4 abr. 2017

LAS GUERRAS DE ITALIA (II)

Carlos invadió Nápoles. Alfonso II abdicó en su hijo Ferrante II, conocido popularmente como Ferrantino. El ejército napolitano se desmoronó. Los soldados se dispersaron, los generales abandonaron a Ferrantino. Los campesinos y el populacho napolitano aprovecharon la confusión para saquear la ciudad. El nuevo rey e retiró a Sicilia, después de asegurarse una cabeza de puente en el extremo meridional del reino, en espera de que llegasen pronto las tropas de España. Los franceses entraron en Nápoles el 20 de enero de 1495.
A los cuatro días Djem murió. Se dijo que Bayaceto había llegado a un acuerdo con el Papa. en vez de los 45.000 ducados anuales, le ofreció 300.000, a condición de que Djem muriese envenenado (según se dijo). La verdad no se sabe pero se intuye. En todo caso, la muerte de Djem suponía para Carlos VIII la pérdida de una de sus mejores bazas en la cruzada que proyectaba hacer y, tal vez, también fue la razón que le hizo perder en Nápoles un tiempo precioso. Sus soldados se entregaron a toda clase de abusos y liviandades.
Con la generalización del vicio se extendió una enfermedad desconocida hasta entonces. Lo franceses creían que se la contagiaban los italianos. Éstos pensaban que la habían traído los franceses. Le dieron el nombre de "morbo francés" (morbus gallicus). Se trataba de la sífilis, enfermedad que, al parecer, ya se conocía en el viejo continente desde antiguo, pero que solía parecerse a otras que presentaban síntomas parecidos. Su recrudecimiento en esta época hizo creer que hassta entonces era desconocida y que los españoles la importaron de América (recuérdese lo dicho sobre Martín Alonso Pinzón). Según esto, el contagio habría pasado de España a Italia y, desde allí, al resto de Europa. Se sabe que padecieron esta enfermedad muchos ilustres personajes de la época, enre ellos Ascanio Sforza y Juliano della Rovere, el mismo que ocupó el trono pontificio con el nombre de Julio II. César Borja también se contagió, si bien es cierto que su fortaleza física le permitió curarse. Su médico, Gaspar Torelle, en su obra La Pudendagra, dedicada al estudio de este mal, afirmaba que César era un bienhechor de la humnidad, porque su caso había ayudado a los médicos a luchar contra el "morbo gálico".
Carlos VIII impidió al Papa que le concediese la investidura del reino de Nápoles. El Sumo Pontífice se negó. Fernando el Católico había declarado la guerra a Carlos. No estaba dispuesto a permitir que la presencia francesa al otro lado del estrecho de Mesina hiciese peligrar la seguridad de las posiciones aragonesas en Sicilia. Así pues, la maquinaria bélica y diplomática del aragonés entró en acción.
El ejército expedicionario estaba formado en su mayor parte por veteranos de la guerra de Granada. como en todas las posguerras, uno de los muchos y graves problemas que se ofrecen a los gobernantes es el de reintegrar a la vida civil a gentes que durante el conflicto habían adquirido hábitos de violencia. En este caso, al encauzar hacia los campos de batalla de Italia a los excombatientes de Granada permitía eliminar del cuerpo de la sociedad española a unos elementos que, por su inquietud, podían ser caus de trastornos de todo tipo. Pero al mismo tiempo ofrecía la ocasión de desplegar a gran escala las técnicas militares aprendidas en la guerra granadina. La premura con que se había llevado a cabo su preparación no había permitido disciplinar debidamente las tropas a las que se unieron gentes reclutdas en Galicia y Asturias. Pero a pesar de estas deficiencias poseían una valiosa experiencia y una gran combatividad.
El ejército francés, nacido de la Guerra de los Cien Años, era tenido por el más poderoso de Europa, sobre todo desde el momento en que se habían enseñoreado de Nápoles. Los franceses, en sus luchas contra los arqueros ingleses, habían desarrollado su unidad táctica fundamental, la lanza, grupo formado por seis guerreros pesadamente armados. La dirección de cada lanza pertenecía al caballero. La completaban un escudero, dos ballesteros, un paje y un garzón encagadode transmitir las órdenes del caballero.
