Francia, Suiza, Italia, Alemania, Holanda y Bélgica.  Esta vuelta a Europa también la daban algunos españoles, y no sólo para visitar monumentos y pinacotecas, sino también centros manufactureros, minas y otras instalaciones.  Estos viajes de estudios sólo podían efectuarlos los hijos de las familias ricas o los becados por el gobierno.  No se puede negar la utilidad de estos viajes, pero exigían una seria preparación y una ejecución metódica.  Se llevaban ayos, a veces tan buenos como Viera y Clavijo, que sirve al hijo del Marqués de Santa Cruz, o Cabanilles, preceptor de los hijos del duque del Infantado en París.
Clavijo y Fajardo nos ofrece la guía del perfecto viajero: éste debe observar sus gobiernos, legislaciones, naturaleza, causa de decadencias, artes y ciencias en relación con los gobiernos y los particulares; manufacturas, hacienda, comercio y navegación y, sobre todo, métodos y posibilidades de aplicarlos en España.  Si el viajero no va con estas ideas, volverá hecho un vanidoso, preocupado de su atuendo personal, añorando los bailes y fiestas del país visitado y supliéndolo con extravagancias en su manera de vivir.
Viajan también artesanos y fabricantes para mejorar sus técnicas y los métodos empleados en sus respectivos oficios.  Esto lo logra, en París, el impresor-librero Antonio Sancha.  El relojero Lozano de Cádiz, tras cinco años de aprendizaje en Londres, se hace famoso en su tierra.  Goicoechea va a estudiar la industria sedera y las técnicas comerciales; a su vuelta, en Zaragoza, monta un taller de hilanza, una Bolsa y una compañía comercial.  Ya contamos el caso del valenciano Fos, que se hizo pasar por muerto para marchar al extranjero y volver perito en el arte de la seda; además publicó un libro, prueba del aprovechamiento de su estancia en el extranjero.  Son docenas los viajeros modestos que salen a perfeccionar sus conocimientos.  También van estudiantes, artistas, ingenieros, profesores, sabios...  Las Sociedades Económicas de Amigos del País, e incluso algún obispado, recaudan fondos para mandar fuera a jóvenes de buena conducta, talento y aplicación.
Las hijas del conde de Hervías van a educarse a Bayona; muchos norteños estudian con los jesuitas en Toulouse, donde aprenden física, como el conde de Peña Florida.  De Zaragoza y Cataluña no son pocos los que cursan medicina en las universidades francesas de Montpellier y Toulouse; de Santander van a Londres, debido a las frecuentes relaciones comerciales.  En la Real Escuela Militar de Sorèze entren 86 españoles entre los años 1761 y 1790.  Son innumerables los que estudian en París: Cadalso, José de Eguía, Antoni Gimbernat, Viera y Clavijo, Rojas Clemente, Mariani, Moles, etc...
Los diplomáticos juegan un importante papel; viven en el extranjero y educan allí a sus familias.  Recordemos al conde de Fuentes, embajador en París, cuyo hijo, el marqués de Mora, es amigo íntimo de Voltaire.  La embajada en Roma siempre fue famosa por sus intrigas; en ella tenemos a Moñino, nombrado conde de Floridablanca para compensarle por haber conseguido la expulsión de los jesuitas.  Floridablanca residirá 30 años allí.
"Viajar es instruirse", Tal es el lema de los hombres ilustrados del XVIII.  La lengua francesa sirve de medio de penetración de las luces.  El idioma francés alcanza gran popularidad.  En Madrid había cinco academias que lo enseñaban.  Sólo faltaba burlar al Santo Oficio, y esto se daba con frecuencia.









16 dic. 2016

LOS EXTRANJEROS ENTRAN CON LAS LUCES

La batalla entre la Inquisición, de la que se hablará más adelante, y el progreso, tenía que perderla el Santo Oficio.  Es cierto quea las puertas de Madrid, y de todos los puertos de España, dice Voltaire, estaba colocada:

"la aduana de los pensamientos, donde éstos son decomisados como las mercancías de Inglaterra".

