28 feb. 2017

LA CONJURA DEL ESCORIAL

Godoy había sido pieza clave en la política napoleónica con respecto a España entre 1804 y 1806.  Pero a finales de 1807 el emperador de los franceses cambiará de sistema.  Intenta ganarse, por medio de su embajador Beauharnais, a la oposición, esto es, al partido fernandino, que está dispuesto a ser francófilo en cuanto Bonaparte se coloque frente a Godoy.  Esta trama refleja una mayor supeditación de la política interior española a Napoleón, árbitro sin escrúpulos de toda la situación.
El emperador decide inmiscuirse en los asuntos internos para así gozar de una influencia irresistible en el presente y en el futuro del gobierno español.  "La facción fernandina, -llegó a decir Napoleón-, no se detendrá hasta que arroja al abismo a Godoy, y el día que yo quiera esta facción pasará a mi lado".  El príncipe de Asturias, de la mano de Escoiquiz, se relacionaba con Napoleón, conspirando contra su padre y patrocinando una campaña de libelos y láminas soeces que manchaban el honor de su madre y, por supuesto, el de Godoy.
La conducta del futuro Fernando VII, como reflejan los documentos que le fueron incautados, representaba una traición al Estado, y el propio Napoleón calificará la conducta de Fernando así:

"Cualquier paso de un príncipe heredero cerca de un soberano extranjero es criminal."

La conjura fue descubierta.  Escoiquiz, el duque del Infantado, el duque de San Carlos, Ayerbe, Bornos, Orjas, etc... fueron encerrados y desterrados.
Fernando, quien en la conjura tenía que entregar a su padre una memoria explicativa, dictada por Escoiquiz, y en la que debía describir a su padre las debilidades de su propia madre, fue obligado a pedir perdón a Carlos IV, quien se lo concedió por influencia de María Luisa.
Pero todos estos sucesos del proceso de El Escorial fueron achacados por el partido fernandista a Godoy.  Nadie en España creía en esta pretendida conspiración del príncipe de Asturias.  Injustamente se culpó al Príncipe de la Paz de ser el autor de la conjura y se decía que Godoy había amañado todos estos sucesos para hundir al legítimo heredero y deseado futuro rey.
A los pies del favorito de María Luisa se abría un abismo y todo se volvía contra él.  Enviados franceses, las propias memorias de Godoy, la opinión general confirman este clima hostil hacia el aborrecido ministro: los nobles, porque habían sido humillados con la fulgurante carrera de este advenedizo extremeño; la Iglesia, porque había sido atacada en sus privilegios económicos, porque había intentado reformas radicales en algunos sectores del clero y había osado enfrentarse al Santo Oficio; los ricos, porque, sin respetar privilegios ni apellidos, había hecho recaer sobre ellos el peso de las exigencias fiscales, para desahogar a los humildes a lo largo de una crisis constante; el pueblo, porque se lo presentaban como un desenfrenado hereje, que tras someter a su voluntad a un viejo y débil monarca y manchar el trono con su impudicia, aún pretendía arrebatárselo al "pobre" Fernando.
Hacia Napoleón, participante en la Conjura del Escorial, tendían las esperanzas de los españoles.  El propio emperador de los franceses mentía al negar su participación en estos sucesos, y para colmo descaraba sus engaños con fuerza:

"...desde hoy tomo al príncipe de Asturias bajo mi protección; que si se le toca en la menor cosa, o se insulta a mi embajador, o si el ejército reunido no marcha inmediatamente a Portugal, según lo convenido, declararé al instante la guerra a España, me pondré al frente de las tropas para entrar en ella..."

Y de paso mandaba que entraran más batallones en España.

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27 feb. 2017

EL TRATADO DE FONTAINEBLEAU

Los acontecimientos eran dichosos para Godoy.  El reino de Nápoles había caído en manos de Francia, había muerto la princesa de Asturias y el partido fernandino se hallaba desmoralizado.  Napoleón seguía destrozando las fuerzas europeas en Austerlitz.  Godoy pensaba  en apartar del trono al futuro Fernando VII y éste ya le miraba como a un enemigo personal, al paso que las sospechas del hijo contra su madre, María Luisa, iban a desembocar en un odio salvaje.  Esta trama se ve influida por el canónigo Escoiquiz, hombre intrigante y ambicioso, además de hipócrita.  Escoiquiz puso en el corazón del adolescente príncipe Fernando la semilla de la sospecha contra su propia madre; y ese turbio recelo del niño hubo de pasar al alma del adulto cuando creció hasta convertirle en el hombre desconfiado, egoísta y falaz que luego sería.  El carácter pérfido del rey no se explicaría sin esta temprana duda vertida en su espíritu por Escoiquiz; torcedor que no había de permitirle descansar jamás en la seguridad de un afecto sincero, o entregarse generosamente a un ideal que se saliera de los límites de su propio interés personal.
Ya había comenzado la segunda intriga ambiciosa de Godoy sobre Portugal.  Por medio de su hombre de confianza, Izquierdo, propone a Napoleón el proyecto portugués, por el que Godoy garantizaría su existencia futura quedándose con el reino de Portugal.  Napoleón acepta y exige que rompa sus alianzas con otros países europeos, así como que altere las aduanas para favorecer la entrada de manufacturas francesas.  La respuesta de Godoy es de la más ambiciosa nitidez que se haya podido dar en un hombre de gobierno:

"España está dispuesta a hacer, aún a expensas de sus intereses, cuanto sea agradable a Su Majestad Imperial."

Dicho y hecho.  Godoy, atormentado por su oscuro porvenir y confundiendo la salvación de su propia persona con la de la propia España, sigue matizando su acción antiportuguesa, ya que España sólo puede colaborar con Francia conquistando Portugal para así librar a Napoleón del molesto amigo de Inglaterra.  Una parte de Portugal sería para Godoy, como él se lo hace decir al Emperador:

"...para aquel que lo agradecerá eternamente a las bondades de Vuestra Magestad Imperial."

Este es el croquis del Tratado de Fonainebleau del 27 de Octubre de 1807, cuyas cláusulas principales era: el reino de Portugal se dividiría en tres partes: la norte se asigna a María Luisa de Etruria.  La del sur se regala a Godoy.  La parte central, entre el Duero y el Tajo, quedaba en reserva, con el fin (aunque no constaba en el tratado) de cambiar ese territorio por las provincias españolas entre el Ebro y los Pirineos.  Esta idea imperial "a lo Carlomagno" estaba avalada por una convención secreta: 28.000 soldados franceses entrarían en España para dirigirse a Lisboa, adonde les seguiría un cuerpo español del mismo número de hombres.  El mando correspondería al general francés.  En Bayona estaría preparado un segundo ejército de 40.000 hombres.
Fuerzas españolas penetran en España.  La ocupación de Portugal es realizada con suma facilidad; la familia real portuguesa huyó a Brasil.
Pero los contingentes franceses no sólo se dedican a la ocupación de Portugal, sino que se establecen en muchas ciudades españolas.  Los temores del gobierno español no eran infundados, pues pronto el emperador reclama una serie de plazas fronterizas y el citado trueque del centro de Portugal por la zona comprendida entre el Ebro y los Pirineos.  Había comenzado la fase de desmembración; pero como no cabe oponerse, la única solución viable que propone Godoy es huir a América, como acaban de hacer los Braganza portugueses.

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26 feb. 2017

HACIA LA QUIEBRA TOTAL

El sucesivo debilitamiento en que se encuentra el gobierno español hace a Napoleón modificar sus proyectos respecto a España.
En un primer momento sólo piensa en España, manejar su gobierno de Godoy y valerse de su escuadra y de sus recursos. En una segunda fase se da cuenta de que puede poner los dientes largos a Godoy prometiéndole un pedazo de Portugal (el Algarve) y quedarse él una porción del terreno español con la que aumentar su imperio (concretamente la Península Ibérica). Su último plan es aprovecharse de la escisión entre Carlos IV y su hijo Fernando VII, y al compás de esta disputa dinástica, sustiutuirles por so propio hermano, José Bonaparte, mal llamado "Pepe Botella".

