26 ago. 2016

MINISTROS Y CONSEJOS

Los organismos más importantes del poder central eran las secretarías o ministerios y los consejos.
Las secretarías del rey son anuladas en el siglo XVII por el poder de los validos.  El número de secretarios o ministros oscila en el siglo XVIII de dos a siete, aunque normalmente hubo cinco ministerios: Estado o Asuntos Exteriores, Gracia y Justicia, Hacienda, Guerra y Marina e Indias.  Se crean, además, tres direcciones: de Rentas, Real Hacienda y Comercio de Indias.  Los ministros absorben atribuciones de los consejos y se convierten en los principales responsables en la obra d gobierno, cobrando especial importancia en los reinados de Fernando VI y Carlos III.
Los consejos eran cuerpos consultivos y deliberantes y tribunales de apelación.  Existen consejos de Estado de Indias, Órdenes, Guerra, Hacienda, Inquisición, Cámara de Castilla y sobre todo el Consejo de Castilla, el más poderoso.
El Consejo de Castilla es un organismo jurídico y administrativo.  Cualquier nombramiento para un cargo público ha de pasar necesariamente por el consejo.  Carlos III introduce reformas importantes en 1766, nombrando un tercer fiscal y elevando a treinta el número de consejeros.  Su presidente (Aranda, a partir de 1766) era el primer personaje de Estado, después del rey.  Sus fiscales entendían en todas las cuestiones que consideraban de interés.  El consejo tenía dividida a España en siete circunscripciones, y eran los consejeros los que tenían bajo su mando toda la administración provincial.  En la práctica, ejercía el poder legislativo.  Sus sentencias y representaciones tenían fuerza de ley con la aprobación expresa o tácita del soberano.  Convocaba las Cortes por ser supremo tribunal administrativo, y como tribunal de justicia, entendía en casos de altra traición y lesa majestad.  El Consejo de Castilla supervisaba la enseñanza y las ediciones, los intereses económicos y la protección de las regalías.  En una palabra, la legislación, la Iglesia, la instrucción pública, la economía y la justicia están supeditadas al Consejo de Castilla, o, como dice Desdevises du Dezert, éste era simultáneamente un comité legislativo, un consejo político, el centro de la administración y un alto tribunal de justicia administrativa, civil y criminal.  En suma, si se paralizaban los engranajes del consejo, quedaba rota la vida polítco-administrativa del país.  Veremos lo que ocurre en 1808.
El Consejo de Estado, al desbordar sus funciones de política exterior, se constituye en supremo órgano gubernativo y abarca a todos los ministerios.  Destaquemos otra creación de la época de Carlos III: la Junta de Estado, ntegrada por los ministros o consejeros más íntimos del monarca.  Esta junta se parecía bastante al actual Gobierno o Consejo de Ministros.  También observaremos su comportamiento en 1808.
El gobierno regional, con excepción del virreinato navarro, correspondía a las audiencias, que tenían funciones de justicia y gobierno.  Eran presididas por los capitanes generales, con voto en asuntos de gobierno.  Capitanías generales y audiencias son la categoría inmediata a la Junta de Gobierno y al consejo en la jerarquía administrativa.  Durante el siglo XVIII se crean nuevas audiencias en Valencia, Zaragoza, Barcelona, Mallorca, Asturias y Extremadura, aunque pierden sus atribuciones económicas, que pasan a manos de los nuevos intendentes.
El intendente de provincia (representante del centralismo) es un funcionario creado en tiempos de FElipe V para ordenar la administración local, pero con atribuciones de defender la economía y fomentar la agricultura, industria y comercio.
Los corregidores seguían en importancia a las audiencias.  Tenían funciones poíticas y judiciales y fueron perdiendo su carácter judicial, que pasó a los alcaldes mayores.

22 ago. 2016

PROCESO CENTRALIZADOR

Felipe V (29 de junio de 1707) comenzó aboliendo los fueros de Aragón y Valencia, adelantando su propósito unificador y apuntando su "deseo de reducir todos mis reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo el universo".  Expresión clara de sus ideas políticas era su alegación de que "en el modo de gobernarse los reinos y pueblos no debe haber diferencia y estilo".  El derecho real alimentado por órdenes complementarias, contribuyó decisivamente a la desaparición del derecho foral en un proceso unificador que culmina en las Cortes de Cádiz.
Aragón, durante la Guerra de Sucesión, y debido a ella, pierde su condición de reino y se uniforma a las leyes y gobierno de Castilla; quedan suprimidos sus fueros (posteriormente se le devuelve sólo el uso del derecho foral privado); la chancillería es sustituida por la audiencia; cesa el justicia y su tribunal, las Cortes y su diputación, y el virrey es sustituido por el capitán general; el Consejo de Aragón es incorporado al de Castilla; su territorio, dividido en 13 corregimientos, y los 12 jurados son reemplazados por 24 regidores retribuidos; su nobleza pierde jurisdicción civil y criminal sobre sus vasallos.  El intendente se encargará de recaudar, pagar y fomentar la economía; antes las rentas reales no daban ni para pagar al virrey, al gobernador y a la guarnición de Jaca; ahora, las salinas, tabaco, alcabalas y cientos, y el cuartel de invierno producen varios millones de reales.  Posteriormente se les fijará una única contribución, cuyo producto alcanzará con oscilaciones los 800.000 escudos de a 10 reales, tendiendo siempre a que los ingresos fueran mayores y más equitativamente repartidos.
En 1714 y 1715 capitulaban Cataluña y Mallorca ante los ejércitos de Felipe V.  Patiño, presidente de la Junta de Gobierno asentada en Barcelona, comunicaba la abolición de sus antiguos fueros.  Completó estas medidas preliminares el decreto llamado de "Nueva Planta" (16 de enero de 1716), por el que se abolía "del todo la forma antigua... reformando estilos, costumbres y prácticas antiguas, pertenecientes al gobierno político, económico y empleos de jurisdicción suprema y ordinaria, estableciendo también un nuevo método en la formación de procesos y modo de juzgar las causas".  Subsistirán el derecho civil, mercantil y ciertas partes del derecho público.  Hasta el siglo XIX, Cataluña conserv particularidades del derecho penal y procesal, moneda, derecho tributario, exención de quintas...   Sin embargo, en 1716 se suprimieron los somatenes y el uso de la lengua catalana en los tribunales. Se les imponían la audiencia, capitanes generales, corregidores y regidores. Medida fustigada también por los historiadores catalanes fue eltraslado de la universidad de Barcelona a Cervera.
Parecidas medidas se tomaban en Mallorca.
Navarra y Vascongadas, por haber permanecido fieles a Felipe V durante toda la Guerra de Sucesión, mantenían sus fueros y privilegios, que el rey había jurado conservar.
Navarra conservó el título de reino, y su gobernador el de virrey.  Conservó también sus Cortes, diputación, consejo, Cámara de Comptos y su moneda.  De los numerosos cargos, sólo siete eran de nombramiento real, siendo el resto navarros.  Tenían leyes civiles propias y estaban exentos de quintas.  Pagaban al rey un subsicio.  Las aduanas españolas, establecidas en la frontera franco-española en 1712, volvieron al Ebro en 1722.  Hablan diversos autores de una Navarra próspera, bien administrada y distinguida por su lealtad y españolismo.
Las provincias Vascongadas conservaron sus fueros y sus organismos forales.  Durante el siglo XVIII, el poder central fue introduciendo representantes y delegados: capitán general, guarniciones, corregidor, alcalde mayor, aunque no supuso una merma sustancial a su independencia.  En 1804, Godoy intentó organizar militarmente a Vizcaya; pero los alborotos en la Zamalcoada obligaron al "Príncipe de la Paz" a desistir de sus intentos de política centralista.

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19 ago. 2016

EL RÉGIMEN BORBÓNICO Y CARLOS III

A partir de 1700, y ya durante la Guerra de Sucesión, se operaba en España una honda transformación institucional.  La multiivariedad político-administrativa de la España de los Austrias será sustituida por la regularización funcional borbónica.  No quiere decir que se logre una racionalización total, ya que subsisten muchos elementos antiguos.  Se consigue, eso sí, un conjunto abigarrado, aunque no con la nota características: borbónica, racionalista, ordenadora.  Ejemplo de ello son las capitanías generales y las intendencias, como reflejo de un centralismo gubernativo y administrativo.  Estos esquejes del absolutismo traen consigo la casi desaparición de autonomías municipales y de regímenes privativos de los antiguos reinos.  En resumen: maquinaria estatal bastante funcional y eficaz, pero con una complejidad suficiente para cortapisar el personalismo de un monarca por muy absolutista que fuera.

17 ago. 2016

EL MOTÍN DE ESQUILACHE (y VI)

