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21 abr 2016

LA DESIGUALDAD IMPOSITIVA

La persistencia entre la contribución que paga Castilla y la que pagan las otras divisiones políticas de las Españas es otro factor que refleja la dualidad regional. El centralismo borbónico ma se podía avenir con unas estructuras fiscales propias, que defendían a Valencia, Aragón, Cataluña, Navarra y provincias vascas como regiones independientes.
Castilla paga mayores contribuciones que el resto de España. Los impuestos que gravaban a Castilla se les llama, en la época, Rentas Provinciales. Comprendían el servicio de "millones", que era un impuesto sobre el consumo de la carne, vino, azúcar, carbón y aguardiente; la "sisa" y los impuestos personales; los servicios ordinarios y extraordinarios, que eran el fruto de unas Cortes ineficaces que no se habían podido oponer a las exigencias de la Corona; la "alcabala: el impuesto más castizo de la tributación castellana, que consistía en un tanto por ciento que el fisco recaudaba sobre todas las ventas de productos o de fincas. Se exigía cuantas veces fueran vendidos y tanto si era al por mayor como al por menor. Jovellanos dice así:

"Estos impuestos sorprehendiendo los productos de la tierra desde el momento que nacen, los persiguen y muerden en toda su circulación sin perderles jamás la vista, ni soltar su presa hasta el último instante del consumo".

Las Rentas Provinciales abarcaban también impuestos sobre la industria y el comercio, contribución de paja y untensilios, cuarteles y frutos civiles, contribución de sucesiones, impuestos sobre la seda, sosa, hielo, etc...
Sólo la alcabala y los "cientos" gravaban con un 14% el consumo en Castilla. Además, lo malo del caso de estos sistemas tributarios es que eran ineficaces, pues de todo lo recaudado sólo llegaba al rey una pequeñísima parte y el resto se escapaba por múltiples agujeros. Por otra parte, eran injustos, ya que mientras unos no pagaban nada, los pobres cargaban con el mayor peso de estos impuestos, en especial los que recaían sobre el consumo.
El régimen fiscal de Castilla creaba un ambiente que sofocaba la expansión industrial; influía en la reducción de la cantidad de productos terminados; los ricos no invertían en las empresas industriales; los hombres de talento no se dedicaban a las actividades empresariales...
Los altos tipos impositivos, la naturaleza de los impuestos y los métodos de imposición y recaudación se combinaban todos para impedir el crecimiento industrial y económico. Esto, además de la geografía del interior y otros aspectos ya señalados, contribuyeron al retraso castellano respecto a otras provincias.
En el siglo XVII Castilla pagaba 50 veces más impuestos que Aragón. En el siglo XVIII, Castilla todavía seguía pagando much más que el resto de España, aunque las estructuras fiscales cambiaron, pero no lo suficiente como para permitir una expansión económica. No queremos decir que el régimen sea la causa de un auge o un retraso económico, pero sí un elemento con fuerza para acelerar o retardar un proceso de crecimiento.
Cataluña, Valencia y Aragón se habían levantado contra Felipe V en la Guerra de Sucesión, pero fueron derrotados, y una de las consecuencias fue el que se les impusiera una estructura fiscal semejante a la castellana. Pero fue una contribución con base en los bienes e ingresos personales que no llegó a superar el 8,5%. Aparte, era un impuesto más perfecto y menos regresivo que el castellano. Así que si no fue la causa, por lo menos fue una buena base para el progreso industrial y comercial de Cataluña y Valencia.
Navarra y las provincias vascas estaban más favorecidas aún, pues continuaban con sus privilegios forales.

20 feb 2016

LA UNIÓN DE ARMAS

En el informe que dirigió el conde-duque de Olivares al rey en 1625, del que ya hemos citado algún párrafo, se sugerían tres posibilidades. Oigámoslas:

