25 dic. 2016

ÓRGANOS DE DIFUSIÓN DE LAS LUCES (I)

¿Cómo se van a llevar a la práctica los ideales de los ilustrados?  ¿Con qué armas se cuenta?  La política ilustrada del gobierno de Carlos III goza de buena prensa en todo el país.  Se habían montado las instituciones para el fomento de la luces y para el progreso material de España.  Las Sociedades Económicas de Amigos del País, la prensa, las universidades y la práctica cultural y educativa serán los medios de difusión del programa de los ilustrados.
No es suficiente el ardor de un rey entusiasmado, de unos ministros y de unos consejeros para sensibilizar a un país de 10 millones de habitantes y casi 500.000 kilómetros cuadrados.  Para reformar, instaurar y fundar doctrinas, métodos pedagógicos y una economía productiva se requieren otros medios que lleguen a la masa.  Así surgirán en ciudades y villas reuniones de hombres competentes y generosos con el objeto de transformar la economía y las mentes de sus compatriotas.  Tal es el origen de las Sociedades Económicas.  En su génesis van a influir las tertulias y academias que se remontaban al siglo anterior y el impacto de unos organismos similares que ya funcionaban en el extranjero.
En 1697 cinco médicos sevillanos se reunían en casa de uno de ellos para leer y discutir temas de su profesión; daban lugar a la "Sociedad Médica de Sevilla".  En 1733 había surgido la Academia de Medicina de Madrid.  Unos cuantos médicos se reunían en casa del farmacéutico José Ortega, donde charlaban, comentaban a Feijoo, etc.  En 1748 quedaba reglamentada una reunión en Azcoitia de caballeros y sacerdotes.  Los lunes se dedicarían a matemáticas; los martes a la física; los miércoles, a la lectura, historia y traducciones; jueves y domingos, a conciertos; viernes, a geografía; sábados, a temas actuales.  Quedaba configurada así la Sociedad Vascongada de Amigos del País.  En 1766 se reunían hombres de letras, como Irirarte, Cadalso, Moratín y otros italianos, en la fonda de San Sebastián, en Madrid.  Tocaban, entre otros, temas extranjeros, de donde recibían correspondencia.  Dos años después era realidad la Academia de las Ciencias de Barcelona, cuyos promotores habían sido unos cuantos alumnos que se reunían para discutir sobre física.
En Berna, Dublín, Londres... funcionaban con éxito unas sociedades económicas, preocupadas por la prosperidad de sus países.  Lo hacían con eficacia y camaradería; asimilaban inventos, extendían e intensificaban cultivos, intercambiaban, en fin, conocimientos.  Campomanes y Campmany conocen su funcionamiento y alientan a los compatriotas para que las adopten y adapten.  Su actividad se centraba en la agricultura y el comercio; pero en ellas se domina el espíritu de observación y experimentación de Bacon y Locke.