6 ago. 2016

EL MOTÍN DE ESQUILACHE (I)

Previamente señalaremos los hechos de este grave suceso, para luego pasarles revista a la luz de la historiografía actual.  Veremos que la orientación política y la utilización de estas crisis como instrumentos de lucha en los conflictos de más alto nivel y a más largo plazo, que enfrentan a las clases conservadoras del antiguo régimen con las clases ascendentes, dependen del grado de madurez de estas contradicciones de estructura.
Los hechos se podrán resumir de la siguiente manera:
El marqués de Esquilache tenía bastante con su condición de extranjero para no ser popular.  Muchos súbditos espaoles estaban quejosos porque Carlos III concedía altos cargos del gobierno a extranjeros.  La Guerra de los Siete Años, en la que España había luchado al lado de Francia y en contra de Inglaterra, fue desastrosa para los españoles, ya que tuvieron que ceder la Florida a Inglaterra.  Quien había firmado el Pacto de Familia con Francia era Grimaldi, lo que influyó para ser nombrado prmer secretario de EStado, mientras que Esquilache era secretaro de Guerra y Hacienda.  Los resultados negativos de esta guerra se achacarán a los dos ministros italianos.
Por si aún eran poco populares, en los años siguientes llegó a España la plata americana, estancada durante la guerra, produciendo una inflación, agravada por cuatro años de sequía y malas cosechas.  Los precios se disparan con suma velocidad, sobre todo en Castilla.
Los más pobres sufrieron lo indecible, y atribuyeron sus miseras a las medidas sobre granos adoptadas por Esquilache.  Éste ya tenía fama de estrujador de los distintos grupos sociales para costear sus innovaciones ministeriales: carreteras, faroles para Madrid... Para colmo, se achaca a Esquilache fama de malversador, a su mujer se la consideraba fácil al soborno y a su hogar se le pone la nota de inmoralidad.
Hechos ya en cadena: el 10 de marzo de 1766, Esquilache resucita la orden que prohibía a los madrileños llevar sombreros chambergos y capas larga, el uso de armas cortas, blancas y de fuego, juegos de azar, etc.  Aunque esta medida tendía al orden y seguridad públicos, produjo enojo en la sociedad.
El dominog de Ramos, 23 de marzo de 1766, estalló en Madrid un motín formidable al grito de "Viva el rey! ¡Viva España! ¡Muera Esquilache!"   Los amotinados se entregaron a graves atropelos contra los soldados valones, asaltaron la casa de Esquilache y quemaron sus muebles, apedreando a Grimaldo y restruyendo los famosos faroles de la discordia.
Carlos III no quiso enfrentarse con el pueblo, y tuvo que aceptar las exigencias de un representante de la muchedumbre, consistentes en: 

-el destierro de Esquilache.
-bajar el precio de los comestibles.
-revocar la ley que obligaba a los madrileños a cambiar su modo de vestir.

La calma renació en Madrid.  Pero la chspa se propagó por varias ciudades y pueblos, principalmente del centro de España.  Pedían el abaratamiento del pan.
Aranda, que de resultas del motín había sido nombrado presidente del Consejo de Castilla, hábilmente apaciguó la situación y anuló la mayoría de las concesiones hechas por el rey.  Una buena cosecha ayudó a resolver los problemas.  No obstante la conmoción interna fue honda e hizo perder la calma, por primera vez a Carlos III.
Posteriormente corre la voz  de que el motín ha sido dirigido y de que en él han participado nobles y clérigos.  La expulsión de los jesuitas estaba trabada con el "affaire" de Esquilache.  ¿Fueron sus causantes o las víctimas propiciatorias?