"Tres son, Señor, los caminos que a V.M. le puede ofrecer la ocasión y la atención en esta parte, y aunque diferentes mucho, podría la disposición de V.M. juntarlos y que, sin parecerlo, se ayudasen el uno al otro. El PRIMERO, Señor, y el más dificultoso de conseguir (pero el mejor, pudiendo ser), sería que V.M. favoreciese los de aquel reino, introduciéndolos en Castilla, casándolos en ella, y los de acá allá, y con beneficios y blandura los viniese a facilitar de tal modo que, viéndose casi naturalizados acá con esta mezcla, por la admisión a los oficios y dignidades de Castilla, se olvidasen los corazones de manera de aquellos privilegios que, por entrar a gozar de los de este reino igualmente, se pudiese disponer con negociación esta unión tan conveniente y necesaria. El SEGUNDO sería, si hallándose V.M. con alguna gruesa armada y gente desocupada, introdujese el tratar de estas materias por vía de negociación, dándose la mano aquel poder con la inteligencia y procurando que, brando mucho la fuerza, se desconozca lo más que se pudiere, disponiendo como sucedido acaso, lo que tovare a las armas y al poder. El TERCER camino, aunque no con medio tan justificado, pero el más eficaz, sería hallándose V.M. con esta fuerza que dije, ir en persona como a visitar aquel reino donde se hibiere de hacer el efecto, y hacer que se ocasione algún tumulto popular ghrande y con este pretexto meter la gente, y en ocasión de sosiego general y prevención de adelante, como por nueva conquista asentar y disponer las leyes en la conformidad de las de Castilla y de esta misma menera irlo ejecutando con los otros reinos".

Olivares aparece como un campeón, no de la causa de Castilla, sino de la causa de España, de una España nueva y unificada en la que derechos y deberes estarían igualmente repartidos. Pero no era aquéllos planes que pudiesen realizarse sino a largo plazo. En consecuencia, el valido puso en marcha un segundo plan, mucho más factible: la creación de un ejército de 140.000 reservistas, reclutados y mantenidos proporcionalmente por todos los estados de la monarquía, según la siguiente pauta de hombres aportados:
Cataluña: 16.000
Aragón: 10.000
Valencia: 6.000
Castilla y las Indias: 44.000
Portugal: 16.000
Nápoles: 16.000
Sicilia: 6.000
Milán: 8.000
Flandes: 12.000
Islas del Mediterráneo y del Atlántico: 6.000

Esta sería la llamada Unión de Armas, que Olivares trató de crear. Con vistas a ello, las Cortes de Aragón, Cataluña y Valencia fueron reunidas en 1626, después de veinte años de inactividad. Ni que decir tiene que la oposición que ofrecieron puso de manifiesto los temores de aquellos reinos a que los castellanos terminasen por suprimir sus fueros. Olivares, comprendiendo que no podía conseguir sus propósitos, hizo salir de Aragón al rey y a su séquito, sin despedirse siquiera de las Cortes. A pesar de que la Unión de Armas había fracasado, la Corona volvió a Madrid satisfecha por los subsidios que en aquellos reinos se habían otorgado. De todas formas, en 1626 se proclamó oficialmente la creación de la Unión de Armas.

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19 feb 2016

LA DESINTEGRACIÓN DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA

En el ambiente reformista que se crea en España en los primeros años del siglo XVII, se escuchaban continuas llamadas a la reorganización fiscal y administrativa de los diversos reinos de la Corona. Economistas y ministros solicitaban unánimemente una distribución más equitativa de los impuestos dentro del Imperio español y exigían que las diversas provincias pagasen, al menos, su propia defensa. Ahora bien, entre todos los dominios de la Corona, en realidad era Castilla casi la única que contribuía a mantener en pie la maquinaria imperial.
Castilla era como aquel San Cristóbal que tan frecuentemente encontramos reproducido en gigantescos lienzos en catedrales e iglesias de toda España, que sostenía sobre sus hombros a un Niño Jesús, símbolo de la cristiandad, la cual fatigosamente se esforzaba en mantener España sobrelos suyos. Pero de Castilla bien se habría podido cantar aquella copla que Polo de Medina dedicaba al glorioso San Cristóbal:

Cristóbal santo, una duda
me tiene con grande asombro
viéndoos con el mundo al hombro,
que de verlo un hombre suda.
Aquesta mi duda es:
decid, santo rubicundo,
si lleváis al hombro el mundo
¿en dónde ponéis los pies?


¿Y dónde ponía los pies, en efecto, el sudoroso gigante castellano? ¿Quién le ayudaba a realizar su tarea? Los estados italianos contriuían, ciertamente, a la defensa imperial en Italia y probablemente soportaban la carga mayor después de Castilla. Los Países Bajos contribuían menos, dados sus recursos, pero estaban en la línea de frente en una guerra casi permanente. Navarra, Aragón, Valencia sólo daban cantidades pequeñas, y además ocasionalmente. Portugal y Cataluña se negaban totalmente a contribuir a los costos generales de la defensa, pues consideraban que lo que ocurría más allá de sus fronteras no era cuestión suya. ¿Quién pagaba pues, los gastos? Oigamos la jocosa respuesta de Quevedo:

En Navarra y Aragón
no hay quien tribute un real;
Cataluña y Portugal
son de la misma opinión;
sólo Castilla y León
y el noble reino andaluz
llevan a cuestas la cruz.

