21 oct. 2016

HISPANOAMÉRICA EN EL SIGLO XVIII (IV)

Entre los eclesiásticos debemos distinguir a los misioneros de vanguardia, actuando con riesgo de su vida, trabajando mucho, con escasos sueldos y unos resultados nada óptimos.  Por otra parte está el clero, que actúa y se localiza en las ciudades.  Éste, generalmente, resbala por la pendiente del deleite y la riqueza.  Entre sus miembros se cuentan lso prebendados, magistrales, deanes, obispos y frailes.
Los franciscanos cuentan con 600 conventos y 5.239 frailes.  en menor número, pero también importantes, son los mercedarios, dominicos y agustinos.  Los jesuitas, en el momento de su expulsión, eran 2.617 miembros, con cientos de conventos y misiones vivas.  Muchos de estos frailes despliegan una labor civilizadora y creadora asombrosa.
En el siglo XVIII la organización eclesiástica nos brinda los ejes de su vida a base de nueve arzobispados y 34 obispados.  Los ingresos de estas mitras americanas eran cuantiosos.  La de Cuzco, por ejemplo, recibía 400.000 pesos, y aunque tenía que pagar el tercio a la Real Hacienda, todavía sus ingresos limpios eran enormes, degenerando en un lujo ostentosos.
Manifestación de interés en la Iglesia americana son sus concilios, en los que a veces se llega a tomar posturas un tanto cismáticas en relación con los dictados de roma.  los criollos, que en otros campos también toman su postura peculiar, contribuyen a la escisión de la unidad mental eclesiástica.
El Santo Oficio, en el XVIII americano, se muesra decadente, pero no estéril.  Defiende la fe y frena las liviandades en que la vida común hacía caer a los sacerdotes.  La Inquisición se preocupa también de moralizar las costumbres encausando a judaizantes, protestantes, herejes y a los implicados en iluminismo, brujería, sortilegios, conjuros, blasfemias y prácticas sexuales consideradas "aberrantes".