La coyuntura revela la estructura, pero en mucho tiempo no crea nada históricamente importante, salvo en el caso de que una fración principesca, un clan nobiliario, una oposición regional, se aprovechen de la agitación espontánea para fines propios.  Un peligro de este tipo es el que han creído percibir -y han fingido descubrir- los que han atribuído el motín de 1766 a un complot de clérigos y cortesanos.
Pero después de 1750, tanto en España como en Francia, las cosas se hicieron menos simples.  Entre los campesinos pobres, periódicamente conducidos a la desesperación, y las capas dirigentes, fieles a las viejas normas -caridad prudente y policía dura-, han surgido los campesinos ricos, los arrendatarios de los derechos de almacenaje, los comerciantes, los funcionarios especuladores, una clase para la que el fin es el dinero, la libertad como medio, la conquista del poder social como proyecto.  Clase que se levantará dispuesta a formar, tanto en Zaragoza como en Vergadra, las "guardias nacionales" contra el cuarto estado y dispuesta a exigir, contra la antigua caridad y la "tasa del pan", los derechos para realizar incondicionalmente el valor del mercado.  En 1789, en Francia, esta clase registrará en las instituciones su visión del mundo, pero la alianza que se verá obligada a sellar con los campesino del "gran miedo" y los "sans-culotte" de las ciudades la llevará más lejos de lo que hubiera querido ir.
Mucho antes, Aranda, aristócrata audaz, Roda, fino político, Campomanes, abogado reflexivo y trabajador, habían emprendido, con una sorprendente clarividencia, la tarea de unir la suerte de la monarquía española a los intereses de las nuevas clases.  Evitaron la revolución, pero España no se transformó en sus raíces.  A cada crisis periódica se confirmó la alianza de la naciente burguesía y el despotismo ilustrado.  En 1789, los "rebomrois del pan" de Barcelona no fueron más que una "guerra de las harinas".  El 27 de mayo, día en que Sieyès proponía al clero francés que se uniera a las deliberaciones del Tercer Estado, un burgués de Barcelona anotaba en su diario este doloroso desenlace de otra crisis clásica: "Han ahorcado a cinco hombres y una mujer, mientras dos mujeres y un hombre, atados a la picota, miraban cómo colgaban a los desgraciados.  La primera en ser ejecutada fue la mujer, que murió con mucho valor y grandeza; los hombres fueron inmediatamente después, también con valor.  Son los del rebomboris del pan del 28 de febrero último; eran jefes del motín en que se quemaron las barracas que vendían pan en las plazas, y también quemaron el Pastim o panadería pública; y quién sabe lo que fue robado en ese Pastim y en otras muchas casas; porque todo esto era un gran bandidaje; las mujeres llevaban el fuego a los hombres; todo era una Babilonia; las corporaciones y colegios tuvieron que salir para mantener la seguridad que la Justicia no podía asegurar; la confusión duró tres días; después todo se calmó; no hubo más que estos pobres desgraciados que fueron llevados a la prisión del Rey y una noche los condujeron a la ciudadela y los pusieron en capilla; al tercer día se los llevaron por la fuerza, sin gran cortejo y casi sin espectadores, ya que no se veía a nadie en las calles, todas las casas tenían las puertas cerradas, en un duelo tal y en tal silencio que se hubiera dicho un jueves o un viernes santos; toda la tropa de la ciudad, de la ciudadela y de Montjuic estaba en armas, para el caso de que hubiera habido algún movimiento; y las corporaciones, los colegios y los alcaldes de barrio patrullaban por la ciudad.  Gracias a Dios no pasó nada.  Los colgaron.  Que Dios les perdone.  Amén."

16 ago. 2016

EL MOTIN DE ESQUILACHE (V)

Dediquémosle unos párrafos a comparar los hechos acaecidos durante el motín con los que luego sucedieron durante la revolución francesa de 1789.
En primer lugar hubo una acción de masas en todo el sentido de la palabra, con las calles ocupadas por la multitud y enfrentamientos con la guardia valona.  Hubo asimismo una marcha sobre el Palacio Real, sitiándole, humillando al rey y obligándole a firmar, una por una, las propuestas populares.  El monarca huye secretamente por los subterráneos del Palacio Real y se dirige a Aranjuez con su familia y Esquilache (políticamente el motín había ganado).
El programa de los sublevados fue presentado al rey por este orden: exilio de Esquilache y de los suyos; supresión de la comisión de subsistencias; bajada de los precios en cuatro cuartos; mantenimiento del traje tradicional; hispanización del ministerio; retirada de los guardias valones; vuelta del gobernador del Consejo, Rojas, a su obispado.
No se puede ni se debe pensar que el motín fuese organizado por los propios reformadores ni tampoco por los contrarrevolucionarios, entre otras cosas porque si el motín era de inspiración antirreformista y clerical, su victoria fue de la talla de Aranda, Roda, etc, expulsores de los jesuitas.  Esto dice mucho.  Por otra parte no se necesita buscar intrigadores políticos por el hecho de que estos movimientos tengan repercusiones políticas.
Estos motines de 1766 constituyen un episodio más de la revolución burguesa, con típicas características españolas y madrileñas, motines que a veces son aprovechados por los reformadores y a veces por los reaccionarios.  Debemos añadir que si la revolución burguesa, bajo la forma de despotismo ilustrado, fue verdaderamente atacada en marzo de 1760, se defendió bien, a base de sanciones y de toda una serie de precauciones.
Los motines de provincias -y se dan por docenas casi simultáneamente- tienen un carácter mucho más económico, y por tanto, mucho más social, lo cual, a su vez, explica que los amotinados sufrieran ejecuciones más anónimas pero más masivas.
Los amotinados -claro está- no atacan en las provincias a los ministros ni a los representantes políticos, sino a los responsables económicos: intendentes y grandes comerciantes, considerados como acaparadores de granos.
Cabe pensar que, como en Madrid, las libertades eclesiásticas, permitiendo las concentraciones de hambrientos y justificando sus quejas, crearon un buen terreno de agitación social.  Pero esto no significa complot.
En los motines de provincias, repetimos, se ataca a la autoridad económica, por considerarla cómplice y responsable de su miseria.  El castigo a los urureros es su objetivo, y queda documentado en numerosas frases como éstas:

"Quemar a los usureros, saquearlo todo, pues tenemos derecho los pobres."
"La usura es el robo del pueblo."

El hijo del intendente de Zaragoza se ofrece como víctima, pero los amotinados contestan:

"No queremos la vida, que es de Dios, queremos lo que es nuestro."

Podríamos calificar de extraña e ingenua la actitud de los amotinados para con el gobernador, mientras sguen quemando y destrozando los objetos de las casas del intendente y de los usureros, como en Zaragoza.  Aquí, el que dirige el motín es un estudiante, quien pide al representante del rey, en nombre del pueblo, castigo para los usureros, imposición de la tasa del pan, que éste se venda a horas fijas, etc.  La autoridad cede a estas reivindicaciones, aunque luego colgará a más de una docena de cabecillas. Los que ponen en movimiento las grandes máquinas de estas agitaciones son las débiles mujeres y los niños, que suelen tener un influjo electrizante.
Nada de complot por tanto.  Son motines de subsistencia, lo mismo en Zaragoza que en más de 50 ciudades y pueblos grandes de toda España.
Ésta es la imagen de la lucha de clases en la España de las Luces.  En la base, en las estructuras profundas, sigue existiendo la contradicción fundamental entre el campesino y el señor, el campesino y el diezmero, el campesino y el usurero.  A cada crisis de subsistencias -y no son escasas-, el campesino pobre se hace vagabundo, engrosa las masas urbanas, se convierte en fermento revolucionario.  Pero esto es tan frecuente, tan habitual, que los remedios no son menos clásicos que las causas: caridad del clero, reglamentación autoritaria de los precios y la "horca" para los "cabecillas" a modo ejemplarizante.

15 ago. 2016

EL MOTÍN DE ESQUILACHE (IV)

¿Fue víctima la plebe de la influencia de los poderosos?  Existe suma oscuridad para contestar a esta pregunta, pero cabe afirmar que no hubo una oposición concertada, pues de haberla habido, el motín se hubiera convertido en revolución.  Olvidemos la explicación tópica y de ninguna manera probatoria: las capas y los sombreros resultan anecdóticos y poco profundos como motivo de una rebelión.  Analicemos, por ejemplo, el odio del madrileño hacia los extranjeros.  Es un argumento también muy explotado, y que en ningún caso pudo representar otra cosa que una circunstancia propicia para el desarrollo de los acontecimientos.  Los hechos materiales, sin duda, tienen un claro sabor popular.   A primera vista, parecería existir una oposición capaz de arles una expresión política:

El Inglés impertinente,
El Portugués arrogante,
El Italiano puyante, 
Y el Argelino insolente; 
Los Holandeses muy ricos, 
Los Franceses con ozicos, 
El Marruecos en algo media, 
Y todo eso lo remedia
El sombrero de tres picos.
Que estén las Indias rendidas,
Los pueblos abandonados, 
Los lugares despoblados,
Las letras y armas perdidas,
Las plazas desguarnecidas,
Y otros con lo que hurtan ricos,
Todos son estorbos chicos, 
Lo que sólo importa es
Que anden con cabriolés
Y sombreros de tres picos.

Cabe pensar que en estos versos se comentan opiniones que sólo se sabían en los medios políticos bien informados.  Pero no son suficientes este y otros testimonios aducidos para probar un complot nobiliario o eclesiástico.  Máxime, si tenemos en cuenta la variedad ideológica del contenido de los panfletos, como éste, netamente anticlerical:

Clérigos que sobran sobran,
Aya menos ordenados
Y no le faltarán al Rey soldados.
Mucho fraile es mucho fraile;
siendo los conventos menos
Serán pocos y más buenos.
Un abate es un abate;
mas si en Palacio se mete
Es espía y alcahuete.

El informe llevado al rey por el presidiario Avendaño habla de múltiples descontentos; prueba las múltiples plumas de las que pudo salir.  Estos mismos descontentos masivos dan al motín complejidad y  fuerza: evasión del oro, tesoro vacío, Imperio perdido, quejas fiscales, reformas urbanas, despidos administrativos, incidentes mortales en fiestas oficiales (23 muertos en la boda real), decepciones militares y diplomáticas, crisis agrícola, hundimiento de la ganadería, asunto de los sombreros....

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11 ago. 2016

EL MOTÍN DE ESQUILACHE (III)

Ya nos referimos, al hablar de la comercialización de los productos agrícolas, a las tácticas del almacenamiento e graos, para vender más caro e los años difíciles y en los meses mayores.  Con la esperanza de la "igualación" de los precios y justificando la libre circulación de granos, decía un informe de 1760:

"Los labradores, o son pobres o son ricos; el pobre está obligado a vender rápidamente sus granos, pues no tiene los medos necesarios para tratar a la vez de guardarlos y sembrar de nuevo.  Pero, si el año es bueno, los precios son tan bajos que este labrador pobre no saca de su renta n siquiera los gastos del cultivo; si el año es malo, la falta de cosecha es la que le arruinará."

Podemos decir que los propietarios luchan por los intereses de la tierra; los comerciantes, por la lbertad de los productos de la tierra, ya que el valor del cambo triunfa y se instala en la sociedad.  Pues bien, los trabajadores y la masa de las ciudades y los campos lucharán por la subsistencia.  Responsabilizan a la autoridad, a la que admiran, si limita las consecuencias de la escasez; la odian, si la consideran cómplice de la huida de los productos y del acaparamiento de granos.
La articulación de una típica crisis de subsistencias y el primer intento de legislación liberal sistemática, inspirada en la ideología de los ministros ilustrados, provocan la conjunción de la cólera popular y mal talante antiinovador de las clases altas.  Las gentes de la corte y la primera capa social de la ciudad se unen en al populacho en gran conformidad de tendencias y opiniones.  En la época de los reglamentos (tasas), el pueblo acusa de sus desgracias a las estaciones; después (libertad de granos) acusa a la nueva administración.  Esto era lo que había ocurrido en las Españas de Carlos III, de Equilache y de Campomanes.  La defensa del libre comercio es una de las características distintivas del pensamiento económico español del siglo XVIII cuyo más alto representante, Campomanes, lo generaliza y justifica así:

"... para mantener la competencia de los granos y evitar que se oculten, hay que abolir enteramente la tasa y restituir la confianza pública en el labrador, productor, granjero, diezmero, para que cada uno pueda vender libremente sus granos al preco corriente, lo mismo que en el caso de todos los demás productos que se compran y se venden."

