8 mar. 2017

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: CAMPAÑAS DE VERANO DE 1808 (I)

No es fácil hacer una síntesis de un conflicto que duró desde el 2 de mayo de 1808 hasta el 4 de junio de 1814. el número de sucesos es enorme.  Computamos hasta 470 batallas y varios miles de choques armados. España, en estos seis años, perdió varios centenares de miles de hombres, y los daños materiales fueron inmensos.  En este sentido, las pérdidas fueron muy similares a las de nuestra terrible Guerra Civil.  Como haremos en otra ocasión, también ahora creemos preciso conocer los caracteres generales que presenta esta contienda.  Destacaremos por encima de todo, y para comenzar, que ésta fue la única guerra napoleónica que declaró el Emperador de los Franceses, siendo el resto de sus contiendas puramente defensivas -esto, para eliminar tópicos de antemano.
Sin duda ninguna, tenderemos a matizar y dividiremos el desarrollo de la guerra en cinco fases: la campaña de verano de 1808, la campaña napoleónica, la ocupación francesa, la guerra de guerrillas, la guerra de desgaste y, por último, la ofensiva hispano-inglesa.
En lo referente a las campañas del verano de 1808, un apartado de la sociología de la guerra debe referirse al ejército profesional con sus efectivos.
Al comienzo del conflicto, las fuerzas francesas, bajo mando de Murat y divididos en cinco cuerpos del ejército.  Junot ocupaba Lisboa; Dupont, el sur; Duhesme, Barcelona; Bessieères, Vitoria, y Moncey estaba cerca de Madrid.  Aproximadamente un tercio de estos hombres eran veteranos del ejército regular.  Otro tercio lo componían las legiones de reserva, más eficaces que el último tercio, compuesto por los regimientos provisionales y de marcha.  La caballería sumaba 12.000 jinetes. El 15 de agosto de 1808 entraron otros 50.000 hombres, con lo que la cifra total de efectivos franceses se eleva por encima de los 160.000 hombres en el inicio de la contienda.
El ejército español contaba con 100.000 soldados de tropas regulares, agrupados en unidades que recibían la denominación de "Guardia Real", "regimientos de línea", "regimientos ligeros"... Este ejército activo se nutría a base de levas.  La milicia (sorteo de uno de cada cinco , entre los mozos que han de ser soldados)  la constituían unos 30.000 hombres encuadrados en las milicias urbanas, armados por el Estado, vestidos por el vecindario y con la finalidad defensiva de ciertas plazas.  Una importancia secundaria tienen los 16.800 jinetes, con sólo 9.000 caballos, y los 6.550 artilleros, con sólo 400 animales de tiro para transportar 216 piezas y sus correspondientes municiones.
Galdós describe en sus Episodios Nacionales así al ejército español de Andalucía:

"Cuerpos reglamentados españoles, con algunos suizos y valones; regimientos de línea, que eran la flor de la tropa española; regimientos provisionales que ignoraban la guerra, pero que se disponían a aprenderla; honrados paisanos, en su mayor parte muy duchos en el arte de la caza, y que por lo general tiraban admirablemente, y por último, contrabandistas, granujas..., holgazanes convertidos en guerreros al calor de aquel fuego patriótico que inflamaba el país."

El análisis colorista de Galdós podía ser valido para la totalidad del potencial humano encuadrado en el ejército nacional de la Guerra de la Independencia.
La superioridad numérica de los ejércitos franceses sobre los españoles era de 1,5 a 1.  Queda manifiesta condición en divisiones autónomas, la movilidad y rapidez de unos ejércitos que "viven sobre el país", librados de la intendencia.  Puestos a revelas la superioridad del ejército galo sobre cualquier otro europeo, sus soldados andaban 120 pasos por minuto, frente a los 70 tradicionales en las restantes tropas continentales. La rapidez de concentración fue otro rasgo propiamente napoleónico, al convertir la inferioridad numérica en superioridad en el campo de batalla.  La acción ofensiva y de columna en el terreno táctico serán otras tantas ventajas de los invencibles ejércitos del Emperador de los Franceses.

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