12 may. 2017

EL REGRESO DE FERNANDO VII: DECEPCIÓN TOTAL

El regente Agar y Císcar, los ministros Álvarez Guerra y García Herreros, Villacampa, Copons, Muñoz Torrero, Agustín Argüelles, Larrazábal, Villanueva, Calatrava, Toreno, Canga Argüelles, Nicasio Gallego, Feliu, Fernández Golfín, López Cepero, Ramos Arispe, Martínez de la Rosa, Sánchez Barbero, el geógrafo Antillón, el poeta Quintana, el actor Máiquiez y un largo etcétera eran conducidos a los presidios de África y a conventos y castillos de la Península para cumplir penas de reclusión e incomunicación.
Estas medidas fueron tomadas arbitrariamente, pasando el rey por alto las opiniones y decisiones de los tribunales.
Las mismas medidas represivas fueron usadas contra los afrancesados.
La represión política no fue pura fábula, como dice algún historiador; está demostrada su existencia, lo que dio motivos a una intervención de lord Wellington para aplacar e incluso amenazar a Fernando VII y a los absolutistas si no abandonaban sus medidas. Se trató de un obligado cortejo de venganzas y furores, comisiones militares, delaciones y "purificaciones", suplicios y palizas.... absolutismo feroz, en fin, degradante, personal y sombrío, del cual fue víctima la misma Iglesia, ofendida con sacrílegas simonías, ostentaciones de regalismo y retenciones de bulas, desplegado por un rey cada vez más divorciado del sentir popular.
Esta política y los numerosos exiliados obligarán a las potencias extranjeras a intervenir para que se suavicen las medidas antiliberales que propugna soberbiamente "El Deseado" (¿deseado? los españoles siempre hemos sido así)

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