Hay que tener en cuenta que esta libertad de granos se afirma en España en época de abundancia, y extraño es que Campoanes insinúe que los malos años "son más un asunto de opinión que una realidad".
Cuando en marzo de 1766 el precio del trigo alcanza su máximo estacional de crisis, ¿cómo no atribuir esa carestía a la libertad de granos y al gobierno las consecuencias de la esterilidad de los últimos años?  Estos motines españoles de 1766 sólo pueden explicarse como típicos de una crisis de subsistencias.  La sequía, las malas cosechas, el hambre, deben ser más subrayados.  Los contrastes entre los años buenos y los malos y sus secuelas en los precios son algo elemental, significativo y tremendamente explicativo.
En los cautro años que precedieron al motín, el trigo costó en Castilla 1.328 maravedíes la fanega, frente a los 788 en el curso de los siete años precedentes.  En 1766 los precios ceden; pero los motines ya estaban gestados, y pudieron ser debidos a las medidas determinadas por los propios motines.  Los precios suben en todas las provincias entre 1762 y 1767.

8 ago. 2016

EL MOTÍN DE ESQUILACHE (II)

Los historiadores de la época explican el hecho dando una imagen política madrileña de las capas y sombreros redondos contra un ministro inoportunamente innovador.  Tienen tambén en cuenta las malas cosechas y la carestía de la vida.  Apuntan, pero sin dedicarse a tomar postura, un complot urdido en lo medios de la corte y de la Iglesia, como decidirán Aranda y Campomanes al achacárselo a la Compañía de Jesús.
En nuestros días se enfoca el problema desde el prisma  de una tentativa abortada de las clases dirigentes conservadoras para derribar la corriente reformadora surgida alrededor de Carlos III.  Tendríamos, por tanto, una contrarrevolución, enfrentada a la revolución que suponá para ciertos medios la postura inicial de Carlos III.  La inquietud y el desasosiego del pueblo fueron simplemente los elementos que utilizaron los inductores para provocar las revueltas y modificar así el rumbo reformista del gobierno.  Lo de las capas y los sombreros no fue sino el pretexto más a mano para manifestarse y combatir contra una obra de gobierno que era radical en las medidas económicas y afectaba, de modo principal, a la alta nobleza.  Y si se sublevan los de abajo, lo hacen manejados por algunos aristócratas, religiosos y sacerdotes.  Algunos religiosos influyeron en el pueblo, le animaron y justificaron sus excesos.
La escasez o la carestía de los alimentos fueron circunstancias propicias, así como la calidad extranjera de algunos ministros, para alimentar la algarada.  El motín de Esquilache, no obstante, no frenó las reformas, sino que obligó a tomar nuevos ministros, nuevas meidas, expulsiones de personajes, de jesuitas... pero las reformas ampliaron su impulso, aunque a partir de 1766 se hicieron con mayor cuidado.
De todos modos todavía podríamos darle una dimesión más amplia al motín de Esquilache, haciéndole cobrar un pleno sentido histórico.  Las emociones populares necen de las crisis económicas, en este caso de la del Antiguo Régimen: son de naturaleza agraria, de periodicidad corta, y se manifiestan por la escasez de productos alimenticios y por su carestía.  Los enfrentamientos entre las clases conservadoras y las ascendentes dependerán del grado de madurez de estas contradicciones estructurales.
A la luz de las estructuras, vemos cómo la Iglesia se había apropiado de un cuarto de la renta bruta agrícola del Reino de Castilla, de tres cuartas partes de la renta inmobiliaria y de otro tanto de los bienes sustraídos a la circulación de las riquezas, como lo eran los mayorazgos aristocráticos.
Los innovadores provenían de las clases medias, eran universitarios becados por el gobierno y atacaban los bienes de amortización, como el muchas veces citado Campomanes.  Resulta, pues, evidente que aristócratas y clero, ante una eventual oposición, se encuentren entre los miembros más activos.
Los ministros extranjeros, los burócratas "golillas" y el propio rey que les protege y da vía libre a sus innovaciones, no podían escapar a las críticas de grandes y prelados.  Cabe preguntarnos: ¿las fuerzas reaccionarias atacaron la autoridad absoluta del rey?  Pues sí.

6 ago. 2016

EL MOTÍN DE ESQUILACHE (I)

Previamente señalaremos los hechos de este grave suceso, para luego pasarles revista a la luz de la historiografía actual.  Veremos que la orientación política y la utilización de estas crisis como instrumentos de lucha en los conflictos de más alto nivel y a más largo plazo, que enfrentan a las clases conservadoras del antiguo régimen con las clases ascendentes, dependen del grado de madurez de estas contradicciones de estructura.
Los hechos se podrán resumir de la siguiente manera:
El marqués de Esquilache tenía bastante con su condición de extranjero para no ser popular.  Muchos súbditos espaoles estaban quejosos porque Carlos III concedía altos cargos del gobierno a extranjeros.  La Guerra de los Siete Años, en la que España había luchado al lado de Francia y en contra de Inglaterra, fue desastrosa para los españoles, ya que tuvieron que ceder la Florida a Inglaterra.  Quien había firmado el Pacto de Familia con Francia era Grimaldi, lo que influyó para ser nombrado prmer secretario de EStado, mientras que Esquilache era secretaro de Guerra y Hacienda.  Los resultados negativos de esta guerra se achacarán a los dos ministros italianos.
Por si aún eran poco populares, en los años siguientes llegó a España la plata americana, estancada durante la guerra, produciendo una inflación, agravada por cuatro años de sequía y malas cosechas.  Los precios se disparan con suma velocidad, sobre todo en Castilla.
Los más pobres sufrieron lo indecible, y atribuyeron sus miseras a las medidas sobre granos adoptadas por Esquilache.  Éste ya tenía fama de estrujador de los distintos grupos sociales para costear sus innovaciones ministeriales: carreteras, faroles para Madrid... Para colmo, se achaca a Esquilache fama de malversador, a su mujer se la consideraba fácil al soborno y a su hogar se le pone la nota de inmoralidad.
Hechos ya en cadena: el 10 de marzo de 1766, Esquilache resucita la orden que prohibía a los madrileños llevar sombreros chambergos y capas larga, el uso de armas cortas, blancas y de fuego, juegos de azar, etc.  Aunque esta medida tendía al orden y seguridad públicos, produjo enojo en la sociedad.
El dominog de Ramos, 23 de marzo de 1766, estalló en Madrid un motín formidable al grito de "Viva el rey! ¡Viva España! ¡Muera Esquilache!"   Los amotinados se entregaron a graves atropelos contra los soldados valones, asaltaron la casa de Esquilache y quemaron sus muebles, apedreando a Grimaldo y restruyendo los famosos faroles de la discordia.
Carlos III no quiso enfrentarse con el pueblo, y tuvo que aceptar las exigencias de un representante de la muchedumbre, consistentes en: 

-el destierro de Esquilache.
-bajar el precio de los comestibles.
-revocar la ley que obligaba a los madrileños a cambiar su modo de vestir.

La calma renació en Madrid.  Pero la chspa se propagó por varias ciudades y pueblos, principalmente del centro de España.  Pedían el abaratamiento del pan.
Aranda, que de resultas del motín había sido nombrado presidente del Consejo de Castilla, hábilmente apaciguó la situación y anuló la mayoría de las concesiones hechas por el rey.  Una buena cosecha ayudó a resolver los problemas.  No obstante la conmoción interna fue honda e hizo perder la calma, por primera vez a Carlos III.
Posteriormente corre la voz  de que el motín ha sido dirigido y de que en él han participado nobles y clérigos.  La expulsión de los jesuitas estaba trabada con el "affaire" de Esquilache.  ¿Fueron sus causantes o las víctimas propiciatorias?

4 ago. 2016

INICIO DE LAS REFORMAS DE CARLOS III (II)

En política exterior, entre 1761 y 1770 vive la época dorada el Pacto de Familia.  Carlos III no se dejará dominar por Frania, y, pese a reconocer la decadencia material de España, intentará resolverla a su manera: abriendo caminos, protegiendo a la industria y fomentándola para no facilitar materias primas a Francia.
En 1760 comenzarán las reformas enérgicas y eficaces en la Hacienda, que debe afrontar la tensión bélica internacional; se impone una revolución en el sistema militar de defensa tanto en España como en las indefensas Indias.  Para mantener la unidad de este Imperio hay que reemprender el armamento naval iniciado por Ensenada.  Forjar una escuadra poderosa suponía construir y mantener muchos navíos y todo esto costaba mucho dinero.  Los siete años de Esquilache son abundantes en cédulas, autos, decretos y resoluciones de carácter financiero.
Las reformas carloterceristas se buscarán la enemistad de los estamentos privilegiados.  En estos años se constituye la Junta del Catastro, condición indispensable para ir al impuesto único y universal.  En ella formaba parte Ensenada, con lo que se daba a entender que eguía su política reformista y se condenaba a sus reaccionarios adversarios.
Otro desasosiego para la nobleza lo constituye el que las numerosas vacantes del Consejo de Castilla sean cubiertas por "manteístas", amigos de la política reformista y enemistados con el espíritu clasista u nobiliario de los "colegiales".  Éstos pertenecían a un sector social más elevado, y constituían una liga "mucho más estrecha que los francmasones".  Este golpe fue mal encajado por la aristocracia española.  Y lo completará creando la orden de Carlos III, que abre las puertas de la nobleza a las clases mediasy refleja un rotundo cambio de la política.  La rancia aristocracia es sustituida por la virtud y el mérito: "Virtut et merito" es el distintivo de la orden de Carlos III, o, lo que es lo mismo, el triunfo de los nuevos sectores sociales.
Los nuevos nobles no son bien acogidos por los viejos, que les consideran intrusos, y si entre ellos titubean, a los nuevos les tratan de "excelentísimos señores".  Este malestar de la nobleza se deja traslucir rápidamente, e intrigará en las ocasiones que se le presenten.  Por ejemplo, se plega en torno al futuro Carlos IV y su mujer María Luisa.  Ésta era poco amiga de su suegro, y Carlos IV era un ente ignorante, grandullón y más voraz que todos los anteriores Borbones juntos, comilones acreditados todos ellos.
En resumen, el rey renía poca necesidad de los consejos de la aristocracia, y le iban mejor los burócratas de carrera, esto es, los efectivos "manteístas" y "golillas".
Tampoco los privilegios monopolistas, los Gremos Mayores de Madrid, están muy de acuerdo con la política económica del nuevo monarca, y esto tanto por su carácter cerrado como porque no les gustan las medidas hacendísticas de Esquilache.  El rey, aunque no les atacó a fondo, siempre estuvo receloso hacia ellos.
La postura que adopte el gobierno en los problemas eclesiásticos también provocará el descontento del alto clero.  Las reformas tienden a limar los ingresos en la Iglesia y gravar al clero con algunas contribuciones; se prohibía la nueva amortización de bienes a la Iglesia; se restringía su inmunidad  y la autoridad de los jueces eclesiásticos; se mandaba que los sacerdotes desocupados se reintegraran a sus iglesias; los bienes que pagaban a una iglesia o comunidad eclesiástica quedaban sujetos a los impuestos regios, etc.
Estas medidas hay que verlas en el ámbito general de la política gubernamental y en el marchamo europeo.  Toda la sociedad estamental comienza a ser urgada; las clases medias exigen, reforman.  Se ha abiertola puerta a las críticas del antiguo régimen, que terminarán hundiéndolo.

