28 oct. 2016

LA RIQUEZA EN LAS AMÉRICAS DEL SIGLO XVIII

El acceso a la propiedad del suelo respondía a los planteamientos hechos en la época de la conquista y de la colonización. Los particulartes procedían según s criterio y actuaban sobre el terreno; a estos particulares los hemos visto desenvolverse en la Península con sus problemas socio-económicos, y en América lo que intentarán es buscarles la solución.  Esto no atañe a la alta aristocracia española, que no ve bien la emigración de mano de obra, ya que dicha salida atentaba contra su poder y posición. Tendremos, por tanto, a unos particulares anclados en el juridicismo y estilo medieval, arrogándose unos derechos de recompensa por sus servicios y conquistas que se traducirán en el hecho de repartirse las tierras.  Pero la Corona pronto reivindicará para sí estos derechos, con lo que se entablará una lucha entre el particularismo de los emigrados y conquistadores y el estatismo absorbente y centralista de la Corona.  Este intervencionismo estará a cargo de hombres de estado ya conocidos: Campomanes, Floridablanca, Aranda, Gálvez, Uztáriz, Ulloa, Ward, etc...
Hasta cierto punto podríamos afirmar que el particular en América exigirá esclavitud, mientras el Estado exigirá libertad.
A comienzos del siglo XVIII el problema de la tierra sigue sin resolverse en América.  Son bastantes los que abandonan los latifundios y las tierras cultivables, mientras una gran masa de población solicita, sin conseguirlo, tierras que cultivar.  Entra ahora en juego la variable del interés fiscal, que prevalecerá, por loq ue las tierras baldías y el realengo son consideradas como un ramo de la Real Hacienda.  Trata la Corona de armonizar sus beneficios con el interés político y económico defendiendo la propiedad privada del indio, las tierras comunales de pueblos o reducciones y conduciendo el derecho de posesión a los españoles, siempre que presenten algún título que acredite su posesión.
Al caer los cabildos -institución municipal de fuerte arraigo en la vida de los pueblos- en manos de las oligarquías privilegiadas que miraban más por sus intereses que por los públicos, las energías locales decayeron hasta extremos inusitados.  Sólo en vísperas de la Independencia volverá a surgir el Cabildo abierto (por oposición al Cabildo cerrado), que canaliza las aspiraciones , pero ya de índole nacionalista, de los ciudadanos, conduciendo a la lucha por la independencia.

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