Pero, como ocurría en el campo económico, donde había severas aduanas, los contingentes de contrabando por mar y tierra eran enormes.  Los agentes diplomáticos extranjeros prestaban muy buenos servicios introduciendo maletas de libros; existen libreros temerarios hasta el punto de desafiar a la Inquisición; son mil las argucias de traficantes para poder introducir libros, folletos, propaganda en relojes, en sombreros, con títulos cambiados, etc.  Así se forman bibliotecas de títulos extranjeros en España.  Además, estos libros no yacen cubiertos con seis dedos de polvo, como los sermonarios y los libros escolásticos, sino que pasan de mano en mano, circulan, sirven de alimento a los coloquios, se leen, se extractan...  De esto, sólo en los "Diarios" de Jovellanos hay docenas de testimonios.  Todas las ciudades importantes tienen colonias extranjeras que renuevan con mucha frecuencia sus efectivos humanos.  Eran muchos miles los que, teniendo amistades dentro y fuera de España y gozando del favor real, metían libros y se los prestaban a sus conocidos, sin respetar los edictos inquisitoriales.
Muchos por timoratos y otros por ignorantes no podían leer a los filósofos, pero no faltaban manuales de donde se podía sacar una idea bastante completa de lo que eran los autores, obras e ideas de la Ilustración.  Circulaban las obras enciclopédicas y manualistas de Luzán, del duque de Almodóvar o del jesuita Juan Andrés.  Por medio de estos resúmenes, todo español podía saber quiénes eran los monstruos admirados del país vecino.
Tenemos que precisar un aspecto de interés: los españoles, en general, gustaban más de los autores que no se metían con la religión, y estos lectores eran católicos, aunque de espíritu liberal.  Estaban de acuerdo con las reformas, pero no con el materialismo, deísmos y excesivas tolerancias religiosas.  Querían ideas nuevas en el campo científico, económico y social, pero eran muy pocos los que ponían en duda la fe católica.
En la acción de los extranjeros tenemos que distinguir a los viajeros que pisan España en esta époa.  Traen poco o nada de interés, incluso los más brillantes; vienen con la cabeza llena de prejuicios a ver un país atrasado, del que se burlan; son testigos arbitrarios, que nada más pasar la frontera y sin saber español, generalizan y emiten juicios poco escrupulosos, se plagian unos a otros e incurren, con su soberbia, en la ira de los españoles.
Al lado de éstos tenemos a los extranjeros establecidos en España: Ricardo Wall, O'Reilly, Grimaldi, Esquilache, etc...  Son hombres que se dedican por entero al soberano y defienden las regalías; contribuyen directamente a crear el despotismo ilustrado y tienen gran afán de progreso. Sería muy larga la lista de todos los extranjeros que dejaron su huella en la España del dieciocho.  Hay dos centros en los que prefieren asentarse los extranjeros: Cádiz, internacional, llena de agentes comerciales y donde se desarrolla el gusto por la ópera italiana y el teatro francés; Madrid es corte e imán de las industrias de lujo; aquí se establecen modistas como las célebres hermanas de Beaumarchais, carruajeros como Simón Garrou, fondistas, relojeros, peluqueros, sederos, artesanos...  En otras regiones también se encuentran en cantidad, y tanto serios industriales como simples aventureros.  A ellos se les deben perfeccionamientos de industrias y de prácticas comerciales.  Pero no se contentan con esto; echan al vuelo sus ideas y gustos y con mucha frecuencia tuvieron que vérselas con la Inquisición, como el famoso Tournon, quien intentó ganarse adeptos para la masonería.
Al lado de los libros y de las propias personas, no es menos importante el intercambio epistolar.  Los extranjeros escriben cartas a los españoles sobre botánica, abonos, aceros, modas, etc.  Un aspecto distinto presentan las cartas de Voltaire a Aranda, Olavide y al marqués de Miranda, las cuales entusiasman a los españoles, quienes las leían y comentaban en grupos.  También es famoso el carteo de Rousseau con el hijo del conde de Peñaflorida y con el duque de Alba; el duque de Villahermosa se carteaba nada menos que con D'Alembert, Beaumarchais, Galiani y otros.  Son también numerosas las cartas de Jovellanos con el cónsul inglés Jardine, etc.



15 dic. 2016

FILOSOFÍA POLÍTICA (II)

