26 oct. 2016

HISPANOAMÉRICA EN EL SIGLO XVIII (VIII)

En lo que respecta a los indígenas, el suelo, la lengua y la cultura no son actores de unificación entre ellos.  Sí lo son, en cambio, el nacimiento, la educación y el nivel de vida.  Si el azteca tená en mucho el valor del guerrero y el inca la sangre aristocrática, el impacto del conquistador español les marcará una igualdad y coherencia a todos ellos.  Es cierto que conservan sus atavismos, ricas escenografías y costumbres.
A los indios se les abatió y hundió en un complejo de inferioridad, anulándoles su conciencia social de indios.  Es el dominio ejercido por conquistadores de cultura diferente el que les unifica por la fuerza.  Mantienen algunas de sus características agravadas por los propios españoles.  Tal es el caso de la embriaguez.  En México se consumían diariamente 2.000 arrobas de vino y los martes y los sábados esta cifra alcanzaba y superaba las 15.000 arrobas.  Las pulquerías abundan y las fiestas y orgías duraban hasta ocho días.  Esto, ni la misión ni las leyes podían cortarlo.
El nivel de vida del indio es de pobreza suma desde el nacimiento hasta la muerte.  También esto les da uniformidad social.  Se les dedica al trabajo en el campo, al pastoreo; y se muestran siempre como unos mineros magníficos; dependían de duros capataces.  Dada esta forma de vida, era grande su ansia de libertad.  Existen, no obstante, otros indios que permanecen fuera de la órbita hispánica en su estado primitivo.


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