Por este motivo, cuando Olivares trató de racionalizar la maquinaria imperial, consideró necesario organizar un estado unificado, suprimiendo los obstáculos que oponían las diferentes constituciones de cada reino. Ahora bien, ¿qué caminos había para conseguirlo?

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3 jul 2015

LAS GERMANÍAS DE VALENCIA (y III)

Carlos, informado del cariz que tomaba la situación, se alarmó. El pueblo comenzó a desmadrarse. Achacando la aparición de la peste a un castigo de Dios por los pecados que se cometían, un fraile de la orden de San Francisco provocó tumultos que terminaron con la muerte en la hoguera de cuatro sodomitas. La justicia intervino en el proceso, pero llegó un momento en que el pueblo mismo se tomó la justicia por su mano y dio muerte a alguno más. Temiedo que empeorase la situación, la Corona dio marcha atrás; poco antes de la partida de Carlos hacia Alemania se nombro virrey de Valencia a un miembro de la alta nobleza, don Diego Hurtado de Mendoza, marqués de Mélito, veterano de las guerras de Italia, donde luchó a las órdenes del Gran Capitán. Los nobles creían que con el nuevo virrey se acabarían las revueltas; pero el pueblo logró por la fuerza que se modificase el sistema de elección de jurados, obligando a aceptar el que dos de ellos fuesen elegidos de entre los menestrales y los artistas. El virrey les conminó a someterse a las disposiciones vigentes, pero el pueblo se negó, declarándose en rebeldía. Las demás ciudades de la región acabaron por imitar a Valencia. Por todas partes comenzaron a crearse juntas militares de los Trece: Játiva, Elche, Alzira, Orihuela... Los motines aumentaron. El virrey se vio obligado a dejar Valencia y refugiarse en Alzira. La Junta de Valencia se apoderó de las rentas reales, al mismo tiempo que declaró su adhesión al emperador. Pero llegó un momento en que el populacho era más fuerte que sus propios dirigentes. Juan Lorenzo, representante de la moderación, murió al poco de tener noticia de los crímenes que se estaban cometiendo en nombre de las Germanías.
En julio de 1521, las tropas del virrey se enfrentaron en Gandía a las milicias agermanadas. Bajo las bandera reales militaban, no obstante, muchos traidores. Al llegar el momento decisivo, la artillería real y muchos de los castellanos que iban con el rey se pasaron al enemigo. Las Germanías, dirigidas por Vicente Peris, derrotaron al marqués de Mélito en Gandía. Casi todo el sur del reino de Valencia cayó en sus manos. En seguida se reorganizaron para lanzar un segundo ataque contra la región norte, donde los caballeros habían armado a los moriscos y se habían adueñado de Castellón de la Plana. Al mismo tiempo, el conflicto comenzó a extenderse a las islas Baleares, donde los agermanados constituyeron una junta de los Trece en Palma de Mallorca.
En estas circunstancias surgió la división en el seno de las Germanías, fomentada por parte de los ciudadanos que, alarmados por la violencia de los hechos, ofrecieron su apoyo a un hermano del virrey para que dominase la situación. La acción conjunta de las tropas de la nobleza, de las que se enviaron desde Castilla al virrey y de las que controlaba su hermano en Valencia misma dieron a traste con la rebelión de las Germanías. Sólo resistieron algunos focos, entre ellos Alzira, donde Vicente Peris dominaba la situación. Su atrevimiento le llevó a entrar en Valencia; pero las tropas reales pusieron fuego a su casa y Peris murió en el tumulto. En Játiva resistió un misterioso individuo, llamado "El Encubierto", que decía ser el príncipe don Juan, primogénito de los Reyes Católicos. Las autoridades pusieron precio a su cabeza y el Encubierto fue asesinado por dos cazadores de recompensas. Cuando Carlos volvió de Alemania, la guerra de las Germanías a había terminado. El virrey, contra todo lo que se esperaba, se mostró sumamente generoso con los culpables; pero Carlos, aconsejado por la nobleza del reino, decidió un cambio completo de actitud. La desobediencia mostrada al virrey al comienzo de los tumultos la sintió el monarca como una ofensa personal. En consecuencia, nombró nuevos virreyes en las personas de doña Germana de Foix y de su nuevo esposo, el marqués de Brandemburgo, a quien se nombró capitán general del reino. La represión fue implacable. La persecución afectó a cuantos habían formado parte de las juntas de los Trece y también a los principales cabecillas populares. Mas de 800 fueron los ejecutados, muchos de ellos por descuartizamiento. Las multas fueron también numerosísimas y afectaron a las principales ciudades agermanadas, a los gremios y a algunos personajes complicados, como mosén Monfort, que debió pagar 12.000 ducados para evitar que lo descuartizasen. Las pérdidas humanas fueron enormes. La peste se llevó por delante no menos de 20.000 personas. En la guerra, entre moriscos y cristianos perecieron cerca de 12.000 más.

