21 nov. 2016

EL FERMENTO DE LA MINORÍA

Unos pocos miembros mal distribuidos.  Eso es la minoría.  Lo dice uno de los ilustrados: "Somos una compañía de prusianos contra un ejército de lapones".  De cada cien personas, solo una o dos leen para instruirse.  ¿Cómo se podía describir a esta minoría ilustrada?  Lo primero, estas personas no admiten las cosas por simple autoridad.  Lo demuestran en todos los campos.  Están al tando de los debates europeos sobre la monarquía y gobierno de los pueblos; saben lo que significa despotismo ilustrado y democracia e intentan calar su contenido.  Prefieren estos hombres la nueva física experimental a la vieja física de Aristóteles y aceptan los métodos y resultados de innovadores en este campo, como Nollet, Chabaneau, Lavoisier, etc.  Reciben con entusiasmo el programa botánico de Linneo y se afanan por crear  colecciones y gabinetes de Historia Natural.  Estos ilustrados españoles son celosamente regalistas y no pueden consentir que el clero ponga al Papa por encima de las leyes españolas.  Respecto a la religión, rehúyen todo formalismo, comulgando con la religión eficiente y no obstaculizadora de la libertad.  En la literatura, abrazan las tres unidades y los dramas burgueses, desdeñando las desordenadas comedias; similar es su postura al susstituir el intrincado barroco por la desnudez neoclásica.  Sus vidas, sus charlas, sus escritos nos los demuestran partidarios de la comodidad y sencillez en las viviendas, en los vestidos, en las etiquetas y en cualquier manifestación de su forma de vida.  Son educados, corteses; respetan al cuerpo y lo cuidan con limpieza.
No rehúyen la tradición española, pero saben muy bien que la España del siglo XVIII no es la del XVI.  Admiran el Siglo de Oro en sus ricas manifestaciones, pero saben, en estos momentos, que los focos civilizadores dan luz desde París y Londres.  Admiran al extranjero, pero sin caer en las inconsciencias y extravagancias de los usos y costumbres foráneos.  Esta minoría selecta sopesa, razona y adopta en consecuencia.  Conocen la Enciclopedia y a Voltaire, admiran a Rousseau y otras ideas y doctrinas advertidas, pro saben que esto a España no le va, y sólo toman para España lo que se adecua a las condiciones materiales y a la graduación intelectual del país.  Jovellanos, por ejemplo, lee todo lo extranjero, pero a la hora de aplicar a España sus lecturas, ¡qué prudencia!  Además estaba laInquisición...