3 ago. 2016

INICIO DE LAS REFORMAS DE CARLOS III (I)

No le pareció a Carlos III un paraíso la situación española cuando llegó en el año 1759.  Según las propias expresiones de Carlos y María Amalia de Sajonia dirigidas a Tanucci, las cosas andaban revueltas.  Se imponían urgentes reformas en la Hacienda, en la justicia, en los arsenales, en el ejército, en el estado de los pueblos y de los caminos... Ante este orde de cosas, el propio monarca afirmará:

"Pocos cumplen su obligación... pues todos piensan pescar en turbio."

Era necesario cambiar las cosas.  Madrid, por ejemplo, dice la reina, es acreedora a su título de Babilonia occidental por su suciedad, ya que parece que no ha habido en esta villa ni señor ni gobierno.  Sobre el sucio Madrid y las limpias medidas de Carlos III nos habla el contemporáneo Fernán Núñez:

"La villa tenía una porción de carros o cajones bajos, sin ruedas, que en lugar de ellas tenían unos maderos redondos, tirados por una mula, que dirigía el que iba dentro de pie, apoyado en el palo, y así se iba arrastrando todo el grueso de la inmundicia.  Este paseo que generalmente se hacía de noche, iba precedido de gentes con hachas, que marchaban delante, a los lados y detrás de los carros y en seguida de éstos venían muchos hombres en fila, con escobas, que iban barriendo lo que ellos no podían arrastrar.  Esta pestífera comitiva, cuya fetidez, como puede creerse, se anunciaba desde muy lejos, se dirigía a varias alcantarillas o sumideros grandes que había en varios puntos de la villa, cuyas casas inmediatas estaban infectadas de sus hálitos.  Si Don Quijote hubiera encontrado de noche este pestífero y lúgubre acompañamiento, es probable creyese que todas las parcas del abismo venían a caer sobre él, pues sólo viéndolo puede formarse una idea justa de elo, y que hubiese ensuciado su lanza contra aquella inmunda comitiva para deshacer un entuerto que seguramente había ya ocasionado más de cuatro."

La actividad político-administrativa que despliega el nuevo rey se hace patente a los pocos días de su llegada, contrastando con la negligente de su difunto hermano Fernando VI:

"Los secretarios, dice la reina, se hallan todos llenos de terror y trabajan como perros.  Más hacen en una semana que antes de seis meses.  El país, contento de su señor, no cesa de bendecirle y confío que esto irá en aumento por las sabias disposiciones que se van dando."

Está claro y hay numerosos testimonos para probar que el rey cumple su oficio de monarca nada más llegar "con dedicacón exclusiva".
En cuanto a la reorganización de la casa y gobierno, el rey mantuvo a la mayoría de los ministros del reinado anterior; pero lo mismo a ellos que al Consejo de Castilla les imprimió nuevas directrices.  El rey es el eje de la vida política española, sin dejarse llevar ni de la reina ni del consejero napolitano Tanucci.  Está claro que con un gabinete en el que sólo destaca el innovador Esquilache, comienzan ya, a partir de 1760, hondas reformas.
Actos iniciales de su reinado fueron levantarle la orden de destierro al marqués de la Ensenada y dar libertad al anciano Macanaz.  Veamos las primeras medidas de gobierno: convocar Cortes para jurar al futuro Carlos IV como príncipe de Asturias, hecho que, en principio, parecía preocupante, ya que el nacimiento y educación del infante primogénito eran contrarios a la legislación sucesoria (ley sálica aprobada legítimamente por las Cortes de 1713).  Mandó el rey que se pagasen todas las deudas contraídas por sus antecesores, tanto Borbones como Austrias.  Perdona a los colonos las deudas en simientes o en dinero que debieran al Estado, así como los atrasos de las contribuciones y tributos.  Redime a los madrileños de la carga de aposentos que tenía la villa por ser corte.  Gustan menos sus disposiciones para limpiar, alumbrar y empedrar Madrid.  La dirección de la reforma urbanística de la capital de las Españas se encomendó al ingeniero militar y arquitecto Francisco Sabattini.  También se prohibió el uso de armas, se restringió el uso de la capa y el gorro y se puso el veto a otros usos propicios a la inmoralidad.  Costó tiempo apra que estos edictos fueran aceptados y cumplidos.

2 ago. 2016

DOS HERENCIAS: ENSENADA Y NÁPOLES

El monarca Fernando VI llevaba varios años enfermo y casi apartado totalmente del gobierno. Ello contribuía a la parálisis progresiva de la vida institucional del país.  Carlos III, exitoso en Nápoles, era esperado con anhelo por todo el pueblo español, y no menos por los elementos reformadores, apartados del poder desde la caída y destierro de Ensenada el 20 de julio de 1754.
Don Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, era un riojano inteligente e hiperactivo.  Sirvió a los dieciocho años de edad a las órdenes de Patiño.  Posteriormente fue recomendado por el futuro Carlos III a su padre Felipe V, y se le concedió el título de marqués a los treinta y cuatro años.  Descubierto y favorecido también por Campillo, le había sucedido a su muerte en las secretarías de Hacienda, Guerra, Marina e Indias.
Carlos III no creará una política exterior ni interior, sino que fortalecerá y personalizará los inicios reformistas de Ensenada, resumen, a su vez de los arbitristas del siglo XVII, de Macanaz, Patiño y Campillo.
Ensenada era un técnico, un reformador, un organizador, con método propio, de la economía política y de la administración pública.  Si destaca en su reorganización del ejército, la marina, arsenales, industrias, canales y otros aspectos de la riqueza nacional, dedicará sus mejores esfuerzos a la Hacienda nacional, "eje del gobierno de la monarquía".  Legislará adecuadamente, fomentará los ingresos sin aumentar los impuestos.  Se consiguen ingresos por valor de 360 millones de reales, frente a los 280 millones que se alcanzaban en los años precedentes.
La semejanza con los distintos ministerios de Carlos III en estos aspectos, y más todavía en el sistema de ideas políticas, han hecho llamar a Ensenada justo "precursor" del reinado de Carlos III, "el rey alcalde".
Otro precedente de interés para conocer mejor las realizaciones de Carlos III en España son los veinticinco años que pasó aprendiendo y actuando en Nápoles.  El rey y Tanucci había dado vida a la clase media, a la que dotaron de fuerza política, para arremeter luego todos juntos contra la tiranía feudal de la vieja aristocracia napolitana.  Carlos III favorece a la burocracia burguesa, recortando paso a paso los privilegios de los barones.  Unifica la justicia y la moneda; crea nuevas fuentes materiales y lanza comercialmente al sur de Italia.  Libertad de granos, flexibilidad aduanera, creación de bancos son otros aspectos que jalonan la acertada política del Carlos VII de Nápoles.  Completan sus éxitos la firma del Concordato en 1741 con Roma, por medio del cual las relaciones Iglesia-Estado daban un giro favorable al rey Carlos, quien de paso suprimía el Santo Oficio.
Los napolitanos vieron con tristeza embarcar a su rey rumbo a Barcelona.  España recibía un rey experimentado y competente.
La influencia de los políticos italianos en el siglo XVIII español es vital, como nos lo prueba la existencia de Alberoni, Esquilache o Grimaldi y ese influjo de la realidad política de Nápoles  en su modo de ver los problemas de España. Pero el impacto artístico-cultural con Italia no fue menos perdurable, e incluso comparable con el francés.  Ahí están los nombres de la trascendencia de Farinelli, Juan Bautista y Lorenzo Tiépolo, Gasparini, Sachetti, Scarlatti, Sabattini, Conti, Bernascone, Pizzi... Los palacios y puertas de esta época les son deudores, lo mismo que los Mortines, Cadalso, Iriarte, Ayala y otros asiduos a las tertulias hispano-italanas, como la famosa de la fonda de San Sebastián de Madrid, cuna de la comedia moderna española.