25 feb. 2017

TRAFALGAR

Todas las potencias del continente se aprestan a defenderse del imperialismo francés, menos España, que aparece como aliada.  La neutralidad deseada por España era insostenible.  Hasta cierto punto se comprende esta postura, ya que España contaba con intereses ultramarinos y se sentía obligada a defenderlos frente a la agresividad inglesa, que, injustificadamente, capturaba fragatas españolas cargadas de plata cuando venían de América, y atacaba, en plena paz, a las colonias americanas.  Además, la dinámica interna empujaba a Godoy a echarse en brazos de Napoleón, ya que en la corte existía un partido anglófilo; en torno al hijo del primogénito de Carlos IV se estaba formando un partido, llamado "fernandino", hostil al príncipe de la Paz, y, por añadidura, el matrimonio del futuro Fernando VII con la napolitana María Antonia también reflejaba odio a Godoy y anglofilia declarada.
El plan de Napoleón era sencillo.  Los barcos franceses y españoles evitarían el choque con el grueso de la flota sajona y tratarían de dividirla, amagando los españoles sobre las Antillas para atraer a los ingleses hacia América.  Luego la flota española volvería rápidamente y, junto con la francesa, atacaría a parte de la escuadra inglesa que se hubiera quedado a este lado del Atlántico.  Entonces, los 100.000 hombres que tenía preparados Napoleón en Boulogne atravesarían el canal y, una vez puesto el pie en suelo inglés, la guerra estaría ganada.
Pero las órdenes de Napoleón no pudieron cumplirse sino con vacilaciones y retrasos, ya que, según Nelson, el emperador "no tomaba en consideración el tiempo ni la brisa".  La maniobra de diversión resultó un rotundo fracaso; el almirante Nelson desbarató el plan al no alejarse de las costas europeas; los barcos españoles y franceses sólo pudieron juntarse parcialmente.  Napoleón desesperaba en Boulogne y apremiaba a su almirante, Villneuve.  Pero Villneuve, tras un roce con la escuadra inglesa en el cabo de Finisterre, entraba en Vigo, para recalar en Cádiz, donde en unión de la escuadra española quedó casi bloqueado.
Cerca de Cádiz y a cuatro leguas del cabo Trafalgar se dio la batalla decisiva el 20 de octubre de 1805.  Nelson supo coger viento y atacó de flanco en el momento propicio.  Los hispano-franceses se vieron envueltos y les fallo el material de la flota conjunta.  Se luchó con ardor y vencieron los ingleses, aunque a costa de grandes pérdidas de hombres y barcos.  Es de sobra conocido el comportamiento excepcional del duque de Gravina, Cosme Churruca, de Galiano, de Cayetano Valdés, de Ignacio de Álava, de Pareja, Alcedo, Gradoqui, Argumosa, y de tantos otros que derrocharon pericia y valor.  Es de destacar también la bravura de los franceses Magon, Cosmao, Lucas, Baudoin y Camas.  El propio Nelson murió y Villeneuve cayó prisionero y se suicidó.
La flota española dejó de existir y Napoleón ya no contaba con invadir Inglaterra.
Hasta este momento España necesitaba del ejército francés y Francia de la escuadra española, pero deshecha la flota en Trafalgar, las esperanzas se vienen abajo y la vinculación a la Francia napoleónica será total.  Godoy tratará de jugar a la habilidad, pero al impedírselo la fuerza francesa conduce a España a la catástrofe.
La situación de Godoy se vuelve agónica.  A él se le hace responsable de la destrucción de la marina, de la paralización del comercio, del bloqueo de las colonias por los ingleses y de querer eliminar al príncipe de Asturias.  Dejado llevar de su ambición y deseo de seguridad, entabla unas graves negociaciones con el emperador francés (la misión de Izquierdo).  Godoy acaricia el sueño de reinar en España o en Portugal.  Napoleón es mucho más concreto: desea dinero, hombres y la adhesión de España al bloqueo continental; por eso, una vez cobrado el subsidio de 24 millones, olvidó sus promesas.  Godoy, decepcionado, se pone en contacto con las cancillerías europeas que están formando una cuarta coalición, prepara un ejército y proclama a los españoles que ha llegado el momento de luchar contra Napoleón.
Pero Bonaparte, que por tierra era invencible, destrozó las fuerzas de la cuarta coalición en Jena.  España, más que nunca, quedaba atada de pies y manos a merced del general corso.


24 feb. 2017

LA GUERRA DE LAS NARANJAS

Estamos en el año 1800.  El general Bonaparte se había hecho con el poder afianzándose en el Consulado vitalicio.  Napoleón convence a los reyes españoles para que eleven de nuevo a Godoy.  Don Manuel entra en escena, convertido en un auténtico dictador, pero echado en los brazos de Napoleón, brazos que aprietan fuerte, como tendremos ocasión de ver.
Para comenzar, Bonaparte aconseja (ordena) a Godoy firmar tres tratados.  Por el primero se concedía al Infante de Parma, don Luis, casado con María Luisa, hija de Carlos IV, el nuevo reino de Etruria, con Florencia por capital, y siendo considerado este estado como propiedad de España.  Por los otros dos tratados, y dado que se habían renovado las hostilidades entre Francia e Inglaterra, España volvería a contribuir con su flota y declararía la guerra a Portugal, para obligarle a renunciar a la alianza inglesa.
La habilidad de Godoy refleja ese "juego en pequeño", ese juego político de mediano alcance.  El punto de vista de Napoleón es aplastar de una vez a Portugal, amigo constante de Inglaterra.  Carlos IV, porel contrario, está unido por lazos familiares a la corte lusitana; sabe que, pronto o tarde, entrará en guerra con Portugal y precisamente por eso quiere hacerla pronto y que sea rápida, simulando un gran entusiasmo antiportugués y atacando antes de que vengan los ejércitos franceses a mezclarse en el asunto peninsular.  Así ocurre; el generalísimo Godoy  ataca sin el apoyo de las tropas auxiliares francesas; Portugal pide la paz y se le concede, previa entrega de la plaza de Olivença y el cierre de los puertos portugueses a los barcos ingleses; además se hace cómplice de toda esta maniobra el embajador francés Luciano Bonaparte.  Napoleón, que contaba con planes totales, quedó burlado.  Pero el poderoso burlado aprendió la lección y el burlador tuvo que ganarse al burlado a costa de "la dignidad de España", como llegó a decir el marqués de Lema.
Francia e Inglaterra llegaron a un acuerdo provisional en la Paz de Amiens (21 de marzo de 1802).  Ambas potencias aspiraban a la hegemonía política y económica, pero ni los brillantes ejércitos napoleónicos pueden nada contra Inglaterra ni la escuadra inglesa puede nada contra la "Grande Armada" de Napoleón.  Está claro que usan armas distintas y, por ello, buscan complementarse con las ajenas.  Inglaterra busca aliados continentales y Francia compromete la flota española.
España, contra su voluntad, se ve envuelta en este juego sangriento, acuciada por la hostilidad británica y por el deseo napoleónico de sacrificar la escuadra española a su política.  Godoy se resiste y quiere formar una alianza neutral y defensiva junto a Portugal y a las potencias del Norte.  Pero la presión napoleónica asfixia y no cabe sino plegarse a las exigencias del corso.
Napoleón era proclamado emperador de los franceses en 1804, con lo que, al decir de Pabón, monarquía y revolución se sintetizan en un régimen de nuevo cuño; planeaba la invasión de Inglaterra, mientras William Pitt, ministro inglés, trataba de formar la tercera coalición antinapoleónica.

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23 feb. 2017

GUERRA CONTRA INGLATERRA EN TIEMPOS DE GODOY

Se desenvolverá dentro del mecanismo del siglo XVIII.  España necesita la escuadra española e Inglaterra obstruye el tráfico colonial y hostiliza las posesiones españolas en América.  En 1797 ya están las dos potencias continentales en guerra con los ingleses.  Como en otras ocasiones, la flota española se deja jirones ante la inglesa (batalla del cabo de San Vicente y pérdida de la isla de Trinidad).  Lo mismo que otras veces, un puñado de brazos marinos poco podían hacer en unos navíos envejecidos, con unas mediocres dotaciones y contra la desidia oficial.
Siguiendo también una vieja costumbre (recordemos la época de Patiño y épocas posteriores), Francia se entiende por separado con Inglaterra, mientras Godoy protesta indignado, quedando mal ante propios y extraños.  Ya subrayamos anteriormente la vital trascendencia de esta guerra por lo cara que costó al comercio y por sus implicaciones en la política fiscal española: constituyó un auténtico desastre.
Godoy no invadió Portugal, como deseaban los franceses, y como, por otra parte, quiso jugar a contrarrevolucionario, apoyándose en su situación favorable ante los revolucionarios, la coyuntura fue aprovechada por los diplomáticos galos y por los políticos españoles para provocar su salida del gobierno.  Esta presión exterior -como en el caso de Floridablanca- es la causa determinante de su caída, y no el que María Luisa hubiera cambiado de amante o que Godoy la hubiera puesto celosa como a menudo ha querido sugerir algún que otro historiador.
Siguen dos cortos ministerios de Saavedra y Urquijo (1798 y 1800).  Fracasada la alianza hispano-francesa, Saavedra se incrusta en la coalición general antifrancesa y el mismo Urquijo mantuvo una política favorable a los británicos; pero combatido por el Papa y Napoleón fue pronto destituido y encarcelado.  En estos momentos era Jovellanos ministro de Gracia y Justicia.


21 feb. 2017

GUERRA Y ALIANZA FRANCO-ESPAÑOLA EN TIEMPOS DE GODOY

Al morir Luis XVI en la guillotina quedaba expedito el camino de la guerra.  Subrayemos el carácter patriótico y de cruzada contrarrevolucionaria de esta guerra, que responde a un mismo concepto ideológico pero contrapuesto, que el del ejército revolucionario francés.  Donativos, soldados, voluntarios y arengas religiosas llueven en todas las ciudades y nutren a esta guerra, en la que se lucha por la religión, la monarquía y los principios y estructuras tradicionales.  Las exhortaciones del obispo de Santander y los sermones y escritos de fray Diego de Cádiz causan sus efectos, llegándose a matar a los franceses residentes en España por el solo hecho de ser franceses y se abuchea a aquellas personas que visten o peinan a la francesa.
La campaña de 1793 fue favorable para los generales españoles Ricardos y Caro, que repasaron con éxito la frontera oriental y occidental de los Pirineos.  Pero en la campaña de 1794 las cosas se trocaron y fueron cayendo en manos francesas Figueras, Puigcerdá, Irún. San Sebastián, Bilbao, Vitoria, llegando a cruzar el puente de Miranda de Ebro.  Decididamente en el ejército español había más entusiasmo que organización para resistir al francés, mejor organizado y con más alta moral, según vaticinara Aranda.
Como puede presumirse, no todos los españoles comulgaban con las ideas del clero ni apoyaban la cruzada antifrancesa; por el contrario, son muchos los que desean en España los frutos que la Revolución había introducido en Francia; en este sentido hay que explicar la tibieza de los oficiales del ejército para continuar la guerra y las defecciones desconcertantes de Figueras y San Sebastián.  Se forman juntas clandestinas para convocar Cortes y constituir un Consejo de Estado independiente y eficaz; circulan octavillas desacreditando a Godoy, quien se mantiene gracias a los sermones, a los intereses personales y a una fuerte reacción que da en la cárcel con docenas de personas y con diputados del Consejo de Castilla en el destierro.  Que el pueblo había cambiado de postura nos lo dice el hecho de que Godoy se instalara en el palacio real por temor a ser objeto, en su casa, de la furia de la plebe.
Godoy se esfuerza por llegar a un armisticio, que viene con la "Paz de Basilea" (22 de junio de 1795).  España recobraba todo el territorio metropolitano y se desprendía de la isla de Santo Domingo.  Godoy era nombrado "Príncipe de la Paz", título que no sorprendió a nadie, ya que incluso en círculos adversarios a Godoy se elogiaba su sagacidad en la firma de este tratado.
Inglaterra, que en esta guerra había sido aliada de España, seguía hostil hacia la navegación y posesiones coloniales españolas.  Es harto significativo que el embajador inglés en Madrid escribiera, ya en 1795, que España caminaba hacia la paz con Francia, que a la paz seguiría la alianza y a la alianza la acción antibritánica.
Por otra parte, la situación de Francia, desde el golpe de Termidor, estaba cambiando y la convulsión revolucionaria entraba en remanso; era, pues, lógico pensar en reanudar la política antibritánica y volver a la amistad francesa.  Si a esto sumamos una razón de orden externo -preocupación dinástica por Parma ante las campañas napoleónicas- y otra de orden interno -la conspiración de Malaspina con el propósito de hacer salir del gobierno a Godoy-, nos explicaremos el tratado franco-español de San Ildefonso (18 de agosto de 1796), que era una especie de copia de los pactos de familia, aunque ahora Godoy trataba con la República Francesa y no con los Borbones franceses.
Podemos afirmar que San Ildefonso es el nudo del que parten, en un lógico desarrollo, los acontecimientos posteriores y, por otra parte, rompe con cuanto significara, en la opinión del país, la gallarda postura adoptada por Godoy en 1793.
A partir de este momento la alianza se irá transformando en una dependencia.  Godoy se preocupará de no perder el mando y tejerá una red a base de sus miedos y ambiciones hasta conducir a España a la catástrofe.

