6 dic. 2016

LA BOTÁNICA ENTRA EN ESPAÑA

En el año 1751 llega a Madrid el botánico Loeffling, discípulo predilecto de Linneo.  Ambos animan a los botánicos españoles y les prometen fama mundial.  Y así fue, como lo demuestran los eminentes José Minnart, José Ortega, José Quer y Cristóbal Vélez.  Pero tanto Quer como Gascó y el Barbadiño siguen todavía los métodos del también gran botánico Tournefort.  En 1767 aparecen los "Principios de Botánica", de Barnades.  Tiene un discípulo de talla en José Celestino Mutis, quien estudiará la flora americana con apasionada atención.  Dejará un herbario de 7.000 dibujos coloreados; era amigo de Humboldt, y el propio Linneo tendrá para él palabras muy elogiosas.  Casimiro Gómez Ortega estudia en el extranjero, traduce libros científicos y estudios de agricultura, montes y bosques; difunde las doctrinas de Linneo en España y, junto con otro sabio, Antonio Palau, publica un Curso Elemental de Botánica.  El propio Palau traduce al castellano y prologa las obras de Linneo.  La botánica avanza por cauces científicos y tanto Palau como José Pavón, Zea y Cavanilles superan al sueco Linneo.  Cavanilles estudia en Francia y sigue los métodos del revolucionario Jussieu y de otros sabios europeos.  De la clasificación se ha pasado a la idea de serie, y los españoles están en la brecha, como lo demuestran los citados nombres, a los que se sumarían los de Ignacio de Asso, Rojas Clemente, Hipólito Ruiz, Née.  Extienden todos ellos la ciencia botánica al Nuevo Mundo, y el mismo Humboldt dirá de Carlos III:

"Ningún gobierno europeo habrá hecho tan considerables gastos como el de España para adelantar en el conocimiento de la flora."

Surgen jardines botánicos, como el famoso de Carlos III, en Madrid.  Y otros en Valencia, Barcelona y País Vasco.

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