30 ago. 2016

EJÉRCITO Y MARINA DE CARLOS III

Las tropas se reclutaban por el sistema de voluntarios.  Cabe suponer que éste tenía poca efectividad, so pena de enganche popular, como el de 1792 contra Francia.  Otra forma de reclutamiento eran las "quintas", porque se tomaba un hombre de cada cinco.  Tampoco era un sistema eficaz, por las numerosas excepciones y porque algunas provincias no lo aceptaban o se quejaban, como Vascongadas, Navarra y Cataluña.  Las "levas" de vagabundos y ociosos producían malos soldados.  Se acudía, por fin, a reclutar soldados extranjeros: suizos, irlandeses y valones.
El ejército activo, aparte de los cuerpos de infantería, caballería e ingenieros, lo componían la guardia real, que aglutinaba alabarderos, guardias de corps, guardias españolas y valonas, carabineros y cuerpos de vigilancia.  Las milicias provinciales constituían las "reservas".
El ejército, en el mejor de los casos, alcanzaba la cifra de 100.000 soldados, bajo una jerarquía militar muy similar a la actual.
La organización del ejército, imitando el modelo del francés Louvois, va adquiriendo su fisonomía a base de regimientos, batallones, compañías y escuadronas.  De sucesivas reorganizaciones brotan los regimientos de línea, los batallones ligeros, compañías de fusileros, de gravaderos...
La fabricación de artillería era de buena calidad.  Son excelentes los cañones de bronce y hierro, fundidos en Sevilla, Barcelona, Liérganes y La Cavada (Cantabria).  Guipúzcoa abastece casi exclusivamente de municiones y armas de fugo.  A finales de siglo y evitando la proximida de la frontera francesa, se establecen fábricas de armas en Trubia y Oviedo.
Se contaba también con la Escuela de Ingenieros de Alcalá, la de Infantería de Puerto de Santa María, la de Caballería de Ocaña y la famosa Escuela de Artillería de Segovia, creada en 1764, y en la que destacaron directores y profesores como Lucuze, Gazola, Eximeno, Vicente de los Ríos y otros.
En esta somera alusión al ejército dieciochesco, debemos citar las disposiciones legales más importantes: Ordenanzas Generales de 1768 a 1800, las de Milicias de 1767 y la Real Cédula de 1773, referente al Consejo de Guerra.  Todavía hoy a los soldados se les habla de las famosas ordenanzas de Carlos III.
En 1700, y como pudo observarse por el desarrollo de la Guerra de Sucesión, España no tenía escuadra.  Posteriormente, la política irredentista italiana de la Farnesio y Alberoni conduce a crear respetables escuadras por medio de Patiño.
El marqués de la Ensenada aplica inteligentes medidas y logra montar una poderosa marina en los entonces creados arsenales de La Carraca (Cádiz), El Ferrol, Cartagena, Guarnizo (Santander) y La Habana.  Allí trabajan los famosos ingenieros Honorato Bouillon, Bryart, Muller, Ront y Gauthier.  La escasa marinería y las débiles dotaciones económicas eran, en exclusiva, la causa de que en estos momentos la marina española fuera inferior a la inglesa y a la francesa.
El navío de línea es el buque de guerra típico: dos, tres o cuatro puentes, protegidos por planchas de cobre armado con 60 a 120 cañones de bronce y hierro forjado, que lanzaban obuses o proyectivles de 4 a 36 libras  y a 3.000 metros de distancia.  Había también otros tipos: fragatas, corbetas, jabeques, urcas, paquebotes, bergantines, balandros, goletas, bombardas, galeras y brulotes.
Se crean durante el siglo XVIII los departamentos marítimos de Cádiz, El Ferrol y Cartagena.  Allí funcionarán las Compañías Reales y se formarán los "guardias marinas", para lo cual se necesitaba ser caballero hijodalgo notorio.  En estas escuelas brilla un interés cinetífico y práctico.  De aquí salen los célebres Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que forman parte de la comisión encargada de medir un grado de meridiano, y de aquí salen también los ilustres marinos de finales del siglo XVIII, quienes perecerán en Trafalgar junto con la escuadra.
En 1795, España contaba con una marina poderosa: 62 navíos, 48 fragatas y 125 naves menores.  En los astilleros había 14 navíos, 4 fragatas y 58 naves menores.  A pesar de los desastres bélicos de San Vicente, Trafalgar y la guerra de la Independencia, entre 1798 y 1820 no se construye más que una fragata y un bergantín.  La decadencia de la marina, en paralelo a la independencia de las colonias americanas, presagiaba la debilidad marinera de la época contemporánea.

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