20 feb. 2017

PENSAMIENTO Y POLÍTICA EXTERIOR DE GODOY

En el momento en que Europa vive el problema de una nueva organización, Godoy jugará en pequeño, víctima de miedos y vanidades personales, náufrago y no piloto en la tormenta.  Cuando adopte la línea internacional, iniciación de la catástrofe, invertirá el orden de las relaciones que la geografía y la historia señalan.  En su descargo está la ignorancia de tales leyes; pero le acusará su ambición de reinar.  Como todo advenedizo, Godoy piensa hallar el secreto de la política exterior en la adhesión al que triunfa, sin línea internacional propia, equivocándose, además, respecto al triunfo.  Fácilmente huido en la crisis y fácilmente sometido ante la victoria imperial, dará a Napoléon la idea de que el caso de España es fácil también.  Después de Tilsit, Napoleón decide poner manos en el asunto: "El éxito no podía ser dudoso..., esta misma facilidad me extravió.  En el mundo napoleónico, donde la vida internacional estará guiada por Pitt, Metternich y Talleyrand, España da sus primeros pasos conducida por Godoy".  Tal contraste es, en efecto, ya de por sí harto elocuente: él alumbra las razones del fracaso posterior.

19 feb. 2017

LA CONSPIRACIÓN DE PICORNELL O "CONSPIRACIÓN DE SAN BLAS"

Sobran datos para certificar que un gran número de españoles llegaron a conocer los principios fundamentales de la doctrina revolucionaria.  De entre los medios ilustrados surgen los que tratan de seguir el camino revolucionario.  De los varios intentos que confirman la realidad de un estado de extraordinaria efervescencia, destacamos el más conocido de ellos: la llamada "Conspiración de Picornell".  Dado el mal cariz que presenta la guerra contra Francia, a partir de 1794 Juan Picornell y Josef Lax conciben "reducir a su capricho la soberanía".  Para ello intentan seducir y apoyarse en la acción del bajo pueblo y en la miseria que padecen artesanos y trabajadores.
Descubierta la conspiración, se les requisaron cinco pistolas, cinco sables, dos cuchillos de monte y pólvora.  Fueron procesados Juan Picornell, maestro mallorquín, traductor y lector de los filósofos franceses, sagaz y hombre de acción; José Lax, aragonés y profesor de humanidades; Sebastián Andrés, opositor a la cátedra de matemáticas; Manuel Cortés, ayudante del colegio de Pajes; el abogado Bernardino Garasa y Juan Pons.  Se pide también la condena de otros doce miembros.
Se les acusa de leer "libros perniciosos y llenos de los principios de insubordinación y rebeldía" y de preparar una revolución, cuyo plan era destronar al rey y nombrar en su lugar una Junta Suprema.

"Para este importante objeto, además de armarse, establece una Junta Suprema, a fin de que en nombre y representación del Pueblo Español, y en virtud de los derechos y facultades que le confiere, examine todos los males que padece el Estado por los vicios de la Constitución, abusos y usurpaciones del Gobierno, y proceda a su total reforma".

Exigen de todos los ciudadanos la obediencia ciega y hasta la muerte por esta empresa justa y útil.  Todos deben trabajar por su éxito y no hacerse sospechosos, pues, de lo contrario, serán tenidos por traidores a su patria e incurrirán, por tanto, en la justa indignación del pueblo.  Posteriormente admitirán la monarquía, pero la que ostentará el poder absoluto será la Junta Suprema, para llevar a debido efecto la resolución del pueblo y, una vez arreglada la Constitución, ejercer sólo el poder legislativo.
Picornell había fracasado en su intento de ganarse a los elementos populares, pese a su acción revolucionaria, que la seguirá ejerciendo en América.
Esta truncada revolución o "conspiración de San Blas", como también se la llama, exponencia claramente el origen del pensamiento liberal español y una marcada imitación de lo ocurrido en Francia.  El mismo lema de la constitución era "Libertad, Igualdad y Abundancia".  Temprano precedente, pues, del liberalismo español, que tiene la importancia histórica de abrir el camino a la revolución española.
El estado de efervescencia y oposición fermentaba también en las universidades.  Con la Revolución Francesa se agitan los conocimientos filosóficos de los universitarios y se forman partidos de jóvenes que se instruían a su costa y por medio de catedráticos que, aunque en sus cátedras seguían rutinarios, fomentaban lo estudios privados de sus discípulos.  Recordemos el ejemplo de Meléndez Valdés en Salamanca.  De aquí habían surgido los Marchena, Urquijo, Picornell, etc.  No sólo leían libros franceses, sino panfletos tan sabrosos como la "Exhortación al pueblo español para que deponiendo la cobardía se anime a cobrar sus derechos" o los "Diálogos del A.B.C." o la "Oración apologética dicha en la plaza de Madrid".  Todo este material fermentador lo escribían catedráticos y lo leían, copiaban y expandían por toda España los estudiantes.  Tal es el caso del profesor de Salamanca Ramón de Salas, quien, evuelto en el desarrollo de la oposición, huyó de Salamanca y, tras deambular por Castilla durante quince días, cayó en manos de la Inquisición, siendo obligado a abjurar y a recluirse en un monasterio para estudiar doctrinas sanas y siendo alejado de Madrid y Salamanca durante tres años.

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18 feb. 2017

GODOY Y LA ILUSTRACIÓN EN LA ÉPOCA REVOLUCIONARIA (III)

En la década de 1790 a 1800 hay una crisis muy violenta en la conciencia de los hombres, y si muchos ilustrados siguen en sus líneas e incluso abrazan la idea de reformas y transformaciones profundas en las Españas, abrazan mucho más la causa revolucionaria.  Pero otros volverán la espalda a las ideas progresistas a las que habían dedicado toda su vida.  Al no poder estudiar pormenorizadamente a los tratadistas antiilustrados nos vamos a fijar en una obra cumbre de los apologistas católicos de los años revolucionarios. Se trata del brillante ilustrado Olavide. Ya le hemos visto reformando las poblaciones de Sierra Morena, la Universidad de Sevilla, comentando a sus amigos los filósofos franceses y siendo condenado por la Inquisición.  En 1780, Pablo Olavide se fuga de la Inquisición a Francia.  Pero durante su estancia en manos del Santo Oficio había sentido una creciente devoción por la religión católica.  Una vez en Francia comulga sin problemas con la Revolución, a pesar de lo cual, en la época del Terror y dada su calidad de extranjero, fue también encarcelado.  Esta complicación, y los sesenta años que ya tenía, refuerzan su catolicismo y se decide a escribir una apología de la religión católica que tituló "El Evangelio del Triunfo, o historia de un filósofo desengañado".  Al hacernos ver los horrores de la Revolución y la necesidad de volver a las firmes bases de las instituciones tradicionales, responde a la violenta emotividad de la reacción antirrevolucionaria y a las inquietudes y dudas de los reilustrados vacilantes ante la magnitud de los cambios históricos que sobrevienen al Antiguo Régimen.  Afecta, pues, a un gran sector de la sociedad de la época y, naturalmente, su difusión fue amplísima.
El tema del libro es el gastado tópico: "Pasa de la nueva filosofía, que consiste en entregarse al ateísmo, corrupción y malas pasiones, a la felicidad pacífica que le devuelve la conversión".  Por otra parte ataca al orgullo de los racionalistas y nos da casi una visión beatífica del absolutismo.  El libro es copia de las obras francesas y tiene muy poco de original, pero se corre que lo había escrito Olavide, el gran ilustrado y protagonista del más famoso proceso inquisitorial del siglo. La obra es una mina para los futuros absolutistas, que la usarán para atacar las ideas liberales.
Pero, aun en este libro, Olavide deja corridos a aquellos españoles que desean arremeter furiosamente contra la Revolución Franciesa o cuando entona reformas racionales y canta a la educación como premisa del cambio.
El libro alcanzó una enorme difusión y durante varios años mantuvo su calidad de "best-seller".  Aparecía anónimamente en Valencia en 1797 y en 1803 alcanzaba la octava edición.  El autor había calibrado su buena acogida en el mercado.
Olavide pedía permiso, en 1798, para volver a España y Carlos IV se lo concedía, rehabilitándole en sus honores y concediéndole una pensión más que generosa.  En Baena vivió hasta 1803, escribiendo malos versos religiosos y dando limosnas.  Así terminaba una de las vidas más agitadas del siglo XVIII.

