7 may. 2016

EL CLERO EN EL SIGLO XVIII (V)

Si entre la pobreza de la mayoría de la población del país y la riqueza de la Iglesia existe un fuerte contraste, no es menor el que se da entre los distintos miembros del clero. En primer lugar tenemos al cura auténtico, cuya parroquia está sujeta a un patronazgo civil. Este cura recibe una compensación económica insuficiente para vivir, y si subsiste es gracias a la ayuda de sus feligreses. Su sueldo oscilaba de 500 a 600 reales anuales. Un canónigo, calculando muy por debajo y sin contarle otros ingresos, venía a salir por unos 18.000 reales. Los ingresos de los prelados es difícil evluarlos, pues dependen de las buenas o malas cosechas. Al de Sevilla, en 1797, le rindieron los diezmos 205.000 fanegas, y en 1798, 382.000 fanegas de grano. Aparte, ya lo veremos más adelante, que los precios de los cereales sufrían fuertes oscilaciones.
Pasando por alto cifras abultadas, veamos las más bajas, pero que merecen más confianza: Toledo, sede primada, percibía 3.500.000 reales al año. Con esta cantidad podía comer y vivir toda la ciudad de Toledo durante casi un año. La mitra de Valencia percibía 1.800.000 reales; la de Santiago, 1.500.000; la de Sevilla, 1.360.000, y la de Zaragoza, 1.000.000. Granada, Tarragona, Burgos, Córdoba, Cartagena, Canarias, Cuenca, Mallorca, Málaga, Oviedo, Orihuela, Osma, Plasencia, Sigüenza y Tortosa, entre 500.000 y 1.000.000 de reales.
Había algunas pobres, que percibían menos de 100.000 reales, como Albarracín, Barbastro, Ceuta, Ibiza, Jaca, Menorca, Tudela, Tuy, Urgel y Valladolid. Entre todas percibían más de 20 millones de reales.
En 1808 la división eclesiástica comprendía 8 arzobispados y 52 obispados. Los cabildos y colegiatas también se procuraban grandes rentas. El cabildo de Toledo era el más rico, después del de San Pedro de Roma. Lo componían: un deán con 30.000 ducados de renta 40 canonjías, 20 canónigos "extravagantes" que iban a coro rara vez; 24 "maitinantes", que iban a los oficios nocturnos; 4 lectores, 20 chantres y 40 niños de coro.
Entre obispos y cabildos se dan numerosas desavenencias y el pleitismo también baja a los obispos y los párrocos. Normalmente es por motivos económicos. El cura de Arganda llamaba a la iglesia de Toledo madrastra, porque se apoderaba de todos los diezmos y beneficios de sus hijas, las iglesias locales. Mientras algunos curas ni tenían dónde vivir, la catedral de Salamanca poseía 400 casas.
Cuantiosos son también los recursos de los frailes. Había más de 3.000 conventos. Algunos, como El Escorial, con una renta anual de 2.160.000 reales. Obviamente no era raro ver a superiores de órdenes religiosas desplazarse en carroza propia. Muy rico era también el monasterio de Guadalupe. A esto responde el dicho de la época:

"Si quieres que tu hijo sea duque,
mételo a fraile en Guadalupe"

Pero los monasterios, pese a conservar enormes riqueza, entran en decadencia en el siglo XVIII. Se avienen mal con el utilitarismo del siglo. Ejemplo ideal, aunque bochornoso, de esta decadencia fue el que dieron los frailes de Calatrava la Nueva, quienes llevaron una vida de total relajación. No soportaban este lugar por lo agreste y solitario; pidieron cambiarse, y como no se lo concedieran, en 1804, sin autorización del Papa, maestre, ni nadie, abandonaron Calatrava y se marcharon a Almagro. Antes de irse destrozaron el monasterio para que no se les pudiera obligar a volver a él.
Volvemos a subrayar que lo mismo en el clero regular que en el secular, mientras unos nadan en la abundancia, otros clérigos e instituciones religiosas viven hundidos en la miseria.
Concluimos que la base de esta opulencia eclesiástica le proviene del control de tierras y de hombres, y a su vez esta base económica marcará un impacto social, moral, cultural, etc... en toda la sociedad del ochocientos.

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