10 may. 2017

EL REGRESO DE FERNANDO VII: EL MANIFIESTO DE LOS PERSAS

La estrella napoleónica se eclipsaba en los campos europeos.  El 11 de diciembre de 1813, por el Tratado de Valençay, Napoleón devolvía el trono de España a Fernando VII "El Deseado" (¿deseado?).
La Regencia española no reconoce dicho tratado y se obstina en que no reconocerá por libre al rey, ni, por tanto, se le prestará obediencia, hasta que en el seno del Congreso nacional preste el juramento prescrito en el artículo 173 de la Constitución de Cádiz.
Los absolutistas inician una gran actividad, llegando a afirmar en las Cortes el carácter absoluto del monarca.  En esta prueba decisiva, Fernando VII también pone su granito de arena, demostrando, desde el primer momento, su falta de lealtad y su desconocimiento de la situación española.
Fernando regresa a España el 24 de marzo de 1814, entre el entusiasmo y las aclamaciones de las multitudes, que se disputan el honor de arrastrar con sus manos el coche regio a la entrada en los pueblos (los españoles siempre hemos sido así).  Nobles, clero, ciudades, pueblos cuentan con el Deseado y nadie se acuerda ya de la Constitución.
La primera infracción de Fernando VII es modificar el itinerario marcado por las Cortes, al dirigirse a Zaragoza, lo cual significa que desde el primer momento obra al margen de éstas, afirmando su soberanía frente a la de las Cortes.
El 16 de abril, Fernando hacía su entrada en Valencia a hombros de artesanos y labradores, quienes, tras desenganchar sus mulas, cargaron con el coche de las "personas reales".  El cabildo valenciano le pide que restablezca la Inquisición.  Fernando VII responde: "Éstos son mis deseos".
Un paso más: Francisco Javier Elío, general del segundo ejército, invita al rey al absolutismo; entre juramentos y gritos tenía lugar el primer pronunciamiento militar del siglo XIX.
Mientras, los Borbones son restaurados en Francia, y toda Europa intenta volver al orden de cosas anterior a la Revolución Francesa.  todo esto favorecía los planes del rey y de los absolutistas.
Otro detalle: los valencianos arrancan la lápida de la plaza de la Constitución, colocándose en su lugar otra con la inscripción "Real plaza de Fernando VII".  Dicha sustitución fue pronto repetida en otras ciudades españolas (los españoles siempre hemos sido así).
Al mismo tiempo que Fernando VII recibía con desprecio la Constitución de manos del cardenal de Borbón, Mozo de Rosales le entregaba el Manifiesto de los Persas, firmado por 69 diputados realistas, en el que se censuraban las reformas hechas por las Cortes de 1810, se elogiaba la monarquía absoluta y se pedía la celebración de Cortes al estilo de las antiguas.
El 4 de mayo de 1814 Fernando VII firma el famoso decreto por el que se declara en contra de la Constitución de Cádiz y deroga toda la labor legislativa de sus Cortes como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo.  En este decreto se habla también de revitalizar las Cortes medievales y de no gobernar despóticamente; pero estas promesas serán pronto olvidadas.
De paso, condena a muerte, como reos de lesa majestad, a cuantos atentaron contra sus prerrogativas soberanas.  En la lista de los proscritos figuran 32 nombres eminentes por su talento, patriotismo y representación social y política.
Simultáneamente, las Cortes, ciegas, desconocen la magnitud del peligro que corren.  El general Eguía daba el golpe militar en Madrid.  El absolutismo integral y la reacción intransigente se habían impuesto.

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