18 abr. 2017

LA REVOLUCIÓN Y LAS CORTES DE CÁDIZ (I)

La revolución liberal burguesa se lleva a cabo en España a través de tres fases.  La primera corresponde a la labor de las Cortes de Cádiz (1810-1814); la segunda, al "trienio liberal" (1820-1823); en la tercera fase (1832-1840), los imperativos económicos, ideológicos y políticos de la burguesía se asentarán definitivamente, dando lugar a la implantación en España de un Estado liberal.
Sincrónicamente con la Guerra de la Independencia discurrirá una revolución política, formando parte del engranaje de la "revolución burguesa".
Las transformaciones económicas y sociales habían avanzado rápidamente, mientras la situación política quedaba retrasada  y desfasada. Era una necesidad generalmente sentida reformar el Estado y la administración.  La burguesía española (escasos burgueses más el sector ilustrado de las clases medias) se incrustará en las grietas producidas por las crisis políticas de la Guerra de la Independencia.
Las reformas no se podían dejar al arbitrio de un rey absoluto, quien podía manifestarse inepto, como era el caso de Carlos IV.  Había que descartar las reformas desde arriba y lanzarse a la conquista del poder político para luego imponer sus criterios acerca de la organización de la sociedad.
Fernando VII estaba ausente y formalmente era el primer afrancesado al haber abdicado en José Bonaparte.  Unas juntas surgidas espontáneamente en todo el territorio español asumirían la soberanía, para convertirse en el motor de la revolución burguesa.
El pueblo no acepta las renuncias de Bayona, y ante la paralización total de las viejas instituciones, reasume la soberanía.  Las juntas serán la clara expresión de una situación revolucionaria.  La única legitimidad descansará en el pueblo y, por ende, sólo serán legítimas aquellas autoridades creadas por el pueblo o por sus representantes.  El poder de las juntas es nuevo y enmarcado en un levantamiento.

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