14 may. 2017

LA QUIEBRA DE LA MONARQUÍA ABSOLUTA (I)

La masa de la "España negra" había triunfado sobre la minoría "ilustrada", la cual había sido impotente para movilizar al pueblo, que se presenta, según algunos historiadores, como una masa negra, inmovilizando, alienando en una cristiandad integrista, inquisitorial, cerrada, dominada por la reacción que ahoga en la represión feroz todo despertar de la conciencia y considera delito o herejía cualquier manifestación del pensamiento.
La debilidad burguesa y la enorme fuerza inmovilizadora sobre el pueblo de una religiosidad derivada de una "cristiandad negra", fueron los causantes de la restauración absolutista.  El achacoso y podrido absolutismo -represivo pero débil- se impuso al liberalismo, y la fórmula revolucionaria burguesa deberá reponerse todavía durante más de 20 años, para lograr una base que la lance al poder.
Los intentos renovadores, prometidos en el decreto del 4 de mayo de 1814, pronto fueron olvidados, y la reacción absolutista llegó hasta la anulación de varias reformas de los tiempos de Fernando VI y Carlos III,
Todos los organismos liberales serán extinguidos en su deseo ciego de restaurara el mecanismo de gobierno y la sociedad de 1808.  Esta legitimidad prerrevoluconaria consistía en un despotismo ministerial superpuesto a los antiguos consejos.
Se liquidan las Cortes, la figura del jefe político, las diputaciones provinciales.
Al mismo tiempo quedaba restablecido el régimen de consejos: Consejo Real, Consejo de Cámara, Consejo de Indias, Hacienda, Órdenes, Guerra e Inquisición.
La contrarrevolución alcanza  la administración provincial y municipal, volviendo a los cargos y métodos anteriores a 1808.
El proyecto de unas Cortes y de una Constitución fue desestimado por inoportuno.
La restauración de todas las instituciones no implicó novedad alguna, limitándose a desmontar todo lo creado por las Cortes de Cádiz.
Para que no cupiera duda de su antirreformismo y la gente olvidara las palabras "reformas" y "revolución", Fernando VII ordenó el 25 de abril de 1815 la suspensión de todos los periódicos, con la sola excepción del "Diario de Madrid" y "La Gaceta".
Este mismo deseo de volver  un pasado que se había manifestado anacrónico e ineficaz, queda reflejado en la restauración de la sociedad estamental.  Se vuelve a ordenar la prueba de nobleza para los altos cargos militares, produciéndose un divorcio entre los militares de carrera y aquellos que habían ascendido en el campo de batalla merced a su talento y valor.  Al suprimirse las contribuciones directas, se retrocedió al régimen impositivo estamental; los gremios y otras asociaciones recobran sus privilegios; a los frailes y monjas se les devuelven sus propiedades; los jesuitas vuelven a ser admitidos en el país; el "voto de Santiago" resucita, en perjuicio de los campesinos; la Iglesia española recobra todo su antiguo régimen señorial.  Adoptará una posición ecléctica, en cuanto confirma la abolición jurisdiccional y de los monopolios o derechos exclusivos (como en Cádiz); pero por otra pare sostiene el antiguo régimen señorial, basado en el dominio territorial y solariego, y no en la revolucionaria propiedad privada. Mantiene a terminología de señor y vasallo y prescinde de la presentación de títulos por parte de los titulares: "... los oficios de regidores, procuradores, alguaciles mayores y sus tenientes, y todos los demás que antes se proveian por los dueños jurisdiccionales en todos los pueblos del reino" ahora serán de designación regia, ya que la "jurisdicción es una joya preciosa de la Corona", y si la han ejercido los poderosos ha sido por debilidad de la nobleza.  Sin embargo, los derechos dimanantes del señorío territorial o solariego, como la percepción de rentas,frutos, prestaciones...., se mantenían subsistentes.

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