13 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: OCUPACIÓN FRANCESA Y GUERRA DE DESGASTE (1809-1811) (I)

El rey José I ha sido restablecido en Madrid, y las fuerzas regulares españolas e inglesas fueron dispersadas. Sin embargo, Napoleón debe marchar a Francia.  Sus ejércitos quedan en España, con la necesidad de ocupar la parte del país que se mantiene en pie de guerra.
La extensión del dominio francés por más de medio millón de kilómetros cuadrados de la Península lleva consigo una guerra de desgaste, acompañada de éxitos franceses, pero a costa de numerosos efectivos humanos.
El dominio militar de las fuerzas francesas es más compacto en el norte, especialmente en el Ebro y los Pirineos.  En Galicia y Portugal, los intentos de arrojar a los ingleses al mar se verán frustrados, y Portugal se convertirá en una excelente base de operaciones desde donde lord Wellington llevará a cabo su cometido estratégico: atacar las posiciones fronterizas a uno y otro lado del Tajo, para luego empujar, llanura castellana adelante, hacia el norte.  La Junta Central, expulsada de Madrid por Napoleón, irá a Andalucía tierra de resistencia por excelencia, y en Cádiz se reunirán las famosas Cortes.  Los franceses llegarán a cercar Cádiz y a guarnecer otras ciudades andaluzas, obligándolas a fijar importantes efectivos humanos.  En el centro, José I se esfuerza en mantener un gobierno nacional, enmarcado en la Constitución de Bayona.  La posición será difícil al tener que hacer frente a su crítica situación financiera, a los guerrilleros, pesadilla constante, que imposibilitan sus comunicaciones, y a los propios mariscales franceses, que no le hacen caso y se comportan cual reyezuelos en sus demarcaciones, obedeciendo sólo las instrucciones del emperador.  Por encima de toda demarcación está la confusión omnipresente que crea la guerrilla, la guerra llevada a cabo por cada junta, por cada jefe de partida, a escala regional, a escala local y a escala individual.
La zona orienta, en lugar de retirarse, como en el centro, volverá a la resistencia urbana. Zaragoza y Gerona obligarán a los ejércitos franceses a emplearse a fondo, y se verá retrasada la unión de los efectivos de Aragón y Cataluña.  Esto fue a costa de numerosas pérdidas humanas de los españoles, que alcanzaron en su resistencia límites insospechados.
El sitio de Zaragoza duró 62 días, en los que los 35.000 franceses, tras dominar el monte Torrero, coparon las cabezas de puente del río Huerva, para luego ocupar los conventos de Santa Engracia, San Francisco y el Arrabal.  Los defensores, pese al hambre y a la peste, defendían barricada tras barricada y casa  por casa.
Una junta, designada por Palafox, firmaba la capitulación, y los supervivientes prisioneros eran llevados a Francia.
Simultáneamente a estos sucesos, se producía la campaña de Cataluña.  El mando lo llevaba Saint-Cyr, con numerosos efectivos.  Su superioridad numérica, táctica y de maniobra le dieron sendas victorias en Cardaden, Molins del Rey e incluso en Valls.  Mas la situación estratégica seguía igual.  Los franceses se enfrentaban a los crónicos problemas de conseguir recursos alimenticios y de abrir las comunicaciones con Francia.  Tal era la situación, que a los ocho días de llegar Saint-Cyr a Tarragona, ya había perdido el contacto con Barcelona.
Pero la principal comunicación entre la ciudad Condal y Francia era Girona.  Recibe órdenes y refuerzos para copar esta plaza.  El 24 de mayo de 1809 comenzaban las operaciones de cerco y aislamiento.
Contaba para su defensa con 7.000 soldados.  Los sucesivos asaltos de Verdier fueron rechazados por Álvarez de Castro y los gerundenses.  También aquí llegó el heroísmo.  La Junta Central, por real decreto, concedía a sus defensores los mismos honores que a los de Zaragoza. El 11 de diciembre capitulaba, tras 200 días de brillante resistencia.

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