20 abr. 2017

LAS JUNTAS PROVINCIALES (II)

El consejo tuvo que aguantar las duras oposiciones populares, que lo tachaban de taidor, diciendo: "Vuestra voz no debe ser oída de la nación".  Irritado por el estado de postergación en que se hallaba, el consejo plegará velas o lanzará explosiones de orgullo, tachando a los miembros de las juntas, ridiculiza su actuación y, en contrapartida, expone su programa de formar un gobierno central, un ejército y convocar Cortes.
Fácilmente se puede comprender el radical divorcio existente entre antiguo y nuevo régimen, entre las juntas y el consejo. Los principales políticos en que fundaban sus poderes eran opuestos; éste buscaba la normalidad jurídica, en tanto que las juntas aspiran a crear una nueva legalidad.  Tensión constante, guerra sorda, en la que aquél saldrá mal parado y se verá obligado a renunciar a sus pretensiones de gobernar, para recobrar sus funciones administrativas, económicas y judiciales.
Pero el proceso revolucionario hacía caso omiso de todo lo que olí a antiguo régimen, y el consejo no tendrá otro remedio sino abrazar el partido de la oposición.
Originariamente, la base revolucionaria estaba constituida por las juntas ciudadanas, elegidas popularmente.  Éstas, a su vez, habían designado a los miembros de las juntas provinciales.  También éstas aspiraban a un gobierno central, teniendo su situación por transitoria.  Salimos así al paso de los que han visto en las juntas el resurgimiento de tendencias liberalistas.  Son cientos de testimonios los que apuntan una conciencia de Estado nacional y prueban el levantamiento de la nación española frente al invasor., pese a la aparición de las juntas provinciales.
La tendencia a la homogeneidad es un hecho desde los primeros momentos.  Galicia envía representantes a Aragón, Andalucía y Valencia, urgiendo sobre la necesidad de una unión nacional.  Asturias aspira a reunir Cortes, invitando a las provincias más cercanas.  Murcia publica la famosa "Circular" sobre la necesidad de reunirse las autoridades de las provincias en un Gobierno Central.
La voluntad de unificación es sincrónica al levantamiento , y en todos hay un deseo implícito de superar esta situación de interinidad.  La anarquía, desolación, el federalismo, no caben en el sentir de ninguna junta. todas se expresan, esencialmente, de la misma manera. Por no citar ejemplos reiterativos, veamos el ejemplo de la junta de Valencia:

"...ya es indispensable dar mayor extensión a nuestras ideas para formar una sola Nación, una autoridad suprema que en nombre del soberano reúna la dirección de todos los ramos de la administración pública; en una palabra, es preciso juntar las Cortes o formar un cuerpo supremo compuesto de los diputados de las provincias en quien resida la regencia del reino, la autoridad suprema gubernativa y la representación nacional."

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