26 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA. GUERRA DE GUERRILLAS (III)

En la guerra de guerrillas no había pausa.  Luchaba todo el mundo y en todo momento.  En estas guerras todos son beligerantes: el niño y el anciano, las majas y los bailadores, las prostitutas, los chisperos y las manolas.  Se lucha durante el día y por la noche, y lo mismo con pistolones que con palos, cuchillos, piedras, navajas o líquidos hirviendo.  Los hombres ocupados en las faenas del campo, tomaban el fusil oculto en la tierra si veían pasar un francés solo, y en cambio para el destacamento que cruzaba por su terreno no eran más que pacíficos agricultores.
La tradición ha hecho correr de boca en boca numerosos ejemplos de este tipo, y todavía hoy se oye comentar que un soldado francés se quedó dormido en un pajar en un pueblo burgalés; cuando despertó, fue objeto del ocio de los vecinos hasta quedar estrangulado en la plaza.
Dentro de la estrategia de la guerrilla es fundamental la rapidez de movimientos, principio que se consigue mediante contingentes poco numerosos, incapaces de aventurarse a un solo campal.  El guerrillero, para pasar inadvertido se confundirá con los labradores, evitando así ser descubierto.
Un ejército invisible, pues, se extendió sobre casi toda España como una red de la cual no se escapaba ningún soldado francés que se alejara de su columna o guarnición.  Sin uniforme y en apariencia sin armas, los guerrilleros escapaban fácilmente a las columnas que les perseguían y muchas veces las tropas que iban a combatirles pasaban por medio de ellos sin saberlo.
Era una guerra de desgaste que evitaba el enfrentamiento y con él, la posible derrota a la que se exponían los soldados regulares en campo abierto.  Con las guerrillas no había combates de duración limitada; era una lucha continua, sin descanso ni interrupción; no perdían la ocasión de asechanza o emboscada, aprovechando todas las horas, todos los lugares y acababan siempre por perseguir a los que les habían perseguido.  Las guerrillas no mataban nunca muchos hombres de una vez; mas como renovaban incesantemente los golpes, los franceses concluyeron por gastar, sin resultado alguno, un ejército escogido que tanto les interesaba conservar.


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