16 ago. 2012

FIN DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (I)

En los momentos finales de la guerra al gobierno de Negrín le preocupaban las represalias que los nacionales pudiesen llevar a cabo contra la población.  Francia concedió asilo político a quienes lo solicitaron, no sólo por haber ayudado a la República en la guerra, sino también por su afinidad política con el Frente Popular y por comunión ideológica con quienes habían luchado por las ideas democráticas y de libertad -herencia de la Revolución Francesa-.  Los españoles que se habían exiliado en Francia no querían volver a España, temiendo el decreto dado por Franco el 13 de febrero de 1939 sobre las "responsabilidades políticas", según el cual todo el que a partir de octubre de 1934 hubiese tomado parte activa contra el Movimiento Nacional o hubiese permanecido decididamente pasivo ante el hecho político que suponía la Cruzada de Liberación, derivándose de ello perjuicios para la cusa, sería juzgado.
El gobierno republicano -que se había exiliado de España, estableciendo su sede en Toulouse (Francia)- pretendía seguir luchando; mas para Franco era evidente que la guerra estaba ganada, y no era ya oportuno negociar.  En realidad, ni Álvarez del Vayo, ministro de Asumtos Exteriores de Negrín, ni éste, ni Azaña, presidente de la república, ni Uribe, ni ningún otro personaje estaba ya en posición de negociar nada.  La suerte estaba echada, y de nada sirvió la reunión que el 26 de febrero tuvieron en Los Llanos (Valencia) los dirigentes exiliados con lo poco que quedaba de su ejército.  ¿Acaso fue éste un intento desesperado y romántico de continuar una lucha que prácticamente había llegado a su fin?
Al día siguiente, Francia e Inglaterra reconocieron al gobierno de Franco y Azaña dimitió; pero Negrín siguió hablando a los militares de una nueva ofensiva con material potente y moderno que permitiese romper el aislamiento en que se encontraba el centro de la nación.  En un último esfuerzo, Negrín dio cargos militares a conocidos comunistas como Líster y Galán.  Sin embargo, estas disposiciones no tenían ya razón de ser.  Negrín cayó y se formó en Madrid un Consejo Nacional de Defensa, con el propósito de negociar la rendición.
Mientras tanto, los nacionales, que habían iniciado en el mes de diciembre de 1938 la ofensiva contra Cataluña, recibieron material de Alemania, lo cual les permitió reanudarla y poner fin a la guerra.  El 15 de enero se apoderaron de Tarragona; el 26, Yagüe conquistó Barcelona sin disparar un solo tiro, restableciendo el orden en la ciudad en pocos días.  Pronto cayeron Gerona (4 de febrero) y Figueras (9 del mismo mes), ocupándose a continuación los puestos fronterizos con Francia, por donde el día 4 había cruzado el gobierno hacia el exilio.  Huyeron a Francia por Portbou 170.000 civiles y 300.000 soldados.

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