22 feb. 2016

LA BATALLA DE MONTJUIC

El ejército real, ocupando por sorpresa Tortosa, se dirigió hacia Barcelona, dirigido por el marqués de los Vélez. Cuando llegaban a las laderas de Montjuic, los rebeldes les salieron al paso y los derrotaron estrepitosamente (1641). Casi al mismo tiempo, estalló la sublevación de Portugal.
Los Vélez fue relevado de su cargo, que se entregó al virrey de Valencia, Federico Colonna, príncipe de Butera y condestable de Nápoles. Al mismo tiempo llegaban a Cataluña los embajadores del nuevo rey de Portugal, Juan IV de Braganza, ofreciendo ayuda y amistad; también llegó monsieur d'Argenzon con el anuncio de la próxima llegada de un ejército francés enviado por Luis XIII, a las órdenes del conde de la Motte.
Tarragona, ciudad donde se había refugiado el ejército real después de la derrota de Montjuic, fue bloqueada por los aliados catalanes y franceses. Muerto el príoncipe de Butera, se hizo cargo del ejército real el marqués de la Hinojosa, que consiguió algunos éxitos, al mismo tiempo que un nuevo ejército real, mandado por el marqués de Pobar, caía prisionero de La Motte (1642). El Rosellón se perdió definitivamente como consecuencia de aquella derrota, que, en realidad, se debió a la imprudencia de Olivares y a la tarición del marqués de la Hinojosa. Éste, celoso de su colega, el marqués de Pobar, dio a los franceses la información que les hizo posible la captura de todo el ejército real.
El pueblo clamaba y pedía que el rey mismo se pusiera al frente de los ejércitos que habían de someter Cataluña. Así lo hizo finalmente Felipe IV, a regañadientes, desde luego. El objetivo propuesto era la conquista de Lérida, ciudad en que tuvo lugar un encuentro entre españoles y franceses, que terminó con el abandono del campo por parte del ejército real. Felipe IV tuvo que volver a Madrid desilusionado. El conde-duque, después de estos fracasos, tenía ya contados los días de su ruina.

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