11 nov. 2015

LAS LÍNEAS MAESTRAS DE LA POLÍTICA FILIPINA (I)

La abdicación de Carlos V dejó en manos de Felipe la ardua tarea de resolver todos los problemas que la retirada de su padre dejaba pendientes. La guerra con Francia estaba por decidir cuando Carlos abdicó, y a ello aludió, como dijimos en el discurso de despedida. En 1557, los triunfos españoles hicieron e¡pensar en la paz a los dirigentes franceses. Mas la causa profunda de la paz que cerró aquel conflicto era muy otra: el protestantismo se había extendido por toda Francia, rompiendo la unidad y la coherencia que habían hecho posible la resistencia francesa al bloqueo que, desde hacía tantos años, habían organizado Fernando el Católico y después su nieto, Carlos en torno a ella. La muerte accidental de Enrique II en 1559 privó también a Francia de una cabeza capaz de aglutinar las diversas tendencias en que se decidía la opinión francesa. Hasta el año 1594 en que ocupe el trono de Francia Enrique IV España ejercerá sobre Francia una influencia que, en ocasiones, sobrepasará el nivel de simple injerencia para convertirse en asfixiante tutela, e incluso en amenaza de protectorado. Francia, dividida por sangrientas guerras de religión, no será capaz de evitar que el poderoso vecino se inmiscuya en sus asuntos internos.
El protestantismo no constituía una amenaza solamente para Francia. España misma tiembla cuando se descubren en algunas ciudades varios focos de herejía que provocan una reacción represiva unánime y fulminante. Felipe II, consciente de su misión de dirigente supremo de la cristiandad en el orden civil, adoptará el papel de guardián y defensor máximo del catolicismo. El Concilio de Trento, interrumpido años atrás, volvería a convocarse y trabajaría para completar una reforma que llegaba con bastante retraso. La reforma católica, propugnada por España con más interés que ningún otro país, vendría a configurar todos los aspectos del vivir de la sociedad hispánica y a convertirla en el baluarte del catolicismo, en pugna, incluso con el mismo papado.
La debilidad de Francia provoca simultáneamente un cambio en la situación política mediterránea. Los turcos, privados de su antiguo aliado francés, comienzan a retroceder en todos los frentes. Felipe II, interesado en llevar a cabo la política mediterránea que ya había propugnado su bisabuelo Fernando, atenderá en la medida de sus posibilidades a impedir la acción de los musulmanes en el Mediterráneo occidental. Su actividad se concentraría en dos objetivos principales: el primero, sofocar el peligro que en el interior mismo del país constituye la minoría morisca inasimilada, donde el turco podría encontrar una eficaz colaboración en caso de atacar la Península misma. Como veremos, Felipe II llevará a cabo la dispersión de estos inquietos súbditos por todo el país, medida que, en el reinado siguiente, culminaría con la expulsión radical de toda la población morisca. Además de esto Felipe se interesó por debilitar al turco en su propio campo. La serie de operaciones que culminan con la batalla de Lepanto (1571) consiguen la neutralización del Mediterráneo, más que por la fuerza de las armas españolas, por la debilidad de las turcas. De todos modos, el Mediterráneo deja de ser en esta época un "área caliente". El descubrimiento, la colonización y la explotación de los recursos de América han desviado hacia el Atlántico el interés comercial. En adelante, sería el océano el campo de batalla donde se decidiría el predominio de España. En estas circunstancias, no podía ser Francia quien disputase a España el dominio del mar. Bastantes problemas tenía planteados en el interior, como para poder atender a los problemas externos. La nación que se alzará con la victoria será Inglaterra, que comienza en esta época su asalto al dominio del mundo. El Atlántico había llegado a ser un mar español. Las rutas de América también mantenían abiertas a las naves de Felipe las fuentes de abastecimiento del norte de Europa, de los países bálticos. En este camino, los Países Bajos constituían el punto de concentración de los barcos y las mercancías que eran vitales para España. Pero los Países Bajos no se resignaban a ser un territorio explotado por España en beneficio de su economía. Flandes ya había ardido en revueltas en los días de Carlos V. Bajo Felipe II, la guerra se generaliza. En el año 1568, la situación es extremadamente grave. Es el mismo año en que muere el príncipe heredero, Carlos; en que muere la tercera esposa de Felipe, Isabel de Valois; es también el año de la rebelión de los moriscos. Como iremos viendo detenidamente, la guerra de Flandes se eterniza. A la tenacidad de Felipe se opone la tenacidad flamenca, y al final ellos ganarán la partida. España reconoce la independencia de los Países Bajos.

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