Era difícil entrar en la comunidad europea ilustrada.  Conseguir libros de los "filósofos" era una tarea ardua.  Con cierta razón decía Voltaire que "los griegos esclavos tenían cien veces más libertad que la que tenéis vosotros en Madrid".  Pese a todo, Rousseau era leído y acogido en España.  Feijoo lo había leído y refutado, porque no podía admitir que las artes y las ciencias hubieran corrompido las costumbres.
Tanto en el "Discurso sobre la desigualdad entre los hombres" comoo en el "Contrato Social", Rouesseau formulaba la doctria democrática, al estudiar el estado de la naturaleza y el tránsito a la sociedad civil y su ulterior evolución hasta alcanzar el estado presente.  Su novela "Emilio" era un tratado de educación, rápidamente asimilado por Clavijo y Faxardo en su revista "El Pensador".
En 1764 Rousseau y todas sus obras entraban en el índice de libros prohibidos, por considerarle hereje.  Los peritos de la Inquisición llamaban a Rousseau "el hombre vago, enemigo de la sujección, ladrón, lascivo, con otros vicios y que no poseyó ciencia alguna con fundamento".  Huelgan comentarios.  En 1765 un ejemplar de "Emilio" era quemado, un domingo antes de misa, delante de la iglesia de los dominicos de Madrid.  Los conservadores ven en Rousseau a su más peligroso enemigo, mientras los ilustrados lo leen, lo saborean, lo admiran, y muchos se adhieren a él.
Influenciado por el ginebrino, el jesuita secularizado Montengón escribía "Eusebio"; se tradujo y obtuvo enorme éxito.  Fueron muchos los escandalizados al leer que Eusebio no necesitaba instrucción religiosa hasta que era casi un hombre.  La obra fue condenada, pero su resonancia había sido sorprendente.
En 1734 se publica la "Historia de Carlos XII", rey de Suecia, traducida del francés al español.  Obtuvo buena prensa, señal de que Voltaire aún no había adquirido fama de impío.  En 1747 la Inquisición opnió que el libro debía ser expulsado, y en 1762 se condenaban todas las obras de Voltaire.
Se tradujeron, no obstante, ocho obras teatrales, con permiso gubernativo, sin que figurara el nombre del autor.  Pero estas obras sólo gustaban a espiritus neoclásicos,y las críticas que en ellas hacía su autor de la Iglesia y otras instituciones eran demasiado sutiles para poder ser descubiertas por el lector normal.  sus otros trabajos históricos y cuentos satíricos no llegaron al público español. Leerlos en versión original era enfrentarse al Santo Oficio, pero éste no era un gran riesgo para los lectores ilustrados, dadas sus argucias y, un poco, la relajación inquisitorial.  Tenemos, pues, que el nombre de Voltaire es muy conocido, pero sus obras en prosa no dejaron mucho impacto en las Españas.  Al lado de las condenas al nombre y escritos volterianos, contamos con un testimonio admirable de un fraile ilustrado, fray Diego González, quien llegó a decir de Voltaire: "Los hijos de la luz deben admirar los dones de Dios aun cuando los hallen en los hijos de las tinieblas".
Condillac era un filósofo inspirado en Locke, para quien todos los conocimientos, juicios y pasiones eran manifestaciones de la sensación.  La moralidad, según él, se funda en el deseo natural de evitar el dolor.  Sus obrs alcanzan rápida popularidad.  Claro está que, en España, se le celebra más por ser sucesor de Locke y Descartes, que por su amistad con los enciclopedistas.  Los periódicos le citan y su "Lógica" es muy leída y plaggiada en las universidades por algunos profesores.
A Raynal se le conoce en España, donde es objeto de alabanzas y rechazos, por criticar la labor de los conquistadores y de la Iglesia católica en América y oriente.
Mably es enemigo de los filósofos y amigo de Rousseau; habla del progreso de la sociedad como resultado del egoísmo del individuo por mejorar su situación.  Su ideal era, en cierto modo, el comunismo.  Es traducido y elogiado.  En menores dosis, ocurre lo mismo con Diderot, D'Alembert, Helvetius, La Mettrie y otros filósofos.

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13 dic. 2016

LA FILOSOFÍA POLÍTICA

Si la economía política era la novedad, la antigua filosofía política estaba variando, esencialmente, en el extranjero, y sus cambios se dejaban sentir en España.  En 1748 aparecía una delas obras de más éxito de todos los tiempos, "El Espíritu de las Leyes", de Montesquieu.  Para penetrar en los secretos del buen funcionamiento del gobierno, hace un estudio histórico basado en sociedades verdaderas.  Esta obra constituye una revisión empírica de las formulaciones abstractas del pensamiento liberal, para adaptarlo a las circunstancias concretas de cada país y de cada Estado, siendo la ley natural y la realidad social los elementos determinantes de la vida política, y la combinación de estos dos factores producirá una diversidad de instituciones y leyes positivas.  La estructura social pesa mucho en la realidad política.  La nueva formulación de la doctrina liberal elaborada por Montesquieu tiende a crear un sistema en que las leyes, al adaptarse a las circunstancias de cada nación, permitan el establecimiento de un sistema de contrapesos ("es preciso que el poder contenga al poder") que a través de la separación de poderes, la utilización de corporaciones intermedias entre el poder y los súbditos, y la descentralización, consigan evitar el despotismo.
El clima y la geografía son básicos para explicar por qué las instituciones varían según los casos.  En esta monarquía liberal que él concibe, la protección de las leyes fundamentales del reino se confía a organismos aristocráticos.
Contiene, además, una "amonestación contra los aniquiladores de España y Portugal", puesta en boca de una niña judía de diez años, que pide libertad de conciencia, en un auto de fe, antes de ser quemada.  La Inquisición, huelga decirlo, prohibió el libro en 1756.  Pero la fama de Montesquieu era enorme; no le faltaron conocedores, lectores, copiadores, panegiristas en España.  Recordemos las "Cartas Marruecas" de Cadalso, inspiradas en las "Cartas Persas" de Montesquieu.  Son muchos ilustrados los que le citan en sus obras y discursos.
No son desconocidas en España las obras de Jacob Friedrich sobre ciencia gubernativa, relaciones entre países, etc.  Lo mismo se puede decir de la obra reformadora del derecho penal de Beccaria y las legislaciones prácticas de Gaetano Filangeri.
Estas obras despiertan grande y rápido interés en España.  Pronto españoles como Lardizábal, Cañuelo, Foronda, Sempere, Guarinos, etc... disertan sobre la legislación criminal desde el punto de vista moderno.  Se condena la práctica del tormento. Los castigos debían tener objeto de enmienda del culpable y no venganza del hecho cometido.