16 feb. 2017

GODOY Y LA ILUSTRACIÓN EN LA ÉPOCA REVOLUCIONARIA (II)

Después de la Paz de Basilea (julio de 1795) las relaciones franco-españolas entran de nuevo en vía tolerante y de relajación de medidas tomadas contra las publicaciones francesas.  Por todo el país circulan periódicos como el "Moniteur" y los comerciantes franceses son admitidos de nuevo en España.  Aparecen biografías de Franklin y se traducen obras de Buffon y hasta de Locke.  Se crean nuevas escuelas de cosmografía, medicina y otras ciencias; salen becarios a estudiar las ciencias a Europa, igual que se había hecho en la época de Carlos III.  Como caso anecdótico, había en la universidad de Granada un catedrático de filosofía y matemáticas de 18 años que enseñaba a Vives, Mantaigne, Galileo, Descartes, Newton, Leibniz, Locke y Condillac. Este muchacho prodigioso se llamaba Narciso de Heredia.  Consecuencia de esta alianza con Francia era que el gobierno hacía la vista gorda sobre estos asuntos y si, con este aperturismo, Godoy no era objeto de sátiras en las universidades, la verdad es que entraban, se compraban y leían libros extranjeros en grandes cantidades. Voltaire, Rousseau y Mably se habían hecho tan famosos en el clero como el propio Aristóteles y Santo Tomás.  El gobierno se vio obligado a lanzar edictos y permitir que la Inquisición hiciera pesquisas y encarcelara a algunos libreros-editores.
Las actividades intelectuales bajo Godoy nos reflejan la situación del ilustrado diseñado a base de unos trazos muy tradicionales. En este sentido no se limitó a favorecer los intentos ilustrados, sino que dio cabida a toda una posición reaccionaria dirigida por los rancios apologistas católicos, que no tomaron tregua.
El estado de la cuestión estuvo muy claro.  Hubo una reacción antiilustrada a nivel europeo encabezada por los extranjeros: abate Nonnote, Vlsecchi, Bergier, Mozzi y otros.  los españoles, sin aportar apenas nada, recogen los elementos de este mito reaccionario, lo construyen y aplican a las circunstancias españolas y lo difunden .  Estos discípulos españoles que copian y ponen en marcha la reacción son fray Fernando de Ceballos, el padre Rodríguez, Fernández de Valcárcel, Pérez y López, Forner, Vila y Camps, Peñalosa y Zúñiga, Joaquín Lorenzo de Villanueva y otros.
El impacto de los sucesos en Francia fue enorme.  La confianza en el pensamiento ilustrado hacía aguas, ya que muchos de sus seguidores presentaban una actitud de duda o repulsa hacia la Revolución Francesa.  Como, por otra parte, los reaccionarios se mantienen en su credo, se llegará a formar un bloque absolutista que luchará en Europa durante parte del siglo XIX contra las conquistas del liberalismo constitucional.  Se caracteriza este espíritu emocional por su miedo al desorden, reticencia al cambio y apego a sus estructuras económico-sociales de privilegio y poder.  Por ello, toda sociedad que se regodea en reformas y transformaciones, para ellos responde a unos proyectos escondidos que aspiran al cataclismo revolucionario y que tienen como modelo a la Revolución Francesa.

14 feb. 2017

GODOY Y LA ILUSTRACIÓN EN LA ÉPOCA REVOLUCIONARIA

Godoy es un ilustrado muy de su época, que jamás abrazó el enciclopedismo al mantenerse dentro de unos rasgos muy tradicionales.  La ilustración de Godoy se mantiene anulada en el reinado de Carlos III y no es, en absoluto, continuador de los reformadores del gobierno carlostercerista.  En la época de Carlos III las mentes más progresistas apoyan las reformas de Campomanes, Floridablanca, Cabarrús...  Todos están convencidos de que las reformas se hacen desde arriba, esto es, son rasgos que brotan del despotismo ilustrado.  Sin embargo, en el reinado de Carlos IV las personas progresistas dudan de que dichas mejoras deban venir desde arriba, y, por tanto, no pueden apoyar la política ilustrada de Godoy porque no continúa, no evoluciona, no aporta nada nuevo a la que llevaban a cabo los secretarios de Carlos III.  En resumen, la Revolución Francesa, con sus elementos democráticos, estaba transformando el espíritu de los españoles amigos de la Ilustración.  Ilustración rimaba con despotismo ilustrado, pero la Ilustración es una época revolucionaria desafinada.  El resultado de esta situación contradictoria es que la católica España entraba en una nueva era, uncida al yugo de la época de la Francia revolucionaria, y, de paso, en la vía dela revolución.
Estas ideas pueden aclarar la pretensión de Godoy de ser el protector, el custodio y el refugio de las luces en aquellos días terribles, con la postura muy poco acertada de los espíritus ilustrados que trabajan en las universidades, en los complots, y que están forjando las bases de la tradición liberal.
Obra de Floridablanca era el cordón sanitario para impedir la entrada de noticias de Francia; de paso, castra numerosas instituciones ilustradas y amordaza los medios de información.   Con el ministerio de Aranda se efectúa un cambio en la política, de signo aperturista, tanto permitiendo la entrada a periódicos franceses como frenando a la Inquisición y dando cuerda larga a los periódicos del país.  Con el advenimiento de Godoy, la prensa periódica no sufre cambios y salen a la luz el "Correo de Murcia", el "Semanario de Salamanca", el "Memorial literario", el "Diario de Barcelona", en los que se resalta el progreso de los nuevos sabios y la aplicación práctica de las ciencias;  reflejan el interés por la educación de la juventud citando a Montegón y a Rousseau; muchos filósofos son juzgados por buenos y positivos, como Condillac, Locke, Descartes, Newton, Leibniz, etc.  Excepto en los asuntos de religión y monarquía, los demás temas se podían tocar con libertad.
Este apoyo a la educación y a la ciencia lo demuestra la fundación del Real Instituto Asturiano de Gijón, idea de Jovellanos, paralizada en varias ocasiones y que ahora, en la época de Godoy, se hacía realidad y se le dotaba de cátedras de matemáticas, mineralogía y navegación.  En enero de 1794 se inauguraba con un discurso de Jovellanos, en el que se resucitaba el ideal ilustrado de la época de Carlos III.
También a partir de la caída de Floridablanca, las Sociedades Económicas de Amigos del País entran en vía próspera; publican, premian, adoptan ideas progresistas europeas y añaden a su quehacer significatvidas realizaciones; Godoy se atribuye este cambio de postura.
Entre las numerosas realizaciones de la época de Godoy cabe citar la creación del famoso Instituto Pestalozzaiano, de gran preocupación pedagógica; la Escuela de Veterinaria; el Real Colegio de Medicina de Madrid; el Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos del Estado; el Observatorio Astronómico; el Depósito y el Museo Hidrográfico, et.  Se intensifican y multiplican las escuelas primarias, más que en ninguna otra época; se crea el Montepío de Labradores en 1803; la Escuela de Sordomudos; la famosa expedición de Balmis o "moderna cruzada de caridad" en pro de la extensión de la vacuna y otras fundaciones útiles.
Se estimulaba de nuevo el entusiasmo por el pensamiento económico y por la economía política.  El abogado de la chancillería de Valladolid, José Alonso Ortiz, traduce del inglés "La Riqueza de las Naciones", considerada en el momento como obra capital de Adam Smith y la mejor de su género; en los periódicos se publican artículos de agricultura, artes y oficios; no hay duda de que llegaba al furor el entusiasmo por las ideas de la economía política.

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13 feb. 2017

GODOY Y LA REINA MARÍA LUISA (II)

Pero pasemos por alto el análisis de la lista de amantes que se le atribuyen a la reina consorte y quedémonos con algo muy cierto:de la honestidad de la reina se dudaba ya en 1782 y sus relaciones con Godoy eran criticadas públicamente y con la mayor crudeza.  A través de la correspondencia entre Godoy y María Luisa, que llena muchos cientos de páginas, podemos constatar unas relaciones amistosas y cariñosas; María Luisa se enternece y exalta; en las ausencias de Godoy de la corte queda afligida, quiere protegerle desde lejos; se inquieta, arde en deseos, le admira y, cuando está enferma, confía más en Godoy que en su propio médico.  Es difícil, en una palabra, calificar este afecto, que a veces es de amantes y a veces de madre.
Veamos algunos párrafos de la correspondencia que muestran esta postura vacilante entre madre y amante.  Seleccionamos una carta que escribe María Luisa a Godoy cuando éste ha marchado a Portugal:

"Amigo Manuel, con mucho sentimiento te hemos visto marchar, y muy bien conocimos el tuio al despedirte, que por más que hicimos y te llamamos no quisiste bolver; asta Francisco Antonio lo conoció; Dios te dé salud, amigo Manuel, acierto, y te libre de las malas voluntades, enfermedades y desgracias que traen consigo una guerra que, sin medios, ni gente, ni artillería, vas a emprehender, y con unas gentes traidoras a más de enemigos; cree que nuestras oraciones serán para eso, y que te traiga acá cuvierto de gloria como se merece tu talento, tu honor, tu honradez y tu ley y amistad a nosotros, como en todo lo has acreditado, y a lo que te viviremos siempre el Rey y yo agradecidos y fieles amigos, haciendo que aun después de nuestros días lo sepan conocer y agradecer nuestros hijos y nietos; pero cree ahora con esta ausencia nos vas a hacer grandísima falta; cree deseamos tu buelta pronta y feliz, encargándote muy mucho te cuides, no expongas tu vida, pues así lo deve hacer todo general que manda, por el trastorno que trae una desgracia, y mucho mayor que ninguna fuera la tuia, y para nosotros particularmente.  Escrive a menudo dándonos cuenta de tu salud, de dónde estás, y, en fin, de todo, para que sepamos de ti, que es lo que deseamos tus invariables el Rey y Luisa."

Y en otra escribe:

"¡Ay, Manuel! ¿Qué será? ¿Nos veremos?  Lo deseamos mucho el Rey y yo, pero por mi parte no sé cómo estoy; sólo sé que estoy resfriada, y la garganta no buena, pero todo me duraré con ir allá y tener el gusto de que nos veamos"

Coinciden la mayoría de los historiadores de esta época en atribuir unas relaciones sexuales entre Godoy y la reina María Luisa desde 1788 a 1797, fecha en que el amor otoñal se convierte en sencilla amistad y amor filial.  Hay más: ¿los infantes Francisco de Paula y María Isabel, los del denunciado parecido con Godoy, fueron fruto de las relaciones sexuales entre María Luisa y Godoy, según afirmaba la "vox populi" y el rumor público?  Hay también un hecho a señalar, fuera lo que fuese, y es que María Luisa nunca se esforzó en convencer de su honestidad a los demás, y aun más, dio pasto y motivos sobrados para que la calumniaran.

