24 oct. 2016

HISPANOAMÉRICA DEL SIGLO XVIII (VI)

Al margen de la nobleza existen los burócratas, administradores y gentes que marchan a América en busca de prosperidad y riquezas, de beneficios en las explotaciones mineras, de trabajo en la industria y en el comercio; todos ellos forman parte del complejo racial hispánico.
Los administradores son el foco de atracción.  Debido más al cargo que ocupan que a sus merecimientos, son invitados a las fiestas y reuniones aristocráticas, en los palacios y en el campo, donde se vinculaban con las clases políticas dirigentes, con la aristocracia y con la burguesía.  Esto les hace crearse una conciencia de clase que descansa en el abrumador imperio de los papeles.  Sus sueldos no les permiten rivalizar con la aristocracia y con los ricos hacendados, pero como aspiran a imitarlos se buscan negocios ilícitos amparados en sus cargos oficiales y en sus amistades, ya que las leyes se lo tenían taxativamente prohibido.  En este comportamiento entran a veces también los virreyes y los oidores.
Estos administradores, con un anquilosamiento y deformación jurídica, con unas tendencias feudalistas y con esquemas y planteamientos superados, chocan con las mentalidades criollas formadas en las universidades, resultando una tirantez enorme.  Sus prerrogativas oficiales les confieren una jerarquía social al contar con preferencias en actos públicos y eclesiásticos.  Forman, por esta parte, una casta cerrada, pero no tanto como para no caracterizarse por su funcionalidad.
El virrey es el centro y eje en lo ejecutivo y político; sus funciones en administración, hacienda y defensa las ejercen sobre territorios demasiado extensos, lo que les obliga a delegar su autoridad.  Su poder será cortapisado por los intendentes.  Además, las "visitas" protagonizadas por funcionarios enviados desde España para resolver situaciones y conducta y los "juicios de residencia" al término de su actuación eran una continua amenaza, que se traducía en renovados conflictos.  No obstante, el virrey, dado el monarquismo popular, era vissto y reverenciado como el representante del rey.  Los recibimientos que les hacían eran ostentosos y costaban millares de pesos.
Las audiencias tenían un carácter jurídico; nombraban jueces, concedían ejecutores, cuidaban las quejas de los indios, conocían en diezmos, real patronato, bulas, jurisdicción real, aranceles; vigilaban y actuaban como cuerpo consultivo del virrey.  Era un cuerpo absorbente y cualificado sobre la burocracia y la administración.  Lo constituían el presidente, oidores, fiscales, abogados y alguaciles.
Los gobernadores administraban distritos más reducidos; lo mismo los corregidores, figuras de arraigo local y que, aunque no tienen rentas por el cargo que ocupan, en numerosos casos se resarcen mediante el sistema del repartimiento (ventas forzosas a sus gobernados).  Los alcaldes del crimen se ocupaban de las causas civiles y criminales.  Su forma de vida adquiere moldes de acción política, con conciencia de clase, aglutinada por su diaria ocupación.
Entre todos estos españoles que abandonan la Península se mantiene un modo de vida español: su conciencia nacía de la metrópoli.