3 ene. 2017

LA QUIEBRA DEL ANTIGUO RÉGIMEN

La estructura social española de finales del siglo XVIII estaba fundada en el sistema feudal y se remontaba a la Edad Media.  Se despreciaban las actividades manuales y las ocupaciones productoras; los diversos estamentos sociales seguían atados al esquema medieval, en el que unos rezaban, otros combatían y unos terceros trabajaban para que vivieran los demás.  Estos estamentos eran el clero, la nobleza y el resto, no constituyendo clases sociales, sino grupos con privilegios y deberes antagónicos.  Por supuesto, los privilegios y funciones no estaban en armonía con la realidad, y es por ello por lo que la sociedad estamental que había organizado la vida colectiva y solucionado los problemas de la sociedad moderna ahora se demuestra incapaz de resolver las situaciones que el momento actual de finales del XVIII plantea.  La estructura legal de la sociedad no coincidía con las realidades económica y sociales o, como dice Marx, las relaciones de producción estaban estancadas, mientras las fuerzas productivas seguían avanzando y progresando.  Ante este desfase, la nobleza y el clero seguirán obstinados en mantener sus privilegios, la base de su poder y del poder mismo.
Estamos ante la crisis del antiguo régimen, crisis que viene provocada por doble carril.  Los ilustrados hacen una honda crítica de la incapacidad del antiguo sistema social y, por otra parte, este sistema social arcaico padecía una crisis interna que amenazaba con su autodestrucción.  Se estaba operando aquello de que para que las cosas cambien no es suficiente con que los de abajo quieran, sino que es necesario también que los de arriba no puedan evitarlo.  En orden similar, analizaremos cómo las interrelaciones entre política exterior y facciones domésticas reflejan la debilidad del Estado, presagiando la quiebra del Antiguo Régimen.

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