9 dic. 2016

LA ECONOMÍA POLÍTICA

¿Qué quería decir el mercantilismo?  Que la riqueza de una nación se mide por la cantidad de metales preciosos que posee.  Epaña, en los siglos XVI y XVII, recibía riadas de oro y plata de las Indias.  Su objetivo era que estos ríos no salieran de sus fronteras.  Por supuesto, no se consiguió.  Eran demasiadas las compras a realizar en el extranjero.  Lo lógico, ante todo, era fomentar la agricultura, la industria, el comercio, para no depender de Europa.  Así lo querían algunos teóricos de la economía del siglo XVII, como Sancho de Moncada, Martínez de la Mata, etc.  Pero no fueron o no puedieron ser escuchados.
Quien lleva el mercantilismo hasta sus últimos extremos es Colbert, cuyos propósitos eran la economía próspera, autoabasteciéndose de todo; no se podrían exportar materias primas, pues esto sería en beneficio de las fábricas extranjeras; todo debía ser elaborado por la nación, apoyada por el gobierno.  De esta forma quedarían, incluso, remanentes para exportar.  Así también, un país, Francia, en el caso, se haría con todos los metales preciosos del mundo, por medio de esta típica guerra de un Estado contra los demás.
Jerónimo Uztáriz, Bernardo de Ulloa y José del Campillo calaron y divulgaron estas doctrinas, señalando la absoluta necesidad de aumentar la población, agricultura, industria y comercio.  Se abandona la creencia ciega en el oro y plata de las Indias, como sintetiza el diario "El Censor": "La nación que tiene más oro no es la más rica, sino la más pobre, como ha demostrado España".  Sucesivamente, y cada uno a su modo, exponen esto mismo Antonio de la Gándara, Antonio Muñoz, Nicolás de Arriquíbar, Bernardo Ward, Floridablanca, Campomanes...  Y afirman que todas las clases sociales se podrán ocuapr de la agricultura e industria y que hay que fomentar la artesanía.  Los holgazanes no se deben sino a la constitución política y hay quejas del mal reparto de la tierra y del nulo caso que hacen los nobles a la industria.  Se clama para que se difundan las artes, oficios y todos los progresos; que se creen centros divulgadores de la nueva tecnología; que a los trabajadores se les considere como a gente honorable y puedan ocupar cargos públicos.  De paso se traducen las obras de mercantilistas famosos: Melon, Filangieri, Genovesi, etc.
Pero ya en Europa surgían nuevas teorías, intentando arrinconar el mercantilismo: las de los fisiócratas q, quienes mantenían a la economía política subordinada al derecho natural; los gobiernos no debían desbaratar el orden natural de la sociedad; había que dejar a las leyes naturales funcionar libremente; los hombres, afirmaban, pueden disponer del producto de sus tierras sin ponerles obstáculos.  Así, para ellos, la tierra y las minas eran, por exelencia, fuente de riqueza.
Más estables y contribuidores a cimentar la necesidad de la libertad económica eran, sobre todo, Adam Smith, David Hume, Phillip Cantillon, Condillac y otros.  Aportaban fuertes ingredientes de trabajo y capital, vitales para el desarrollo de la riqueza, encuadrada en la incipiente revolución industrial.  Los españoles comienzan a asimilarles, y se lee en "El Censor" que la absoluta libertad es la madre de la abundancia.  De la mano de Cantillon y Smith atacan a fisiócratas y mercantilistas, recomendando el famoso "laissez-faire", "laissez-passer" respecto a la artesanía, comercio de granos, libre comercio con América, libertad de producción, y consideran a la riqueza producto del trabajo.  Es cierto que los economistas españoles Danvila y Villarrasa, Vicente Alcalá Galiano, Isidro Morales, Martín Fernández Navarrete y Valentín de Foronda son unos eclécticos y carecen de ideas propias, pero tienen un gran interés por la economía política, considerándola piedra filosofal que puede hacer felices a las naciones.  Jovellanos se encuentra entre los entusiastas.