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12 feb. 2017

GODOY Y LA REINA MARÍA LUISA (I)

Con el valor de relleno complementario a los datos biográficos de Godoy, no podemos dejar de bosquejar, siquiera someramente, la figura de la reina consorte María Luisa.  Esta reina, en todo momento, ha gozado de muy mala prensa.  Espronceda, en un arrebato romántico de los suyos, la llama "impura prostituta", y Manuel Machado, que entendía mucho de caballos, la llamó ambiguamente "amazona mejor montada de lo que conviene" y "arrogante vieja".  Había sido educada  en el ambiente versallesco de la corte de Parma. Tenía escasa inclinación a los estudios y a la lectura, pese a ser "preceptuada" nada menos que de Condillc.  Cortesía, ingenio, gracia, viveza, encanto irresistible y gentileza son sus cualidades y no pasan inadvertidas por sus coetáneos.  Madrid, Aranjuez, El Escorial, El Pardo, palacetes, casitas de recreo, tapicerías, mobiliario francés son pruebas del fasto y depurado gusto de la italiana María Luisa.
Aducimos tres retratos complementarios. El primero es el cuadro LA FAMILIA DE CARLOS IV, de Goya, que resulta ser el más expresivo documento histórico de esta curiosa familia.  En este cuadro, el eje de la composición gira en torno a ella, que es quien concentra la luz crepuscular de la pintura, obligando al espectador a concentrar la mirada en la reina por encima de su marido.  Goya no hizo concesión alguna a la autoridad real al respecto.  Mirada penetrante de esos ojos como cuentas de azabache, auténticos taladros.  El busto erguido con arrogancia casi violenta; los labios sutiles, entreabiertos en una mueca que quizá trate de ser sonrisa, bajo la nariz corva y la barba incisiva, provocan en el que mira una sensación de repulsión, subrayada, indudablemente, por el contrate con su juvenil atuendo.  Es ésta la imagen inequívoca de una mujer ridículamente presumida, egoísta y muy altanera.  A su lado, la nobleza mansa e inexpresiva de su esposo parece de otro mundo.
El segundo retrato es el fisionómico, que os lo refleja el diplomático Zinoviev:

"Partos repetidos (la reina tuvo once alumbramientos sencillos y uno doble), indisposiciones y acaso un germen de enfermedad hereditaria la han marchitado por completo.  El matiz de su tez, que se ha hecho amarillento, y la pérdida de sus dientes, reemplazados artificialmente en su mayoría, fueron el golpe mortal para su aspecto."

Y el tercer retrato pertenece al canónigo Juan Escoiquiz, a quien muchos historiadores han tachado de ambicioso, intrigante, hipócrita y responsable del pérfido carácter de Fernando VII.  De la catadura moral de este sujeto (del que ya hablaremos) es lógico que salgan estos trazos de María Luisa:

"Una constitución ardiente y voluptuosa; una figura, aunque no hermosa, atractiva; una viveza y gracia extraordinarias en todos sus movimientos; un carácter aparentemente amable y tierno, y una sagacidad poco común para ganar los corazones, perfeccionada por una educación fina y por el trato del mundo, de que una excesiva etiqueta no privó, como sucedía en España, sus primeros años, le habían de dar precisamente, aunque a los catorce años de su edad, época de su casamiento, un imperio decisivo sobre un joven esposo del carácter de Carlos IV, lleno de inocencia y aun de total ignorancia en materia de amor, criado como un novicio, de solo dieciséis años, de un corazón sencillo y recto y de una bondad que daba en el extremo de la  flaqueza.  A sus brillantes cualidades exteriores, ya enunciadas, juntaba un corazón naturalmente vicioso, incapaz de un verdadero cariño, un egoísmo extremado, una astucia refinada, una hipocresía y un disimulo increíbles y un talento que, aunque claro, dominado por sus pasiones, no se ocupaba más que en hallar medios de satisfacerlas, y miraba como un tormento intolerable toda aplicación a cualquier asunto verdaderamente útil y serio."

11 feb. 2017

GODOY (II)

Manuel Godoy y Álvarez de Faria había nacido en Badajoz el 12 de mayo de 1767. Descendía de familia ilustre, pero venida a menos.  A los 17 años, y tras haber recibido una educación esmerada. llega a Madrid, donde ingresa en el Real Cuerpo de Guardias de Corps, en el que ya estaba su hermano mayor, Luis.  El amor de la reina explica su rapidísima carrera ascendente, de la que daremos unos trazos generales e incompletos:
-El 16 de enero de 1791 Godoy fue nombrado brigadier y ayudante general de la Guardia de Corps.
-El 3 de febrero, mariscal de campo.
-El 16 de julio, teniente general.
-El 15 de noviembre de 1792, primer secretario de Estado, esto es, primer ministro.
-El 25 de mayo de 1793 se titulaba duque de Alcudia, grande de España de primera clase, corregidor perpetuo de la ciudad de Santiago, caballero del Toisón de Oro, gran cruz de Carlos III, comendador de Valencia del Ventoso, consejero de Estado, primer secretario de Estado y del despacho, secretario de la reina, superintendente general de Correos y Caminos, gentilhombre de cámara con ejercicio, capitán general de los reales ejércitos, inspector y sargento mayor del Real Cuerpo de Guardias de Corps.
-El 22 de julio de 1795, con motivo de la Paz de Basilea con Francia, se le otorga el título de Príncipe de la Paz.
-El 18 de enero de 1796, al firmarse la alianza hispano-francesa de San Ildefonso, agrega a los títulos de señor de Soto de Roma y del Estado de Alcalá, corregidor perpetuo de la villa de Madrid y de las ciudades de Santiago, Cádiz, Málaga y Écija, veinticuatro de la de Sevilla, caballero gran cruz de la Orden de Cristo y de la religión de San Juan, protector de la Real Academia de Nobles Artes y de los reales institutos de Historia Natural, Jardín Botánico, Laboratorio Químico y Observatorio.
-En 1801, en la guerra hispano-portuguesa (o "de las naranjas"), se introduce para él el título de generalísimo, antes nunca usado en España (y posteriormente reutilizado por ya sabemos quién).
-En 1807 se le concede el cargo de gran almirante, con tratamiento de alteza serenísima y el de presidente del Consejo de Estado.

Tiene además la audacia de hacer grande de España a su hermano Diego; concede títulos de condesa de Castillofiel y vizcondesa de Rocafuerte a su amante Pepita Tudó.  Godoy se había casado con una infanta real, condesa de Chinchón.  Su ambición desmesurada le llevó a ambicionar el matrimonio de Fernando VII con una cuñada suya.
El 19 de marzo de 1808 (motín de Aranjuez) es execrado y maltratado por el pueblo y después encerrado en el castillo de Villaviciosa de Odón.  Es entregado a Murat y acompaña a los reyes al destierro de Bayona, Compiègne, Marsella y, finalmente, Roma.  En 1829, muerta su esposa legítima, casa con Pepita Tudó, y en 1832 se establece en París en un pisito.  También Pepita le abandona, y él vive en París escribiendo sus memorias y olvidado en España.
El 4 de octubre de 1851 muere, sin que su muerte interese ni en Francia ni en España.  el cementerio de Père Lachaise guarda sus restos todavía hoy.

10 feb. 2017

GODOY (I)

Muchos historiadores se han regodeado explicando la fulminante carrera de Godoy por el favoritismo de la reina.  Investigaciones posteriores (y menos frívolas), apuntaron al deseo de Carlos IV de apoyarse en un tercer partido, un "partido nacional", frente a los grupos encabezados por Floridablanca (golillas) y Aranda (partido aragonés), con los que el rey no simpatizaba en absoluto.  Godoy frecuentaba las tertulias cortesanas, en las que destacaba por su talento y sentido de la iniciativa.  Y mientras los acontecimientos políticos de la Revolución Francesa habían acabado, en tres años, con los dos principales políticos de la época de Carlos III, este mismo proceso precipitaba la carrera política de aquel advenedizo, que en noviembre de 1792, fracasados los gobiernos de Floridablanca y Aranda, ocupaba el poder como "caudillo de la reacción monárquica", según lo definió Carlos Seco.
Lo dice el propio Godoy en sus Memorias (defectuosas y amañadas, por cierto, si bien espontáneas y sinceras):

"... no fue culpa ni ambición de parte mía que se hubiera propuesto y quisiese Carlos IV tener un hombre de quien fiarse como hechura propia suya, cuyo interés personal fuese el suyo, cuya suerte pendiese en todo caso de la suya, cuyo consejo o cuyo juicio, libre de influencias y relaciones anteriores, fuese un medio más para su acierto y su resguardo, en los días temerosos que ofrecía a la Europa.  Por esta idea, toda suya, me colmó de favores, me formó un patrimonio de su propio dinero, me elevó a la grandeza, me asoció a su familia y ligó mi fortuna con la suya."

