25 may. 2016

LA INDUSTRIA EN EL SIGLO XVIII (I)

En 1799 trabajan en toda clase de industrias 269.781 individuos en 128.606 talleres obradores. Corresponen a dos personas por explotación. Es obvio que el proceso de industrialización no acababa todavía de superar el estadio de producción artesanal.
Contamos con unas industrias estatales que han sido creadas como ejemplos: tejidos en Brihuega, Guadalajara y Ávila; cristales, en San Ildefonso; porcelana y salitre, en Madrid; tabacos, en Sevilla, etc. Tienen mucha mayor importancia las fábricas de tejidos de algodón que se han establecido en 1741 en Cataluña y han adquirido la libertad de fabricación en 1787. Es el centro productor de mayor importancia, donde surgirán las primeras fábricas con cientos de proletarios caracterizados por las largas jornadas de trabajo, los bajos salarios, sin fiestas para descansar y consumiendo el trabajo de mujeres y niños. En Valencia y Aragón tambén se registran numerosos obradores. También, por iniciativa privada, resurge una industria siderúrgica, principalmente concentrada en Vizcaya, que ya había tenido esplendor en el siglo XVI, y ahora prepara la concentración de la producción de los siglos siguientes. Otras instalaciones, mas deseos que realidades, son las de Sargadelos, hojalata de Ronda, etc.
Al lado de esto podemos indicar núcleos del interior que nos señalan con nitidez la estructura industrial y la intensidad de los industriales. En el primer núcleo la economía es mixta: agrícola, industrial, comercial. Responde a Osuna, con 14.000 habitantes. El drenaje era éste: 78 zapateros, 10 fabricantes de paños, nueve cardadores, una tenería, nueve tejedores de lienzos, 18 telares de cintas, muchos de redes, blondas, medias y gorros, dos caldererías, dos guarniciones, dos coleteros, dos faroleros, tres cordoneros, un tintorero, nueve cerrajeros, once herreros, 34 carpinteros, tres tallistas, dos torneros, dos armeros, un velonero, cuatro alfareros, 17 hornilleros, nueve platerías y una gran cantidad de hombres y mujeres dedicados al esparto y otros muchos tráficos y tiendas de mercería e industria. El segundo núcleo es de artesanía superior y responde a Salamanca, con 15.319 habitantes. El drenaje era éste: 165 panaderos, 161 sastres, 100 carpinteros, 198 zapateros, 6 pintores, 12 escultores, 28 tallistas, 17 doradores, 21 batidores de oro, 74 canteros y cuatro imprentas con 11 impresores.
A todo ello se le suma la decadencia de los gremios, corporación que, como se recordará estaba constituida por los maestros, oficiales y aprendices de una misma profesión u oficio, y cuya actividad económica cae sensiblemente a lo largo del siglo XVIII.

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