8 dic. 2016

CONTINÚA EL ESPÍRITU CRÍTICO EN LAS CIENCIAS

La química es más costos y complicada que la botánica, y por ello se difunde con más dificultad.  En 1775 aún no se cuenta en España con libros fundamentales de química.  La Sociedad Esconómica Vascongada protege estos estudios.  Ignacio de Závalo prepara el acero "colado y cementado", de tan buena calidad como el inglés; los hermanos Elhúyar descubren el wolframio y, también en el País Vasco, Chabaneau purifica el platino, hazaña vital en la época y que traía de cabeza a todos los químicos europeos.  Tanto Juan José Elhúyar, estudioso en el extranjero, utilitarista, científico y maestre de la masonería como el sabio materialista Chabaneau, alcanzan enorme fama en Europa.
Hacia 1785 viene el químico francés Luois Proust, recomendado por Lavoisier, a explicar química a España.  Estuvo varios años en Segovia y Madrid y, aunque se le ha achacado que sus resultados no fueron positivos y resultaron caros, su docencia e investigación marcaron influencia.
Antonio Martí, Andrés Manuel del Río, Tejada y Collantes, Jerónimo Mas y otros desarrollan los estudios, divulgan los conocimientos y poseen laboratorios.  Lavoisier, en resumen, es adoptado en España, con lo que se superaba la antigua teoría del flogisto de Stahl.
Muchísimo antes se leía y traducía "El Espectáculo de la Naturaleza", de Noel Antoine Pluche, y el ensayo sobre la electricidad de los cuerpos, de Juan Antonio Nollet, obras famosas en Francia y que se engulleron en España, alcanzando grandes tiradas, pese a su volumen.  A partir de la segunda mitad del siglo XVIII estos autores serán superados.  La "Historia Natural", de Buffon, comienza a circular solapadamente en España.  Un extracto de esta obra se enseña abiertamente en el seminario de Vergara.  La famosa "Enciclopedia" francesa, resumen de la ciencia y de la técnica y sus adelantos en el extranjero, hubiera sido básica para llenar el vacío que las obras de autores aislados no llenaban.  Pero la Inquisición la prohibió en 1759.  Pese a todo, algunas instituciones públicas de Barcelona, Madrid y País Vasco la adquirieron.
En 1775 se traducía una "Historia del progreso científico", del francés Alexandre Savérien.  En 1780 el gobierno autorizó la circulación y traducción de la "Encyclopédie méthodique", de Panckoncke, de más repercusión para España que la "Enciclopedia" de Diderot.  En el primer volumen, un artículo de Masson, fiel reflejo de las ideas de Montesquieu y Voltaire, atacaba a España, a la ignorancia y a la pereza de sus habitantes, la ineptitud del gobierno, el fanatismo del clero y la credulidad de la Inquisición.  Estos ejemplares, impresos por Antonio de Sancha, causaron revuelo, y las quejas fueron presentadas por Floridablanca y Aranda.  Y a la pregunta de Masson: "¿Qué se le debe a España?", aparecieron las célebres refutaciones del botánico Antonio Cavanilles, de Carlo Denina y de Juan Pablo Forner, quien cartó las tintas en su "Oración apologética por la España y su mérito literario"; no se contentó con panegirizar a España, sino que atacó abiertamente a Descartes, Rousseau, Voltaire, Newton y a todos los adelantos científicos modernos.  La polémica se enzarzó al salir al paso "El Censor" y otras publicaciones admiradoras de la nación esañola, pero recriminando a Forner.
Lo dice muy bien Richard Herr cuando comenta que la pregunta de Masson no sólo dilucidó la diferencia entre el campo progresista y el conservador dentro del país, sino que además puso una cuña entre los campos progresivos de Francia y España.  Fue el incidente más fecundo de la historia de la Ilustración española antes de 1789.
El panorama se completa con la venida de científicos extranjeros a España para dirigir proyectos.  Eran protegidos por Fernando VI y Carlos III.  Se conceden becas a jóvenes científicos españoles para estudiar en el extranjero o para que fueran a realizar investigaciones astronómicas o en ciencias naturales en América.  Se organizan conferencias; surgen jardines botánicos, gabinetes de Historia Natural, enriquecidos por compras de colecciones particulares; se fundan nuevas escuelas de medicina; hay campañas para generalizar la vacuna contra la viruela, pese a la oposición de la masa y de los sectores conservadores del clero.  Las ciencias son cantadas por los poetas; se canta a la naturaleza, a los ríos, a la física, a la geometría, a los astros...
El espíritu, interés y difusión de las ciencias nuevas cala también en la prensa.  El "Diario de Madrid", "El Correo de Madrid" y otros periódicos publican docenas de artículos sobre física y otros adelantos científicos y técnicos.  Incluso hay publicaciones dedicadas a divulgar los progresos extranjeros en el campo de las ciencias, la agricultura, comercio, artes y oficios.  "El Censor" difundiría a Pluche, Descartes y Newton.  Se publican cartas de Benjamín Franklin y artículos celebrando al inventor del pararrayos.  En la última década del siglo, la Historia Natural y la física seducen cada vez más a los españoles.  Por suerte, como dice Cadalso, la física moderna ya no es un juego de títeres ni sus instrumentos un juguete para niños, como querían algunos escolásticos.  La batalla por la ciencia moderna estaba ganada en España.