2 jul 2015

LAS GERMANÍAS DE VALENCIA (II)

En 1503, el corsario Cherim Farras desembarcó en la costa valenciana. Sus tropas arrasaron y saquearon Cullera ante la pasividad de la nobleza y la impotencia desesperada de la población valenciana, que no pudo acudir en su socorro por carecer de armamento. Los menestrales valencianos acudieron entonces a Fernando el Católico, y éste les permitió organizar milicias formadas por grupos de diez hombres, a razón de varios grupos por cada uno de los gremios existentes. De esta forma, el Rey Católico proveyó a la defensa del país, pero al mismo tiempo cuidó de que las milicias no adquiriesen una fuerza decisiva. Su decisión contribuía también a contrarrestar el poder de la nobleza valenciana.
Al venir Carlos I a España, nuevas circunstancias favorecieron el estrechamiento de las buenas relaciones entre la Corona y los menestrales de la ciudad. La nobleza se mostraba hostil a Carlos. Detenido primero en Zaragoza y después en Barcelona por la lentitud con que se desarrollaban las sesiones de Cortes tanto en Aragón como en Cataluña y apremiado por la necesidad de emprender viaje a Alemania para ser coronado emperador, Carlos había pedido a los tres estamentos de Valencia que le jurasen rey, aunque no pudiera asistir personalmente a tal acto. Los caballeros se negaron a hacerlo, alegando que tan buenos eran ellos como los aragoneses y catalanes. Molesta por la actitud de los caballeros, la Corona inició lo que se ha llamado un "especie de luna de miel" con el pueblo valenciano.
Coincidiendo con aquellas fechas, comienzan a rondar el litoral valenciano las galeotas turcas. La noblea, ahuyentada por un brote de peste que, a la sazón, se había declarado en la ciudad, se había retirado masivamente a sus posesiones del interior, temiendo el contagio. Conforme lo dispuesto en tiempos del Rey Católico, los gremios se armaron para hacer frente a los turcos. Solicitaron que al frente de cada compañía se pusiese un caballero, el cual, como militar profesional, pudiese dirigir acertadamente a la tropa, pero el gobernador de Valencia ordenó que el pueblo luchara en sus compañías gremiales y los caballeros lo hiciesen en las banderas del ejército real. La colaboración entre la nobleza y el pueblo sufría una nueva ruptura.
El pueblo decide entonces mandar sus representantes a Carlos. Aconsejados por un anciano y prudente cardador de paños, llamado Juan Lorenzo, solicitarían permiso para sustituir los antiguos grupos de diez hombres armados por otros mayores, de cien cada uno, a los que dieron el nombre de Germanías. Con ello pensaban organizar más eficazmente la defensa contra los corsarios y hacer justicia "contra los malos cristianos", es decir, contra la nobleza opresora. Los emisarios fueron recibidos en Barcelona por Chièvres, quien, molesto contra la nobleza, no sólo les permitió organizar las Germanías, sino también constituir una junta de trece síndicos, con lo que se abría a los menestrales la puerta del poder.
En el gobierno de la ciudad intervenían, además del gobernador, el baile (juez) y el racional (contador), y dos importantes instituciones: los jurados y el Consejo General.
Los jurados eran seis personas, dos procedentes de la clase noble (caballeros) y cuatro de la ciudadana, es decir, de aquel sector de la población que poseía rentas suficientes como para no tener que vivir del trabajo de sus manos. Estos seis individuos eran elegidos por sorteo de entre los nombres contenidos en una lista confeccionada por el racional y aprobada por la Corona. A los jurados correspondía el gobierno municipal. El Consejo General era un cuerpo consultivo, al servicio de los jurados, integrado por 142 miembros. Lo componían representantes de todos los estamentos. Cada gremio enviaba cuatro representantes, con lo que la participación del pueblo en el Consejo era mayoritaria. Pero dado el carácter meramente consultivo del mismo, su intervención efectiva en el gobierno de la ciudad era nula en la práctica.
Así pues, la creación de las Germanías marca un importante cambio en la vida política valenciana: el pueblo está armado. Sus propios síndicos (trece, en recuerdo de Cristo y sus doce apóstoles) lo gobiernan. La Corona cree que los nobles aceptarán prestar juramento, amenazados por el creciente poder de los menestrales. El 24 de enero de 1520, la Corona hace un último esfuerzo. Adriano de Utrech es enviado a Valencia para intentar por última vez la aquiescencia de los nobles. Pero también fracasa. En aquella ocasión, las Germanías ya están perfectamente organizadas. Ocho mil hombres armados, agrupados en cuarenta banderas, desfilan a tambor batiente ante el enviado real.

