18 jun. 2017

LOS CIEN MIL HIJOS DE SAN LUIS (Y EL RESTABLECIMIENTO DE LOS ULTRAS) (II)

El inglés Cunning ridiculizó la política de Luis XVIII y de Chateaubriand, pero no pudo frenar el camino de la guerra.  El 7 de abril de 1823 los Cien Mil Hijos de San Luis (132.000 hombres y 108 piezas de artillería) cruzaron la frontera.  Estaban dirigidos por le duque de Angulema y otros oficiales nobles y, como además pagaban escrupulosamente los suministros, temiendo se produjese una reacción nacional como la de 1808, no hallaron apenas resistencia en su penetración.  Al ejército francés se le sumaron unos 35.000 absolutistas, en su mayoría guerrilleros, lanzándose al campo, al socaire de la invasión.
Ante esta amenaza, el liberalismo se refugió en una serie de mitos, aprovechados por el gobierno para encubrir las dificultades políticas, financieras y diplomáticas de los preparativos guerreros.  Surge el mito de la superioridad del hombre sobre un ejército esclavo adiestrado, derivado del entusiasmo de Rousseau por las "virtudes" de la República Independiente.  Es lo mismo en 1823 que en 1936: produciría un daño incalculable.
El ejército francés atraviesa la Península, desde los Pirineos hasta Cádiz, en paseo militar, con la casi única resistencia que opuso Mina.  Morillo, Ballesteros, Villacampa, La Bisbal y Riego caen o capitulan sin grandes dificultades.
Angulema entraba en Madrid el 23 de mayo y el 1 de octubre de 1823, tras la batalla del Trocadero, Fernando VII salía de Cádiz rumbo al campamento francés.  Los últimos días de Fernando como rey constitucional en la bloqueada Cádiz, se los había pasado lanzando "avioncitos" de papel (entonces se les llamaba "flechas") desde la azotea a la vista del ejército francés.
Fernando VII quedaba restablecido en la plenitud de sus derechos absolutos, y aunque prometió perdón general y un gobierno templado, cabía presumir que no iba a ser demasiado sincero en sus intenciones, como los hechos no tardaron en demostrar.
Desde el punto de vista internacional, debe verse en esta acción francesa no sólo una intervención de la Santa Alianza con miras a extinguir el foco de irradiación liberal que constituye la España de 1820, sino también la realización de un deseo de Francia, donde a la sazón gobernaban los "ultras" (es decir, los absolutistas) , consistente en neutralizar la derrota y la humillación de 1814 y 1815.  La invasión de España, el asalto del Trocadero, la ocupación de Cádiz, pretenden ser, pues, una neutralización del fracaso experimentado en la Península diez años antes.

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