6 dic. 2016

LA BOTÁNICA ENTRA EN ESPAÑA

En el año 1751 llega a Madrid el botánico Loeffling, discípulo predilecto de Linneo.  Ambos animan a los botánicos españoles y les prometen fama mundial.  Y así fue, como lo demuestran los eminentes José Minnart, José Ortega, José Quer y Cristóbal Vélez.  Pero tanto Quer como Gascó y el Barbadiño siguen todavía los métodos del también gran botánico Tournefort.  En 1767 aparecen los "Principios de Botánica", de Barnades.  Tiene un discípulo de talla en José Celestino Mutis, quien estudiará la flora americana con apasionada atención.  Dejará un herbario de 7.000 dibujos coloreados; era amigo de Humboldt, y el propio Linneo tendrá para él palabras muy elogiosas.  Casimiro Gómez Ortega estudia en el extranjero, traduce libros científicos y estudios de agricultura, montes y bosques; difunde las doctrinas de Linneo en España y, junto con otro sabio, Antonio Palau, publica un Curso Elemental de Botánica.  El propio Palau traduce al castellano y prologa las obras de Linneo.  La botánica avanza por cauces científicos y tanto Palau como José Pavón, Zea y Cavanilles superan al sueco Linneo.  Cavanilles estudia en Francia y sigue los métodos del revolucionario Jussieu y de otros sabios europeos.  De la clasificación se ha pasado a la idea de serie, y los españoles están en la brecha, como lo demuestran los citados nombres, a los que se sumarían los de Ignacio de Asso, Rojas Clemente, Hipólito Ruiz, Née.  Extienden todos ellos la ciencia botánica al Nuevo Mundo, y el mismo Humboldt dirá de Carlos III:

"Ningún gobierno europeo habrá hecho tan considerables gastos como el de España para adelantar en el conocimiento de la flora."

Surgen jardines botánicos, como el famoso de Carlos III, en Madrid.  Y otros en Valencia, Barcelona y País Vasco.

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1 dic. 2016

LAS CIENCIAS Y EL ESPÍRITU CRÍTICO

El padre Feijoo sería la mejor introducción a todo esto, ya que durante toda su vida predicó la experimentación de las ciencias y el espíritu crítico.  Por ello podemos hablar de Feijoo o la derrota de la autoridad y el triunfo de la observación.
Algunos médicos siguieron los pasos del benedictino.  Comienzan a leer tratados extranjeros sobre medicina; dudan de los intocables santones Hipócrates y Galeno; rechazan las enseñanzas magistrales de las aulas y se lanzan a la búsqueda de las experimentaciones.
Tempranamente, el médico Gazola obtiene un enorme éxito en España con su obra "El mundo engañado de los falsos médicos".  A veces se muestra estrafalario, pero la línea medular de su obra es una enérgica protesta contra la autoridad.  Reclama métodos nuevos para los futuros médicos: buena filosofía, matemáticas, química, anatomía, botánica, diagnóstica, dietética, higiástica, semiótica, fisiología; recomienda el uso del microscopio y, sobre todo, la observación atenta y personal del paciente.  Es partidario decidido de la experiencia y, como el padre Feijoo, entusiasta admirador de Bacon.
En 1752, Vicente Pérez publica un libro pintoresco en el que decía curar todas las enfermedades por medio del agua.  Francisco Suárez, pese al desconocimiento de su profesión, también invoca la razón y la experiencia. Solano de Luque, médico famoso en Europa, presenta métodos nuevos; aboga por el experimentalismo, critica los ergotismos escolásticos y llega a afirmar que ningún enfermo se cura con lo que traen los libros.  Alsinet es otro médico experimentalista que combate, con fortuna, fiebres por medio de la quina; además de médico sagaz y observador, es también un químico.  Martín Martínez es un innovador en el campo de la disección y de la anatomía y firme partidario de un "escepticismo positivo" en la ciencia médica.
Estos y otros nombres revelan un fermento de la ciencia y una liberación de las antiguas tradiciones.  Andrés Piquer puede que sea el más famoso.  Gloria de la universidad valenciana, es un hombre culto, escritor fecundo y de un pensamiento sólido y progresivo.  Uno de sus grandes méritos es el de formular las reglas de la experimentación.  Asiste, prueba de su fama, a Fernando VI en su última enfermedad.  No sólo destaca en su especialidad: también es un anatómico especializado en la disección de cadáveres.  Traduce a Descartes y aprende a dudar con prudencia al estilo de Feijoo.  Todo lo quiere verificar con la experiencia y se ayuda del microscopio y del telescopio para, repitiendo cientos de exper.imentos, quedarse con la racional y cierta experiencia.
Son los escolásticos los que atacan y desprecian la ciencia moderna, tachado incluso de herejes a sus seguidores.  Pero algunos, partidarios acérrimos de la ciencia experimental, y no muy conciliadores, contestarán compilando a los buenos autores extranjeros y a veces con algún panfleto como aquel dedicado:

"al vetustísimo, calvísimo, arrugadísimo, tremulísimo, carcuesísimmo, carriquísimo, gongosísimo y evaporadísimo señor, el señor don Aristóteles de Estagira, príncipe de los Perípatos, margrave de Antiperistasis, duque de las Formas sustanciales, conde de Antipatías, marqués de Accidentes, barón de las Algarabías, vizconde de los Plenistas, señor de los lugares de Tembleque, Potrilea y Villavieja, capitán general de los flatulentos ejércitos de las cualidades ocultas, y alcalde mayor perpetuo de su praeadamítico mundo".

Así se expresaban el conde de Peñaflorida y sus amigos Narros y Altuna en un panfleto titulado "Los aldeanos críticos".  Se ensañaban con el autor de "Fray Gerundio", hostil a la ciencia moderna.

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23 nov. 2016

EL FERMENTO DE LA MINORÍA (II)

La formación intelectual de los grupos dirigentes no la reciben en la universidad, sino pese a ella y contra ella.  Son conscientes de algo muy real, lo que supone unas categorías mentales muy lúcidas: Si me descuído, me forman...
Son, pues, autodidactos.  Ya hemos dicho que la Inquisición les ataca, pese a comulgar con una religión auténticamente cristiana.  Tenemos que hacer excepciones, pues lo mismo que en otros campos, hay ilustrados con ideas muy distintas y, por supuesto, algunos ateos.
Un ramillete de hombres al vuelo: Campomanes, Floridablanca, Cabarrús, Aranda, Cadalso, Meléndez Valdés, Azara, Jovellanos, Capmany, Asso, Olavide, Piquer, Mutis, Mayans, Jorge Juan y otras docenas que veremos destacar en sus respectivos campos.  Pero no sólo existen estas distinguidas minorías.  Es interesante buscar a esos desconocidos ilustrados obreros, curas y burgueses.
Nos encontramos con varios trabajadores deseosos de mejorar los métodos de producción en la artesanía, en los trabajos de imprenta, en la confección de piezas útiles e inventos; labradores que renuevan los métodos de cultivo de sus campos; miembros del pueblo reunidos para hablar sobre el progreso.
Son docenas a los que les da por las ciencias de la naturaleza, la física, la química, la mineralogía, etc.  Los viajeros que circulan por las Españas describen a hombres de buen gusto, cultos, con librerías actualizadas; son grupos pequeños de hombres modestos desparramados por la geografía del país.  Tendríamos que señalar a un grupito de obispos ilustrados, economistas, bienhechores.  Este alto clero quiere una iglesia cristiana, se opone a los jesuitas y adopta una postura nacional.
Las Sociedades Económicas de Amigos del País toman parte activa, con sus numerosos miembros, en la lucha contra la reacción.  Idénticos aires de reforma y adopción de métodos científicos se encuntran en varios miembros de las universidades, principalmente de Salamanca y Alcalá.  Reclaman mejores maestros, mejores libros, mejores métodos.  Constatamos unos individuos y unas instituciones vivas, dispuestas a usar el "cuchillo anatómico" contra tanta enfermedad rutinaria.