Está claro que la época de Godoy no puede reducirse a una historia de alcoba, ya que el proceso europeo deja un poso decisivo en la evolución interior y exterior de España.  Que los caprichos de una reina dirijan la política española es una explicación desorbitada y facilona que no podemos admitir con seriedad.  Se ha dicho que el erotismo inunda las relaciones entre Godoy y María Luisa, y aún más, que los rasgos y vanidad femenina de Godoy le calificaban como un "marica" ideal del primario Carlos IV (cito el libro de Villaurrutia y Hans Roger Madol "Godoy.  El primer dictador de nuestro tiempo", de Alianza Editorial.  Este tipo de biografías desenfocan los hechos en numerosas cuestiones y son infantiles en sus apreciaciones e interpretaciones, amén de emitir juicios sin apoyo documental serio.  Es tarea de todo historiador (obligación moral, diría) tratar de analizar la Historia con absoluta objetividad y alejándose de todo tipo de juicios de valor.  La Historiografía es una ciencia, y como tal ha de ser exquisitamente analítica y crítica con los hechos que estudia.
El ascenso de Godoy es paralelo a la toma de postura contra Francia.  Godoy puede llevar adelante su programa contrarrevolucionario, porque no es sospechoso, como Aranda, ni tiene un pasado que lo acusa, como Floridablanca.  Además, su programa político coincidía y estaba arraigado en el país.  Esto chocaba con Aranda, obviamente, ya que el amigo de Voltaire consideraba la guerra contra Francia injusta, impolítica, ruinosa, superior a las fuerzas de España y que arriesgaba además la monarquía española.  Además, el "gran oriente español" defendía el derecho de los pueblos a la autodeterminación de su gobierno y consideraba que los ejércitos franceses eran muy superiores a los españoles, tanto en número como en calidad, al ser los promotores de la libertad e igualdad, por las que se sienten fanatizados.  Por contra, los soldados españoles, en cuanto se les pase la fiebre que les han inoculado los predicadores, carecerán de combatividad y responderán a las estructuras del viejo pueblo al que pertenecen y al que representan.
Godoy se hace eco de la ortodoxa opinión nacional basada en la fe religiosa y monárquica del pueblo; alude al sentimiento religioso, al espíritu nacional, al honor antiguo e inmemorial y a las ínfulas de un pueblo independiente, enemigo de todo aquello que se le intente imponer desde fuera.
Godoy informa al rey de que Aranda es un masón y adopta "ideas contrarias al servicio de Vuestra Magesta".  Aranda es desterrado.
Quizá sea ésta la única vez que Godoy orquesta bien el sentir nacional, pero, de todas formas, a los españoles les duele que el intérprete sea un muchacho advenedizo de 25 años y fruto -quiérase o no se quiera- de la pasión sensual de una reina.

9 feb. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (y VIII)

La censura seguía en pie y a base de los medios oficiales y de la prensa, un español podía haberse imaginado que Luis XVI y María Antonieta estaban aún bailando en Versalles el día que perdieron el trono.  A través de estas páginas podemos observar que si la postura de Floridablanca era de inconsecuencia, la de la Asamblea era de auténtica tibieza, y el "gran oriente" de la masonería española también iba a ser rebasado  por los acontecimientos políticos del vecino país.  Su postura no era fácil, ya que si era leal a la monarquía española, su lealtad no era menor hacia sus amigos franceses, a los que estaba vinculado por estrechas relaciones públicas y secretas.  Los acontecimientos le arrastraban al dilema de paz o guerra; su conducta ante la proclamación de de la República en Francia y la prisión de Luis XVI había de ser vacilante.  Seguía siendo fiel al rey, pero había demasiados puntos de contacto entre su propio ideario y el de la Revolución.  Aranda era demasiado complaciente con los revolucionario franceses, y si a esto sumamos que era amigo de los filósofos e introductor de la masonería, los ojos de Carlos IV tenían que abrirse antes o después.
La auténtica razón de la crisis no fue otra que el conde de Aranda tenía poderosos enemigos en la corte y en el pueblo; considerándole aquélla tibio en sus ideas monárquicas, lo cual era una injusticia, y las masas populares más frío aún que su fe religiosa, por la parte que había tomado en la expulsión de los jesuitas y los alardes que en su carácter vehemente hacía con frecuencia de su amistad con los filósofos franceses, proclamados desde el púlpito y en los círculos españoles por los mayores enemigos del catolicismo.  Y como ante ese doble culto al altar y del trono, si en algunos hipócrita, ferviente y sincero en casi la totalidad de sus compatriotas, se hacía sospechosa la política de conciliación que Aranda se propuso observar desde los primeros días de su ministerio, es evidente que el fracaso de esa conducta iría, en el que la observaba, acompañado de su caída de las esferas del gobierno.
La Revolución Francesa había eliminado al equipo de gobernantes de la época de Carlos III.  Desacreditados Floridablanca y Aranda, queda una "tercera solución", representada por un mozo gentil y agradable, predilecto de la reina María Luisa.  Pero hay razones más serias: se necesita algo distinto, porque ante circunstancias políticas completamente nuevas, el monarca precisaba de ministros totalmente inéditos.  Godoy iba a gobernar a la manera de los antiguos "validos" españoles o, mejor dicho, como el primer dictador de la Era Moderna, y como tal dictador conduce a España, de manera fatal, a la catástrofe.

6 feb. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (VII)

En el folleto de Marchena se aboga también por la libertad religiosa:

"¿No es ya tiempo de que la nación sacuda el intolerable yugo de la opresión del pensamiento? ¿No es tiempo de que el gobierno suprima un tribunal de tinieblas que deshonra hasta el despotismo?  Igualdad, humanidad, fraternidad, tolerancia.  Españoles, éste es en cuatro palabras el sistema de los filósofos que algunos perversos os hacen mirar como unos monstruos... Un solo medio os queda, españoles, para destruir al despotismo religioso; éste es la convocación de vuestras Cortes.  No perdáis un momento; sea Cortes, Cortes el clamor universal...  Los franceses han hecho su Constitución con el fin de ser felices, y no con el de hacer felices a los demás hombres: No pueden ser felices, ni ellos, ni los demás sin adquirir la libertad... Por consiguiente, no quieren conquistar a nadie..., pero lo que quieren es destruir a los tiranos...  Paz y guerra llevarán consigo los franceses: Paz a los hombres y guerra a los tiranos reyes..."

De este llamamiento se imprimieron 1.000 ejemplares y se procedió a distribuirlos; a los pocos días circulaban hasta por la Almunia de Doña Godina, a 200 kilómetros de la frontera francesa.  La misma suerte corría otro folleto de 23 páginas, escrito por Condorcet, animando a deshacerse de los Borbones españoles.  Se crean dos "comités españoles" en Bayona y Perpiñán con objeto de mantener correspondencia con las provincias vecinas españolas y pasar publicaciones de la Revolución Francesa.  Están dirigidos por el ministro de Asuntos Exteriores, Le Brun, y agrupan a exiliados españoles de la fama de Marchena, Carles, Santiváñez, José Hevia, etc...  Pero estos "comités españoles" fracasan pronto, al decidir la Convención no inmiscuirse en el gobierno de otras naciones, por sugerencia de Danton y Roberpierre, con lo que el partido girondino, partidario del proselitismo revolucionario militante, es destruido.
Además la Convención aprobó ajusticiar a Luis XVI el 21 de enero de 1793, y el 7 de marzo del mismo año se declaraba la guerra a España con lo que, por una parte, entraban avalanchas propagandísticas en castellano y catalán, pero, por otra parte, la ejecución del rey francés, primo de Carlos IV, ponía en pie de guerra a España con la Revolución, y en estos momentos no debía ser muy patriótico leer los folletos franceses.
Existen otros medios de información acerca de lo que ocurre en Francia a base de los refugiados que cruzan la frontera dispuestos a contar los horrores de la Revolución. Son algunos miles los que llegan, aunque la mordaza de Floridablanca les obligó a vivir en sitios apartados, jurar fidelidad y, por supuesto, no contar nada.  Sólo se les deja soñar y planear un ejército contrarrevolucionario.  Estos emigrados dieron motivo a que entre ellos se colaran espías que jugarán su papel.  También vienen muchos eclesiásticos (en 1793 más de 6.000), siempre bien acogidos por monasterios y obispos, aunque tampoco se les permite predicar y enseñar.

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3 feb. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (VI)

La persona más a propósito para llevar una política de apaciguamiento con la Asamblea Nacional francesa era, sin duda, el conde de Aranda.  Con el aragonés cambian las cosas; para comenzar se abolió la Junta Suprema del Estado, siendo sustituida por el Consejo de Estado, con lo que se daba cabida a la rancia aristocracia.  Aranda relaja la postura oficial hacia la Revolución, descuidándose la vigilancia y permitiendo la entrada de personas y periódicos, siempre que no fueran difamatorios o turbaran la paz pública.
La Inquisición se ve cortapisada por la incapacidad de recoger y ordenar las masas de periódicos y panfletos; además, el Santo Oficio carece de teólogos con la suficiente formación y con conocimientos del idioma francés.  La marea de publicaciones hace ineficaces los decretos reales, ya que son muchos los franceses residentes en España y los españoles que tenían relaciones con Francia y que se dedicaban a estos menesteres contrabandistas.
El gobierno francés no era partidario de buscarse enemigos a causa de lanzar propaganda, pero una vez que es derrocada la monarquía y se constituye la República, la Convención manda a sus generales destruir los privilegios y gobiernos vigentes en territorios ocupados y prestar ayuda a los pueblos deseosos de ganar la libertad; con ello la doctrina de expansión revolucionaria era apoyada por la expansión propagandística.
Bayona queda constituida como centro-nodriza para enviar propaganda a España.  Aquí destacará el refugiado español José Marchena, andaluz, estudiante en Madrid y Salamanca, enemigo declarado de la Inquisición, traductor de Lucrecio y admirador de los filósofos.  Llama a Rousseau "modelo de siglos venideros", al tiempo que canta y desea que la Revolución Francesa sea imitada en España:

"Excita al grande ejemplo
tu esfuerzo, Hesperia: rompe los pesados
grillos..."

Marchena entra en el club de los Amigos de la Contitución de Bayona, donde pronuncia, improvisadamente, el discurso de llegada en francés:

"Vengo de la tierra de la esclavitud, de la tierra del despotismo religioso y ivil, donde todos lo poderes, aplastando al mismo tiempo a los hombres de bien, hacen gemir a cada instante al desgraciado español de la desgracia de haber nacido hombre.  Vengo del país de la libertad, Oh, monsieurs!, Oh, Mes frères!... Vengo a dedicarme enteramente a ustedes..."

