5 may. 2016

EL CLERO EN EL SIGLO XVIII (III)

Por los datos del catastro de la Ensenada se puede colegir que pertenecían a la Iglesia 1/7 de las tierras y 1/5 de las rentas totales de toda ellas, lo que prueba que las tierras del celro eran mucho mejores y más productivas que las de los seglares.
Estos datos sacados del catastro sólo tienen en cuenta las provincias de Castilla. No entran Valencia, Aragón, País Vasco, Cataluña y Navarrra, regiones de gran propiedad religiosa.
Los diezmos consistían, por norma general, en una décima parte del producto de la cosecha, libre de gastos. Las primicias equivalían al tercio del valor de los diezmos. El diezmo se aplicaba también a la ganadería. Un rebaño de 1.000 cabezas, que daba un producto anual de 7.821 reales, debía pagar en concepto de diezmos4.798 reaes. En algunas partes hasta los jornales de los braceros pagaban diezmo.
Otro ingreso era el proporcionado por las misas, bautismos, matrimonios, entierros y funerales. Solamente en las provincias de Castilla, siempre según el catastro, había 400.000 bautismos, 300.000 entierros, 90.000 matrimonios y de 10 a 15 millones de misas. En la catedral de Sevilla se celebraban 100.000 misas al año. Recuérdese que en los testamentos de la gente adinerada se mandaba decir por miles, lo que proporcionaba al clero pingües beneficios.
Otro ingreso era "El Voto de Santiago", que pagaba la Corona de Castilla a la archidiócesis de Santiago, y consistía en un rédito sobre la coseha de trigo.
Otro ingreso, y éste más grave, les proviene de que los sacerdotes, a la cabecera de los moribundos, multiplicaban sus esfuerzos para conseguir legados importantes. La hora es propicia; abundaban en este momento, dice Jovellanos, "las nuevas fundaciones de conventos, colegios, hospitales, cofradías, patronatos, capellanías, memorias y aniversarios, que son los desahogos de la riqueza agonizante, siempre generosa, ora la muevan los estímulos de la piedad, ora los consejos de la superstición, ora, en fin, los remordimientos de la avaricia".
El "Fray Gerundio" cuenta casos de cómo los frailes tramaban esas urdimbres de la peor estambre. Los frailes de los conventos de mendicantes recorrían los pueblos y ciudades de España en busca de limosnas para luego distribuir alimentos a los pobres. Ofrecían a cambio y como recuerdo un relcario, una Virgen o un Cristo de cobre o madera.
Otro ingreso consistía en los obsequios que se hacían a los monasterios para pagarles la leña, aceite, cera, arreglo y decoro de los edificios, etc...
La riqueza les proviene también de sus inversiones en censos, hipotecas por medio de las cuales el clro poseía las 3/4 partes de los censos de Castilla, y a la postre, por medio de ellos, se hicieron con vastísimas acciones.
En 1752, el consulado de Cádiz donó a la Iglesia 600.000 reales, y desde 1722 a 1769 las gentes gaditanas dieron para construir una catedral 14.586.169 reales.
La catedral de Plasencia entregó al gobierno en varias ocasiones 54 arrobas de plata, más una gran cantidad de oro, lo que refleja su enorme riqueza. La custocia de Toledo pesaba 195 marcos y media cuatro metros y medio de alto, y el manto de la Virgen del Sagrario tenía 85.000 perlas, más diamantes, rubíes, amatistas y otras piedras preciosas.