4 jun. 2016

CLASES INFERIORES RURALES EN EL SIGLO DE LAS LUCES (II)

Las provincias cantábricas, al no producir cereal, ni olivar, ni viñedo, son reputadas como pobres en el resto de España. A esto hay que añadir la emigración interna de cierto sector muy poco cualificado de mano de obra, lo que contribuyó a la fama de pobreza y esterilidad de estas comarcas. Pero esto es cierto sólo a medias, ya que gozan de un clima que favorece los cultivos intensivos y una diversificación racionalizada: ganado vacuno, maíz, patata, ausencia de barbechos, conservación de bosques. Los sistemas de arrendamientos son largos y seguros al no permitir el desahucio. La mujer goza de igualdad en relación con el hombre (sí, en el siglo XVIII eso ya pasaba en el norte de las Españas); las instituciones forales, donde las había, beneficiaban al campesino, creando, además, una especie de democracia rural. El que exista un conservadurismo social y político no excluye una adaptabilidad económica. De estas zonas surgen numerosos reformistas: la Compañía de Caracas, el Instituto Jovellanos, el seminario de Vergara, etc..., y se ponen las bases de un comercio internacional del hierro, del carbón, etc.
Son unas comarcas donde existe la variedad, la medianía, no hay ricos, pero los mendigos también son escasos. Asturias, por ejemplo, sólo arroja un 6% de jornaleros. En Galicia es distinto. Cuenta con 680 pueblos de realengo, 546 de señorío secular, 39 órdenes militares, 76 sedes episcopales, y 741 de los abades y monasterios.
Arroja, por otra parte, 91.759 propietarios, 57.571 arrendatarios y 31.500 jornaleros.
A esto hay que añadir que Galicia experimenta un fuerte crecimiento demográfico y una constante en el reparto de las herencia; tendremos "parcelas como pañuelos".
Teniendo en cuenta estos datos, no es de extrañar que el racionero de Santiago diga de las clases inferiores rurales: "Viven en la indigencia, alimentados escasaemente, envueltos en un tosco sayal y a veces casi desnudos; oprimidos por las vejaciones de sus señores, tiranizados de las injusticias, arrastrados a las cárceles por los acreedores, abatidos y despreciados por las otras clases".
Están expuestos a que les suban las rentas a cantidades impagables o que les apliquen el desahucio. El tipo de arrendamiento obliga al campesino gallego a vivir, comer y dormir como un bruto. La vida se agrupa en torno al foro.
Los foreros (o arrendatarios) pagaban un canon al forista (propietario). Los foreros, al cabo de mucho tiempo y por la propia dinámica de estos contratos supraenfitéuticos, terminaban creyéndose propietarios. Como en el siglo XVIII aumenta la población y suben mucho los precios, los foreroshacen negocios subarrendando sus parcelas (subforos). Los foristas, nobles y eclesiásticos se quejan porque cobran poco y ha aumentado mucho el valor de la tierra. Vemos al monasterio de Lorenzana cobrar sólo 3.715 reales de foros, mientras que los foreros lo subarriendan en 923.116 reales. Se entablará un pleito, pero el reformismo borbónico anitaristocrático falló en favor de los foreros o arrendadores, en 1763. Los foreros, con las desamortizaciones decimonónicas comprarán estas tierras, porque se han hecho con dinero, y se convertirán en dueños auténticos o foristas, engendrando una burquesía rural gallega.
Este aspecto, el reparto de la propiedad y la cuestión señorial coadyuva a la inmigración intrapeninsular de los gallegos. España va a menospreciar esta región, donde la mujer es mozo de cuerda, donde hay un elevado porcentaje de hijos ilegítimos y donde abunda la miseria. El padre Feijoo lo explica así en su excelente obra "Teatro Crítico":

"Yo, a la verdad, sólo puedo hablar con perfecto conocimiento de lo que pasa en Galicia, Asturias y Montañas de León. En estas tierras no hay gente más hambrienta ni más desarraigada que los labradores. Cuatro trapos cubren sus carnes, o mejor diré que por las muchas roturas que tienen las descubren. La habitación está igualmente rota que el vestido; de modo que el viento y la lluvia se entran por ella como por su casa. Su alimento es un poco de pan negro, acompañado de algún lacticinio o de alguna legumbre vil, pero todo en tan escasa cantidad, que hay quienes apenas una vez en la vida se levantan saciados de la mesa. Agregando a estas miserias un continuo rudísimo trabajo corporal desde que raya el alba hasta que viene la noche, contemple cualquiera si no es vida más penosa la de los míseros labradores que la de los delincuentes que la justicia pone en galeras... Ellos siembran, ellos aran, ellos siegan, ellos trillan, y después de hechas todas las labores les viene otra fatiga nueva y la más sensible de todas, que es conducir los frutos, o el valor de ellos, a las casas de los poderosos, dexando en las propias la consorte y los hijos llenos de tristeza y bañados de lágrima a facie tempestatum famis"

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