29 mar. 2016

ESPAÑA DESDE DENTRO EN LOS ALBORES DEL SIGLO XVIII (I)

El estado presente del reino es lo más triste del mundo. A causa del debilitado gobierno de los últimos reyes y la adulación de los sirvientes y ministros se ha producido un tremendo desorden en los negocios:
-la justicia está abandonada
-la política, despreciada
-los recursos, vendidos
-la religión, falseada
-la noblea, desmoralizada
-el pueblo, oprimido
-el poder, decaído
-el amor por la Corona, perdido
Así se expresaba el marqués de Villena en una carta dirigida a Luis XIV en noviembre del año 1700. La propia decadencia se autogestaba produciendo exageraciones y mitos.
El embajador en Madrid, Rébenac, ya pedía a voz en grito, en el año 1689, una revolución política para evitar la ruina total.
Esquematizamos algunos puntos cruciales:
-El Imperio de Europa -Italia, Alemania, Flandes- era un peso muerto, y el coste de su manutención, en hombres y dinero, una sangría.
-Las Indias suponían muy poco para el Tesoro español. El monopolio sevillano era controlado por agentes extranjeros, y los intrusos ingleses, holandeses y franceses, en las zonas de la América española, eran cada vez más incisivos y numerosos.
-La ruina y despoblación de España obedecían a este Imperio descomunal, pero, sobre todo, a las múltiples y pesadas tasas que daban al traste con cualquier síntoma de riqueza. Dentro de esto, Castilla era preeminente y controladora de su grandeza y de su miseria.
-El sistema agrario estaba dislocado y aputando a una víctima sola: el campesino. La despoblación era la causa y la víctima de este estado de cosas. La nobleza practica el absentismo; se producen desplazamientos del campo a la ciudad y continúan las emigraciones a América.
-Se registra un estancamiento industrial, ligeramente activado con la Guerra de Sucesión, debido a las grandes necesidades de vestidos, armamentos, etc... Los viejos centros manufactureros, sin embargo, no habían decaído totalmente.
-El comercio es decadente, consecuencia también del estancamiento industrial. Los arbitristas señalaran que la verdadera riqueza descansa en el desarrollo de las fuentes nativas de España. El tonelaje de España con América había caído de unas 19.800 toneladas en el 1600, a 4.650 toneladas en 1680. La degeneración de las fuerzas navales era total, y el aumento de las exportaciones europeas a América constituía la otra consecuencia. Añadamos que la balanza comercial de España con Europa era deficitaria.
-Políticamente España es un país degenerado. Nobles e intrigadores de la corte han eclipsado totalmente elprestigio de la Corona. La autoridad de Castilla estaba restringida en Europa, y en España ni siquiera en la propia Castilla había centralización.

Existían cinco supremos consejos que funcionaban independientemente unos de otros. Eran los de Castilla, Inquisición, Aragón, Italia y Flandes. Estos tres últimos desaparecerán a principios del siglo XVIII. El de Castilla es el más importante, y de é dependen la Cámara de Castilla (asuntos de iglesia), la Sala de Alcaldes (asuntos de corte), Consejo de Órdenes Militares, Consejo de Cruzada (tasas del Papa), Consejo de Indias y Consejo de Hacienda. Acostumbraban los historiadores a pintar la centralizadión administrativa en Madrid. Nada más lejos de la realidad. La insuficiente, por ineficaz, administración permite afirmar que no existían lazos entre centro y periferia. Quizá el único Consejo que funcionaba con eficacia fuese el de la Inquisición, y por ello estaba desacreditado. No existe una burocracia administrativa acpaz, sino un burocratismo personal marcado por el enchufismo y la prevaricación. Los oficios de capa y espada se conceden a hermanos, parientes, amigos y dependientes de oficiales. Las chancillerías de Valladolid y Granada y las audiencias de Sevilla y La Coruña nos evidencian una dministración de justicia lenta y corrupta. El gobierno constitucional es un difunto, y las Cortes, una vacía conferencia. El campo reviste un perfecto carácter feudal; los cargos municipales (corregidores, alcaldes...) pertenecen a la oligarquía. De 700 ciudades y villas castellanas, el rey sólo tiene jurisdicción sobre 200. La preponderancia territorial, política y social pertenecen a la nobleza.
Éste es el cuadro que presentan las Españas y los cambios en la monarquía y administración tendrán poco efecto en la posición económica. El año 1700 no tiene sino un significado simbólico. Es cierto que suenan las reformas, pero quedarán postergadas a un segundo plano, ante el desarrollo de la Guerra de Sucesión.
Cabe preguntar: ¿Cómo fue España capaz de mantener durante diez años una guerra en su propio territorio? Las noticias, informes y fuentes de cualquier tipo abundan en lo mismo: no hay marina, ni guarniciones, ni artillería... En 1703 se estimaba al ejército español en 13.268 hombres de infantería y 5.097 de caballería. Cunde el pesimismo ante la debilidad de un país que, paradójicamente, acaba de luchar en toda Europa.
Problema aún más básico es la carencia de material bélico. De hecho, las compras de material de guerra efectuadas a Francia entre 1703 y 1709 ascienden a más de 37 millones de reales. En el decurso de la guerra, el papel jugado por Francia fue decisivo, por el número de hombres aportado, por la propia oficialidad gala, por las reformas, la reorganización, equipamiento, métodos, etc.
Ya vemos que la función francesa no fue de ayuda sentimental y filantrópica, sino que exigió una contraprestación no menos valiosa.