30 ene. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (III)

A propuesta de Campomanes, presidente de las Cortes, se trata de los perjuicios que se siguen a la nación de la reunión de grandes mayorazgos y de la manera de evitarlos; las reglas para los qe se establecieran en adelante; medios de promover el cultivo de las tierras vinculadas; arrendamientos de heredades, conservación de pastos, seguridad de los plantíos y viñedos, etc.  Todo fue aceptado y las Cortes se cerraron tranquilamente; previamente se arrodillaron ante el rey y se inclinaron ante su presencia. Prácticamente lo único que exigen los miembros de estas castradas y atrofiadas Cortes es que en las fiestas reales se les asignen buenos sitios en las corridas de toros.  ¡Qué petición más revolucionaria!  Pero con eso y todo, y a pesar de lo distinta que era la situación con respecto de la de Francia, España estaba demasiado cerca para que no llegaran salpicaduras de las convulsiones que estaban teniendo lugar en el país galo.
Por ello, Floridablanca va a montar un cordón sanitario a lo largo de la frontera para tener a  España ignorante de lo que pasaba en Francia.  A pesar de ello, llegaron periódicos y folletos, y el 27 de julio se sabía en Madrid que la Bastilla había sido tomada por el pueblo, que se habían abolido los privilegios feudales y que se había aprobado la trascendental Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Floridablanca sigue obstinado en seguir la senda de la intransigencia y ordena que las aduanas y puertos marítimos no dejen pasara nada relacionado con el país vecino.  Para colmo de su ideología ilustrada, pide ayuda a la Inquisición para que monte una guardia permanente en los puertos y recoja todo lo referente a los sucesos revolucionarios (así ha sido siempre España).
En este tira y afloja, las colonias francesas de Cádiz están al tanto y alborotan con lo ocurrido en su país, al tiempo que lo difunden y hacen circular libros, papeles, folletos y manuscritos entre los españoles.  Algo similar ocurre en Cataluña y el País Vasco, donde se detallan, en francés y castellano, los acontecimientos revolucionarios y se canta a la igualdad, libertad y fraternidad en un clamor que exige pura y llanamente la Democracia.
En Valladolid, Oviedo, Ocaña. Palencia, Santiago, Murcia, por citar núcleos distantes, es tema de conversación la toma de la Bastilla se difunden ejemplares de la Declaración de los Derechos del Hombre, circulan catecismos revolucionarios y escritos donde se ataca abiertamente al clero y donde se afirma que el rey no tiene derecho para legislar.  Siguen pasando abanicos con poemas y dibujos revolucionarios expandidos desde Bayona y Perpiñán y llegando hasta Jaén, Orense, Zaragoza y otros lugares.  Los foros, en envolturas de relojes o en cajas de metal que los barcos arrojaban al mar con un flotador para que lso cómplices del litoral las recogieran  Entra propaganda en libros trucados de física, química, comercio o mineralogía y por otros medios sutilísimos.
La Inquisición se multiplica, recibe informaciones y chivatazos y condena estos escritos.  Se dan órdenes estrictas a las imprentas y se llega a confiscar la correspondencia, abriéndose el correo de individuos sospechosos de conjura.  Se impide toda discusión pública sobre el tema e incluso se prohíbe a los militares que toquen este asunto.  Ni siquiera se dejan pasar libros contrarrevolucionarios, porque una cita de Voltaire, aunque fuera para rebatirle, se considera peligrosa  Con estas disposiciones de Floridablanca estará relacionado el atentado de que el ministro español fue víctima el 18 de junio de 1790 en Aranjuez, donde un francés le hirió de sendas puñaladas.