19 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA:OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (V)

El tercero de los frentes en la lucha francesa por la Península es el occidental.  En Portugal, la resistencia será un éxito de las fuerzas anglo-portuguesas, mandadas por Arthur Wellesley, duque de Wellington.  El fracaso de los intentos de Soult y Massena debemos explicarlo por la reducción de efectivos que sufrirán los franceses, ya que simultáneamente se lleva a cabo la conquista de Andalucía, obligando a fijar hombres y material que hubieran sido decisivos para Massena; las guerrillas batírán sistemáticamente la comunicación gala con Portugal, consumiendo fuerzas para atacar a los ingleses, quienes llevarán a cabo una política de tierra quemada para hacer imposible el mantenimiento francés de su territorio.
Como consecuencia de la persecución de Moore, se habían concentrado en Galicia fuertes contingentes franceses con los que Ney intentará ocupar Galicia y cubrir la retaguardia de Soult, cuyo objetivo seguía siendo Portugal.  Pero Ney no logró someter la región; la penetración de Soult conquistó Chaves, Braga y Oporto, pero a costa  de dejar grandes guarniciones, perder las comunicaciones y encontrarse aislado, sin posibilidad de avanzar adecuadamente.  Tuvo que volver a Orense, abandonando sus conquistas.  Ney ocupó Gijón y Oviedo, pero perdió varias bases de Galicia y la propia Santander.  Por el mismo motivo, debió abandonar sus conquistas asturianas.  Para completar el rotundo fracaso de esta campaña, el levantamiento de partidas en Galicia no sólo cortaba cualquier tipo de comunicación a Ney y Soult con el resto de la Península, sino entre sus mismos ejércitos.  El espacio geográfico, por otra parte, se había revelado superior a sus medios.
Napoleón había vuelto a triunfar sobre Austria, lo que ofrecía al emperador, con toda Europa en paz, la posibilidad de liquidar la guerra española que él mismo había declarado.  Nuevos contingentes franceses fueron esparcidos por España.  En el plan napoleónico, vencidos los españoles en Ocaña y prevista la conquista de Andalucía, sólo quedaba someter Portugal.  Pero el carácter erosivo de la guerra española se iba a revelar de manera espectacular en la campaña de Portugal, iniciada por Massena con una patente falta de espíritu combativo.  Massena comienza la operación de Portugal con 65.000 hombres, divididos en dos partes iguales, destinadas una a combatir y otra a mantener abiertas las comunicaciones; esta proporción era absolutamente inusitada en la historia militar, que aún se desnivela más si se tiene en cuenta que la misión de cobertura  que ocupaba la mitad de los hombres de Massena no permitía enlazar con la frontera francesa sino gracias a la presencia de otros 30.000 soldados acantonados en Burgos, País Vasco y Navarra.
Los franceses comienzan cercando Astorga y Ciudad Rodrigo, acción que les ocupa mucho tiempo, hombres y material.  Wellington, siempre a la defensiva, irritó a los españoles, quienes dejaron de prestarle información, por no acudir en apoyo de Ciudad Rodrigo.  La operación siguiente fue ocupar la plaza de Almeida.
Wellington practica la política de tierra quemada, precedente de lo que será dos años después la campaña napoleónica de Rusia, y se retira a la última defensa de Torres Vedras, anillo de Lisboa.
La máquina de guerra francesa, cortadas las comunicaciones por los guerrilleros, hostigada, avanzando con lentitud, encontrando todo arrasado y consumiendo todos sus alimentos, se había convertido en una masa ciega de combatientes.
Conoce Wellington la dirección del ejército francés hacia Coimbra, y le presenta batalla en Busaco.  Como siempre, el inglés escoge posiciones y obliga a los imperiales a aceptar el planteamiento táctico del enemigo, teniendo que renunciar Massena a su superior capacidad de maniobra.  Éste había perdido 4.500 hombres, y no se decidió a enfrentar un nuevo ataque.  Pero Wellington se retira a Torres Vedras, entregando todo el territorio e imponiendo enormes sacrificios a la población portuguesa de la zona entre Mondego y el Tajo.  De Coimbra salieron 40.000 habitantes, donde entraron los franceses poco después.
Los imperiales avanzan hacia Torres Vedras, momento aprovechado por los portugueses para recuperar Coimbra.
El comandante inglés sólo ve en la guerra peninsular una especie de diversión estratégica de las fuerzas napoleónicas.  Por ello, lo único que le interesa es conservar su capacidad combativa, siendo muy tímidos sus contactos ofensivos.  Torres Vedras, sólido reducto levantado por el inglés Fletcher, ofrecía la última posibilidad de resistencia, a la vez que protegía una eventual retirada.  Lo componían una serie de reductos a lo largo de 40 kilómetros entre el Tajo y el mar.  Aprovecharon las posibilidades de la región, unida por zonas pantanosas artificiales.  En cada bastión había una defensa; una escuadra anclada en el Tajo y una fuerte retaguardia para acudir a los puntos que se mostrasen vulnerables completaban la defensa.  El dispositivo francés ni siquiera intentó asaltar las  posiciones inglesas.  Massena se encontraba en inferioridad numérica, y no le quedaba sino esperar refuerzos, que nunca llegarían, porque la resistencia española impedía desguarnecer Castilla.  Tampoco se podía abandonar Andalucía; y la acción de Mina obligaba a fijar en Navarra 38.000 efectivos: factores decisivos en la falta de ayuda a Massena.
Napoleón ordena a todos los comandantes que mantengan abiertas sus comunicaciones con Portugal y acudan en su apoyo.  Éste fue muy débil, y pronto comienza la retirada de los galos hacia Almeida y Ciudad Rodrigo.  La segunda campaña de Portugal había fracasado; los franceses habían perdido 20.000 hombres.
La iniciativa volvía a las manos de Wellington, quien presentaba combates en Sabugal y Fuentes de Oñoro.  Terminaron en tablas, pese a las más que eficaces maniobras de los ingleses.  Massena se retira a Ciudad Rodrigo y es destituido del mando.  Concluía la campaña de Portugal en mayo de 1811.