Preparan sistemáticamente campañas de propaganda dirigida a España.  Éstos son algunos párrafos del folleto "A la Nación Española", primera composición propagandística y obra del propio Marchena:

"Ha llegado el tiempo de ofrecer la verdad a los pueblos... Esta revolución sublime, que ha proclamado solemnemente los derechos eternos de la humanidad, que ha derribado de su trono de oro la superstición y la tiranía para colocar sobre él la igualdad y la razón, no limitará sus benéficas influencias al estrecho recinto de la nación francesa.  ¿Quién puede detener los progresos de una hoguera inmensa rodeada en torno de materias combustibles?  La naturaleza no destinó al hombre para ser esclavo del hombre; la superstición puede adormecer por un instante a un pueblo en los grillos de la esclavitud; pero, si la razón le despierta, guarde a los hipócritas y a los opresores."

2 feb. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (V)

El frío Floridablanca llega más lejos y asesta un golpe durísimo suprimiendo la publicación de todos los periódicos no oficiales, siendo los oficiales controlados y obligados a guardar silencio sobre los asuntos franceses.  Se trata de un golpe mortal al floreciente movimiento intelectual asestado por uno de los personajes más ilustrados del siglo.  La Inquisición deja ver sus uñas y desencadena un ataque contra la prensa española, escarmentando a personas simpatizantes y a traductores de obras francesas.
En estas circunstancias surge un hombre temerario llamado Mariano Luis de Urquijo.  Había sido discípulo de Meléndez Valdés en Salamanca y tenía 23 años cuando tradujo la tragedia de Voltaire "La muerte de César".  En la introducción encomiaba a Voltaire de esta forma: "¡Todo en él es grande, todo heroico! ¡Qué elevación de pensamientos! ¡Qué profundidad de política! ¡Qué verdad! ¡Qué fuerza de los razonamientos!".  Esta osadía desafiante de Urquijo sentó como un revulsivo a la Inquisición, que lo denunció y tramitó su encarcelamiento.  Pero, en estos momentos, Floridablanca era sustituido por el conde de Aranda, amigo de Voltaire y que no podía permitir la injerencia inquisitorial en las ideas de sus amigos.  Urquijo obtuvo un puesto en la secretaría de Aranda y sólo fue obligado a abjurar "de levi" y hacer penitencia en secreto.
Floridablanca, al dar un salto de un extremo a otro, dio un paso peligroso, resucitando a la Inquisición, apaleando a las instituciones y personas apreciadas por Carlos III y enemistándose con Francia.  Había llegado, en el colmo de su intransigencia, a dictar estas palabras:

"Pensar... que las potencias extranjeras no deben intervenir en estos asuntos, porque son cosas interiores de Francia, es un error... la guerra contra la Francia, entregada como se halla esta nación a la anarquía no es menos conforme al derecho de gentes que la que se hace contra los piratas, malhechores y rebeldes, que usurparon la autoridad y se apoderaron de la propiedad de los particulares, y de poderes que son legítimos en toda suerte de gobiernos".

Esta nota indignó a la Asamblea francesa, y no sólo a los partidos extremos, sino también al mismo partido templado constitucional.  Floridablanca denotó poca habilidad y prudencia hasta el punto de que el gobierno girondino francés decidió asestarle un golpe maestro.  Envió a Bourgoing, persona grata a la corte madrileña y experto conocedor de las cosas de España.  Bourgoing advirtió a Carlos IV acerca del daño que estaba causando a la causa de la libertad y al propio Luis XVI.  Se imponía, pues, el relevo del conde de Floridablanca.
El momento fue certero, pues todos los informes que tomó el rey desaprobaban la conducta del ministro, empezando por el clero, el odio que le profesaba la reina María Luisa, los altos funcionarios, la nobleza, la inquina que le tenía el partido aragonés, a cuyo frente se encontraba Aranda, quien tachó de impolítica, inepta y temeraria la conducta de Floridablanca.  Queda claro que el proceso vertiginoso de la Revolución Francesa modela más la política interior española que las simples veleidades amorosas de la reina, como ha llegado a afirmar algún historiador fácil de este período.
Mientras Floridablanca es llevado preso a Pamplona, los acontecimientos franceses despiertan curiosidad e incluso admiración por la Asamblea Nacional.  Cabarrús la alaba y Jovellanos es partidario de una constitución parecida a la francesa o de un gobierno similar al inglés.  Pero una gran mayoría del país sigue ignorando el significado de la Revolución Francesa, por no decir los hechos mismos ocurridos al otro lado de los Pirineos.

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31 ene. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (IV)

En 1790 la Asamblea Nacional sigue trabajando en la Constitución con claro espíritu laico, apoyándose en la naturaleza y desligándose de la tradición, asentando las bases de la monarquía constitucional.  Floridablanca ordena que se ponga en la frontera un cordón de tropas para estar prevenidos ante una invasión; presiona en París también por medio de embajadores, pero se le contesta que en Francia la libertad de prensa era un derecho reconocido.
Floridablanca llega más lejos y expulsa de España a los franceses considerados propagandistas peligrosos.  Puede más en él la intransigencia que las repercusiones internacionales de tales medidas.
Tras mandar hacer una matrícula de los extranjeros residentes en España, les clasifica de "avecindados" y "transeúntes".  Los primeros pasarían a depender de la soberanía del rey de España y jurarían fidelidad a la religión, al rey y a las leyes de España; los transeúntes deberían abandonar el país en el plazo de quince días o avecindarse y prestar juramento.  Según este censo, había 27.502 cabezas de familia extranjeros residentes en España, de los cuales 13.332 eran franceses y 6.512 cabezas de familia, transeúntes, de los que 4.432 eran franceses.
Se dijo que habían salido once mil franceses de Madrid, prefiriendo ser expulsados a abjurar de su patria; otros se quedaron y muchos fueron procesados por la Inquisición, habiendo algún caso, como del del deísta Maffre, que se suicidó en la cárcel.
La inflexibilidad de Floridablanca para cortar la entrada de noticias francesas le lleva a adoptar posturas un tanto vacilantes hacia la ilustración nacional.  Los periódicos de 1789 y 1790 siguen divulgando el espíritu de las luces y publicando artículos sobre filósofos y científicos europeos, proponiendo reformas y mejoras.  Sin embargo, poco a poco, el sentir oficial cambia; se ponen límites a la prensa, se agudizan las censuras previas, se reglamenta el lenguaje y los temas periodísticos.  Hay confiscaciones de todo tipo de publicaciones procedentes del país vecino.  Se tacha a Cañuelo, director de "El Censor", de difundir errores materialistas y doctrinas influidas por Lutero, Wicleff y Calvino.  Las críticas sociales de Cañuelo pasan al Índice de Libros Prohibidos.  Se llega a condenar un libro del jesuita Hervás y Panduro por condenar la nobleza hereditaria.  Floridablanca apoya la línea dura del  Santo Oficio y en el gobierno se imponen los halcones reaccionarios.  Tres personalidades sobresalientes del despotismo ilustrado carlostercerista son anulados: Cabarrús fue encarcelado en 1790 y sus amistades desterradas; Jovellanos es recluido a Asturias y Campomanes es destituido del cargo de gobernador del Consejo de Castilla.

30 ene. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (III)

A propuesta de Campomanes, presidente de las Cortes, se trata de los perjuicios que se siguen a la nación de la reunión de grandes mayorazgos y de la manera de evitarlos; las reglas para los qe se establecieran en adelante; medios de promover el cultivo de las tierras vinculadas; arrendamientos de heredades, conservación de pastos, seguridad de los plantíos y viñedos, etc.  Todo fue aceptado y las Cortes se cerraron tranquilamente; previamente se arrodillaron ante el rey y se inclinaron ante su presencia. Prácticamente lo único que exigen los miembros de estas castradas y atrofiadas Cortes es que en las fiestas reales se les asignen buenos sitios en las corridas de toros.  ¡Qué petición más revolucionaria!  Pero con eso y todo, y a pesar de lo distinta que era la situación con respecto de la de Francia, España estaba demasiado cerca para que no llegaran salpicaduras de las convulsiones que estaban teniendo lugar en el país galo.
Por ello, Floridablanca va a montar un cordón sanitario a lo largo de la frontera para tener a  España ignorante de lo que pasaba en Francia.  A pesar de ello, llegaron periódicos y folletos, y el 27 de julio se sabía en Madrid que la Bastilla había sido tomada por el pueblo, que se habían abolido los privilegios feudales y que se había aprobado la trascendental Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Floridablanca sigue obstinado en seguir la senda de la intransigencia y ordena que las aduanas y puertos marítimos no dejen pasara nada relacionado con el país vecino.  Para colmo de su ideología ilustrada, pide ayuda a la Inquisición para que monte una guardia permanente en los puertos y recoja todo lo referente a los sucesos revolucionarios (así ha sido siempre España).
En este tira y afloja, las colonias francesas de Cádiz están al tanto y alborotan con lo ocurrido en su país, al tiempo que lo difunden y hacen circular libros, papeles, folletos y manuscritos entre los españoles.  Algo similar ocurre en Cataluña y el País Vasco, donde se detallan, en francés y castellano, los acontecimientos revolucionarios y se canta a la igualdad, libertad y fraternidad en un clamor que exige pura y llanamente la Democracia.
En Valladolid, Oviedo, Ocaña. Palencia, Santiago, Murcia, por citar núcleos distantes, es tema de conversación la toma de la Bastilla se difunden ejemplares de la Declaración de los Derechos del Hombre, circulan catecismos revolucionarios y escritos donde se ataca abiertamente al clero y donde se afirma que el rey no tiene derecho para legislar.  Siguen pasando abanicos con poemas y dibujos revolucionarios expandidos desde Bayona y Perpiñán y llegando hasta Jaén, Orense, Zaragoza y otros lugares.  Los foros, en envolturas de relojes o en cajas de metal que los barcos arrojaban al mar con un flotador para que lso cómplices del litoral las recogieran  Entra propaganda en libros trucados de física, química, comercio o mineralogía y por otros medios sutilísimos.
La Inquisición se multiplica, recibe informaciones y chivatazos y condena estos escritos.  Se dan órdenes estrictas a las imprentas y se llega a confiscar la correspondencia, abriéndose el correo de individuos sospechosos de conjura.  Se impide toda discusión pública sobre el tema e incluso se prohíbe a los militares que toquen este asunto.  Ni siquiera se dejan pasar libros contrarrevolucionarios, porque una cita de Voltaire, aunque fuera para rebatirle, se considera peligrosa  Con estas disposiciones de Floridablanca estará relacionado el atentado de que el ministro español fue víctima el 18 de junio de 1790 en Aranjuez, donde un francés le hirió de sendas puñaladas.

