12 abr 2016

LA REFORMA AGRARIA

Los ilustrados del siglo XVIII parten de la tesis de que la tierra sobrante debe ser repartida entre la mano de obra también sobrante. Habían llegado a tal afirmación después de contemplar el desempleo en los latifundios, el derroche de los recursos de la nación, los sufrimientos humanos y la agudización de la situación social. Esto les llevó a intentar una reforma agraria, primera de las realizadas en la época moderna, y no superada en importancia hasta siglo y medio después con la segunda República.
A la hora de reformar nos encontramos con dos soluciones:
En primer lugar, la solución preliberal, colectivista y con base en la consideración de la propiedad como institución social. Esta postura sostendrá que la tierra no explotada se expropiará y se distribuirá entre los trabajadores pobres. Estos campesinos necesitados recibirán ayudas del gobierno, quien, por otra parte, controlará el sistema de arrendamientos. Aranda, Floridablanca, Campomanes y Olavide son partidarios de aumentar la superficie cultivada roturando todos los baldíos; de mejorar la situación económica de los pueblos para que las haciendas municipales mejoren sus servicios. Desean una estabilización social a base de aumentar el número de empresarios agrícolas y reducir lo más posible el paro. Punto álgido de su programa es la limitación del poder de las plutocracias locales, creando una clase media estable, favoreciendo las explotaciones familiares y eliminando el excesivo poder de las minorías feudales. Sus preocupaciones, más jurídicas y paternalistas que técnicas y económicas, tienden a fusionar ganadería y agricultura y a arrendar a los particulares las propiedades públicas.
Frente a esta solución, Jovellanos, en su informe, es partidario de una reforma agraria liberal, aplicando el inividualismo económico al campo español. Se necesitaba, pues, crear un mercado libre de latierra, desamortizando y vendiendo fincas eclesiásticas y tierras comunales. Tenemos, entonces, las ideas liberales e individualistas de un "laissez-faire" frente a un absolutismo paternalista, o lo que es lo mismo, la propiedad colectiva y la propiedad privada: "instrumento principal para lograr la prosperidad" y "tendencia innata hacia la perfección" (Jovellanos). El mercado será el único regulador de las relaciones económicas entre los hombres; controlar los arriendos será, para Jovellanos, pecado, ya que para esto existe un mercado libre, unas leyes económicas y el interés de los individuos. Se impondrá enajenar tierras baldías y tierras concejiles. Quedan así esbozados los gérmenes de la desamortización del siglo XIX.
Aranda y Olavide conciben proyectos de colonización estatal, entre los que destaca el deseo de instalar colonos alemanes en una colonia modelo de parcelas simétricas a lo largo del itinerario de Madrid a Cádiz (Sierra Morena). Es un intento de que el agircultor lleve una vida digna y mantenga, sin enormes sacrificios, una familia, evitando de esta forma la desigualdad y la pérdida de libertad de la mayoría de los pobres laboriosos. Ahora bien, ¿era esto posible, ante una oposición de clases sociales dominantes, esto es, alterando la estructura establecida y los vicios de ella derivados?
A nivel teórico, la maquinaria legislativa comiena a funcionar, localizando los núcleos de despoblación, la construcción de dichos núcleos, su dotación de servicios, la instalación de los colonos, el dar a las tierras un orden jurídico, el esbozo técnico-económico de las explotaciones los derechos y obligaciones de los colonos, la aplicación de unos sistemas fiscales particulares, etcétera.

No hay comentarios: