16 feb. 2017

GODOY Y LA ILUSTRACIÓN EN LA ÉPOCA REVOLUCIONARIA (II)

Después de la Paz de Basilea (julio de 1795) las relaciones franco-españolas entran de nuevo en vía tolerante y de relajación de medidas tomadas contra las publicaciones francesas.  Por todo el país circulan periódicos como el "Moniteur" y los comerciantes franceses son admitidos de nuevo en España.  Aparecen biografías de Franklin y se traducen obras de Buffon y hasta de Locke.  Se crean nuevas escuelas de cosmografía, medicina y otras ciencias; salen becarios a estudiar las ciencias a Europa, igual que se había hecho en la época de Carlos III.  Como caso anecdótico, había en la universidad de Granada un catedrático de filosofía y matemáticas de 18 años que enseñaba a Vives, Mantaigne, Galileo, Descartes, Newton, Leibniz, Locke y Condillac. Este muchacho prodigioso se llamaba Narciso de Heredia.  Consecuencia de esta alianza con Francia era que el gobierno hacía la vista gorda sobre estos asuntos y si, con este aperturismo, Godoy no era objeto de sátiras en las universidades, la verdad es que entraban, se compraban y leían libros extranjeros en grandes cantidades. Voltaire, Rousseau y Mably se habían hecho tan famosos en el clero como el propio Aristóteles y Santo Tomás.  El gobierno se vio obligado a lanzar edictos y permitir que la Inquisición hiciera pesquisas y encarcelara a algunos libreros-editores.
Las actividades intelectuales bajo Godoy nos reflejan la situación del ilustrado diseñado a base de unos trazos muy tradicionales. En este sentido no se limitó a favorecer los intentos ilustrados, sino que dio cabida a toda una posición reaccionaria dirigida por los rancios apologistas católicos, que no tomaron tregua.
El estado de la cuestión estuvo muy claro.  Hubo una reacción antiilustrada a nivel europeo encabezada por los extranjeros: abate Nonnote, Vlsecchi, Bergier, Mozzi y otros.  los españoles, sin aportar apenas nada, recogen los elementos de este mito reaccionario, lo construyen y aplican a las circunstancias españolas y lo difunden .  Estos discípulos españoles que copian y ponen en marcha la reacción son fray Fernando de Ceballos, el padre Rodríguez, Fernández de Valcárcel, Pérez y López, Forner, Vila y Camps, Peñalosa y Zúñiga, Joaquín Lorenzo de Villanueva y otros.
El impacto de los sucesos en Francia fue enorme.  La confianza en el pensamiento ilustrado hacía aguas, ya que muchos de sus seguidores presentaban una actitud de duda o repulsa hacia la Revolución Francesa.  Como, por otra parte, los reaccionarios se mantienen en su credo, se llegará a formar un bloque absolutista que luchará en Europa durante parte del siglo XIX contra las conquistas del liberalismo constitucional.  Se caracteriza este espíritu emocional por su miedo al desorden, reticencia al cambio y apego a sus estructuras económico-sociales de privilegio y poder.  Por ello, toda sociedad que se regodea en reformas y transformaciones, para ellos responde a unos proyectos escondidos que aspiran al cataclismo revolucionario y que tienen como modelo a la Revolución Francesa.

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