1 ago. 2016

CARLOS III Y SU EQUIPO DE GOBIERNO (II)

El equipo de gobierno le es fiel y en su conjunto homogéneo.  Tras unos cambios profundos, se manifestarán y formularán las premisas de un gobierno liberal y se transformará hondamente la constitución última de la sociedad española.  De los componentes de su gobierno destaca el marqués de Esquilache, siciliano, hombre de confianza, activísimo, reformador, cargado de iniciativas; ocupaba la Secretaría de Estado, Hacienda y Guerra.  Su dudosa honradez y su impopularidad obligarían al monarca a destituirle.
Tenemos también a Ricardo Wall, irlandés brillante y hábil.  De momento, Carlos III le mantiene en su cartera de Negocios extranjeros, hasta que viendo que su ministerio lo llevan sus subordinados, lo reemplaza por el marqués de Grimaldi.
El marqués de Campo de Villar y Julián Arriaga son los ministros de Justicia y Marina respectivamente desde la época de Fernando VI.
Este equipo no forma un bloque progresivo, pero pronto empiezan a verse cambios de orientación.  Tras los sucesos de Esquilache, de los que pronto hablaremos, Múzquiz le sustituirá en Hacienda y Muniain en Guerra; pero sobre todo se designará a Roda para ministro de Justicia y Floridablanca se meterá en la Secretaría de Estado.
Manuel de Roda es un aragonés firme, leal, inteligente.  Se trata de un hombre muy bien preparado en asuntos jurídicos y diplomáticos.  Defendió a España ante la Santa Sede y es el hombre indicado para reformar las universidades y la legislación y para entender en todas las cuestones del regalismo.
Floridablanca no sucede a Grimaldi hasta 1778.  Moñino, joven abogado murciano, se hace muy famoso en el Madrid de la época; se relaciona con altos personajes y con Campomanes, llegando a formar pareja con él como fiscales ambos del Consejo de Castilla.  Destacará pronto por su capacidad de trabajo en toda una serie de informes y averiguaciones, consiguiendo del Papa la extinción de la Compañía de Jesús.  A partir de 1776 desempeñará la Secretaría de Estado.
Instruido y enérgico es el asturiano Campomanes, competente intérprete de la independencia del poder real con respecto a la autoridad eclesiástica.  Historiador, jurista, canonista, destacará aún ás como uno de los mejores técnicos en el planteamiento y solución a las reformas económicas.
Aranda es el complemento que faltaba: militar aragonés, brutalmente franco, inteligente y decidido, fue presidente del Consejo de Castilla; ganó la confianza del pueblo hacia Carlos III y acometió la empresa de expulsar a los jesuitas.  Enfrentado con Grimaldi, pidió la embajada de París, donde se le abrieron de par en par las puertas del mundo de los filósofos de la época.
Todas las personas que rodean a Carlos III componen un todo armónico en el que no destacará ni siquiera el leal, y no jesuita, padre Eleta, su confesor.  Lo mismo se puede decir de su gentilhombre duque de Losada, quen sigue relacionándose con Tanucci.
La postura unánime de goberno no tardará en reflejarse en toda una serie de problemas, como la independencia de los Estados Unidos, regalismo, jesuitas y otros múltiples aspectos interiores.

30 jul. 2016

CARLOS III Y SU EQUIPO DE GOBIERNO (I)

Carlos III es la sencillez suma en el vestir y en el vivir. Es un rey feo y afable; atento y oportuno con los embajadores extranjeros y benevolentecon las gentes de palacio. Orden, serenidad, trabajo son los elementos que el rey cumple, consciente de la idea elevada de su misión. Fiel a Amalia de Sajonia, severo en sus costumbres; apenas dio fiestas al divertido pueblo madrileño este rey viudo, casto y austero.
Desde un principio dedica varias horas diarias a los negocios de Estado, contrastando con su hermano, Fernando VI, que apenas les dedicaba un cuarto de hora al día, y con su hijo, Carlos IV, quien nunca entendió la seriedad de estos asuntos.
Este empeño obligaba a decir de él: "Su firmea es su defecto principal, pues lo que quiere lo quiere con obstinación, y las imposibilidades no le arredran", o "está más inclinado que nunca a gobernar solo y por sí mismo". Todo esto le granjea las simpatías de las demás cortes europeas.
Tambiés es de tener en cuenta que cuando arlos III ocupa el trono español no es un ignorante ni un "parvernu"; lleva ya veinticinco años aprendiendo el oficio de gobernar como rey de Nápoles, bajo la ilustrada direción de Tanucci. Su competencia le hará distinguir rápidamente aquellos hombres útiles en los aspectos económicos, sociales, religiosos...
En contra de este bosquejo biográfico se muestran quienes hacen de él un juguete de sus consejeros, lo cual, dice Sarrailh, afirman algunos para excusar en partes ciertos actos del monarca que estiman inocuos, en particular la expulsión de los jesuitas. Así se expresa, irónicamente, Menéndez Pelayo:

"De Carlos III lo mejor que puede decirse es que tenía condiciones para ser un especiero modelo, un honrado alcalde de barrio, uno de esos burgueses... muy conservadores y circunspectos, graves y económicos, religiosos en su casa, mientras dejan que la impiedad corra desbocada y triunfante por las calles... ¿Qué importa que tuviera virtudes de hombre privado y de padre de familia, y que fuera casto y sobrio y sencillo, si como rey fue más funesto que cuanto hubiera podido serlo por sus vicios particulares?"

Pero, como cabe esperar, son muy pocos los historiadores que comulgaan con dicha impresión, y casi todos sostienen opiniones bien contrarias y aproximadas a esta de Morel-Fatio:

"En la misma medida en que Fernando VI era de carácter indeciso y apático, dio pruebas su hermano de voluntad, de energía y de perseverancia en la ejecución de sus ideas. Desde hacía mucho tiempo no se había visto en el trono de Castilla a un soberano tan resuelto, tan dueño de sí y tan dueño de sus ministros."

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19 jul. 2016

EL DESPOTISMO ILUSTRADO DE CARLOS III

De todos es conocida la frase de Luis XIV: "El Estado soy yo". Y no menos conocida es la frase de Federico II de Prusia: "El Príncipe es el primer servidor del Estado".
Entre ambas manifestaciones existe un profundo cambio político. Los déspotas ilustrados están rodeados de una pñéyade de hombres que desean reconstruir el mundo sobre bases nuevas y racionales. Estos hombres necesitan algo o alguien que se confunda con sus ideas y reformas, que las haga suyas y las lleve a la práctica El únco que en estos momentos puede realizar los planes de los ilustrados es el propio Estado. Pues bien, los reyes de los Estados europeos se sugestionan, se convencen de la misión a que están llamados y se recubren de fortaleza para engrandecer a sus países y a sí mismos. Pero los déspotas ilustrados no se dan cuenta de que el hombre, a quien reconocían tantas libertades, exigiría pronto la libertad política más completa, y por eso el despotismo ilustrado, conducido por los hombres de la Ilustración, había de terminar necesariamente en la revolución liberal. La seguridad de estos monarcas, abandonados por sus ideólogos, se encontrará sin la dialéctica adecuada para hacer frente a la Revolución Francesa.
Son citados reiterativamente los caraceteres constitutivos del despotismo ilustrado español, adoptado del europeo, en muchas de sus formas, que se plasman sobre todo en la época de Carlos III: absolutismo y gobierno sin Cortes; protección a los nuevos principios económicos y doctrinas filosóficas llegadas de Francia; sentido monáquico y regalismo a fondo; españolización de un gobierno con influencias de Versalles y Nápoles; salones, modas, libros y trajes de París; filantropía, expedientes, reglamentos y funcionarismo escrupuloso; anhelo de progreso y reformas interiores; libertad de comercio; correos marítimos; compañías de navegación;, política "pro" desvalidos, huérfanos y enfermos; Sociedades Económicas de Amigos del País; comunicaciones, carreteras, canales y puertos; repoblación y cultivo de tierrqs incultas; fomento de las manufacturas nacionales; Banco Nacional; política nacional favorecedora de todos los vasallos; "revolución desde arriba", como predicará Antonio Maura en el siglo XX, o de reconstrucción nacional, que dirá Costa en su programa de regeneración patriótica a finales del XIX, después de la catástrofe de 1898.
Pero el problema del régimen político en la España del siglo XIII es un ode los temas menos suscitados por los ilustrados y antiilustrados. Hemos hablado y seguiremos refiriéndonos a los ataques contra los abusos, contra los grandes propietarios, contra los privilegios ociosos...; pero estas críticas nunca llegan al trono. Incluso cuando se sientan los efectos de la Revolución Francesa y se entre en una vía revolucionaria, no se atacará abiertamente al régimen tradicional español.
Las preocupaciones políticas no existen en los tratadistas, y parece no haber autores deseosos de cambios en la forma del régimen. Para ellos, lo más natural es contemplar una soberanía radicando en la monarquía. Están convencidos de que la monarquía española no tiene nada de despótica, y los ilustrados españoles no protestan contra la medida netamente absolutista de un gobierno que no conoce Cortes. Todos saben que en la antigua Constitución de España existían Concilios y Cortes que podían pedir cuentas al soberano, presentarle sugerencias, opinar en cargas, tributos y en otros problemas graves de gobierno. A pesar de estos atentados contra las Cortes, nadie reclama ni se irrita. En términos parecidos se expresará Jovellanos en 1809. Los ilustrados están convencidos de vivir bajo una monarquía moderada y liberal tanto más cuanto que Carlos III y sus ministros son "filósofos" a su manera, y es que también el despotismo español responde al conepto del papel del Estado como promotor del progreso humao, que s, por una parte, es "paternalista" y "filantrópico", por otra es "dirigista" y "excluyente".
El dualismo del papel del Estado queda reflejado en su lema: "Todo para el pueblo (ilustrado), pero sin el pueblo (despotismo)."

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7 jul. 2016

LA NEUTRALIDAD ESPAÑOLA COMO SISTEMA EN EL ENFRENTAMIENTO ANGLO-FRANCÉS

El dúo Ensenada-Carvajal es el alma de la política exterior de Fernando VI. El extremeño Carvajal es un excelente diplomático, sutil y reservado. Le preocupa la inseguridad marítima y colonial, los mercados y la reconstrucción interior. Anglófilo (aunque siempre condicionó la alianza hispano-inglesa a la devolución de Gibraltar y Menorca), el embajador británico Keene decía de él:

"No puede hacerle tan inglés como quisiera, pero me atrevo a asegurar que nunca será francés."

El riojano marqués de la Ensenada, aunque francófilo, estaba obsesionado por la reconstrucción de la marina y la Hacienda. Keene decía haberle oído:

"Si alguna vez me veis preferir la bandera francesa al pabellón español, hacedme arrestar y ahorcadme como el mayor malvado de la tierra."

Su conducta también se puede constatar a través de las líneas de su propio pensamiento:

"Proponer que V.M. (Fernando VI) tenga iguales fuerzas de tierra que Francia, y de mar, que Inglaterra, sería delirio; pero no procurar que se aumenten sería querer que España no fuese independiente ni respetada; y todo se ha de hacer con cautela, antes que los enemigos piensen embarazarlo."

