6 may. 2016

EL CLERO EN EL SIGLO XVIII (IV)

Por seguir enumerando, el clero contaba con 2.725.842 cabezas de ganado sobre los 30 millones, y 229.821 colmenas de abejas. Más de un historiador coincide en calcular los ingresos medios de la Iglesia del siglo XVIII en unos mil millones de reales (Canga Argüelles y otros ofrecen cifras más elevadas, pero aquí optamos por ser conservadores).
Estos mil millones supondrían hoy aproximadamente unos 20.000 millones de euros, si bien la comparación es irreal, ya que estas cifras responderían a una población menos rica y poblada que la actual. Para trasplantar las cifras del siglo XVIII a hoy habría que multiplicarlas. Pero de lo que no cabe duda es que los ingresos del clero representaban un qquinto o más de los ingresos totales de la Hacienda.
También se pueden dividir los ingresos totales del clero entre el número de habitantes, con lo que nos saldría unamedia de casi 6.000 reales por cabeza al año.
Se ha alegado que una parte de estas rentas iban a parar a los pobres. Por eso clamaba un sacerdote del siglo XVIII:

"Despójese de sus rentas al clero, se verán las calles inundadas de pobres que parecerán esqueletos. Las casas resonando cnlos fúnebres alaridos delos huérfanos; las viudas y pupilos, que apenas podrán articular miserables ayes, extenuados por el hambre; y los caminos infectaos de jornaleros desgraciados, que, careciendo en el invierno de jornales, tomarán por la fuerza lo que les nuega la dureza de sus conciudadanos, porque entregados al lujo y a las pasiones más criminales, tomarán por fuerza lo que les niega la dureza de sus conciudadanos, porque entregados al lujo y a las pasiones más criminales disiman impíamente cuanto debieran economizar por tener con qué socorrer a tantos infelices".

Esto es muy cierto,pero no lo es tanto en el sentido de que muchos hombres del siglo XVIII pensaban en la riqueza del clero con el pretexto de atender a los pobres no era sino crear primero pobres para que después hubiera que asistirlos. Y es porque no es lo mismo apoyar al pobre que provocar una pobreza. y luego permitirse el lujo de ayudar a ese pobre. Esto último se presta a la justificación y a la propaganda. Quedaba así prefigurada una posible alianza entre burguesía y nobleza, para de común acuerdo hacerse con las enormes riquezas del clero. Es nimás ni menos loq ue ocurrirá con la desamortización en el siglo XIX. La inmunidad fiscal de que gozaba la Iglesia es otro factor que engrosa sus recursos. Desasrrollemos una idea. Hemos dicho que el número de ordenados mayores y menoresal título de patrimonio era de 24.018. Son las famosas capellanías de sangre. Éstos no son curas. No tienen vocación y se limitan a decir unas cuantas misas al año. Es una intrusión nobiliaria en las instituciones eclesiásticas, que no necesita aclaración. Se une a esto la costumbre de crear capellanías con el exclusivo objeto de defraudar a la hacienda, vendiendo como fruto de aquéllas los productos del padre u otro pariente del titular, con lo que se libraban del duro impuesto de alcabalas. En cuanto un labrador recaudaba un caudalejo, el principal objeto es tener un hijo capellán. Es una finalidad, pues, antirreligiosa y antihacendística, aparte de ser perjudicial a los demás hijos del fundador, a la agricultura, a la que se quita un hombre útil, y a los demás vecinos, a quienes indirectamente se recarga con más contribuciones. Este fraude fiscal se extendía a los legos que no contribuían, amparándose en que lo seclesiásticos no pagaban las alcabalas y cientos cuando vendían sus productos o los compraban para su consumo.
Existen parroquias rurales con 40 capellanías. El paraíso de estos capellanes y de los beneficios patrimoniales era la extensa diócesis de Calahorra.

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