14 ene. 2017

FUNCIONARIOS Y PROFESIONES LIBERALES EN EL SIGLO DE LAS LUCES (II)

En el siglo XVIII, los médicos mantienen su rutina y su grandilocuente ignorancia. La medicina, practicada en la Edad Media por los judíos, ahora se ve envilecida por charlatanes y curanderos de toda índoe. Sin embargo, se va imponiendo el experimento metódico y la observación. Al lado del gran innovador turolense Andrés Piquer surgen médicos jóvenes que empiezan a emplear métodos nuevos.
El padre Feijoo tuvo que salvar a un canónigo de Oviedo dándole torreznos para comer, a quien el obstinado médico se empeñaba en recetar fuertes dietas. Son facultativos teóricos que creen en el agua o en las piedras de jaspe como remedio universal, por lo que la gente, con buena razón, acaba confiando más en los remedios caseros, muchos de los cuales llegaron hasta nuestra sociedad en el siglo XX.
La de medicina era una carrera fácil. Todos los que la comenzaban la concluían. En la universidad, los futuros doctores no estudiaban matemáticas, ni física, ni historia natural, ni anatomía... sino que se pasaban el tiempo discutiendo acerca del lenguaje de los ángeles, o de si el cielo estaba hecho o no de metal fundido de campanas, dando 20 razones de por qué Cristo fue engendrado en el mes de marzo o discutiendo si el número de estrellas era par o impar. Por otra parte, la cantidad de médicos no llegaba a 4.000, y lo mismo cirujanos que farmacéuticos tenían la consideación real de artesanos de la ciencia.
En lo que respecta a los funcionarios, tenemos recaudadores y administradores de rentas. Su número era de unos 30.000. Los juristas dependientes de los tribunales -escribanos, abogados, relatores, procuradores- eran casi 20.000. Constituyen un elemento rutinario e inmutable. No forman, por otra parte, un cuerpo muy definido. Contribuye a la divergencia de este núcleo el que muchos cargos se vendan "al mejor postor", sobre todo en situaciones de apuro económico de la Corona.
Cabarrús, Jovellanos, Antonio Ponz, Meléndez Valdez y otros miembros del gobierno o simples espíritus críticos aludirán a la vetustez burocrática, a su ignorancia, malicia y estrechez mental. Sin embargo, abogados, elementos activos de la justicia y funcionaris de hacienda se alinearán, sistemáticamente, del lado de los reformadores.
En lo que respecta a los militares, otra pieza en la composición de las clases medias, ocuparán cargos como alcaldes, regidores, diputados del común, síndicos, personeros, etc.
Cadalso, que gue militar, dice en "Militar a la violeta" que varios de sus colegas debían su vocación militar a la aversión a los estudios. Él mismo mantiene que procuró dejarse sus libros en Madrid para no ser tildado de "estudioso" por sus superiores, quienes le habían ordenado ser exclusivamente militar.

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