20 ene. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (II)

En 1788 y 1789 empiezan a llegar noticia oficiales y oficiosas del conflicto francés, que se manifiesta en la euforia del Tercer Estado, en las doctrinas republicanas, en la carestía de los granos, motines en las calles de París, etc.  En mayo de 1789 los Estados generales franceses se reunían en Versalles y un grupo mayoritario de sus miembros decide constituirse en Asamblea Nacional y redactar una Constitución, tras vencer la resistencia de los diputados de la nobleza y del clero.  Mientras tanto, el pueblo de París y los campesinos se entregan a la violencia.
Floridablanca, el ilustrado, el representante de una corriente ideológica que ahora desembocaba en una revolución, teme, se indigna, le aterroriza todo esto, cala en las repercusiones que estos acontecimientos pueden tener para el pueblo y la política española.  Él no es la persona idónea para adoptar una postura reaccionaria, pero su desconcierto le obliga a tomar una postura inconsecuente.  Decididamente, no quiere tanta luz y prohíbe que los periódicos y "todos" hablen de los acontecimientos franceses, pues hay que tener ayuno al país de lo que ocurre en Francia.  Lo cierto es que podríamos decir que Floridablanca es el caso históricamente repetido del intelectual súbitamente sorprendido por los últimos resultados efectivos de sus propias teorías.  Godoy define el caso con justicia en sus "Memorias":

"Encendido ya el fuego, concentrado en la Francia y amenazando a todos lados, ¿qué contará la Historia acerca de la España en tal conflicto?  Contará que el ministro español conde de Floridablanca, que aún tenía las riendas del gobierno, se quedó estupefacto, como el químico mal diestro a quien se vuelan los hornillos y sus mixtos; que el terror y la torpeza se apoderaron de su espíritu, que ni su diplomacia topó con algún medio de cohibir en tiempo hábil las llamas del incendio, ni acertó a negociar, ni se atrevió a mover las armas y promover en tal peligro un armamento conveniente; que el peligro aumentaba por días y por instantes, y la inercia y el pasmo reinaba en los consejos del atribulado ministro, sin querer la paz ni osar la guerra..."

Sin embargo, la situación era peligrosa en extremo, y Floridablanca sigue al frente del gobierno, porque su prestigio era incontestable.
Mientras en Francia surgen los levantamientos revolucionarios y se teme que la nación caiga en manos de la Asamblea, en Madrid también se reunían las Cortes.  Con anterioridad se habían celebrado las fiestas de la coronación de Carlos IV y el pueblo madrileño y las 75.000 personas que vinieron de las provincias se habían comportado con enorme fervor monárquico.  Los extranjeros que presenciaron estas celebraciones hablarán del orden y del decoro de este pueblo bueno, noble y apacible.  
Las Cortes juran por sucesor al futuro Fernando VII y derogan la ley de Sucesión decretada por Felipe V, restableciéndose la legislación de las Partidas, por la cual heredan las hembras de mejor línea y grado, sin postergación a los varones más remotos.  Con ello se abría la posibilidad de unión de España y Portugal, pensamiento que ya había tenido Carlos III, pero que lo impedía la ley sálica; por otra parte, Carlos IV, con esta disposición, se aseguraba el trono, pues el auto de Felipe V disponía que los herederos habían de ser nacidos y educados en España y él era nacido y educado en Nápoles.











16 ene. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (I)

Carlos III murió el 14 de diciembre de 1788.  Le sucede su hijo Carlos IV, candoroso e inexperto, casado con una inquieta y bullidora María Luisa de Parma.  Ambos eran ya cuarentones, pues habían sido príncipes de Asturias durante más de veintitrés años, tiempo en el que Carlos III les mantuvo totalmente alejados del poder.
De momento, Carlos IV, obedeciendo las recomendaciones que le hiciera su padre poco antes de morir, mantuvo al conde de Floridablanca al frente del gobierno.  Siguiendo la línea de Esquilache, Grimaldi y Campomanes, Floridablanca era un golilla ensoberbecido que humillaba a la nobleza, al clero y a la magistratura.  Moñino había anulado el Consejo de Estado y los ministros se doblegaban en torno a su figura autoritaria.  Floridablanca había llevado la batuta de la monarquía durante la mayor parte del reinado de Carlos III.
La otra gran figura del momento es el conde de Aranda, amigo de Voltaire y jefe de la masonería en España.  Frente a Floridablanca, paradójicamente, aglutinaba a las fuerzas desplazadas por Moñino y adheridas al tradicionalismo nobiliario.  Por ello, Aranda se vio medio desterrado en su embajada de París, donde era adulado por los filósofos y alcanzaba prestigio de "campeón de las luces" en el país del "oscurantismo".  Claro está que Aranda seguía siendo la cabeza del partido aragonés, brujuleando e intrigando en la Corte.
El 19 de marzo de 1781, mucho antes de morir Carlos III, el conde de Aranda recibía una carta del futuro Carlos IV, encerrando un proyecto de subversión contra Carlos III, y que arroja mucha luz sobre los acontecimientos posteriores.  Dice así la primera carta de toda una serie de correspondencia clandestina entre ambos personajes:

"Aranda mío: Conociendo yo el cariño que me tienes, tu honradez y lo buen patriota que eres, te pido en esta ocasión un consejo, que ha de quedar reservado entre los dos, y es que, conociendo tú muy bien lo desbaratada que está la máquina de la monarquía y lo poco que hay que contar con los ministros que ahora hay, quisiera que me hicieras un plan de lo que se debiera hacer en el caso de que, Dios no lo quiera, mi padre viniese a faltar, y de los sujetos que te parecen más aptos para ministros y algunos otros empleos; pues bien ves  que en aquel caso, si no se tiene previsto, no se está para nada y todo es confusión; y en esto no te dejo arbitrio para que dejes de hacerlo, pues te lo mando absolutamente, y mi mujer, que está aquí presente, te encarga lo mismo.  Bien puedes estar seguro que esto en ningún momento lo sabrá nadie, y que yo te viviré eternamente agradecido, y que soy y seré siempre tu verdadero amigo.  Carlos."

A ésta le suceden otras misivas aún mucho más imprudentes.  Los príncipes terminan por verse envueltos en su propia intriga y hubieron de actuar Floridablanca y el confesor real, Eleta, para liberarles.  Los príncipes buscarán la solución en un "tercer partido", ajeno a Foridablanca y a Aranda; la respuesta la constituirá la entrada en escena de Manuel Godoy.  En esto no hay que ser simplista y adjudicar a las veleidades amorosas de María Luisa el que Godoy anule a Floridablanca y a Aranda.  Hay un determinante externo de vital importancia que se llama Revolución Francesa, la cual va marcando indirectamente los episodios y los pasos de la política interior española. Podíamos también concluir que la quiebra del Antiguo Régimen y el desmembramiento de España no proceden del cambio de monarca, sino de otros factores, entre los cuales destaca principalmente la Revolución en el país vecino.

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14 ene. 2017

FUNCIONARIOS Y PROFESIONES LIBERALES EN EL SIGLO DE LAS LUCES (II)

En el siglo XVIII, los médicos mantienen su rutina y su grandilocuente ignorancia. La medicina, practicada en la Edad Media por los judíos, ahora se ve envilecida por charlatanes y curanderos de toda índoe. Sin embargo, se va imponiendo el experimento metódico y la observación. Al lado del gran innovador turolense Andrés Piquer surgen médicos jóvenes que empiezan a emplear métodos nuevos.
El padre Feijoo tuvo que salvar a un canónigo de Oviedo dándole torreznos para comer, a quien el obstinado médico se empeñaba en recetar fuertes dietas. Son facultativos teóricos que creen en el agua o en las piedras de jaspe como remedio universal, por lo que la gente, con buena razón, acaba confiando más en los remedios caseros, muchos de los cuales llegaron hasta nuestra sociedad en el siglo XX.
La de medicina era una carrera fácil. Todos los que la comenzaban la concluían. En la universidad, los futuros doctores no estudiaban matemáticas, ni física, ni historia natural, ni anatomía... sino que se pasaban el tiempo discutiendo acerca del lenguaje de los ángeles, o de si el cielo estaba hecho o no de metal fundido de campanas, dando 20 razones de por qué Cristo fue engendrado en el mes de marzo o discutiendo si el número de estrellas era par o impar. Por otra parte, la cantidad de médicos no llegaba a 4.000, y lo mismo cirujanos que farmacéuticos tenían la consideación real de artesanos de la ciencia.
En lo que respecta a los funcionarios, tenemos recaudadores y administradores de rentas. Su número era de unos 30.000. Los juristas dependientes de los tribunales -escribanos, abogados, relatores, procuradores- eran casi 20.000. Constituyen un elemento rutinario e inmutable. No forman, por otra parte, un cuerpo muy definido. Contribuye a la divergencia de este núcleo el que muchos cargos se vendan "al mejor postor", sobre todo en situaciones de apuro económico de la Corona.
Cabarrús, Jovellanos, Antonio Ponz, Meléndez Valdez y otros miembros del gobierno o simples espíritus críticos aludirán a la vetustez burocrática, a su ignorancia, malicia y estrechez mental. Sin embargo, abogados, elementos activos de la justicia y funcionaris de hacienda se alinearán, sistemáticamente, del lado de los reformadores.
En lo que respecta a los militares, otra pieza en la composición de las clases medias, ocuparán cargos como alcaldes, regidores, diputados del común, síndicos, personeros, etc.
Cadalso, que gue militar, dice en "Militar a la violeta" que varios de sus colegas debían su vocación militar a la aversión a los estudios. Él mismo mantiene que procuró dejarse sus libros en Madrid para no ser tildado de "estudioso" por sus superiores, quienes le habían ordenado ser exclusivamente militar.