1 jul 2015

LAS GERMANÍAS DE VALENCIA

La inquietud que se apoderó de los otros reinos hispánicos a raíz de la elevación de Carlos al Imperio no fue menor que en Castilla. Pedro Mártir, recogiendo el sentimiento de los valencianos, cuenta cómo para ellos

"el Imperio no sólo no era conveniente para estos reinos, sino tan siquiera para el propio rey, y acaso, por el contrario, resultara un perjuicio. Afirmaban que era libre y gozaba de sus prerrogativas; bajo el imperio se convertiría en una provincia miserable. Calificaban el nombre de imperio e hinchada ambición y viento vano. ¿Por qué hemos de felicitar a nuestro rey, si las rentas del imperioson tan cortas, según dicen? ¿Si no ha de ganarse a ningún soldado alemán para hacer la guerra sino a costa de grandes dispendios?... Pluguiera a Dios que tal fantasma hubiera caído sobre el francés. Nosotros hubiéramos disfrutado de nuestra paz y de nuestro rey... Se agotarán nuestras fuentes, se secarán nuestros campos y nosotros pereceremos de hambre, mientras tierras ajenas se saturan de nuestro pan".

No faltaba razón a la opinión pública valenciana. Pronto tendremos ocasión de ver cumplidos aquellos temores de los valencianos cuando veamos a los pueblos de España desangrarse y empobrecerse en los campos de Europa, defendiendo unos intereses que no eran los suyos, sino los de la dinastía que los gobernaba. Mas no parece que con sus críticas pretendieran los valencianos hacer profecías sobre el futuro. Más bien hemos de creer que temían que las tensiones sociales existentes en el reino de Valencia se agudizaran al ausentarse el rey y que los intereses económicos del país se vieran amenazados en consecuencia.
Valencia venía registrando un auge económico sin precedentes desde los tiempos en que Barcelona se había arruinado a causa de las agitaciones y luchas políticas que la ensangrentaron a finales del siglo anterior. Muchos hombres de negocios se habían trasladado de Barcelona a Valencia y habían hecho de aquella ciudad un verdadero emporio de la industria y del comercio. Dicho de otro modo, Valencia se había convertido en la capital de los negocios del levante español. El comercio con Italia tenía en ella su principal base. Al mismo tiempo, la riqueza de su retrotierra permitía un activo intercambio en el que los artículos preferidos eran sus tejidos, su cerámica y los productos de su rica y bien cultivada huerta. La cultura italiana tuvo en Valencia una de sus más importantes áreas de difusión y alcanzaba incluso a los más humildes sectores de su población. Florecía, pues, en Valencia una industriosa burguesía de artesanos y comerciantes que, a pesar de su fuerza económica, no lograban intervenir en el gobierno del reino, pues éste seguía monopolizado por una nobleza cada vez más inepta y decadente.
Lo que sabemos de las costumbres de la nobleza valenciana en aquella época no les hace, desde luego, el menor honor. Como consecuencia de sus relaciones con Italia, se había difundido entre muchos caballeros aquel "mal" que unos años antes describiera en un poema médico el licenciado Villalobos:

"...padescen dolencia
de ser putos, y es muy absurda y muy ciega,
y desta en Italia diz que hay pestilencia..."

