31 ene. 2017

ESPAÑA ANTE LA REVOLUCIÓN FRANCESA (IV)

En 1790 la Asamblea Nacional sigue trabajando en la Constitución con claro espíritu laico, apoyándose en la naturaleza y desligándose de la tradición, asentando las bases de la monarquía constitucional.  Floridablanca ordena que se ponga en la frontera un cordón de tropas para estar prevenidos ante una invasión; presiona en París también por medio de embajadores, pero se le contesta que en Francia la libertad de prensa era un derecho reconocido.
Floridablanca llega más lejos y expulsa de España a los franceses considerados propagandistas peligrosos.  Puede más en él la intransigencia que las repercusiones internacionales de tales medidas.
Tras mandar hacer una matrícula de los extranjeros residentes en España, les clasifica de "avecindados" y "transeúntes".  Los primeros pasarían a depender de la soberanía del rey de España y jurarían fidelidad a la religión, al rey y a las leyes de España; los transeúntes deberían abandonar el país en el plazo de quince días o avecindarse y prestar juramento.  Según este censo, había 27.502 cabezas de familia extranjeros residentes en España, de los cuales 13.332 eran franceses y 6.512 cabezas de familia, transeúntes, de los que 4.432 eran franceses.
Se dijo que habían salido once mil franceses de Madrid, prefiriendo ser expulsados a abjurar de su patria; otros se quedaron y muchos fueron procesados por la Inquisición, habiendo algún caso, como del del deísta Maffre, que se suicidó en la cárcel.
La inflexibilidad de Floridablanca para cortar la entrada de noticias francesas le lleva a adoptar posturas un tanto vacilantes hacia la ilustración nacional.  Los periódicos de 1789 y 1790 siguen divulgando el espíritu de las luces y publicando artículos sobre filósofos y científicos europeos, proponiendo reformas y mejoras.  Sin embargo, poco a poco, el sentir oficial cambia; se ponen límites a la prensa, se agudizan las censuras previas, se reglamenta el lenguaje y los temas periodísticos.  Hay confiscaciones de todo tipo de publicaciones procedentes del país vecino.  Se tacha a Cañuelo, director de "El Censor", de difundir errores materialistas y doctrinas influidas por Lutero, Wicleff y Calvino.  Las críticas sociales de Cañuelo pasan al Índice de Libros Prohibidos.  Se llega a condenar un libro del jesuita Hervás y Panduro por condenar la nobleza hereditaria.  Floridablanca apoya la línea dura del  Santo Oficio y en el gobierno se imponen los halcones reaccionarios.  Tres personalidades sobresalientes del despotismo ilustrado carlostercerista son anulados: Cabarrús fue encarcelado en 1790 y sus amistades desterradas; Jovellanos es recluido a Asturias y Campomanes es destituido del cargo de gobernador del Consejo de Castilla.

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