21 nov. 2016

EL FERMENTO DE LA MINORÍA

Unos pocos miembros mal distribuidos.  Eso es la minoría.  Lo dice uno de los ilustrados: "Somos una compañía de prusianos contra un ejército de lapones".  De cada cien personas, solo una o dos leen para instruirse.  ¿Cómo se podía describir a esta minoría ilustrada?  Lo primero, estas personas no admiten las cosas por simple autoridad.  Lo demuestran en todos los campos.  Están al tando de los debates europeos sobre la monarquía y gobierno de los pueblos; saben lo que significa despotismo ilustrado y democracia e intentan calar su contenido.  Prefieren estos hombres la nueva física experimental a la vieja física de Aristóteles y aceptan los métodos y resultados de innovadores en este campo, como Nollet, Chabaneau, Lavoisier, etc.  Reciben con entusiasmo el programa botánico de Linneo y se afanan por crear  colecciones y gabinetes de Historia Natural.  Estos ilustrados españoles son celosamente regalistas y no pueden consentir que el clero ponga al Papa por encima de las leyes españolas.  Respecto a la religión, rehúyen todo formalismo, comulgando con la religión eficiente y no obstaculizadora de la libertad.  En la literatura, abrazan las tres unidades y los dramas burgueses, desdeñando las desordenadas comedias; similar es su postura al susstituir el intrincado barroco por la desnudez neoclásica.  Sus vidas, sus charlas, sus escritos nos los demuestran partidarios de la comodidad y sencillez en las viviendas, en los vestidos, en las etiquetas y en cualquier manifestación de su forma de vida.  Son educados, corteses; respetan al cuerpo y lo cuidan con limpieza.
No rehúyen la tradición española, pero saben muy bien que la España del siglo XVIII no es la del XVI.  Admiran el Siglo de Oro en sus ricas manifestaciones, pero saben, en estos momentos, que los focos civilizadores dan luz desde París y Londres.  Admiran al extranjero, pero sin caer en las inconsciencias y extravagancias de los usos y costumbres foráneos.  Esta minoría selecta sopesa, razona y adopta en consecuencia.  Conocen la Enciclopedia y a Voltaire, admiran a Rousseau y otras ideas y doctrinas advertidas, pro saben que esto a España no le va, y sólo toman para España lo que se adecua a las condiciones materiales y a la graduación intelectual del país.  Jovellanos, por ejemplo, lee todo lo extranjero, pero a la hora de aplicar a España sus lecturas, ¡qué prudencia!  Además estaba laInquisición...

20 nov. 2016

FUNCIONARIOS, MILITARES E INSTITUCIONES DURANTE LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA

Las sátiras de Larra sobre los petrificados funcionarios hubieran podido aparecer unos años antes.  Al "Vuelva usted mañana" hubieran contestado con inmovilidad y rutina.  Son holgazanes y forman casta.  Meten a sus hijos en su profesión, que la consideran más pingüe y descansada que el trabajo mecánico.  Así, claro está, aumenta este funcionariado desclasado.  Los decretos se olvidan por ignorancia o por malicia; los hombres inteligentes se ven ahogados por la tradición y la obstinación en no admitir novedades.
Cadalso se burla de los militares.  ¿Qué hacen los jóvenes militares en las guarniciones?:

"El tal bosteza cuatro o cinco veces solo en su cuarto, y se viste para salir a bostezar otras cuatro o cinco veces en la plaza con otros tales."

Y sigue Cadalso cediendo la palabra al subordinado:

"Mi capitán, de los treinta caballos de la compañía, tres han estercolado tan blando, que nos da mucho que sentir...  De los cuarenta soldados, dos han sacado la espada sobre cuál es más alta, si la Giralda de Sevilla o el campanario de Santa Cruz.  Son muchachos, han quedado amigos.  Otros dos se han dado de estacadas sobre cuál vale más, si la Virgen de las Angustias de Granada o la Virgen del Pilar de Zaragoza."

Y Sarrailh comenta lo mucho que destestan los militares a los civiles; los militares buscan duelos por menos de nada, son camorristas y quebrantadores continuos de la jurisdicción ordinaria´.  Cabarrús, como buen economista, propone se les emplee en trabajos de utilidad.
Los gremios siguen aferrados al pasado y son celosos de sus privilegios.  Chocan, claro está, con las Sociedades Económicas de Amigos del País y con todo aquel que quiere trabajar libremente.  Son los patriotas adheridos al "glorioso pasado", que se quejan con su típica frase: "No convenía se hiciese novedad".
Las universidades ahogan los intentos de audacia, la libertad de juicio y la curiosidad intelectual.  Torres Villarroel califica a estos catedráticos colegas suyos, de hombres graves, tristes, doctos, pedantes, encadenados por la escolástica y hostiles a toda reforma.  Sólo se preocupan del medro personal por medio de la ambición, el rencor, la vanidad, la sabiduría loca.  Veneran a ese escolasticismo, entendido como "arte de repetirse sin contradecirse".  Cuando se pide a los juristas de Salamanca que adelanten sus reformas, contestarán.

"Para explicar derecho no necesita ningún doctor de Salamanca valerse de producciones ajenas."

Fueron célebres las disputas entre canonistas y teólogos de la universidad de Alcalá, por ver quiénes de ellos ocupaban un lugar más importante en el desfgile por la ciudad la víspera de la fiesta de concesión de los grados.
En cuanto al estado de la medicina y otras ciencias se verá más adelante.  Baste decir que seguían apegadas a la tradición y a la credulidad.  Seguían, en gran parte, los médicos recetando "media sangría a una mujer preñada padeciendo terciarias", como el galeno Malagón.  El oficial, noble, canónigo, obispo, fraile, campesino, artesano permanecen, pues, sumisos al principio de autoridad.

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