La efectividad del ejército de lanzas se evienciaba sobre todo en el choque, en el cua eran incontenibles. Sin embargo carecían de capacidad de maniobra.
Completando las lanzas habían organizado también cuadros de infantería pesada, reclutados, generalmente, en Suiza. La infantería suiza se organizaba en compañías de piqueros, armados de lanzas de hasta cinco metros de longitud. Solúan colocar las lanzas inclinadas, de modo que la punta quedase a la altura de los caballos y el regatón clavado en el suelo. De este modo formaban un muro erizado contra el que rebotaban las más duras embestidas de la caballería. Pero al igual que las lanzas, la infantería pesada carecía de maniobrabilidad , aunque era superior en el choque.
El capitán de las tropas españolas, Gonzalo Fernández de Córdoba, disponía de un ejército en el que predominaba la infantería. Cada unidad gozaba de gran autonomía. Sus reglamentos se habían tomado, adoptándolos, de los que habían hecho famosa a la infantería suiza. Pero la compañía española constaba de dos secciones. Una constituía el elemento de tiro, formada por ballesteros y espingarderos, y otra, el de choque, integrado por piqueros.
Las técnicas de guerrilla, el golpe de mano, la emboscada y la escaramuzza las dominaban perfectamente. Por su potencia de tiro, que se aumentó al añadir espirganderos a los ballesteros, y por su movilidad, era muy superior a la francesa. La caballería, formada por jinetes entrenados en las tácticas de los musulmanes, era inferior en el choque a la francesa, pero extraordinariamente rápida y maniobrera.
Su capitán, hombre curtido en la guerra de Granada, poseía una sangre fría capaz de permitirle dominar cualquier situación por peligrosa que fuera y una adaptabilidad que le posibilitó asimilar las lecciones que le dieron sus propios fraasos o los aciertos de cualquiera de los excelentes ilitares que por entoncces poseía Italia. Así pues en 1495 comienza, sin duda, una nueva época en la historia militar del mundo. Lo que en Atella, Ceriñola y el Garellano se funda estará vigente en la práctica siglo y medio hasta el desastre español en Rocroi. En Italia nacen y se hacen, en efecto, los "invencibles" tercios españoles.
La artillería de ambos ejércitos era igualmente inútil en el campo de batalla, si bien resultaba eficaz en loso asedios, para batir los muros.
Por lo que a la acción diplomática se refiere, Fernando desplegó todos los recursos de su maestría. Pocas gestiones se habrán llevado a cabo con la reserva y el secreto que rodearon las que los embajadores del Rey Católico realizaron ante las cortes de Europa. Así, en un tiempo récord logró organizar un auténtico cordón sanitario en torno a Francia, que se conoce con el nombre de Liga Santa. La santidad de su nombre le venía del último fin que se le atribuía, el de organizar la cruzada contra el turco. Para llevarla a cabo era necesario que reinase la paz en la cristiandad, paz que Francia era la única en alterar, especialmente desde el momento en que había alterado el equilibrio italiano. Por esto, el objetivo inmediato de aquella alianza era obligar a Francia a retirarse, de modo que, restablecido el equilibrio, fuera posible la cruzada.
Entre los firmantes estaba Ludovico el Moro, que, después de alcanzar el deseado ducado de Milán, veía en los franceses, más que una ayuda, una amenaza. Venecia, el Papa, el emperador Maximilano I y España también figuraban en la liga. Génova se adhirió y, al mismo tiempo, Fernando estrechó lazos con el ducado de Borgoña y con Inglaterra y logró la neutralidad de Navarra. En un momento determinado, Francia podía ser atacada simultáneamente por cuatro frentes: Nápoles, Milán, el Rosellón y Borgoña.

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