El dúo Ensenada-Carvajal abrazará la neutralidad como sistema y se mantendrá equidistante de Versalles y Londres, pese a los intentos de estas dos potencias por hacer salir a España de su neutralidad. El que se adoptara la paz como fin (no como medio al estilo de Patiño) no quiere decir un absentismo total en la política exterior ni mucho menos. El embajador en Londres, Ricardo Wall, discutía confidencialmente los problemas queafectaban a España y sus Indias con los ministros británicos Newcastle y Bedford. El embajador inglés Keene se ganaba las simpatías de Bárbara de Braganza. El embajador francés Duras no era grato en la corte. Los hermanastros de Fernando VI, Carlos y Felipe, eran francófilos, y se negaron a suscribir los tratados con Cerdeña y Austria.
La política de neutralidad parace seguir en "pathos". Si muere Carvajal el anglófilo el 8 de abril de 1754, el francofilo Ensenada es desterrado el 20 de julio de ese mismo año, fruto de una intriga inglesa en la que achacaban a don Zenón trabajar por su cuenta en los asuntos americanos, firmar alianzas con París y ponerse en connivencia con Nápoles. Es la famosa frase de Keene:

"Los grandes proyectos de Ensenada para el fomento de la Marina han sido suspendidos. No se construirán buques."

Pese a la elevación de Ricardo Wall, por medio de Inglaterra, la neutralidad sigue.
La Paz de Aquisgrán no fue muy firme. Va a estallar la Guerra de los Siete Años (1756-1763) entre Austria y Prusia, teniendo por aliados, respectivamente, a Francia e Inglaterra. Ambas partes hacen promesas y esfuerzos por atraer a España. Pero ni los cantos de sirena de Menorca, Gibraltar, ventajas en Indias, arrastran a la política exterior española. Esta maciza neutralidad no se podrá sostener. Habrá que esperar la muerte del monarca Fernando VI el 10 de agosto de 1759 para que Carlos III firme el Tercer Pacto de Familia y entre, en consecuencia, a partir de 1761, en la Guerra de los Siete Años.

26 jun. 2016

LA POSICIÓN DE ESPAÑA EN EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL TRAS EL TRATADO DE AQUISGRÁN DE 1748

La Guerra de Sucesión de Austria termina con la Paz de Aquisgrán (18 de octubre de 1748). Terminó sin vencedores ni vencidos, y la inteligencia entre Austrias y Borbones se abrió totalmente. Francia, sin contar con España, reconocía a favor de Gran Bretaña los derechos del "asiento de negros" y e "navío de permiso". Al infante don Felipe se le conseguían los ducados de Parma, Plasencia y Guatalla. De Menorca y Gibraltar ni se habló. Fernando VI se daba perfecta cuenta de la fragilidad de los compromisos internacionales, aunque la familia anduviera de por medio. En esta línea caracteriza a Fernando VI el embajador inglés Keene, quien dirá que amaría tanto la paz como su padre había amado la guerra; y el duque de Argenson ratificaba:

"El rey Fernando toma las riendas en ocasión la más difícil desde hace largo tiempo... El Gobierno ha sido francés en España durante la vida de Luis XV, italiano en el resto del reinado de Felipe V; ahora va a ser castellano y nacional."

Voltaire decía que el periodo que siguió a la Paz de Aquisgrán fue el más feliz del siglo XVIII, pues "Europa parecía una gran familia después de sus diferencias". Aunque esto no es muy cierto para Europa, sí lo es para España, que arregla sus diferencias en sendos tratados con Inglaterra, Portugal, Cerdeña y Austria. También con la Santa Sede se cortan las discordias agravadas al comenzar el siglo XVIII. A partir del Concordato de 1573, se reconocía a Fernando VI el regio patronato en el nombramiento de personas para ocupar cargos eclesiásticos.

25 jun. 2016

EL SEGUNDO PACTO DE FAMILIA

Patiño moría en 1736; pero su era se alarga hasta 1740, debido a que se mantienen durante cuatro años los principios de su herencia política. El 20 de octubre de 1740 moría el emperador Carlos VI de Austria. El objetivo de su política en los últimos años había sido que Europa reconociera los derechos al trono de su hija María Teresa (de ahí la Guerra de la Pragmática Sanción). Serán ocho años de guerra, en los que España luchará al lado de Francia (sostenedores de los derechos del elector de Baviera), en contra de Austria e Inglaterra.
Los gestores de la política exterior van a ser dos hombres de la escuela de Patiño: Campillo, el hombre experto y activo que necesitan las circunstancias. Con él vuelven los ejércitos a Italia. Le sucede Ensenada, con quien se llega al Tratado de Fontainebleau (30 de septiembre de 1743), conocido con el nombre de Segundo Pacto de Familia.
Por este acuerdo, Luis XV se coprometía a auxiliar a Felipe V hasta conseguir para el infante Felipe (hermano de Carlos III) el estado de Milán y los ducados de Parma y Plasencia, el apoyo para reconquistar Gibraltar y Menorta y librar a Felipe V de las servidumbres comerciales de Utrecht. Como dice Muret, Luis XV se colocaba a remolque de los Farnesio.
El año 1745 se tomaba Toscana, Plasencia, Parma, Pavía, Alejandría, Valenza, Asti, Casal y Milán. Mas las veleidades de Francia y la felonía de Carlos Manuel de Cerdeña hicieron que el duque francés de Argenson se entendiera con Saboya y Austria a espaldas de España.
Era el abandono definitivo de los sueños de Isabel Farnesio por ver a uno de sus hijos enseñoreado en la Lombardía. Para colo, la "morbosa pasividad" de Felipe V dehaba de existir el 9 de julio de 1746. El sistema de equilibrio de Utrecht tiene más de equilibrio que de pacifismo. Las imposiciones inglesas hicieron saltar este dispositivo. La balanza no se mantuvo nunca en el fiel, y las docenas de guerras de la primera mitad del siglo XVIII son la mejor prueba del escaso éxito del sistema.

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16 jun. 2016

LA ERA DE JOSÉ PATIÑO EN LA POLÍTICA EXTERIOR DE LAS ESPAÑAS

Reconstrucción interior y política exterior al servicio del país serán los signos de la nueva política. Comercio y América son dos palabras clave que harán quejarse al embajador británico Keene de la "mala intención" de Patiño por reformar y anular todas aquellas medidas perjudiciales al comercio exterior de España. Obsesionado por una marina fuerte, crea astilleros, bases y escuelas navales. Se preocupa por tener listo uno de los ejércitos más capaces de la época. La Hacienda quedaría montada al servicio de estos planes.
De la política exterior de Patiño dirá Béthencourt que se plegará en cada momento a la situación del país, conjugándola con los intereses de las demás potencias mediante un desarrollado sentido del oportunismo político, lo que no quiere decir que careciera de unas líneas generales de conducta.
Patiño se sostiene por su eficacia y por su inclinación a los planes de Isabel Farnesio. Cuenta con la oposición de Felipe V, de la aristocracia y con lo que podía llamarse partido francés y partido italiano.
Por inútil y costosa romperá la alianza con Viena, resto de las aventuras ripperdianas. Luego intentará romper la alianza anglo-francesa de Walpole y Fleury, consiguiendo que ambas potencias se disputen el apoyo de España. Patiño aprovecha con calculo esta coyuntura, sin someterse a los dictados de Londres y Versalles.
Béthencourt enumera otras de sus realizaciones en política exterior. Tratado de Sevilla, Declarción de Castelar, tercer Tratado de Viena, declaraciones de Sevilla y Pacto de Familia son los hitos más importantes que jalonan este camino; establecimiento del futuro Carlos III, reconquista de Orán y Mazalquivir y dominio de Nápoles y Sicilia, los resultados prácticos y los primeros éxitos españoles en el campo internacional, después de más de una centuria de retroceso y desastres continuos.
En política mediterránea, encauzala fiebre de Isabel Farnesio y responde a la presión que Inglaterra empieza a ejercer en el Mediterráneo. En la política con Inglterra, mantiene la paz; pero a la agresión y a la violencia contesta con las mismas armas, al tiempo qeu fortalece la marina para cuando llegue el momento de replicar.
Su recomendación es la paz con el exterior y el progreso interno; pero no una paz como fin, sino como medio, hasta imponer el criterio a los enemigos y a los aliados vacilantes.
No obstante, y tal y como apunta Béthencourt, la realidad se impondrá con crudeza y la marina española no resistirá sola una guerra duradera frente a una flota tan superior como la inglesa. Ésta, y no otra, es la verdadera clave de la evolución de España en el campo internacional.
España, por el Tratado de Sevilla (9 de noviembre de 1729), volvía a la alianza con Inglaterra y Francia, quienes aseguraron Parma y Toscana para el futuro Carlos III, a costa de restablecerse la política comercial firmada en Utrecht. Se ha puesto fin a unas guerras franco-españolas que ya no se producirán hasta la Revolución Francesa; se calma la intranquilidad de la Farnesio; se ponen las bases a una política mediterránea y se deja de guerrear con Inglaterra, siempre perjudicial a las clases mercantiles españolas.
Pero ni Inglaterra ni Francia apoyan la conquista de los ducados de Parma y Toscana, mientras España fricciona con Austria; Francia se queda aislada, papel que no le va, y los problemas anglo-españoles sobre el comercio colonial no se solucionan, lo que demuestra las raíces profundas del asunto.
Serán estas causas las que hagan fracasasr la alianza anglo-española, y este error inglés se convertirá en un acuerdo de los Borbones franceses y españoles, a espaldas de Inglaterra. Se llamará Primer Pacto de Familia.
Inglaterra no aspiraba a un amistoso entendimiento, sino a un ciego sojuzgamiento. Querían los ingleses completar y redondear sus objetivos máximos en todos los terrenos: acaparar el comercio, para que el Imperio español cayese en sus manos. Patiño se dio cuenta y adoptó una política enérgica dentre de los límites de un pacifismo conveniente.
Después de esto y por esto, Braudillart señala que España girará, cual satélite, en torno a la órbita francesa. Nada menos cierto. Patiño se muestra indiferente con Francia; sabe que está aislada, y su alianza la obtendrá cuando le interese. Ante la Guerra de Sucesión de Polonia, Francia tragará las condiciones que imponga España. Es el primer Pacto de Familia, firmado en El Escorial el 7 de noviembre de 1733. Fracasará por la duplicidad del gobierno de Luis XV, porque Francia había prometido demasiado a las ambiciosas pretensiones de la Farnesio. Béthencourt dictamina que fue Francia la que contravino el tratado y provocó la crisis del primer Pacto de Familia introduciendo una enorme desconfianza, que le será un peso muerto para el futuro de las relaciones entre ambas monarquías. Fleury pondrá un gran empeño en hacerse perdonar. Hay, por otra parte, la necesidad y conveniencia de olvidar, porque Inglaterra se muestra amenazadora para el Imperio español. En los hechos, don Carlos (futuro Carlos III) recibe los reinos de Nápoles y Sicilia y los puertos de Toscana. Tuvo que ceder a Austria Parma y Toscana (Florencia) y desistir sobre Mantúa. Francia abandona al ejército español en Lombardía a merced del ejército imperial, y se adelantó a firmar el Tratado de Viena, con el objeto de ocupar Lorena. Es la táctica para doblegar a España y obligarla a firmar. A Felipe V no le resta sino "conformarse, sin aceptar ni rechazar". Patiño había sido engañado por el cardenal Fleury y Chauvelin. A partir de ahora, se mostrará más escéptico.

