22 oct. 2016

HISPANOAMÉRICA EN EL SIGLO XVIII (V)

La mentalidad criolla ofrece una coherencia vital y una conciencia social netamente autónomas.  Son tan numerosos que suman el 95% de la población blanca.  Ya en el siglo XVI, con la primera generacion criolla, surgen los primeros brotes de hostilidad contra los españoles, a los que llaman "gachupines" o "chapetones".  La dispota por los cargos civiles y eclesiásticos aumentará su rivalidad.  Los criollos culpan a los europeos de forasteros que van a América a hacer fortuna y no a gobernar.  La política de la metrópoli, además, tendía a no dar cargos político-eclesiásticos a los criollos, con lo que se ofendía su orgullo, sobre todo cuando algún español, de peor familia y menos méritos, ocupaba los cargos a que ellos aspiraban.
Hay que tener en cuenta que estos criollos, lectores de literatura inglesa y francesa, adquieren ideas de desprecio hacia España, con lo que al hundir y despreciar a la metrópoli se sobrevaloran a sí mismos.  Comienzan a llamarse americanos: "Yo no soy español, soy americano", dicen.  Estos criollos prefieren, fruto de sus resentimientos, a cualquier extranjero antes que a los españoles peninsulares.
A pesar de ser iguales, los españoles monopolizan los cargos en su egoísta orgullo de europeos, con lo que entre los criollos surge un movimiento clasista en cuya base se encuentran los gérmenes de la revolución y la independencia.  Ulloa, Jorge Juan, Malaspina, Humboldt, Félix de Azara y otros coetáneos señalan la enemstad tremenda y las discordias continuas entre los dos grupos, que surgen nada más nacer, y eso entre gentes de una misma nación, sangre y reigión.
A raíz de la discriminación que padecen, no es de extrañar que los criollos figuraran, siendo 20 veces superiores en número, en la rebelión de Túpac Amaru con el solo objeto de destruir a los europeos.  Un reducto típico criollo van a ser las universidades americanas, con criterios científicos y humanistas propios y superiores a la formación intelectual de los españoles peninsulares.  Serán focos de gran trascendencia.
En otro orden de cosas: "El padre (español) mercader, el hijo caballero y el nieto pordiosero".  Al cumplirse este proverbio en muchas ocasiones, tendríamos a una masa de criollos arruinada, lo que aumentaría su resentimiento y les hacía carne de cañón para cualquier empresa propagandística y revolucionaria.  Sin embargo, es cierto que tenían razón en sus quejas y rebelión, pues no se les dieron los cargos que, en estricta justicia de nacionalidad, les correspondían.
Su educación literaria les imbuye de una religiosidad natural, de unos aspectos jurídicos, morales, educativos y enciclopedistas, de una política natural y de una libertad; todo lo cual les proporciona una superioridad moral y de criterios que se desdoblan no en contra del rey, sino de los españoles peninsulares.  También la masonería hace mella en estos americanos, pese a la homogeneidad tradicional religiosa.  En resumen, tienen devoción monárquica, pero una actitud política antihispánica, debida en gran parte a su marginación de los cargos administrativos.

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