16 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (III)

Cuando Napoleón marcha a Francia, deja a su hermano José en Madrid.  Le confía 28.000 infantes y 8.000 jinetes y la colaboración del mariscal Jourdan en la zona central.  Estas fuerzas se extienden en una línea de protección en profundidad a lo largo de Guadalajara, Aranjuez, Tarancón, Ocaña, Madridejos, Toledo, Talavera y Almaraz.
Ante estas tropas sufren descalabros en el año 1809 los ejércitos del duque del Infantado y del general Cuesta en Uclés y Medellín.
Sin embargo, la zona entre el Tajo y el Guadiana está arrasada, y los franceses no pueden vivir sobre el país.  Unido esto al fracaso de la ofensiva de Soult en Portugal, obligan a la estrategia francesa a replegarse lo más cerca posible de la corte.
Éste será el momento escogido por Wellington, quien se pone al frente de sus fuerzas.  El rey José, viendo su capital amenazada por las tropas de Venegas, Cuesta y Wellington, se pone al frente de sus ffuerzas.  Entra por el valle del Alberche, en la cuenca del Tajo, en busca de Wellington, cuyo ejército se halla en Talavera de la Reina.  Los despliegues son masivos, y los ejércitos anglo-españoles lucharán afortunadamente durante varios días, para luego Wellinton retirarse de nuevo hacia Portugal.  Por tanto, de la gran batalla de Talavera no tuvo el provecho soñado ninguno de los ejércitos.  Liberados los franceses del temor a la renovación del ataque por el valle del Tajo, montan su dispositivo sobre Andalucía.
Estaba comprobado que Wellington se basaba en unos planes en los que no entraban las tesis revolucionarias de la guerra permanentemente defendida por los españoles, y se negará a avanzar sobre Madrid y prestar colaboración para movimientos ofensivos.
La Junta Central, por el contrario, elabora sucesivamente planes nacionales de ofensiva, y está dispuesta a utilizar todos los recursos del país en pro de una guerra permanente en todos los frentes y en todos los momentos.  Su objetivo es expulsar a los franceses de sus posiciones al precio que sea, a fin de conquistar la capital.
Los franceses tienen muy bien distribuidos sus cuerpos de ejércitos en esta zona central, dispuestos a atacar y a defenderse conjuntamente.  Tal será el caso de la batalla de Ocaña, donde se reunirán 50.000 españoles y serán destruidos por Soult, ocasionándoles 4.000 heridos y muertos, 14.000 prisioneros y muchos millares dispersons.  Éste fue un duro golpe para la Junta Central.  Con los efectivos restantes del desastre de Ocaña, que eran menos de 20.000 hombres, se intentará cubrir la defensa de los únicos pasos de Andalucía.
Al comenzar el año 1810 la situación estratégica se presentaba esperanzadora para el rey José.  En el momento de iniciar las operaciones de Andalucía, las fuerzas francesas sumaban 325.000 efectivos, reforzados en los nueve meses siguientes por la llegada de otros 138.000 soldados.  Con estos hombres había que atender tres misiones fundamentales: 80.000 hombres trataban de abrir, como hemos visto, la comunicación entre Aragón y Cataluña.  125.000 soldados cubren el camino de Madrid y deben atender la movilidad de las guerrillas en las dos Castillas.  Y más de 100.000 hombres estaban concentrados entre Madrid y Ciudad Real para operar en la invasión de Andalucía.  La retirada de Wellington deja totalmente solos a los españoles, por cuanto no obliga a fijar una masa de franceses pendientes de sus operaciones.
Éstos deciden lanzar todos sus contingentes en un ataque directo a lo largo del camino de Sevilla. Las tropas que cubren la defensa de Sierra Morena son arrolladas sin gran esfuerzo.  Los franceses, en 10 días, e han presentado en Andújar, desde donde un cuerpo se dirige a ocupar Granada, mientras el grueso avanza tomando Écija, Carmona y Savilla.
En estos momentos, la rapidez de movimientos del ejército español de Extremadura busca refugio en Cádiz, donde jugará una baza militar y política en la defensa inicial de la capital gaditana con sus 12.000 hombres.  La situación geográfica de Cádiz era inconquistable para un enemigo que no dominase el mar.  El río de Santi Petri, destruido el puente de Zuazo, era un foso insalvable.  Todos los barcos de la zona o habían sido destruidos o trasladados a Cádiz.  La superioridad naval en la bahía y en el Mediterráneo era de españoles e ingleses.
Mientras tanto, y en poco más de un mes, toda Andalucía había sucumbido.  Pero, insistimos, sus éxitos militares tuvieron un límite: Cádiz.