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15 jun. 2016

RIPPERDÁ: OTRO PASO EN LA POLÍTICA DE IRREDENTISMO MEDITE RRÁNEO

El equilibrio de Utrecht había resistido las embestidas un tanto descabelladas de Alberoni. La llamada "política maternal" y "el secreto farnesino" siguen adelante. Isabel Farnesio tiene una clara visión de futuro político de la península italiana; ahí pone su fuerte personalidad. Felipe V, cuando los tratos con las otras naciones eran incumplidos o fracasaban las conversaciones diplomáticas, se sentía responsable de la desmembración de la monarquía y abrazaba el belicismo.
Fracasan las intentonas de recuperar Gibraltar con la ayuda francesa, y, para colmo, devuelven a la infanta española que se iba a casar con Luis XV. Duro golpe de prestigio. También Austria se veía cortada en su deseo de asomarse al Atlántico por medio de la Compañía de Ostende, y en sus miras comerciales y marítimas en el Mediterráneo. Inglaterra y Holanda recelan de los deseos de este recién llegado.
Las decisiones del Consejo de Cambrai no llegaban. Esto inclina a enviar a Viena al holandés Juan Guillermo, barón de Ripperdá, con la misión secreta de proponer una alianza al emperador. Se firmaba en Viena el 30 de abril, 1º de mayo y 5 de noviembre de 1725. Se garantizaban paz, apoyos ofensivos y el matrionio de los dos hijos mayores de la Farnesio con las archiduquesas austriacas. Cuando se pasa a los hechos, la lejanía geográfica de ambos países y la distancia de los ilusorios proyectos se viene abajo. Además, la entente anglofrancesa con Walpole y Felury disuadirá de cualquier intento.
Ripperdá, duque, grande de España y ministro todopoderoso (carrera meteórica en pocos meses), fue a parar preso al Alcázar de Segovia, de donde se fugó para continuar su carrera política y aventurera por tierras africanas. Ripperdá había arrojado a España en manos de Austria, costando, además, sacrificios pecuniarios. De "ridículo fracaso" ha sido calificada su actitud y la de la corte española.

14 jun. 2016

REVISIONISMO DE UTRECHT. LA DIPLOMACIA DE FARNESIO Y LA POLÍTICA DE ALBERONI (II)

Alberoni y la Farnesio forman un dúo perfecto. Felipe V acompaña y España en parte desafina porque es ajena, aunque conoce la partirura por sus reivindicaciones históricas mediterráneas. Además, España cuenta con materia prima: en la Guerra de Sucesión había demostrado ser capaz de relaciones insospechadas en el campo militar. Este potencial podía ponerse al servicio del Mediterráneo en Italia.
Alberoni no tiene prisa, y se dedica a que se organicen las fuerzas terrestres y marítimas. La iniciativa de la diplomacia franco-inglesa hará fracasar la prudencia de Alberoni, quien creía haberse ganado a Inglaterra con tratados comerciales, a costa de arruinar el comercio español en Nueva Granada y Perú.
Londres y París se dedican a consolidar la Paz de Utrecht en sucesivas entrevistas, que dieron lugar a la firma de la Triple Alianza (La Haya, 4 de enero de 1717). Era una alianza defensiva, conservadora y dirigida contra el rey de España.
Alberoni, ya cardenal, seguía trabajando febrilmente. Los preparativos se llevan a cabo en los arsenales y astilleros de Cataluña y Vizcaya; se estimula la economía; se reforman los sistemas tributarios y financieros; se reorganiza el ejército. Patiño, en plan cerebro, trabaja incansablemente.
El 9 de julio de 1717 salía una flota de 12 navíos de guerra, 100 transportes, 8.000 infantes, 600 caballos, 60 cañones, víveres y pertrechos para tres meses. Consecuencia: Cerdeña fue conquistada. Debemos aclarar que por costumbres, tradición, idioma, etc... Cerdeña era tan española como Mallorca.
El 2 de agosto de 1718, al adherirse Austria a la Cuádruple Alianza (Inglaterra, Francia, Holanda y Austria) con el objetivo de mantener la paz, ofrecían Parma y Toscana a favor del príncipe Carlos. Es rehusada la oferta.
Patiño se lucía con una nueva expedición, que salía de Barcelona el 18 de junio de 1718; esta vez con más de 30.000 hombres. Objetivo: Sicilia, donde apenas encontraron resistencia.
Inglaterra tuvo que replicar destruyendo la escuadra española en el cabo Passaro. Francia entraba en España por Fuenterrabía, Pamplona y Cataluña. Alberoni reacciona con la llamada "conjura de Cellamare" contra el duque de Orleáns, regente de Francia, y contra Inglaterra al apoyar un desembarco de Jacobo III Estuardo en Escocia. La réplica fue un desembarco inglés en Vigo. España tenía la partida perdida. Felipe V se vio obligado a adherirse a la Gran Alianza de la Haya el 20 de febrero de 1720, tras sacrificar a su ministro Alberoni. La nota decía lo siguiente:

"Estando continuamente inclinado a procurar a mis súbditos los beneficios de una paz general, trabajando hasta este punto para llegar a los tratados honrosos y convenientes que pueden ser duraderos, y queriendo con esta mira quitar todos los obstáculos que pueden ocasionar la menor tardanza a una obra de la cual dependen tanto el bien público, como asimismo por otras justas razones, he juzgado a propósito el alejar al cardenal Alberoni de los negocios de que tenía el manejo, y al mismo tiempo darle, como lo hago, mi real orden para que se retire de Madrid en el término de ocho días, y del reino en el de tres semanas, con prohibición de que no se emplee en cosa alguna del gobierno, ni de comparecer en la Corte, ni en otro lugar donde yo, la reina o cualquier príncipe de mi real casa se pudiera hallar."

Según lo estipulado, los ducados de Parma, Plasencia y Toscana, en caso de morir su poseedores sin descendencia masculina, serían heredados por don Carlos, hijo mayor de Isabel Farnesio. Aunque parecían allanadas las principales dificultades, Austria y España seguían sin encontrar facilitada su situación en el Congreso de Cambrai.
Sin embargo, se hacían pactos con Inglaterra sobre la devolución de Gibraltar, y con Francia para un tratado defensivo y un doble matrimonio entre el príncipe de Asturias, Luis, y Luisa Isabel de Orleáns, y entre Luis XV y María Ana, hija de Felipe V y la Farnesio.

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12 jun. 2016

REVISIONISMO DE UTRECHT. LA DIPLOMACIA DE FARNESIO Y LA POLÍTICA DE ALBERONI (I)

Desde finales del siglo XIII, España estaba en Italia. Fernando el Católico perfecciona esta política mediterránea. La estructuración italiana, en paz desde el Renacimiento y sellda por cientos de años de historia común, fue quebrantada en la Paz de Utrecht. Inglaterra se encuña en las rutas del levante español (Gibraltar, Menorca). Las realidades histórica, política y geográfica son sacrificadas. El equilibrio dice que Austria necesita mayor extensión y población que Francia. Es la razón para que Austria herede la mayoría de las posesiones españolas en Europa. Saboya se quedará con Sicilia. Austria nunca había tenido estrechas relaciones económicas y políticas con Nápoles ni con Cerdeña. Aparte de estar lejanos, ni austriacos ni saboyanos poseen una tradición marinera que les ayude a entender algo a sus nuevos súbditos. España había aceptado esto de mala gana; sus relaciones con Viena no eran precisamente cordiales; Carlos VI (el archiduque) seguía considerando a Felipe V como un usurpador.
La iniciativa de ruptura correrá a cargo del gobierno español, en estos momentos bajo influencia italiana.
Isabel Farnesio, segunda esposa de Felipe V, era hija del duque de Parma y Toscana, y aque se extinguían las ramas masculinas Farnesio y Médicis. Pretendía asegurar esos estados a los hijos de su matrimonio, pues la corona de España pertenecía a los nacidos del primer enlace de Felipe V. Éste era dócil a los planes que le propusieran, y más siendo bélicos, pues, como su abuelo, creía en la gloria militar. Además, un triunfo en el Mediterráneo suponía la humillación de Carlos VI de Austria y un aumento de las posibilidades para aspirar a la regencia de Luis XV de Francia.
El complemento de la influencia italiana lo constituye Alberoni, una especie de ministro dirigente, elevado a tal por Isabel Farnesio. Julio Alberoni era hijo de un jardinero parmesano; había sido estudiante, campanero, protegido, presbítero, mayordomo, preceptor, educador y ágil conversador. Primero estuvo a las órdenes del duque de Vendôme y luego pasó a agente diplomático del duque de Parma en Madrid. Se ganó a la reina María Luisa, a la princesa de los Ursinos, a Gindice y demás personalidades. Fue oportuno en todo y tramó con éxito el matrimonio de Felipe V e Isabel Farnesio. Esto le convirtió en árbitro de los destinos de España.
Alberoni consideraba a sus paisanos incapaces de patriotismo. Diría que su molicie "causa vergüenza a las demás naciones". Odiaba a los alemanes y tenía ideas de liberación y unidad nacional. Lo primero era sacudirse el yugo de los austriacos a la vera de los ejércitos españoles.

