19 feb. 2016

LA DESINTEGRACIÓN DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA

En el ambiente reformista que se crea en España en los primeros años del siglo XVII, se escuchaban continuas llamadas a la reorganización fiscal y administrativa de los diversos reinos de la Corona. Economistas y ministros solicitaban unánimemente una distribución más equitativa de los impuestos dentro del Imperio español y exigían que las diversas provincias pagasen, al menos, su propia defensa. Ahora bien, entre todos los dominios de la Corona, en realidad era Castilla casi la única que contribuía a mantener en pie la maquinaria imperial.
Castilla era como aquel San Cristóbal que tan frecuentemente encontramos reproducido en gigantescos lienzos en catedrales e iglesias de toda España, que sostenía sobre sus hombros a un Niño Jesús, símbolo de la cristiandad, la cual fatigosamente se esforzaba en mantener España sobrelos suyos. Pero de Castilla bien se habría podido cantar aquella copla que Polo de Medina dedicaba al glorioso San Cristóbal:

Cristóbal santo, una duda
me tiene con grande asombro
viéndoos con el mundo al hombro,
que de verlo un hombre suda.
Aquesta mi duda es:
decid, santo rubicundo,
si lleváis al hombro el mundo
¿en dónde ponéis los pies?


¿Y dónde ponía los pies, en efecto, el sudoroso gigante castellano? ¿Quién le ayudaba a realizar su tarea? Los estados italianos contriuían, ciertamente, a la defensa imperial en Italia y probablemente soportaban la carga mayor después de Castilla. Los Países Bajos contribuían menos, dados sus recursos, pero estaban en la línea de frente en una guerra casi permanente. Navarra, Aragón, Valencia sólo daban cantidades pequeñas, y además ocasionalmente. Portugal y Cataluña se negaban totalmente a contribuir a los costos generales de la defensa, pues consideraban que lo que ocurría más allá de sus fronteras no era cuestión suya. ¿Quién pagaba pues, los gastos? Oigamos la jocosa respuesta de Quevedo:

En Navarra y Aragón
no hay quien tribute un real;
Cataluña y Portugal
son de la misma opinión;
sólo Castilla y León
y el noble reino andaluz
llevan a cuestas la cruz.

Por este motivo, cuando Olivares trató de racionalizar la maquinaria imperial, consideró necesario organizar un estado unificado, suprimiendo los obstáculos que oponían las diferentes constituciones de cada reino. Ahora bien, ¿qué caminos había para conseguirlo?

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