No sólo la homosexualidad; todas las ciolencias contra el pudor femenino, todas las injusticias y bellaquerías parecían enriquecer el palmarés de aquellos caballeros:

"Si un oficial hacía una ropa, dábanle de palos si pedía la hechura, y si de esto se iba a quejar a la justicia, más era lo que le coechaban de costas que lo que ellos pedían de principal"

La nobleza había dejado de ser un ejemplo de nobles costumbres. Tampoco era ya el brazo militar encargado de velar por la seguridad de la población valenciana. Mientras se recrudecían los ataques de los piratas berberiscos a las poblaciones costeras, los nobles vivían enfrascados en sus aficiones, gracias a las rentas que les proporcionaban unas tierras laboriosamente trabajadas por los moriscos. La gente mediana tenía razones para creer que los moriscos estaban en connivencia con los piratas, pero los nobles preferían no actuar contra los berberiscos por temor a desagradar a sus obreros moriscos y ver mermadas sus rentas de alguna forma. En estas circunstancias, la gente común pidió autorización a la Corona para organizar por sí misma la defensa, ya que la nobleza se inhibía.

10 jun 2013

DESARROLLO CULTURAL Y ECONÓMICO EN CASTILLA Y LOS REINOS DE LA CORONA DE ARAGÓN

De los tres países que formaron la monarquía aragonesa, Cataluña comenzó a sobresalir a fines de la Edad Media por su industria y su comercio, Valencia por su agricultura y siendo el país aragonés propiamente dicho el menos potente de los tres en el orden económico.
Sin embargo, consta que hubo industrias de paños en algunas ciudades de Aragón (Albarracín y Zaragoza entre otras), aunque donde esta industria alcanzó un gran desarrollo y prosperidad, junto con otras varias, fue en Barcelona, Lérida y el Ampurdán.
Valencia, por su parte, tuvo florecientes industrias de origen árabe: papel, cerámica, cueros y sedas.  Pero, sobre todo, el comercio marítimo catalán, según ya se dijo, alcanzó gran prosperidad.  Los catalanes mantuvieron relaciones comerciales con Flandes y los países del mar del Norte, y, especialmente con los del Mediterráneo.
Con el desarrollo de las ferias y mercados, en las ciudades catalanas comenzaron a funcionar, como en Castilla, las "taulas de canvi", remoto origen de los establecimientos bancarios.
También Valencia y Mallorca tuvieron un gran desarrollo comercial.  Sus monumentales lonjas son los mejores testimonios de su prosperidad económica.  El gran desarrollo que alcanzó la marina catalana en estos tiempos tuvo como consecuencia un florecimiento en los estudios de matemáticas y astronomía, en sus aplicaciones a la navegación y la cartografía, que eran las ciencias más cultivadas entonces por catalanes y mallorquines.
Durante el siglo XII aparecieron las primeras cartas marítimas, llamadas portulanos, porque iban marcando los puertos a lo largo del Mediterráneo con asombrosa exactitud.  Conociendo la brújula y sabiendo estimar la velocidad, los navegantes se servían de dichas cartas a la perfección.  Justo es reconocer, no obstante, que las cartas y mapas mejoraron después de un modo notable durante los siglos XIV y XV.  En cartografía probablemente fueron los catalanes y mallorquines los maestros de los cartógrafos italianos, en contra de lo que se ha afirmado tantas veces.
Efectivamente, los más antiguos cartógrafos de nombre conocido fueron Ángel Dulcert (que algunos llaman Angelino Dulceri), en el siglo XIV, y en el siguiente el judío converso Jaime de Mallorca, a quien se llevó a Portugal el famoso monarca Enrique el Navegante.  Se cree que el nombre hebreo de dicho judío fue Jehuda Cresques, y el converso, Jaime Ribes. No se ha podido probar aún su identidad con el cartógrafo mallorquín (que los portugueses llaman Jaime de Mallorca) que atrajo a su escuela de Sagres el gran impulsor de los descubrimientos portugueses.
El clero fue el depositario de la cultura intelectual de esta época, y los templos sirvieron también de escuelas hasta que se fundaron las Universidades, cuya organización era completamente autónoma, igualando bien pronto en privilegios y consideraciones a la nobleza y al clero, como sucedía con la de Salamanca.
La universidades eran de dos clases: las Mayores o Pontificias, llamadas también "Estudios Generales", fundadas por los reyes y autorizadas por el Papa, cuyos títulos eran válidos para toda la cristiandad.  Y las Menores o de Estudios Particulares, que debían su origen a los prelados o a los Consejos, y cuyos títulos sólo tenían validez en el país donde radicaban tales establecimientos.
Sus enseñanzas comprendían el "Trivium" y el "Cuadrivium", osea las siete Artes llamadas "Liberales", y las Facultades de Teología, Jurisprudencia y Medicina.  La importancia de estos centros docentes fue muy grande, pues dieron origen a una nueva clase social que igualó bien pronto en consideración a la nobleza y al clero.  La Universidad más famosa de España es la de Salamanca, fundada en 1215 por el rey de León Alfonso IX. .
Será en el siglo XVII cuando ocurra el desarrollo literario de la lengua catalana, cuya poesía lírica de influencia provenzal tuvo por cultivar al mismo rey Alfonso II de Aragón., con la introducción en Cataluña de las escuelas o consistorios del Gay Saber o ciencia del verso, y de los Juegos Florales, o certámenes poéticos.
La filosofía que durante este período dominó en las Universidades, como en todas las del orbe cristiano fue el Escolasticismo tomista.  Y el genio más portentoso que produjo fue el filósofo, místico y poeta mallorquín Raimundo Lulio (1232-1315), que comparte con Santo Tomás de Aquino la gloria de haber salvado a la ciencia católica de las doctrinas panteístas desarrolladas por Averroes, el gran pensador musulmán.
Al lado del profundo filósofo balear Ramón Lull, que llegó a formar escuela, denominada "Lulismo", y escribió obras como Ars Magna y Arbor Scientiae, figuran San Eulogio, Juan Hispalense, Álvaro y otros muchos escritores mozárabes que se enfrentaron con su pluma a los ulemas de Al-Ándalus.