6 jun. 2016

CLASES INFERIORES RURALES EN EL SIGLO DE LAS LUCES (IV)

En la Corona de Aragón se dan fuertes contrastes climáticos y productivos, lo que origina agudos conflictos socio-económicos. El problema más fuerte radica en el "señorío". Existen 2.712 pueblos de señorío, contra 1.189 de realengo. La confusión entre derechos de señorío y derechos civiles perjudicó al campesino, quien, pese a su logro en las Cortes de Cádiz, no fue capaz de mejorar mucho su situación, con la permuta del señor por el propietario. De todas formas, esta zona permitía una economía más diversificada, lo que evitaba los dramatismos castellanos y, sobre todo, los extremeños y andaluces, regiones siempre expuestas al capricho meteorológico, que acarreaba años de escasez y de hambre. Fueron catastróficos los años 1709, 1723, 1750, 1755, 1763 y 1764; de 1784 a 1793; 1800 y 1804. La falta de comunicaciones y reservas agravaba el cuadro.
En 1709 la gente salía al campo a comer lo que agarraba; se caían muertos por las calles; los difuntos no cabían en las iglesias y había que enterrarles en los campos; en Sevilla, en dos días murieron 10 personas y otras resultaron graves por el solo hecho de apretujarse en las filas que se formaban frente al palacio arzobispal a pedir limosna. En este sentido hay que explicarse el motín de Esquilache.
Cabarrús recuerda la epidemia que diezmó La Mancha en 1786:

"La esterilidad de las cosechas se había combinado con la epidemia de las tercianas para asolar aquella infeliz Mancha, tan cruelmente angustiada por todos los géneros de opresión, que devastan como a porfía los comendadores, los grandes propietarios, la chancillería, el clero y los tributos, con la mayor desproporción entre lo que se exige de ella y lo que se le restituye. He visto entonces centenare de sus infelices moradores en el instante inmediato a las cosechas correr de lugar en lugar, y afanarse a llegar mendigando hasta Madrid: el padre y la madre cubiertos de andrajos, lívidos, con todos los síntomas de la miseria, de la enfermedad y de la muerte, y los hijos enteramente desnudos y extenuados. Muchos conseguían venir a morir en los hospitales; otros expiraban en el camino. Y me parece que estoy viendo todavía uno de esos infelices muerto al pie de un árbol, inmediato a la casa en que me hallaba. La fuerza de la enfermedad y del hambre había acallado en la madre y en los hijos los gritos de la sangre: rodeaban el cadáver yerto de su marido y padre sin lágrimas y sin ninguna de aquellas expresiones dolorosas que alivian el propio sentimiento; su actitud, su silencio anunciaban la calma horrible de la desesperación."

Los únicos que aguantaban eran los labradores fuertes, que almacenaban hasta 10 cosechas y empeñaban sus alhajas, hasta que venían las vacas flacas y entonces vendían al precio que querían. Éstos eran también los miembros del clero y la nobleza, que más que labradores eran fuertes perceptores de rentas.
Las oscilaciones de precios a quien perjudicaban era al pobre campesino, tanto si los precios subían como si se envilecían. Hubo años en que la fanega de trigo subió a 120 reales y años en que bajó a ocho. Mientras tanto, los jornales de los trabajadores agrícolas apenas se alteraron entre el año 1680 y el 1800. Oscilaron siempre entre dos y tres reales y largas jornadas de trabajo.
El problema social del campesino hay que verlo también en el municipio, donde el tándem propietario de la tierra y regidores municipales era más fuerte y efectivo que las normas sociales que se pudieran dictar desde el gobierno central. En Madrid se habla, pero en las zonas rurales no se oye o no se escucha.

5 jun. 2016

CLASES INFERIORES RURALES EN EL SIGLO DE LAS LUCES (III)

En las comarcas castellanas, cuando se unía el medio hostil (zonas peladas, malos sueldos, sequías, pluviometría desigual, etc.) a la avidez de los señores (rentas altas, impuestos, diezmos...) la situación era dramática para el campesino. De ahí que un gobernador de Burgos hablara de los "miserables esclavos" de los propietarios y que Jovellanos, al llegar a Mansilla de las Mulas (León), comentara en su línea:

"Dicen que tuvo 700 vecinos; hay 120, las dos terceras partes jornaleros pobres; todavía hay riego, buena tierra para centeno y lino, cría de potros, mulas y ganado vacuno y lanar. ¿Cómo, pues, tanta pobreza? Porque hay badíos, porque las tierras están abiertas, porque el lugar es del duque de Alba, porque hay mayorazgos, vínculos y capellanías. ¡Oh, suspirada Ley Agraria!"

El alza de los precios agrícolas provocará la roturación de extensas zoas que se abandonan cuando el suelo se agotaba o volvían a bajar los precios. Este alza de precios del trigo y del aceite puso también en tela de juicio los privilegios del pastoreo.
Hay algunos vergeles escasos, y existen también aldeas serranas pastoriles y medio agrarias con una vida retrógrada. Se puede hablar en términos generales de una mediana miseria que garantizaba una mediana estabilidad política.
En Andalucía y Extremadura el problema eran las grandes propiedades cultivadas con descuido. El viajero Bourgoing dirá de las comarcas andaluzas:

"El gran propietario vive en ellas igual que el león en la selva, el cual ahuyenta con sus rugidos a cualquiera que ose acercársele".

Sólo en el reino de Granada había 82.186 jornaleros y en Sevilla 118.741. A esta masas de jornaleros sin tierra hay que sumar la de los pegulajeros y pelentrines expuestos , a las primeras de cambio, a ser reducidos a braceros. Todo este sector, a veces exaltado y a veces resignado, constituía la primitiva clase revolucionaria. Luchaba contra las oligarquías locales que le explotaban de formas varias. Los reformadores del siglo de las Luces tendieron a la redistribución de las tierras. En un primer intento se dieron cuenta de que al distribuir entre los pequeños agricultores las zonas de monocultivo y secano, bastaban un par de años malos para que el campesino se deshiciera de sus tierras. Se adopta un segundo intento propugnando una colonización controlada y apoyada por el Estado. El intento era perfecto, porque se libraba del campesino opresor y de que él mismo vendiera sus parcelas, pero ello suponía unos gastos enormes que el Estado era incapaz de afrontar.

4 jun. 2016

CLASES INFERIORES RURALES EN EL SIGLO DE LAS LUCES (II)

Las provincias cantábricas, al no producir cereal, ni olivar, ni viñedo, son reputadas como pobres en el resto de España. A esto hay que añadir la emigración interna de cierto sector muy poco cualificado de mano de obra, lo que contribuyó a la fama de pobreza y esterilidad de estas comarcas. Pero esto es cierto sólo a medias, ya que gozan de un clima que favorece los cultivos intensivos y una diversificación racionalizada: ganado vacuno, maíz, patata, ausencia de barbechos, conservación de bosques. Los sistemas de arrendamientos son largos y seguros al no permitir el desahucio. La mujer goza de igualdad en relación con el hombre (sí, en el siglo XVIII eso ya pasaba en el norte de las Españas); las instituciones forales, donde las había, beneficiaban al campesino, creando, además, una especie de democracia rural. El que exista un conservadurismo social y político no excluye una adaptabilidad económica. De estas zonas surgen numerosos reformistas: la Compañía de Caracas, el Instituto Jovellanos, el seminario de Vergara, etc..., y se ponen las bases de un comercio internacional del hierro, del carbón, etc.
Son unas comarcas donde existe la variedad, la medianía, no hay ricos, pero los mendigos también son escasos. Asturias, por ejemplo, sólo arroja un 6% de jornaleros. En Galicia es distinto. Cuenta con 680 pueblos de realengo, 546 de señorío secular, 39 órdenes militares, 76 sedes episcopales, y 741 de los abades y monasterios.
Arroja, por otra parte, 91.759 propietarios, 57.571 arrendatarios y 31.500 jornaleros.
A esto hay que añadir que Galicia experimenta un fuerte crecimiento demográfico y una constante en el reparto de las herencia; tendremos "parcelas como pañuelos".
Teniendo en cuenta estos datos, no es de extrañar que el racionero de Santiago diga de las clases inferiores rurales: "Viven en la indigencia, alimentados escasaemente, envueltos en un tosco sayal y a veces casi desnudos; oprimidos por las vejaciones de sus señores, tiranizados de las injusticias, arrastrados a las cárceles por los acreedores, abatidos y despreciados por las otras clases".
Están expuestos a que les suban las rentas a cantidades impagables o que les apliquen el desahucio. El tipo de arrendamiento obliga al campesino gallego a vivir, comer y dormir como un bruto. La vida se agrupa en torno al foro.
Los foreros (o arrendatarios) pagaban un canon al forista (propietario). Los foreros, al cabo de mucho tiempo y por la propia dinámica de estos contratos supraenfitéuticos, terminaban creyéndose propietarios. Como en el siglo XVIII aumenta la población y suben mucho los precios, los foreroshacen negocios subarrendando sus parcelas (subforos). Los foristas, nobles y eclesiásticos se quejan porque cobran poco y ha aumentado mucho el valor de la tierra. Vemos al monasterio de Lorenzana cobrar sólo 3.715 reales de foros, mientras que los foreros lo subarriendan en 923.116 reales. Se entablará un pleito, pero el reformismo borbónico anitaristocrático falló en favor de los foreros o arrendadores, en 1763. Los foreros, con las desamortizaciones decimonónicas comprarán estas tierras, porque se han hecho con dinero, y se convertirán en dueños auténticos o foristas, engendrando una burquesía rural gallega.
Este aspecto, el reparto de la propiedad y la cuestión señorial coadyuva a la inmigración intrapeninsular de los gallegos. España va a menospreciar esta región, donde la mujer es mozo de cuerda, donde hay un elevado porcentaje de hijos ilegítimos y donde abunda la miseria. El padre Feijoo lo explica así en su excelente obra "Teatro Crítico":

"Yo, a la verdad, sólo puedo hablar con perfecto conocimiento de lo que pasa en Galicia, Asturias y Montañas de León. En estas tierras no hay gente más hambrienta ni más desarraigada que los labradores. Cuatro trapos cubren sus carnes, o mejor diré que por las muchas roturas que tienen las descubren. La habitación está igualmente rota que el vestido; de modo que el viento y la lluvia se entran por ella como por su casa. Su alimento es un poco de pan negro, acompañado de algún lacticinio o de alguna legumbre vil, pero todo en tan escasa cantidad, que hay quienes apenas una vez en la vida se levantan saciados de la mesa. Agregando a estas miserias un continuo rudísimo trabajo corporal desde que raya el alba hasta que viene la noche, contemple cualquiera si no es vida más penosa la de los míseros labradores que la de los delincuentes que la justicia pone en galeras... Ellos siembran, ellos aran, ellos siegan, ellos trillan, y después de hechas todas las labores les viene otra fatiga nueva y la más sensible de todas, que es conducir los frutos, o el valor de ellos, a las casas de los poderosos, dexando en las propias la consorte y los hijos llenos de tristeza y bañados de lágrima a facie tempestatum famis"