10 feb. 2017

GODOY (I)

Muchos historiadores se han regodeado explicando la fulminante carrera de Godoy por el favoritismo de la reina.  Investigaciones posteriores (y menos frívolas), apuntaron al deseo de Carlos IV de apoyarse en un tercer partido, un "partido nacional", frente a los grupos encabezados por Floridablanca (golillas) y Aranda (partido aragonés), con los que el rey no simpatizaba en absoluto.  Godoy frecuentaba las tertulias cortesanas, en las que destacaba por su talento y sentido de la iniciativa.  Y mientras los acontecimientos políticos de la Revolución Francesa habían acabado, en tres años, con los dos principales políticos de la época de Carlos III, este mismo proceso precipitaba la carrera política de aquel advenedizo, que en noviembre de 1792, fracasados los gobiernos de Floridablanca y Aranda, ocupaba el poder como "caudillo de la reacción monárquica", según lo definió Carlos Seco.
Lo dice el propio Godoy en sus Memorias (defectuosas y amañadas, por cierto, si bien espontáneas y sinceras):

"... no fue culpa ni ambición de parte mía que se hubiera propuesto y quisiese Carlos IV tener un hombre de quien fiarse como hechura propia suya, cuyo interés personal fuese el suyo, cuya suerte pendiese en todo caso de la suya, cuyo consejo o cuyo juicio, libre de influencias y relaciones anteriores, fuese un medio más para su acierto y su resguardo, en los días temerosos que ofrecía a la Europa.  Por esta idea, toda suya, me colmó de favores, me formó un patrimonio de su propio dinero, me elevó a la grandeza, me asoció a su familia y ligó mi fortuna con la suya."

Está claro que la época de Godoy no puede reducirse a una historia de alcoba, ya que el proceso europeo deja un poso decisivo en la evolución interior y exterior de España.  Que los caprichos de una reina dirijan la política española es una explicación desorbitada y facilona que no podemos admitir con seriedad.  Se ha dicho que el erotismo inunda las relaciones entre Godoy y María Luisa, y aún más, que los rasgos y vanidad femenina de Godoy le calificaban como un "marica" ideal del primario Carlos IV (cito el libro de Villaurrutia y Hans Roger Madol "Godoy.  El primer dictador de nuestro tiempo", de Alianza Editorial.  Este tipo de biografías desenfocan los hechos en numerosas cuestiones y son infantiles en sus apreciaciones e interpretaciones, amén de emitir juicios sin apoyo documental serio.  Es tarea de todo historiador (obligación moral, diría) tratar de analizar la Historia con absoluta objetividad y alejándose de todo tipo de juicios de valor.  La Historiografía es una ciencia, y como tal ha de ser exquisitamente analítica y crítica con los hechos que estudia.
El ascenso de Godoy es paralelo a la toma de postura contra Francia.  Godoy puede llevar adelante su programa contrarrevolucionario, porque no es sospechoso, como Aranda, ni tiene un pasado que lo acusa, como Floridablanca.  Además, su programa político coincidía y estaba arraigado en el país.  Esto chocaba con Aranda, obviamente, ya que el amigo de Voltaire consideraba la guerra contra Francia injusta, impolítica, ruinosa, superior a las fuerzas de España y que arriesgaba además la monarquía española.  Además, el "gran oriente español" defendía el derecho de los pueblos a la autodeterminación de su gobierno y consideraba que los ejércitos franceses eran muy superiores a los españoles, tanto en número como en calidad, al ser los promotores de la libertad e igualdad, por las que se sienten fanatizados.  Por contra, los soldados españoles, en cuanto se les pase la fiebre que les han inoculado los predicadores, carecerán de combatividad y responderán a las estructuras del viejo pueblo al que pertenecen y al que representan.
Godoy se hace eco de la ortodoxa opinión nacional basada en la fe religiosa y monárquica del pueblo; alude al sentimiento religioso, al espíritu nacional, al honor antiguo e inmemorial y a las ínfulas de un pueblo independiente, enemigo de todo aquello que se le intente imponer desde fuera.
Godoy informa al rey de que Aranda es un masón y adopta "ideas contrarias al servicio de Vuestra Magesta".  Aranda es desterrado.
Quizá sea ésta la única vez que Godoy orquesta bien el sentir nacional, pero, de todas formas, a los españoles les duele que el intérprete sea un muchacho advenedizo de 25 años y fruto -quiérase o no se quiera- de la pasión sensual de una reina.