20 mar 2013

EL SANTO GRIAL Y PARSIFAL

Aprovechándose Alfonso VII de estas luchas que desgarraban la España árabe, hizo en ella una última incursión, que dio por resultado la toma de Almería, plaza que pronto reconquistaron los almohades.
Fue la fuerza naval la que desempeñó ya el papel más importante en la conquista de Almería por el rey castellano.  Pero no fue representada por bastimentos españoles, sino genoveses, pues aun no existía la marina de guerra de Castilla.
Se dice que en recompensa de tal servicio, el rey Alfonso VII regaló a los genveses el "Santo Grial" o "Sacro Catino", que, según piadosa tradición fue ofrecido por Jesucristo, depsués de su resurrección a José de Arimatea, cuando éste se hallaba preso bajo acusación de haber ocultado el cuerpo del Redentor.
Dicha reliquia era una escudilla fabricada de una sola esmeralda, y procedía dela reina de Saba, que se la había regalado al rey Salomón, habiendo servido para la institución de la Eucaristía en la última cena de Jesús con sus discípulos .
Al parecer, el Santo Grial fue levado a Inglaterra y de allí a España, donde, para su custodia, se fundó el monasterio de Montsalvat, que se supone ser de Juan de la Peña; y desde allí trajo el rey don Jaime a Valencia la preciosa reliquia.
Otro suponen, sin embargo, que ésta cayó no se sabe cómo, en poder de los moros de Almería, y es la uqe hoy se halla en Génova, por habérsela regalado Alfonso VII a sus aliados genoveses.
Esta leyenda inspiró a Wagner su célebre obra "Parsifal".

