9 may. 2014

EL DOMINADO II: NUEVA ADMINISTRACIÓN

La corte adoptó las costumbres y el ritual de los monarcas orientales: los emperadores deberían ser tratados como dioses, sus imágenes adoradas y nadie podría acercarse a ellos sin doblar las rodillas. Era una hábil manera de impedir los atentados contra las personas "sagradas". Pero aquel suntuoso ceremonial también contribuía a reforzar la autoridad y el respeto que deseaban imponer a sus súbditos. Todos los residuos de participación en el poder de los gobernados quedaron eliminados definitivamente. El Imperio se convirtió en una auténtica monarquía, el "Dominado", llamada así por cuanto que, entre los muchos títulos honoríficos que adoptaron los emperadores, estaba el de Dominus o "Señor".
Se hizo una nueva demarcación de las zonas del Imperio, el cual fue dividido en doce grandes circunscripciones administrativas llamadas diócesis, gobernadas cada una de ellas por un vicario. A su vez, cada diócesis comprendía varias provincias. Las de Hispania se reorganizaron hasta completar el número de seis (Tarraconensis, Cartginensis, Betica, Lusitania, Gallaecia y Mauritania Tingitana - ésta última ahora llamada "Marruecos"). Posteriormente (año 400) se añadió una séptima provincia insular, la Baleárica. En Hispalis (Sevilla) residía el vicario que gobernaba la diócesis. Al frente de cada provincia se nombraron presidentes. Una tupida red de burócratas y funcionarios perfectamente jerarquizados hacían llegar el dedo del poder a los más recónditos rincones del Imperio.
Los gastos públicos aumentaron enormemente: en adelante había que mantener dos cortes, una nube de funcionarios y un ejército cuyos efectivos aumentaron considerablemente por razones obvias (las incursiones bárbaras).
Para atender todas estas necesidades, Diocleciano llevó a cabo otras muchas reformas, como la fiscal por la que se reorganizó el hasta entonces complicado y confuso sistema impositivo romano. Toda la población agrícola fue gravada con un impuesto combinado, según el cual cada individuo debía pagar una capitalización personal, además de la yugación, tributo sobre la tierra cuyo monto variaba según la calidad y productividad del terreno. En realidad, la reforma no hizo más que agravar las ya tensas relaciones entre los contribuyentes y elpoder público. Dicho de otro modo: la recaudación de impuestos se convirtió en un saqueo organizado.

2 comentarios:

Miguel Ángel de Mòstoles dijo...

¡Es un placer leerte!

(http://anapedraza.blogspot.com/)

FRANCISCO GIJON dijo...

Ja ja ja
No es para tanto, no exageremos. Sólo intento hacer accesible algo que nos incumbe a todos. Espero poder llegar al final del blog.

Un abrazo