11 abr. 2016

AUMENTO DE LA EXTENSIÓN DE LOS CULTIVOS

Durante el siglo XVIII se registra en toda España una extensión de los cultivos. Lo prueban argumentos tan generales como:

-Los esfuerzos de repoblación interior.
-Las reivindicaciones de los labradores frente a la Mesta.
-El aumento de la renta de la tierra.

Pero según testimonios objetivos, la extensión de los cultivos no se produjo con la misma intensidad en todas las regiones. Incluso parece ser que disminuyen las áreas cultivadas en algunas zonas de Salamanca, Ciudad Rodrigo, Extremadura y Soria, donde aumentó el número de despoblados, originados en parte por el recrudecimiento del régimen señorial.
Las quejas son agudas en Soria, donde se cultivaba un tercio de las tierras que se habían cultivado en años anteriores. El problema era gravísimo en Salamanca, donde en parte de la provincia había 280 despoblados. En Extremadura, los intendentes, corregidores, contadores y viajeros, todos están de acuerdo, y todos temen qe se convierta aquella zona en un enorme desierto. Disminuían los diezmos, prueba de que la producción descendía. En Trujillo se labraba una veinteava parte de las dehesas y territorios adjudicados al partido. Disminuía la extensión cultivada, disminuía la ganadería y el número de cabezas que iban a las ferias. Y disminuía la población.
Sin embargo, en otra zonas extremeñas, como Llerena y Don Benito, las roturaciones eran excesivas. Se roturaban zonas no aptas y en montes y calveros, con lo quela tierra se esquilmaba y el colono se mataba a trabajar, costándole caro y sacando mínimo provecho. Si una yunta de bueyes podía labrar 10 fanegas de tierra al año, en Don Benito sólo tocaba a cinco fanegas por yunta. La ley de rendimientos decrecientes se dejaba sentir no sólo en la producción, sino también en el aumento de las rentas de las tierras de mejor calidad. Vemos, en unas partes, disminuir las roturaciones, y en otras, aumentar las roturaciones de tierras marginales, lo cual se explica claramente por la presión que ejercían, según las comarcas, los señores territoriales, seculares y eclesiásticos, sobre todo cuando eran también poseedores de grandes rebaños trashumantes.
Hay que considerar, además, que la decadencia de la agricultura suele desembocar en una dedicación a las tierras de cultivo a pasto, y, por ello, cuando los grandes señores territoriales buscan en la ganadería un recurso para compensar las pérdidas que experimentan por la disminución de la producción agrícola, los labriegos se ven forzados a abandonar sus tierras ante la invasión de los terrazgos de los puebos por los rebaños trashumantes.
Por ello, los despoblados se dedican a dehesas de pasto, anteponiéndose al bien particular de los grandes ganaderos y la subyugación de los mesteños esotrbos responsables del estancamiento de la agricultura, lo que quiere decir que los despoblados no se pueden explicar por causas climáticas, sino por la facilidad qque tienen los propietarios de arrojar y despojar a los colonos de sus tierras arrendadas y por la opresión a que se ve sometia la agricultura por los privilegios mesteños, como ya decía Campomanes. Por todo ello se impondría saber el número de despoblados, la época de su origen, qué era un despoblado, el número de casas y familias que lo componían, etc..., elementos básicos para precisar el descenso de la población y la regresión de los cultivos.
Los problemas de la fuerte demanda se podían haber resuelto intensificando los cultivos, innovando la tecnología, inyectando capita en las tierras fértiles. Pero en el siglo XVIII español el aumento de la producción no se hizo a costa de tierras fértiles, sino de tierras marginales, extendiendo, por tanto, los cultivos. Se registra una presión de los agricultores ante la necesidad de nuevas tierras que roturar, tanto en el interior como en la periferia.
Y esto explica el paisaje agrario. Datos y precios del carbón y de la leña reflejan que la deforestación, afortunadamente, no fue excesiva. Pero esto no es válido, porque puede haber extensión de cultivos y nuevas roturaciones sin talar los bosques (por el solo hecho de cultivar en monte hueco, práctica muy común), y, por otra parte, la deforestación se produjo esencialmente por la trashumancia y la quema de bosques para aprovechar luego el pasto. A su vez, tampoco la regresión de cultivos significó la abundancia de leña y carbón y, recíprocamente, el roturar más tierras no significa escasez de madera.
Como siempre los ganaderso acusan a los agricultores (si bien su argumento carece de validez) de destruir montes por roturaciones indebidas, talas, quemas... Otra prueba de que el aumento de la producción agraria se debió a una extensión de los cultivos nos la dan las repetidas facultades concedidas por el Estado para roturar tierras marginales y romper dehesas, baldíos, etc... Esto nos permite localizar y saber cuándo hubo extensión de cultivos y, con alguna aproximación, medir la extensión legalmente roturada. Esto mismo lo probaría un estudio comparativo del valor de las cosechas con los costes de producción.
Destacaremos en los próximos capítulos, la reforma agraria llevada a cabo en el siglo XVIII. Y veremos que tuvo un exponente famoso que hizo correr riadas de tinta, en la colonización de Sierra Morena.

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