28 sept. 2016

POLÍTICA EXTERIOR DE CARLOS III (IV)

Después de la Paz de París comienza el período de la alianza franco-española, que, por su intimidad, se ha llamado "luna de miel".  Esta amistad se vio perturbada por razones económicas, ya que Choiseul era partidario del libre cambio en las relaciones comerciales con España; Carlos III, por el contrario, era proteccionista, porque así convenía al resurgir de la economía española.  Pensó, pues, en mermar los privilegios de los comerciantes franceses.  Sobre una base más igualitaria y a fuerza de imponerse la poítica económica de Carlos III, se firmaron unos convenios en 1768 y 1769.
Esta razónn y el que ni Parma ni Nápoles -Tanucci era neutralista- accedieran al Pacto de Familia, demuestra que se llamó de familia pero nunca lo fue, y mucho menos un asunto de cariño, un "affaire de coeur", como se había repetido muchas veces.  No era ni siquiera un "pacto de familia" lo que se negociaba entre Francia y España, sino una verdadera alianza entre las dos coronas para declararla guerra a Inglaterra, humillar sus ambiciones y contener por la fuerza sus ventajas en América, que fue lo que principalmente preocupó a Carlos III ante las verdaderas insolencias de los ingleses.
El Pacto de Familia ha sido crititcado y slenciado por los españoles, tanto coetáneos como posteriores.  Esto, sin duda, no se debe al espíritu con que se concibió en el año 1761, sino a consecuencias desastrosas.  Si la guerra hubiera sido favorable, el pacto, cabe pensar, se juzgaría de una forma bien distinta.  El pacto era la única forma lógica de política exterior de Espaa, dadas las cirtunstancias del momento.  Por una parte, garantizaba la tranquilidad terrestre de España en Europa; por otra, la obligaba a mirar al mar, pudiendo consagrarse al rearme naval.  Así lo expone el entendido en estas cuestiones, Pedro Atard, quien culpa a la decantada neutralidad de Fernando VI por desatender el problema del equilibrio americano, colocando a España en un despreocuado aislamiento.
La alianza francesa, en su vigencia real y efectiva, duró hasta 1770, cuando, con motivo de la agresión inglesa a las islas Malvinas, España no encontró el apoyo que solicitó de Francia.  Sin embargo, durará hasta 1793, año que en que España declara la guerra a la Convención.  Pero, como dice Palacio Atard, "después de 1770, el Pacto de Familia era como una vieja escopeta colgada en la habitación de un cazador anciano, que sirve de adorno y evoca recuerdos de otros tiempos".