3 jun. 2016

CLASES INFERIORES RURALES EN EL SIGLO DE LAS LUCES (I)

La España del siglo XVIII es eminentemente rural. Son muy escasas las personas que no tienen una vinculación agraria más o menos eectiva. La mitad de la gente que se dedica a temas de artesanía, fábricas y demás, también trabajan en la agricultura. Es difícil diferenciar entre un labrador-artesano y un artesano-labrador.
El grave problema del elevado número de jornaleros, sujetos en muchos casos a un trabajo eventual, es el estar amenazdos de un paro total o estacional.
Los censos, además, están mal hechos, y no distintguen "simultaneidad en ocupaciones", excluyendo además a niños y mujeres que trabajan la tierra. En Galicia, por ejemplo, de cada 10 personas que trabajan el agro, 8 son mujeres.
El 80% de la población activa es agrícola. La villa de 2.000 habitantes que se suele poner como divisoria del núcleo rural y urbano no es válida. Existen muchos núcleos manchegos y andaluces de más de 10.000 habitantes con una estructura rural. En la zona andaluza más del 75% de la población trabaja en el campo, si bien en el área cantábrica el balance no supera el 25%.
El clima, la difícil geografía del país, los malos sueldos, las comunicaciones, los despoblados de épocas anteriores, las pestes y las langostas, las malas reservas alimenticias, las seguías y las lluvias torrenciales, el encarecimiento de los productos o su abaratamiento, etc..., todo esto contribuye a presentar una plataforma que quienes primero y con más intensidad la sufren son las clases inferiores. A esto hay que añadir las consecuencias del régimen señorial, la distribución de la propiedad, las derivaciones negativas de la Mesta, etc...
También esto provoca el sufrimiento de las clases inferiores. Tendríamos que sumar la falta de capital de pequeños propietarios y jornaleros y loslimitados avances técnicos en la agricultura.
Es cierto que hay un progreso pero ¿se beneficia de él la población rural? En Inglaterra y en otros países se había demostrado que el aumento de la producción podía hacerse en beneficio exclusivo de un reducido sector de terratenientes y en detrimento del mayor número.
En la coyuntura económica española resultómás favorecida la gran propiedad: metían en los pastos comunales mayor número de ganado; se reservaban lo mejor de las tierras; convertían en dominio particular parcelas, por el simple hecho de apetecerlas. Este asalto de los poderes de la riqueza colectiva lo aprueba un gobierno descuidado, y está favorecido por la presión que ejercen los caciques, que ahogan las voces de pegujaleros y pelentrines.
Abundan los cuadros sobre el mísero estado de los labradores: sus comidas, viviendas, vestidos, formas y cultura son archimiserables y, además, objeto de burla, lo que crea una constante de complejo de inferioridad moral y material del campesino. Pero estos cuadros revisten sus peculiaridades a lo largo de la geografía española.

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