15 dic. 2016

FILOSOFÍA POLÍTICA (II)

Era difícil entrar en la comunidad europea ilustrada.  Conseguir libros de los "filósofos" era una tarea ardua.  Con cierta razón decía Voltaire que "los griegos esclavos tenían cien veces más libertad que la que tenéis vosotros en Madrid".  Pese a todo, Rousseau era leído y acogido en España.  Feijoo lo había leído y refutado, porque no podía admitir que las artes y las ciencias hubieran corrompido las costumbres.
Tanto en el "Discurso sobre la desigualdad entre los hombres" comoo en el "Contrato Social", Rouesseau formulaba la doctria democrática, al estudiar el estado de la naturaleza y el tránsito a la sociedad civil y su ulterior evolución hasta alcanzar el estado presente.  Su novela "Emilio" era un tratado de educación, rápidamente asimilado por Clavijo y Faxardo en su revista "El Pensador".
En 1764 Rousseau y todas sus obras entraban en el índice de libros prohibidos, por considerarle hereje.  Los peritos de la Inquisición llamaban a Rousseau "el hombre vago, enemigo de la sujección, ladrón, lascivo, con otros vicios y que no poseyó ciencia alguna con fundamento".  Huelgan comentarios.  En 1765 un ejemplar de "Emilio" era quemado, un domingo antes de misa, delante de la iglesia de los dominicos de Madrid.  Los conservadores ven en Rousseau a su más peligroso enemigo, mientras los ilustrados lo leen, lo saborean, lo admiran, y muchos se adhieren a él.
Influenciado por el ginebrino, el jesuita secularizado Montengón escribía "Eusebio"; se tradujo y obtuvo enorme éxito.  Fueron muchos los escandalizados al leer que Eusebio no necesitaba instrucción religiosa hasta que era casi un hombre.  La obra fue condenada, pero su resonancia había sido sorprendente.
En 1734 se publica la "Historia de Carlos XII", rey de Suecia, traducida del francés al español.  Obtuvo buena prensa, señal de que Voltaire aún no había adquirido fama de impío.  En 1747 la Inquisición opnió que el libro debía ser expulsado, y en 1762 se condenaban todas las obras de Voltaire.
Se tradujeron, no obstante, ocho obras teatrales, con permiso gubernativo, sin que figurara el nombre del autor.  Pero estas obras sólo gustaban a espiritus neoclásicos,y las críticas que en ellas hacía su autor de la Iglesia y otras instituciones eran demasiado sutiles para poder ser descubiertas por el lector normal.  sus otros trabajos históricos y cuentos satíricos no llegaron al público español. Leerlos en versión original era enfrentarse al Santo Oficio, pero éste no era un gran riesgo para los lectores ilustrados, dadas sus argucias y, un poco, la relajación inquisitorial.  Tenemos, pues, que el nombre de Voltaire es muy conocido, pero sus obras en prosa no dejaron mucho impacto en las Españas.  Al lado de las condenas al nombre y escritos volterianos, contamos con un testimonio admirable de un fraile ilustrado, fray Diego González, quien llegó a decir de Voltaire: "Los hijos de la luz deben admirar los dones de Dios aun cuando los hallen en los hijos de las tinieblas".
Condillac era un filósofo inspirado en Locke, para quien todos los conocimientos, juicios y pasiones eran manifestaciones de la sensación.  La moralidad, según él, se funda en el deseo natural de evitar el dolor.  Sus obrs alcanzan rápida popularidad.  Claro está que, en España, se le celebra más por ser sucesor de Locke y Descartes, que por su amistad con los enciclopedistas.  Los periódicos le citan y su "Lógica" es muy leída y plaggiada en las universidades por algunos profesores.
A Raynal se le conoce en España, donde es objeto de alabanzas y rechazos, por criticar la labor de los conquistadores y de la Iglesia católica en América y oriente.
Mably es enemigo de los filósofos y amigo de Rousseau; habla del progreso de la sociedad como resultado del egoísmo del individuo por mejorar su situación.  Su ideal era, en cierto modo, el comunismo.  Es traducido y elogiado.  En menores dosis, ocurre lo mismo con Diderot, D'Alembert, Helvetius, La Mettrie y otros filósofos.

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