4 ago. 2016

INICIO DE LAS REFORMAS DE CARLOS III (II)

En política exterior, entre 1761 y 1770 vive la época dorada el Pacto de Familia.  Carlos III no se dejará dominar por Frania, y, pese a reconocer la decadencia material de España, intentará resolverla a su manera: abriendo caminos, protegiendo a la industria y fomentándola para no facilitar materias primas a Francia.
En 1760 comenzarán las reformas enérgicas y eficaces en la Hacienda, que debe afrontar la tensión bélica internacional; se impone una revolución en el sistema militar de defensa tanto en España como en las indefensas Indias.  Para mantener la unidad de este Imperio hay que reemprender el armamento naval iniciado por Ensenada.  Forjar una escuadra poderosa suponía construir y mantener muchos navíos y todo esto costaba mucho dinero.  Los siete años de Esquilache son abundantes en cédulas, autos, decretos y resoluciones de carácter financiero.
Las reformas carloterceristas se buscarán la enemistad de los estamentos privilegiados.  En estos años se constituye la Junta del Catastro, condición indispensable para ir al impuesto único y universal.  En ella formaba parte Ensenada, con lo que se daba a entender que eguía su política reformista y se condenaba a sus reaccionarios adversarios.
Otro desasosiego para la nobleza lo constituye el que las numerosas vacantes del Consejo de Castilla sean cubiertas por "manteístas", amigos de la política reformista y enemistados con el espíritu clasista u nobiliario de los "colegiales".  Éstos pertenecían a un sector social más elevado, y constituían una liga "mucho más estrecha que los francmasones".  Este golpe fue mal encajado por la aristocracia española.  Y lo completará creando la orden de Carlos III, que abre las puertas de la nobleza a las clases mediasy refleja un rotundo cambio de la política.  La rancia aristocracia es sustituida por la virtud y el mérito: "Virtut et merito" es el distintivo de la orden de Carlos III, o, lo que es lo mismo, el triunfo de los nuevos sectores sociales.
Los nuevos nobles no son bien acogidos por los viejos, que les consideran intrusos, y si entre ellos titubean, a los nuevos les tratan de "excelentísimos señores".  Este malestar de la nobleza se deja traslucir rápidamente, e intrigará en las ocasiones que se le presenten.  Por ejemplo, se plega en torno al futuro Carlos IV y su mujer María Luisa.  Ésta era poco amiga de su suegro, y Carlos IV era un ente ignorante, grandullón y más voraz que todos los anteriores Borbones juntos, comilones acreditados todos ellos.
En resumen, el rey renía poca necesidad de los consejos de la aristocracia, y le iban mejor los burócratas de carrera, esto es, los efectivos "manteístas" y "golillas".
Tampoco los privilegios monopolistas, los Gremos Mayores de Madrid, están muy de acuerdo con la política económica del nuevo monarca, y esto tanto por su carácter cerrado como porque no les gustan las medidas hacendísticas de Esquilache.  El rey, aunque no les atacó a fondo, siempre estuvo receloso hacia ellos.
La postura que adopte el gobierno en los problemas eclesiásticos también provocará el descontento del alto clero.  Las reformas tienden a limar los ingresos en la Iglesia y gravar al clero con algunas contribuciones; se prohibía la nueva amortización de bienes a la Iglesia; se restringía su inmunidad  y la autoridad de los jueces eclesiásticos; se mandaba que los sacerdotes desocupados se reintegraran a sus iglesias; los bienes que pagaban a una iglesia o comunidad eclesiástica quedaban sujetos a los impuestos regios, etc.
Estas medidas hay que verlas en el ámbito general de la política gubernamental y en el marchamo europeo.  Toda la sociedad estamental comienza a ser urgada; las clases medias exigen, reforman.  Se ha abiertola puerta a las críticas del antiguo régimen, que terminarán hundiéndolo.

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