4 jul 2012

LA CULTURA REGIONAL

El "descubrimiento de la región", con sus paisajes, sus costumbres y sus hombres, señala la nueva actitud del ser humano ante su tierra natal.  El hombre se vincula al paisaje, resucitando, a su vez, los aspectos históricos y culturales de la región.
El paisaje, la tierra, los hombres de la región, irrumpen en las obra de novelistas tan famosos como Pereda (Escenas Montañesas; Tipos y paisajes; El sabor de la tierruca), Pardo Bazán (Los pazos de Ulloa; La madre naturaleza), Palacio Valdés (José; La aldea perdida).  Estos novelistas representan a la periferia septentrional, que se impone a partir de 1870 sobre los ambientes meridionales de la Península.  Es clara l posición de primer plano que cobra la periferia norteña, tanto en lo literario como en lo demográfico y económico.
El paisaje regional tiene también sus pintores, como lo demuestran los lienzos de Aureliano Berruete, Rusiñol, Casas, Sorolla...
En conexión con el "descubrimiento de la región" se halla el renacimiento de las culturas regionales no castellanas.
Partiendo de un hecho histórico-cultural, hallamos en España tres grupos de lenguas romances (gallego-portugués, castellano, catalán-valenciano-balear) y tres agrupaciones políticas (Corona de Portugal, de Castilla y de Aragón).  A partir de la Edad moderna, la lengua castellana afianza su hegemonía, porque el castellano se hace lengua universal durante el Siglo de Oro.  Hispanoamérica habla y escribe en castellano; Portugal se separa, y el castellano se convierte en la lengua oficial de un Estado que tiende al centralismo.  Las lenguas catalana, gallega, vasca, valenciana y balear se estancan.
Toda la Edad Moderna encierra un movimiento centralizador y unitario, basado en la política borbónica o en  el jacobismo homogeneizador de los liberales decimonónicos.  En el último tercio del XIX se recuerda con fuerza que una nación no consiste en la unidad lingüística.  Pi y Margall, en su obra Las nacionalidades, presenta ejemplos:  Suiza (una nación con cuatro lenguas), Alemania y Austria (una lengua, dos naciones).  Historiadores, científicos, eruditos y artistas claman diciendo con Menéndez y Pelayo que la lengua española no es exclusivamente la lengua castellana.
En otro apartado ya dijimos algo sobre el movimiento regionalista, que tiene unas dimensiones históricas, económicas, sociales y políticas incuestionables.  Lo que ahora nos interesa es analizar el resultado de esos estudiosos que hacen revivir las letras, las instituciones y la historia de sus regiones.
En Cataluña surgirá con vigor la "Renaixença" -renacimiento de la lengua y la cultura vernáculas-.  Que la lengua catalana estaba muy viva nos lo demuestra el caso sorprendente de Aribau, quien, en 1833, compuso la genial oda a la patria "La Patria Trobes".  Refleja el entusiasmo por la lengua catalana ("Oh llengua a nos sentits més dolça que la mel!").  Le seguirán de una forma consciente y culta Joaquín Rubió y Ors y Manuel Milá y Fontanels con hondas repercusiones poéticas e históricas; los Bofarull, Víctor Balaguer, Pelayo Briz, Alberto Llanas, Juan Illas...
La veta popular de la literatura catalana se hace aplaudir por las masas de los teatros ganados por las obras de Robreño, Renart y Arús, Federico Soler, Palou y Coll...
A su vez, la restauración de los Juegos Florales (1859) fue una palanca más en el renacimiento literario catalán.  Difunden la fama del llamado por Menéndez y Pelayo "el poeta de mayores dotes narrativas de cuantos hoy viven en tierra de España", "superior en condiciones descriptivas a todos los poetas catalanes, castellanos y portugueses que yo conozco".  Nos referimos a la poesía ciclópea, tallada en roca y verdaderamente colosal de Jacinto Verdaguer, que escribirá dos poemas de los mejores de España: L'Atlántida y Canigó.  Las obras de Verdaguer, traducidas a siete idiomas, le sitúan al nivel de los mejores poetas de España.
Ángel Guimerá es la otra gran pirámide de la Renaixença de la lengua catalana.  El luchador catalanista Guimerá es en el teatro lo que Verdaguer en la poesía.  Su drama romántico Mar i Cel y su drama rural Terra Baixa han apasionado a todos los públicos del mundo civilizado.  Guimerá era aplaudido y leído en toda España.
Otros dos nombres tendrían que ocupar nuestra atención por su incuestionable calidad: Santiago Rusiñol y Juan Maragall.  El renacimiento cultural de Cataluña, si no fuera por las limitaciones de espacio, merecería mayor extensión que estas ligeras alusiones.  Citemos, aunque sea de pasada, a Antonio Gaudí, quien en el templo de la Sagrada Familia y en diversos edificios civiles se muestra como el único arquitecto que el modernismo produjo en toda España.
Examinar el renacimiento de la cultura catalana supone relacionarlo con el apoyo social que recibe, con el fenómeno económico del proteccionismo y con el regionalismo político.
También en Valencia hay un renacimiento de la lengua vernácula, expuesta en la lírica de Teodoro Llorente.  Se restauran los Juegos Florales y surgen animadores de las letras valencianas como Carmelo Navarro Llombart.  Por otra parte, el paisaje natural y social de Valencia es puesto de relieve por el gran novelista Vicente Blasco Ibáñez (Arroz y Tartana; La barraca; Entre naranjos; Cañas y barro) y por el genial pintor Joaquín Sorolla (Playa de Valencia, etc...).
La lengua y la cultura gallegas se hacen realidad merced a numerosos escritores, bibliófilos, periodistas, poetas... Destaquemos a Rosalía de Castro, Eduardo Pondal y Curros Enríquez.  Alfredo Brañas formulará la doctrina del regionalismo gallego, que seguirá políticamente los pasos del patrón catalán.