17 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (II)

La unión de las fuerzas de Aragón y Cataluña, prevista para el invierno de 1808, o se realizó hasta dos años después, y a costa de enormes efectivos.  Hasta la primavera de 1810, Suchet no logró imponerse en Aragón, y esto tras vencer muchas resistencias y deshacer y dispersar los efectivos españoles mandados por Blake, en María y Belchite.  Como siempre, la superioridad táctica francesa se imponía en campo abierto, a consecuencia de la ventaja de la columna francesa frente a la línea española, incapaz de mantener sus posiciones ante la aproximación de aquélla.
Por primera vez los franceses contaban con la libertad de acción estratégica, con la iniciativa y con el objetivo sobre el que concentrar su esfuerzo.  Sin embargo, para lograr la unión de Aragón y Cataluña, la experiencia demostrará que los franceses no pueden avanzar en profundidad sin contar de antemano con el dominio eficaz de las posiciones de retaguardia.  Por tanto, durante los años de 1810 y 1811 el objetivo será ocupar las plazas españolas del valle bajo del Ebro y abrir una comunicación regular con Cataluña.  Bajo esta línea estratégica de lenta progresión, Lérida fue la primera plaza que cayó, recurriendo el general francés a poner delante de sus soldados a la población civil española para evitar que los defensores disparasen sobre ellos.  Estaba comprobado que en la guerra se recurría a cualquier medio, como el estrangulamiento de Álvarez de Castro por el general Augerau en Figueras.  Los españoles persistían en la fórmula de conservar las plazas fuertes, dando con ello superioridad estratégica a los franceses, quienes, con la táctica de sus medios poliorcéticos, harán gran número de prisioneros, privando así a los españoles de efectivos en la resistencia.  Dicha fórmula, salvo en el caso de Gerona, dio peores resultados a los defensores que a los asaltantes.  Ésta fue la consecuencia de los sitios de Tortosa y Tarragona, plaza en la que se perdieron unos 1.500 hombres. La razón de lo antiestratégico de esta fórmula hay que buscarla en que estas ciudades no podían recibir ayuda suficiente del exterior, por el duro castigo a que habían sido sometidos los ejércitos regulares españoles en meses anteriores.
Al comenzar el verano de 1811, todas las plazas de Cataluña estaban en manos francesas.  Había que volver a las fórmulas revolucionarias de 1808, cosa que hará Lacy, al mando del principado, con pequeños contingentes de gran movilidad para recuperar guarniciones perdidas, cortas las comunicaciones y asaltar convoyes.
Suchet se abalanzaba sobre Valencia; la resistencia de Sagunto apenas le detiene, y entra en Valencoa a los pocos días, tras hacer 16.000 soldados prisioneros.
Valencia supondrá el límite de la expansión francesa, frenada en Alicante y Murcia, en parte por la retirada de tropas con destino a la campaña napoleónica en Rusia.

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