3 nov. 2016

EXPANSIÓN Y DEFENSA

El ímpetu expansivo, heredero del siglo XVII, continúa en el XVIII, aunque en condiciones muy distintas, y se enmarca en varios puntos.  Durante el reinado de Carlos III llega a México Miguel Gálvez, en apariencia para reformar la Hacienda, pero en realidad como visitador.  Su visita duró siete años (1765-1772).  Para comenar destituyó a varios funcionarios y lanzó duras acusaciones contra sectores de la administración, que fueron aprovechadas por los detractores del sistema colonial español.  Crea las intendencias y reorganiza los impuestos.  Una vez expulsados los jesuitas, alienta las misiones en California, destacando la labor misionera del padre Kino y de fray Junípero Serra.  Gálvez se comporta como un hombre justo, conocedor de la realidad colonial y trabajador infatigable.  Se pacifican las provincias de Baja California y Sonora; se funda el puerto de San Blas y se envía expediciones al río Colorado y Monterrey.  Entra en la órbita española la inmensa geografía de la costa del Pacífico, hasta el grado 60 de latitud Norte, con lo que se frena a rusos e ingleses y se asegura un poco el ya decadente galeón de Manila a la nao de la China que había sido la felicidad de muchos españoles y filipinos.  Esta famosa nao se suprimiría en 1815.
La expansión, aunque a ráfagas, y dentro de los fenómenos internacionales, llega a Luisiana y la Florida.
También el "ansia de inmensidad" se registra en la zona del Río de la Plata, donde friccionan con los ingleses, que mantienen la desembocadura del Plata para el asiento de negros, y con los portugueses, que bajan hacia la colonia de Sacramento.
Durante el siglo XVIII España tendrá que aguantar los ataques navales en sus puntos más estratégicosde las Indias.  Las agresiones a Pensacola, Santiago de Cuba, Trinidad, Jaruca, Bahía Honda, San Juan de Puerto Rico, Santo Domingo, Portobelo, Cartagena de Indias, Paira, Manta, Campeche, Maloinas, Sacramento y Buenos Aires son serios avisos.
Hay necesidad de proteger las costas, y estos núcleos marítimos adquieren aspecto de defensas artilladas.  La decadencia marítima española tendrá repercusiones extraordinarias en el sistema colonial.  Pese a los esfuerzos del marqués de la Ensenada y otros, el potencial marinero español representaba apenas el 7% del inglés (450 embarcaciones frente a 7.000).  Estamos, obviamente, ante el prólogo de la pérdida del Imperio americano.  A esto hay que sumar el corroimiento interior que se evidenciará en continuas insurrecciones.

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